Jesús Javier Llorente – Jesús Rojano

Consejo de Redacción de Misión Joven

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Los autores, miembros de Consejo de Redacción de Misión Joven, analizan la forma de pensar de los jóvenes que simpatizan con orientaciones oscuras o góticas. Defienden que el mensaje que lanzan a la sociedad es similar al de los narradores góticos de la época victoriana del siglo XIX británico, y desde ahí proponen claves de comprensión y de actuación pastoral.

 

Introducción

 

Desde hace ya tiempo estamos acostumbrados a ver por la calle grupos de jóvenes vestidos de riguroso negro de los pies a la cabeza, con una parafernalia más o menos oscura y tenebrosa. Por otro lado, se han puesto de moda, especialmente entre adolescentes y jóvenes, las novelas, películas y series que tratan de vampiros, fantasmas, zombies y muertos que vuelven de ultratumba. ¿Hay alguna explicación para este fenómeno? ¿Cómo influye en adolescentes y jóvenes? ¿Hay alguna conexión entre estos intereses más o menos oscuros y la apocalíptica de tiempos de Jesús?

 

  1. Los orígenes

 

En ocasiones algunos fenómenos de actualidad hunden sus raíces en acontecimientos o movimientos culturales del pasado y, al analizar estos últimos, conseguimos una iluminación decisiva para comprender lo que pasa ahora. En el tema abordado en este estudio ocurre así.

 

1.1 La novela y el arte gótico en la Inglaterra victoriana

 

La proliferación actual de vampiros, zombies y seres de ultratumba en novelas y películas nos recuerda uno de los significados corrientes de “apocalíptico”, o sea, según el Diccionario de la Real Academia, “lo que amenaza o implica exterminio o devastación; lo terrorífico, espantoso; lo relativo al fin del mundo”. Dicha moda no es nada original. La pasión por este género nació en el largo reinado en Gran Bretaña de la reina Victoria (1837-1901)[1]. En dicha época se desarrolló una rápida y enorme revolución industrial que cambió el modelo socio-económico no sólo de las Islas británicas, sino de todo Occidente, y del mundo en general, pues los tentáculos de aquel Imperio Británico llegaban a los cinco continentes. Esta época fue recordada con el típico orgullo british, por cierto, en la brillante ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpico de Londres, celebrados en el verano de 2012.

 

Si en el haber de la época victoriana hay que colocar el progreso industrial y la modernización, en su debe nos encontramos con dos importantes conflictos. Por un lado, se dio el empobrecimiento y la explotación de enormes masas de personas de la clase obrera. Encontramos una descripción de este triste hecho en las novelas sociales de Charles Dickens, como Oliver Twisty tantas otras, y sobre todo, por sus importantes consecuencias posteriores, en las obras de madurez de Karl Marx, que vive en Londres desde 1849 hasta su muerte en 1883.

 

En segundo lugar, ya se ha hablado mucho del puritanismo y rigidez moral de la sociedad victoriana. El puritanismo no se refiere sólo a la moral sexual, sino también a la obsesión excesiva por valores que en principio son buenos, como el ahorro, el afán por aumentar las horas de trabajo, la disciplina en la educación, la observancia escrupulosa de las prácticas religiosas anglicanas y la censura permanente del que se sale de estos cánones. Un ejemplo bien conocido es la condena a Oscar Wildea dos años de trabajos forzados. Es conocida la frase ocurrente del psicoanalista Jacques Lacan, que afirmaba que sin la reina Victoria nunca se hubiera inventado el psicoanálisis. Sin embargo, y esto es muy importante para nuestro tema, la sociedad victoriana ha quedado para posteridad como prototipo, seguramente no sin cierta dosis de tópico-  de lo que hoy conocemos como doble moral. En efecto, pese al puritanismo oficial, o seguramente debido a él, como enseñaría después Freud, Londres era una ciudad con altos índices de juego, alcoholismo y prostitución (recordemos al tristemente célebre Jack el Destripador).

