¡A evaluar tocan!

LA RESPONSABILIDAD ANTE EL TRABAJO

 

Antes del verano , cada cual a su modo y conforme a las propias circunstancias, se suele revisar el trabajo. Para los estudiantes, más concretamente , suenan campanas de exámenes . Estos sencillos materiales quieren proporcionar algunas pistas para dar el último impulso a la responsabilidad, motivando el esfuerzo  ante las evaluaciones que se agolpan en este periodo

 

El valor del esfuerzo

Jesús Villegas

 

VIVIMOS en una cultura en la que casi todo está al alcance de nuestras manos sin movernos, como quien dice, del sofá. Pongo algunos ejemplos: gracias al mando a dis­tancia podemos viajar de un mundo maravilloso a otro sin apenas gastar media caloría, con pulsar desganadamente una tecla y dejarnos hipnotizar a pierna suelta por el televi­sor. Algo parecido sucede con otros elementos fundamentales de la vida: hacemos girar un grifo y el agua fluye a la temperatura convenida, como si este liquido, en lugar de en las montañas, naciera naturalmente y con todos los gastos pagados en las tuberías que re­corren nuestro hogar. Si esto no es suficiente, basta con echar un vistazo al frigorífico pa­ra llegar a la conclusión engañosa de que la fruta no crece en los árboles después de un año de maduración, sino que más bien es ese mágico aparato de nuestra cocina el que, con todo cariño, produce naturalmente cualquier manjar que nuestra tripa solicite.

TAL vez el que todo resulte tan fácil nos haga creer que siempre será así, que en el futuro con apretar un mando a distancia encontraremos trabajo, que con abrir un gri­fo manará un chorrito de felicidad para nuestros labios o, en definitiva, que la vida se­guirá siendo siempre ese gran frigorífico incansablemente rellenado por mamá o por papá, en donde yo meto la mano cuando me apetece y encuentro, sin problema, mi ro­pa favorita, mis golosinas, mis caprichitos ultracongelados, etc.

Pues no es así, amiguitos, nada de eso. Los Reyes no van a ser nuestros padres siem­pre y las gallinas de oro se van a cansar de regalarnos sus huevos. El que no trabaja, el que, en definitiva, no se esfuerza, se encontrará un día con el mando a distancia sin pi­las, el grifo seco y el frigorífico lleno de telas de araña. Sólo con esfuerzo, con codos, con sacrificio, con renunciar a estar ahora de brazos cruzados, podremos mañana tum­barnos a descansar y a hacer zapping por la vida. Estudia, sacrifícate ahora si no quie­res mañana darte de bruces un batacazo contra los exámenes de junio o dejar los dien­tes en los de septiembre.

QUIERO terminar este consejo con una hermosa leyenda, la de los Caballeros Es­forzados. Esta orden de valientes héroes surgió hace mucho tiempo. Sus miembros se dis­tinguían por su increíble capacidad de entrega. Les llamaban «Los Esforzados» porque no había problema que no superaran a fuerza de paciencia. Algunas de sus hazañas pa­recen increíbles, pero nacen de esa tenacidad irresistible. Sir Arthur de la Campanilla consiguió que la vaca de su padre diera turrón alimentándola con una dieta rigurosa de almendras y miel. Sir Rigofredo «el Grande» reunió la colección más grande de pompas de jabón que jamás se haya visto junta, gracias a una implacable voluntad. Sir Thomas, «el Tozudo» aprendió chino teniendo como único maestro la guía telefónica de Pekín…

Podría contar miles de ejemplos, aunque éstos son suficientes para demostrar que to­do esfuerzo tiene su recompensa. Recuerdo, no obstante, el caso de aquel niño que, por mucho que lo intentaba, no conseguía aprender a andar en bicicleta. Se levantaba siem­pre al amanecer, cogía su pequeño aparato y empezaba a pedalear dos, cinco, diez me­tros, hasta que, como siempre, se caía de bruces contra el suelo. Así un día tras otros. Hasta que por fin, una mañana, consiguió mantenerse en el aire cinco, diez minutos. La historia sería ordinaria, sería la historia de todos nosotros si no fuera porque, lo que nuestro protagonista siempre creyó una bicicleta, no fue nunca tal cosa. Pero su esfuer­zo obtuvo un gran premio: se trató del primer hombre en la historia que anduvo en bi­cicleta sobre una escoba y, también, de uno de los más grandes Caballeros Esforzados.

