Y yo, ¿tengo vocación?

El mes de enero, en nuestras presencias salesianas, tiene un marcado carácter vocacional. Don Bosco, el fundador de la Familia Salesiana, cuya fiesta celebraremos el próximo día 31, marca el ritmo pastoral de todas las iniciativas y actividades que llenarán de vida los patios, aulas, capillas, talleres y teatros de nuestras Casas.

Su figura, su historia, su carisma y, sobre todo, su vocación son un espejo donde todos, educadores y jóvenes, consagrados y laicos, nos miramos para seguir creciendo como personas y como creyentes.

Es por este motivo que, alrededor de este mes tan salesiano, entre muchas iniciativas, se pone en marcha la campaña vocacional de la Inspectoría “Santiago el Mayor”, este año bajo el lema “La felicidad comienza con fe”.

Más allá del juego de palabras, el objetivo de la campaña es recordar a todos los creyentes que la fe no sólo no es una carga o una losa que soportar en la vida, sino un regalo que, asumido en la propia vocación, puede llenar de felicidad la vida entera.

Así pues, cuando durante estas semanas –en nuestros centros juveniles, proyectos sociales, escuelas y parroquias– resuene una y otra vez la pregunta “y yo, ¿tengo vocación?”; que nadie lo dude: ¡claro que sí!

La vocación es un regalo personal que Dios nos hace a todos. Él nos llama a cada uno por nuestro nombre. No es un privilegio para unos “elegidos”, sino que todos estamos llamados a ser felices, descubriendo y viviendo el sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros, sus hijos.

Además de un regalo, la vocación es también una responsabilidad que nos exige cuidar nuestra vida de fe, intensificar nuestros momentos de oración –personales y comunitarios–, cultivar la frecuencia y los tiempos que dedicamos a la celebración de los sacramentos –especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, como diría Don Bosco–, afianzar nuestro compromiso apostólico por los demás…

Como nos recuerda el Papa Francisco, “la fe no es un refugio para gente pusilánime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocación al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque está fundado en la fidelidad de Dios, más fuerte que todas nuestras debilidades” (Lumen fidei, 53).

Recuerda: “la felicidad comienza con fe”. Atrévete, confía y vive tu vocación… porque la auténtica felicidad comienza con una vida comprometida y entregada desde la fe.


Xabier Camino Sáez, SDB

Coordinador inspectorial de Animación Vocacional · Salesianos ‘Santiago el Mayor’