 

En resumen, aquella sociedad vitoriana sufría enormes tensiones entre ideal y realidad, y había personas que en vez de denunciar lo que ocurría, como Dickens, o animar a la lucha por el cambio social, como Marx, preferían evadirse de aquella situación agobiante. Esta parece ser la razón principal del surgir de una gran pasión por los sucesos paranormales, por el intento de comunicación con los muertos (espiritismo en diversas versiones) y la invocación de fantasmas y espíritus. Una de las manifestaciones de este interés por la vida de ultratumba fueron los relatos y narraciones de historias de terror que constituyen la llamada novela gótica. Dicho nombre puede deberse a que la mayor parte de estos relatos tienen lugar en castillos y monasterios medievales.

 

Tampoco podemos olvidar que el género gótico se entiende mejor como parte de un movimiento mucho más amplio, elRomanticismo, que reacciona contra la frialdad del racionalismo y positivismo científico que se habían ido abriendo paso desde el Siglos de las Luces (s. XVIII). El Romanticismo vuelve a valorar la subjetividad, los sentimientos, las emociones, las aventuras, los viajes exóticos y al genio individual. Evidentemente, el elemento irracional y misterioso de las narraciones góticas cuadra bien en ese paradigma cultural y artístico.

 

Entre los autores que cultivaron este género gótico, podemos citar al irlandés Bram Stoker (1847-1912), conocido por su novela Drácula (1897); a Robert Louis Stevenson (1850-1894), autor de El extraño caso del doctor  Jekyll y Mr Hyde (1886); al poeta y pintor William Blake (1757-1827), con sus impactantes y fantasmagóricas ilustraciones de la Biblia y de la Divina Comedia; y al norteamericano Edgar Allan Poe (1809– 1849), recordado especialmente por sus relatos breves de terror. Aquella moda no sólo influyó en el mundo anglosajón, sino también en otros países europeos. En España, por ejemplo, podemos recordar algunas leyendas de este tipo del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, como el Monte de las Ánimas.

 

1.2 Interpretación del auge del género gótico en la sociedad victoriana

 

Como ya hemos dejado entrever, este gusto por la novela gótica y la pasión por sobrenatural, que encierra grandes dosis de atracción por lo morboso, era un recurso para escapar de lo establecido y de lo instituido. Se trataba de habitar, al menos de vez en cuando, un mundo paralelo que servía para olvidar las estrecheces económicas y la severa rigidez moral oficial. Se trata, por tanto, de una vía de escape. Una versión más del circo romano, concebido para entretener y distraer de otros problemas al pueblo, como lo puede ser, por cierto, el fútbol como macro-espectáculo en la actualidad.

 

No obstante, además de ser un modo de escaparse de una realidad desagradable, en algunas de esas novelas pueden detectarse mensajes muchos más profundos y análisis más refinados. Por ejemplo, las dos caras del protagonista de la novela de Stevenson, Jekyll y Hyde, representan esa tensión social que arrincona o reprime un lado de la realidad humana, y que antes o después estalla de modo trágico. Stevenson dejaba un importante mensaje: no es que en la sociedad haya buenos y malos químicamente puros, sino que todos tenemos ambas partes dentro de nosotros, y no es una buena política limitarse a ignorar o reprimir nuestro lado oscuro. Era una crítica aguda e inteligente a la sociedad de su tiempo.

 

Aunque aquí no tenemos espacio para ello, sería interesante hacer un estudio comparativo detallado que pusiera de manifiesto los evidentes paralelismos entre la época victoriana y la época de Jesús, en cuanto al malestar social de un gran número de personas que eran rechazadas o estigmatizadas por el sistema social imperante, en cuanto a una situación de crisis global que ya no admitía pequeños parches para ir tirando, y los deseos de un cambio general que pusiera remedio a dicha situación insostenible. Por eso creemos que, con las debidas reservas, no es descabellado encontrar un cierto paralelismo entre la novela gótica de la época victoriana y la literatura apocalíptica de la Palestina del siglo I, que encontramos en algún libro de nuestro canon bíblico y sobre todo en diversos textos apócrifos.