No lo olvides: tú también puedes andar en bicicleta sobre escobas. Esfuérzate y no ha­brá sueño imposible que se te resista.

Sobre el trabajo adecuado

Norberto Alcover

 

¿ CUÁNTAS veces habéis oído hablar del paro? Puede, inclusive, que lo estéis padeciendo, cruel, en vuestra propia familia o conozcáis personalmente a quien lleva años soportándolo.

Un dato: en España, una quinta parte de la gente en edad de trabajar, no puede tra­bajar. ¿Quiere trabajar? ¡Por supuesto que sí! Pero no hay trabajo suficiente para todos, rompiéndose así uno de los pilares constitucionales. Hay mucha gente desesperada por este motivo.

¿Me permitís que os pregunte por vuestro trabajo? ¿Metéis la quinta marcha del es­fuerzo de trabajar o menospreciáis el regalazo que es tener un lugar de ocupación, aun­que de momento sea lugar de aprendizaje? Respondedme, por favor. Respondeos. Hay que saber que todo joven que trabaja a medias, que realiza un trabajo mediocre, que so­lamente «va pasando», atenta contra esa gente en paro y la desprecia: su actitud es una bofetada en su tragedia. No vale, pues, escaquearse de tan grave asunto.

SIN embargo, mis queridos amigos, a la vez se da lo contrario: personas dedica­das en exclusiva a su trabajo, el que sea. Familia, amistades, desarrollo personal, debi­do ocio, todo de todo pasa a un segundo plano, o tercero, frente al síndrome laboral que se ha instalado en el epicentro de sus vidas. Así rompen el ritmo de la creación, y en lu­gar de disfrutar de cuanto existe, de apreciar cada instante de la vida, viven para tra­bajar sin horizonte humano posible. Dejan de ser personas y se hacen máquinas. Ma­tan los sentimientos y se hacen pura profesionalidad. Y cualquier día descubren que se trata, así de feroz, de una ansiosa huida de sí mismos, incapaces de parar el carro y pre­guntarse tantas cosas…

¿ DÓNDE os situáis vosotros? ¿Sois parados prematuros, aunque podáis trabajar, o el trabajo invadió, ya, todo sin dejar huecos?

¿No hay posturas intermedias? Por supuesto. Pero siempre tendemos a una de las dos comentadas. Y si no trabajar es malo, el síndrome laboral es mucho peor. Por me­nos humano.

Trabajar bien desarrolla el conjunto de la vida, os hace hombre y mujer en toda su in­tegridad. Os sugiero que améis el trabajo que ahora tenéis, que os preocupe toda per­sona parada, y que os interroguen, también, los que padecen el desastroso síndrome la­boral. Me olvidaba: ,y trabajad para la sociedad. No trabajéis, tan sólo, para construir vuestro pobre y reducido edificio narcisista: el trabajo pertenece a todos, como la ma­dre tierra, y debe redundar en beneficio de todos.

 

«Oraciones jóvenes»

Ricardo Cuadrado T.

 

  • Jesús, danos coraje

 

Jesús, danos coraje

para no dejarnos comer el «coco»

por los «ídolos» que buscan seducir hoy a la juventud,

absolutizando el consumismo, el dinero, el sexo, el tener y el placer.

Jesús, danos coraje

para dignificar más y más al hombre,

que Tú creaste a tu imagen y semejanza,

haciéndolo por pura y graciosa iniciativa tuya

hijo de Dios y templo vivo del Espíritu.

