A vueltas con los jóvenes y la Iglesia Católica

Javier Elzo

 

Javier Elzo es Catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Desde una visión sociológica afirma el artículo que los jóvenes españoles mantienen con la Iglesia una situación de divorcio asimétrico y distante. En forma muy breve presenta el posicionamiento de los jóvenes ante la Iglesia, su actitud ante las sectas y ante los nuevos movimientos religiosos. Según el autor, resulta difícil encontrar un colectivo de jóvenes estadísticamente relevante, que se corresponda plenamente con la ortodoxia y la ortopraxis.

 

Vengo sosteniendo que hay que distinguir, en la juventud española, la demanda de la dimensión religiosa (espiritual dirán otros) de signo experiencial, personal, de su traslado a las relaciones con la Iglesia católica. Cuando hablamos de confianza en la Iglesia, así como de algunos parámetros como los que se refieren a práctica religiosa dominical seguimos en la curva descendente, aunque con un repunte, en algún indicador, en el estudio Jóvenes 2000 y Religión que veremos si se confirma en trabajos posteriores. Mi lectura de los datos publicados ha sido esta: “hay una demanda de religiosidad, si cabe hablar así, al par que una desafección de la dimensión institucional de lo religioso”. Como ya señalé el año 1994 en mi capitulo sobre la religiosidad de los jóvenes españoles en el Informe de la Fundación Santa María “como denominador común de la religiosidad juvenil la demanda de sentido, de utilidad, de respuesta a requerimientos personales y sociales más que el cumplimiento de determinadas normas cuyo contenido se les aparece, a lo mejor incomprensible, a lo peor caduco, irrelevante y no plausible. En este sentido la demanda a la Iglesia la sitúan claramente en el ámbito de lo religioso como eco y respuesta a las preguntas primeras y últimas, tanto a nivel individual y colectivo, y no como instancia normativa de códigos de conducta”[1], afirmación que diez años después sigo manteniendo aunque dentro de un base estadística de neta disminución de la impronta de lo religioso en los jóvenes españoles.

 

Todo esto es reflejo de una demanda de espiritualidad, de mística dirán otros, que manifiestamente la sociedad secular, por un lado, y las religiones históricas, en el caso español la Iglesia Católica, por el otro, tienen enormes dificultades en cubrir. Hemos tardado demasiado en comprender que la secularidad está ya limitada en su propio proyecto y que estaba llamada a ser superada una vez reconocida la limitación del conocimiento científico-técnico como único modo de aprehender la realidad con la mentalidad asociada a este planteamiento que hacía decir que el modo de conocimiento religioso, e incluso el hecho mismo del fenómeno religioso, estaba abocado a la extinción en una sociedad moderna. La historia reciente está infirmando claramente este pronóstico. Incluso algunas derivas fundamentalistas de lo religioso que estamos presenciando en el pasado próximo y en el actual presente (y no se mire exclusivamente al fundamentalismo islámico) pueden leerse como consecuencias de una determinada prepotencia de la racionalidad científico-técnica del mundo occidental que ha pretendido imponer un único modelo de progreso a la sociedad global

 

  1. Un diagnóstico reiterado

El análisis de las relaciones que entretienen los jóvenes con la Iglesia exige un abordaje sistémico desde diferentes perspectivas. Las reflexiones que aquí presentamos han sido en gran medida presentadas en diferentes lugares pero las estamos revisando y reordenado de forma permanente a medida que disponemos de más información contrastable. Cuando publiquemos los datos de “Jóvenes Españoles 2005” de la Fundación Santa María, en fase de análisis, discusión en el equipo investigador y redacción cuando entrego estas páginas, muy probablemente matizaremos, completaremos, corregiremos etc., algo de este diagnóstico. Así avanza la investigación científica. Es preciso insistir que estas reflexiones se limitan a la visión sociológica, bien que realizada desde la imposible neutralidad axiológica de quién se pretende creyente y católico y no aborda, más que tangencialmente, las cuestiones pastorales.