 

  1. Góticos del siglo XXI

 

Creemos que la referencia recién hecha a los orígenes de las tendencias oscuras y góticas nos puede servir para explicar el resurgir del interés por estos temas en las últimas décadas. Es verdad que nos referimos a una serie de fenómenos muy variopintos, que abarcan cada uno manifestaciones muy diversas. Una de las principales novedades con respecto a la época victoriana es que adolescentes y jóvenes son, seguramente, los principales destinatarios y consumidores de esta nueva ola gótica. Por supuesto, las razones comerciales están muy presentes en esta moda, como comprobamos con el crecimiento año a año de la celebración juvenil de la fiesta, hasta hace pocos años tan ajena a la cultura española, de Halloween.

 

2.1 Novelas, películas y series góticas

 

Presentamos sólo unos cuántos botones de muestra para dejar constancia de la reiterada presencia de estos temas de ultratumba en la literatura comercial y en el cine de hoy. En nuestra sección de materiales de este número de Misión Joven el lector puede encontrar datos más concretos.

 

Es conocido el tirón que hoy tienen entre adolescentes y jóvenes las series producidas para el consumo televisivo y de Internet. Al narrar sus historias en varias temporadas de una decena de capítulos cada una, los guionistas disponen de 20, 30 o más horas para desarrollar con cierta profundidad y riqueza de matices los personajes y tramas principales de la serie. La posibilidad de ver las series en Internet y de descargarlas, ha traído consigo el fenómeno de los enganchados a las series, que son capaces de ver varias temporadas de su serie favorita en un fin de semana, y que las ven una y otra vez, hasta aprenderse casi de memoria las escenas y diálogos más importantes.

 

Pues bien, uno de los temas más repetidos en series recientes es el vampirismo. Ahí está el éxito de series como Crónicasvampíricas, Buffy la cazavampiros o Angel. Merece especial interés la serie True blood, basada en novelas de CharlaineHarrisen. Recomendamos echar un vistazo a la introducción común a cada capítulo[2]. La acción se sitúa en Estados Unidos, en un futuro no muy lejano. Hay vampiros que conviven con los humanos y son casi iguales que ellos, pero son rechazados y estigmatizados. Los vampiros, y aquí empiezan los paralelismos con la narrativa gótica victoriana, son una metáfora de los colectivos socialmente marginados. Son “los distintos”, las víctimas de la conocida dinámica del chivo expiatorio, descrita en el libro del Levítico (cf. Lev 16,1-10) y modernamente estudiada por pensadores como René Girard[3]. La serie de largometrajes Underworld, que narra las luchas entre humanos, vampiros, licántropos y una nueva raza más peligrosa de mezcla, describe también esa situación de exclusión que sufren los vampiros. Según eso, la lucha a muerte entre vampiros y licántropos podría ser una metáfora de un fenómeno bastante habitual en las grandes ciudades, como es el enfrentamiento rabioso entre dos colectivos marginados de un barrio, que prefieren elegir como enemigo a otras minorías en vez de al resto de la sociedad, que de hecho les aísla en guetos o, al menos, les ignora. Nos referimos, por ejemplo, a las personas de clase obrera que votan a partidos xenófobos de extrema derecha en Francia, Holanda o Grecia.

 

Tanto en True blood como en otras series nos encontramos con dos tipos de vampiros: los que aceptan vivir con los humanos, controlan sus instintos y eligen no matar, y los otros, que buscan la lucha abierta con los humanos, a los que odian, pues para ellos representan, como en la época victoriana, a la mayoría de la sociedad y a los “valores del sistema”. Encontramos otro ejemplo de diferenciación entre vampiros buenos y malos en la conocida saga de Stephenie Meyer, que incluye (hasta ahora) las novelas Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer, llevadas al cine en cinco películas. En esta literatura, descaradamente pensada para adolescentes, Edward, el vampiro protagonista de la serie y su familia, los Cullen, son vampiros inofensivos, que han elegido no matar a nadie, y se alimentan de bolsas de sangre, pacífica (y suponemos que legalmente) compradas. La protagonista elige ser vampiresa, elige entrar por amor en dicho grupo estigmatizado. Por un lado, sabemos que ella es hija de padres separados y arrastra dicho trauma. Por otro lado, que ella elija pasarse al bando marginado, oficialmente maldito, es un guiño a las turbulencias propias de la inmadurez y la atracción por lo peligroso tan características del público adolescente. Bella elige ser vampiresa por las mismas razones que James Dean decidía ser unrebelde sin causa hace ya más de medio siglo.