Jesús, danos coraje

para no dejarnos abatir por el derrotismo,

que cierra la puerta de la ilusión, a los grandes ideales, al esfuerzo, y nos impide ser actores y autores de nuestro proyecto personal. Jesús, danos coraje

para descubrir nuestra «verdadera juventud»,

que deseamos fundamentar sobre la reflexión diaria, el esfuerzo, los valores y la alegría de compartir.

 

  • Haz de mí un joven nuevo

Haz de mí un joven nuevo:

Que no me «enganche» en vídeos, tele…,

en lo instantáneo y en la cultura de la postmodernidad,

ni me deje comer el «coco» por la vida «light» de la sociedad actual, que margina, explota y despersonaliza;

poniendo desilusión, hastío y angustia existencial. Haz de mí un joven nuevo:

Que goce del derecho a vivir en plenitud la esperanza, el coraje, el amor,

y de la suerte de entregarme a los demás, brindándoles sincera solidaridad, que tantas «gozadas» pone en los chicos de hoy.

Haz de mí un joven nuevo:

Que ande por sendas de «cultura de vida»,

y fundamente mi personalidad sobre las convivencias, la naturaleza, la fiesta, la entrega, el grupo y la amistad,

que son siempre rutas acertadas para lograr mi madurez personal. Haz de mí un joven nuevo:

Que sienta a Dios como Padre y a los demás trate en fraternidad. Que me relacione con Jesús de Nazaret

como «el mejor amigo» de la humanidad.

 

 ¡Danos, Jesús, un corazón nuevo!

 

¡Danos un corazón nuevo, jesús…!

que sepa amar «a tu estilo», sin fronteras ni «distingos». Un corazón abierto a Dios, Padre Nuestro,

y a las necesidades y problemas de hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Un corazón nuevo para descubrir las maravillas y los mensajes que tú has puesto -para hacernos felices­

en plantas, minerales, aves, insectos y animales.

Un corazón nuevo para brindar alegría en todas las direcciones, y disminuir así las tristezas y angustias de los hombres.

Un corazón nuevo para poner acogida donde haya marginación y aburrimiento; para poner coraje e ilusión, donde haya sendas de despersonalización.

Un corazón nuevo para «personalizar»

a los que están sentados en esclavitudes de droga, sexo-objeto y consumo en todas las longitudes y latitudes.

Un corazón nuevo para implantar, en la actual sociedad,

la «cultura de la vida»: la acogida, la disponibilidad, la fiesta, tu «estilo de vivir» en gratitud y en solidaridad.

Un corazón nuevo para afrontar los «retos de nuestra vida»: no dejarnos abatir por el derrotismo

y abandonar las sendas que despersonalizan.

 

Algunas pautas para la reflexión y la oración

 

«El valor del esfuerzo»: este texto de Jesús Villegas, con tonos de narración poética, termina dando un consejo muy claro. ¿Qué nos quiere decir el texto? ¿Adónde puede conducirnos una «cultura de lo fácil» en este momento concreto de nues­tra vida» ¿Por qué merece la pena asociarnos a los «caballeros esforzados»?

«Sobre el trabajo adecuado»: es una de las sesenta cartas que Norberto Alcover diri­ge a los jóvenes en su libro Invitación a la sospecha. Cartas a los jóvenes (PPC, Ma­drid 1997). Todos andamos y andaremos entre el trabajo adecuado, el paro o el «síndrome laboral». ¿Dónde estoy colocado yo ahora? «Todo joven que trabaja a medias […], que solamente «va pasando», atenta contra esa gente en paro y la desprecia: su actitud es una bofetada en su tragedia»: comentarlo. Conforme asumo mi responsabilidad ante el estudio o trabajo actual, ¿hacia dónde estoy conduciendo mi persona? En el libro, esta carta contiene la sugerencia de ver la película «Lloviendo piedras» (Ken Loach): utilizarla para tratar del tema bajo otras perspectivas.

a Según se oriente la reflexión, las oraciones finales pueden servir para concluir los encuentros, por ejemplo, precedidas de una breve lectura evangélica.