 

La postura pacifista de los Cullen les lleva a vivir una situación difícil. No son aceptados por los otros vampiros, que no han cambiado su “política de búsqueda de recursos alimenticios”, y siguen matando a humanos, pero tampoco les mira mejor la sociedad humana, que les sigue rechazando. Así se sienten muchos que, tanto en la época victoriana como en la actual sociedad, intentan integrarse socialmente y al final quedan “en tierra de nadie” y sufren un doble rechazo. Seguramente los autores de estos relatos no saben que ya hace unos años el poeta uruguayo Mario Benedetti había retratado a un vampiro que solo bebía agua en su poema Historia de vampiros, versionado más tarde en una canción de Serrat. El poema decía así:

 

Era un vampiro que sorbía agua

por las noches y por las madrugadas

 al mediodía y en la cena.

Era abstemio de sangre

y por eso el bochorno

de los otros vampiros

y de las vampiresas.

Contra viento y marea se propuso

fundar una bandada

de vampiros anónimos,

hizo campaña bajo la menguante,

bajo la llena y la creciente

sus modestas pancartas proclamaban,

vampiros beban agua

la sangre trae cáncer.

Es claro los quirópteros

reunidos en su ágora de sombras

opinaron que eso era inaudito,

aquel loco aquel alucinado

podía convencer a los vampiros flojos,

esos que liban boldo tras la sangre.

De modo que una noche

con nubes de tormenta,

cinco vampiros fuertes

sedientos de hematíes, plaquetas, leucocitos,

rodearon al chiflado, al insurrecto,

y acabaron con él y su imprudencia.

Cuando por fin la luna

pudo asomarse

vio allá abajo

el pobre cuerpo del vampiro anónimo,

con cinco heridas que manaban,

formando un gran charco de agua,

lo que no pudo ver la luna

fue que los cinco ejecutores

se refugiaban en un árbol

y a su pesar reconocían

que aquello no sabía mal.

Desde esa noche que fue histórica

ni los vampiros, ni las vampiresas,

chupan más sangre,

resolvieron

por unanimidad pasarse al agua.

Como suele ocurrir en estos casos

el singular vampiro anónimo

es venerado como un mártir.

 

Mención aparte merece la novelista norteamericana Anne Rice. Algunas de sus historias de vampiros han sido llevadas al cine. Es el caso de las películas Entrevista con el vampiro (1994),  con Antonio Banderas y Tom Cruise, y de La Reina de los condenados (2002). Estas novelas describen bien algunos de los viejos temas del gótico victoriano: el sentimiento ambivalente de saberse distinto del resto de la sociedad, el desprecio del hombre común, el deseo de eternidad y a la vez el tedio de haberla alcanzado y aburrirse interminablemente, la sensación exultante de haber vencido a la muerte, el amor capaz de mantenerse durante siglos… Esta autora llamó mucho la atención en 1998 cuando anunció su vuelta al cristianismo y la decisión de no volver a escribir sobre temas vampíricos por considerarlos demoníacos; y volvió a hacerlo cuando en 2012 anunció que dejaba el cristianismo oficial para seguir a solas a Cristo. Estos vaivenes son muy característicos de estos autores, tanto en los del siglo XIX como en los del XXI.

 

Hablando de seres que vuelven de ultratumba, también están de modo las series sobre muertos vivientes, los zombies. En la estela del film de culto del género, La noche de los muertos vivientes, dirigida por George A. Romero en 1968,  The WalkingDead es una serie de televisión desarrollada por Frank Darabont. Se basa en una colección de cómics creada por RobertKirkman y Tony Moore, mucho más interesante y profunda que la serie televisiva. Dicho cómic es una crítica profunda y agudísima de la sociedad norteamericana. El mensaje es claro: ¿Acaso no es la mayoría de la sociedad actual, manejada por empresas multinacionales y por políticos corruptos, una legión de auténticos muertos en vida que creen que viven, pero ya están muertos? ¿No será que en el fondo los zombies nos caen simpáticos porque nos parecemos a ellos más de lo que creemos? También están llenas de zombies las cinco películas estrenadas hasta ahora de la serie Resident evil, protagonizadas por la actriz ucraniana Milla Jovovich, todas tremendamente apocalípticas.

 

También son terriblemente oscuras, por temática y estética, las películas del director Tim Burton, que triunfan y gustan sobre todo a los jóvenes, pese a –¿o debido a?- su estética decadente y deprimente. La mayoría de ellas se caracterizan por la presencia de mundos imaginarios llenos de elementos góticos y oscuros, con protagonistas inadaptados y enigmáticos:Eduardo Manostijeras, La novia cadáver, Sleepy Hollow (La leyenda del Jinete sin cabeza), Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet, o la reciente Abraham Lincoln, cazador de vampiros. Burton también ha dado ese tono al universo de Gotham City, la ciudad de Batman que en la versión mexicana es traducida como Ciudad Gótica. También eran muy oscuras las últimas películas de la serie de Harry Potter, que son cualquier cosas menos una películas para niños por su despliegue de asesinatos mediante magia negra.  No es de extrañar una escena a la que asistí en un autobús público poco después del estreno de una de las entregas de la saga. Un niño de unos 8 años pronunciaba las palabras avada kedavra (el maleficio asesino que produce la muerte instantánea) señalando a los demás pasajeros con el dedo, mientras decía: “Tú muerto, y tú muerto, y tú muerto”.

 

En España la novelista valenciana Laura Gallego pone como protagonistas de algunos de sus libros a ángeles y demonios: Alas de fuego, Alas negras, Dos velas al diablo…, escritos antes de cumplir ella 30 años, y que han tenido un éxito formidable entre el público adolescente.

 

Así como en la época victoriana la novela gótica estaba impregnada del Romanticismo que reaccionaba contra el positivismo científico, en las actuales series y novelas películas también se adivina cierta alergia a un racionalismo científico demasiado cerrado. En películas como El sexto sentido la ciencia, representada por el psicólogo al que da vida el actor Bruce Willis, es derrotada y humillada por la existencia de lo sobrenatural y los espíritus de muertos que pasean por todas partes como Pedro por su casa. Pero hoy, al comienzo del siglo XXI, es la propia ciencia la que se ha hecho más humilde y dubitativa y se abre a la posibilidad de la existencia de otros mundos y universos paralelos al nuestro.

 

2.2 Las tribus urbanas más o menos oscuras

 

Son varias las tribus urbanas que presentan una estética gótica y/o apocalíptica. ¿Quién no ha visto las camisetas negras de los Heavy metal y sus dibujos que suelen representar demonios y espectros? El famoso grupo heavy Iron Maiden, que graba su primer disco importante en 1980, eligió su nombre al ver un instrumento de tortura en la película de serie B  El hombre de la máscara de hierro. Era un ataúd de metal llamado la doncella de hierro, con docenas de clavos oxidados interiores que mataban a personas torturadas, encerradas en dicho artefacto. Pero a la vez querían aludir a Margaret Thatcher, primera ministra británica desde 1979 a 1990, que introducía sin que le temblara la mano drásticos recortes en la industria y minería británicas. De ahí su apelativo, la Dama de hierro. Nos encontramos, pues, con una dinámica semejante a la de la época victoriana. No vamos a entrar aquí en las eternas divagaciones sobre si el Heavy metal es realmente demoníaco o si, como pensamos nosotros, sus imágenes y símbolos son sólo unas metáforas apropiadas para su ácida crítica social.

 

De estas fuentes beben los diversos grupos góticos y emos. Con sus atuendos y rituales mandan un mensaje similar al de la novela gótica de la época victoriana: “Lo que importa soy yo y paso de esta corrupta sociedad”. Optan por la evasión y viven en un mundo verdaderamente paralelo al del resto de la sociedad. Aunque quizá ellos apenas lo sepan racionalizar, su actitud es semejante  a la adoptada por los escritores góticos del siglo XIX. Para hacernos una idea de sus temas predominantes, reproducimos un decálogo escrito con intención irónica, encontrado, como casi todo hoy, en Internet:

 

Los Diez mandamientos del gótico[4]:

  1. Amarás a TimBurton como a ti mismo.
  2. No usarás colores chillones o pastel.
  3. Vampificarás las fiestas.
  4. Honrarás a Edgar AllanPoe y a Anne Rice.
  5. No matarás el buen gusto.
  6. Si estás deprimido, enojado o irritado es culpa de los demás, haz que lo sepan.
  7. No serás poseur[5] NUNCA, y si te topas con uno, destrúyelo.
  8. No te mezclarás con la chusma inculta (que son la casi totalidad de la Humanidad).
  9. Te sacarás fotos en cementerios.
  10. Si te topas con un emo, mátalo. Si no puedes, búscate un amigo jebi que lo haga por ti.

 

Por otro lado, muchos jóvenes (y no tan jóvenes) de los considerados más normalitos, hablan de estos temas. Sin ir más lejos, en septiembre de 2012 convirtieron en trending topic en twitter estos hashtags (etiquetas): #SiMeMueroMañana y#SiSeAcabaElMundoEnDiciembre. Como twitter va guardando todo, te invitamos a acudir allí y ver lo que se decía, y valorarlo.

 

  1. Claves pastorales de respuesta

 

Como toda cultura o tendencia en la sociedad actual son muy pocos aquellos que la llevan al extremo. Más bien la mayoría de los jóvenes lo que hace es tomar un elemento de aquí y otro de allá para ir formando su propia estética, sin que se trate para ellos de una ideología o filosofía de vida que los condicione. Las claves pastorales que ofrecemos a continuación son para este segundo grupo, mucho más numeroso.

 

Uno de los paradigmas de la cultura gótica es el deseo de cambio. Al fin y al cabo este planteamiento es ley de vida para casi todos, pues siempre buscamos la mejora de nuestra situación personal, social, laboral, evolucionamos, o dicho de otro modo estamos en constante cambio. La primera clave pastoral debe ir por este camino, plantear el cambio como un aspecto positivo de la vida. Si los elementos de la cultura que beben de lo gótico van por aquí, ayudemos a leerlos a los jóvenes desde la clave de la positividad. Muchas veces la misma cultura gótica es contradictoria en este sentido, mientras que plantea un cambio de vida muestra a los personajes como depresivos, tristes y oscuros, un punto clave es cambiar esta visión.

 

Así pues, es bueno partir de reconocerles un valor: el darse cuenta de que hay cosas en nuestra sociedad que no funcionan bien y son injustas. Aunque no lo sepan, cumplen en cierto sentido el consejo paulino: “No os acomodéis a este mundo…”(Rom 12,2). Su deseo de cambio radical, su denuncia de que hay estructuras que no son de recibo en nuestra sociedad, es aprovechable y tiene su lado positivo. Para los israelitas de su tiempo, la mayoría de los profetas, como Jeremías, Amós,Oseas, etc., eran unos aguafiestas que veían fallos por todas partes. Pero gracias a ellos a la larga se hincaba el diente a los problemas y al menos un resto santo de Israel iba saliendo adelante.  Sin embargo, aquellos profetas no hubieran compartido la actitud de los grupos góticos cuando, en vez de ponerse a trabajar para transformar esta sociedad, se evaden en sus pequeños mundos paralelos y oscuros. Les falta aplicar la segunda parte de la frase paulina citada, que entera dice así: “Y no os acomodéis a este mundo, antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).  Pablo invita a rechazar lo injusto de este mundo, sí, pero no pide evasión de la tierra que habitamos, o que nos deprimamos, sino una transformación y renovación personal para hacer buenas opciones y cambiar desde Dios este mundo, partiendo de lo bueno y agradable que ya hay.

 

Otra de las metáforas de las que abusa el mundo gótico es la de los mundos paralelos: el bien y el mal se entrecruzan en civilizaciones que comparten el espacio-tiempo pero no los mismos valores. Ya hemos analizado esto a lo largo del estudio, y otra de las claves pastorales debe ir en esta línea: buscar sentido a la vida, pero no en mundo paralelos sino afrontando la propia realidad. En este punto cobra especial relieve la frase de Jesús “Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú vete a anunciar el Reino de Dios” (Lc 8,60).

 

No hay conexión que vincule la cultura gótica con la religión, sin embargo los elementos, accesorios y símbolos religiosos juegan un papel muy importante en su estética visual, muchas veces como elemento puramente decorativo. Un papel del educador es dar la importancia que cada uno de estos símbolos tienen y dotarles de su contenido, pues el vacío religioso muchas veces comienza porque los símbolos han perdido su significado y se muestran vacíos, como meros objetos decorativos. De modo parecido a los autores mencionados de la época victoriana, que solían estar al margen de la religión oficial y utilizaban sus elementos para sus composiciones creativas pero no las compartían, muchos jóvenes tienden a rechazar la religión o la fe movidos por una moda o una estética, pero sin haber profundizado o sin saber bien qué es lo que critican. La pregunta que debe movernos siempre, lejos de la queja o el pesimismo es: ¿Cómo salir a su encuentro?

 

En cuanto a las personas que están preocupadas o tienen una curiosidad exagerada y algo malsana por los temas del más allá, del destino de los difuntos y de la existencia de espíritus y todo tipo de fantasmas, vampiros y demás, hemos de retomar en su sentido original el mensaje de Jesús en este campo. Aprovechad la vida para buscar a Dios y su justicia, pero no perder tiempo en elucubraciones extrañas o en miedos enfermizos, pues “de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). Nos debe bastar, viene a decir Jesús, confiar en que estaremos en buenas manos, las del Padre, y dedicar nuestras energías a mejorar nuestro mundo de cara a su transformación en Reino de Dios. En este sentido, un santo que murió joven, el jesuita San Luis Gonzaga, ya había respondido en el siglo XVI al hashtag #SiMeMueroMañana con esta frase: “Si supiera que al día siguiente iba a morir, seguiría haciendo lo mismo que hago todos los días”. La importancia de buscar sentido al día a día, de la superación, del trabajo y del esfuerzo lejos de la novedad constante y de la búsqueda en mundos que no son reales, es otra de las claves importantes. Ésta puede ser aplicada no solo a la subcultura gótica, sino al mundo denominado friki en general, en el que los jóvenes a través del comic, los videojuegos y la televisión buscan mundos imaginarios y fantasiosos en los que se muestran como héroes, mientras que la realidad les parece plana y apática.

 

 

[1] Cf., por ejemplo, M. CHARLOT – R. MARX, Londres 1851-1901. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades, Madrid, Alianza Editorial, 1993; R. DE LA TORRE,  La Inglaterra victoriana: política y sociedad, Madrid, Arco Libros, 1997.

[2] http://www.youtube.com/watch?v=Wet5OM7RR8Q

[3] Cf. R. GIRARD, El chivo expiatorio, Barcelona, Anagrama, 1986.

[4] http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Gótico_(tribu_urbana). En dicha página, escrita con cierto humor negro, pueden encontrarse descripciones y fotos representativas. Aconsejamos echar un vistazo para encontrar ahí lo que sólo podemos sugerir aquí por razones de espacio.

[5] El término poseur, también conocido en español como poser (posero, posturero, toyaco, pegatina, Wannabe [que quiere ser]) es utilizado para catalogar a aquellas personas que usan la estética o comportamiento de ciertos movimientos, grupos o tribu urbana, olvidando por completo la filosofía e ideologías propias del movimiento; normalmente sólo con el fin de llenar un vacío mental, seguir una moda o poder autodefinirse miembro de determinados movimientos (ejemplo: Tribus urbanas como los Punk, Heavy, Gótico, etc; o grupos como los Otaku, Emo, Hardcore, Metaleros) http://ledlitblack.blogspot.com.es/2007/11/poseur.html