 

Sigo manteniendo (desde Jóvenes Españoles 99 y antes en un artículo en Sal Terrae) un diagnóstico básico, comprobable con las armas de investigación social, que resumiría, hoy, de la siguiente manera. La gran masa de jóvenes españoles mantiene con la Iglesia una situación de divorcio asimétrico y distante. Frente al manifiesto interés por la Iglesia en establecer nuevos puentes con la juventud o mantener los ya existentes, los jóvenes, en su gran mayoría, ningunean a la Iglesia y algunos hasta rechazan. Otros, bastante menos, la aceptan más como un espacio acogedor y cálido que como instancia dadora de sentido y portadora y manifestación visible de la trascendencia. Hay que añadir que en el último estudio publicado de SM[2] aparece un núcleo de jóvenes muy eclesial y practicante. Confiamos en poder profundizar algo más esta cuestión en el estudio “Jóvenes Españoles 2005”.

 

  1. Tres niveles de reflexión

También seguimos distinguiendo tres niveles de reflexión sobre la relación de los jóvenes con la Iglesia Católica. Por un lado la situación “ad intra” de la propia Iglesia. En segundo lugar el contexto global de secularización en que se encuentra la sociedad europea y occidental en general, así como la española en particular. En tercer lugar los rasgos fundamentales de los jóvenes españoles de hoy, especialmente, aunque no exclusivamente, en lo que se refiere a su “capacidad” o “plausibilidad” para que aflore la dimensión religiosa en sus horizontes vitales.

 

Las tres listas que señalamos a continuación no deben interpretarse como resumen valorativo, de los “pro y contra” del papel de la iglesia en la sociedad actual, del papel de lo religioso en esa sociedad y de los valores de los jóvenes. Pretendemos, simplemente, resaltar aquellos aspectos que, en las tres dimensiones y, más aún, en la conjunción de las mismas, nos ayudan a comprender el divorcio asimétrico de la gran mayoría de los jóvenes españoles de hoy con la Iglesia Católica española de hoy.

 

2.1 Factores relacionados con la propia Iglesia

(Mencionados sin orden de importancia)

la ausencia de instancias eclesiales atractivas para los jóvenes más allá de algunos espacios cálidos donde, además, se nota que hay cada vez menos sacerdotes, religiosas y religiosos.

la lejanía de la parroquia como espacio vital para muchos jóvenes, aunque los colegios religiosos mantienen su peso y emergen, con fuerza en unos pocos jóvenes, los nuevos movimientos religiosos

la disociación entre la religión del libro y la sociedad del espectáculo

la casi total ausencia de la información religiosa en los espacios vitales juveniles

la difícil asunción por los jóvenes de la proclamada opción preferencial por los pobres

el prolongado, y a veces insólito, ocultamiento de la matriz católica en algunas “obras” eclesiales.

la situación de la mujer en la estructura eclesial y la cada día mayor percepción de relegación, incomprensión e injusticia por parte de ellas mismas.

la absoluta irrelevancia (para los jóvenes) de algunas disputas internas en la Iglesia

el foso entre la doctrina oficial de la Iglesia en el campo de la sexualidad y la práctica juvenil en ese campo

el envejecimiento del clero y de los religiosos y religiosas, así como del laicado próximo a la actividad cultual.

la dificultad para los jóvenes de contemplar unos “lideres” eclesiales (Papa, Cardenales y Obispos) de edad avanzada y con jubilaciones tan tardías, más abuelos que padres.

la insistencia por parte de la Iglesia en cuestiones de moral privada, especialmente de signo sexual, o del comienzo y del final de la vida, cuando la demanda de los jóvenes es de sentido vital a lo largo de la vida.

la percepción de la escasa utilidad social de los sacerdotes, religiosos y religiosas, en lo bajo de la escala social.

 

2.2. Factores relacionados con el entorno socio-cultural

(Mencionados sin orden de importancia)

el difícil discernimiento de la distinción entre el principio de verdad absoluta con pretensiones de universalidad y el relativismo del “toda opinión vale”, imposibilitando, de hecho, un planteamiento holístico intelectualmente riguroso. Es preciso distinguir el “relativismo” del todo vale de la “relatividad” frente a la pretensión de verdad única universalizable a todo el genero humano. Es preciso superar la polaridad entre, por un lado, el imperio de lo efímero, fragmentario, de lo meramente subjetivo y, por el otro, la pretensión de ser los únicos detentores de la única verdad (religiosa u otra).

El proceso de socialización con dos ámbitos diferenciados:

. La dimensión occidental: aunque la dimensión religiosa, como tal, tiene un espacio cada día más importante, incluso en los estudios de ciencia sociológica, la plausibilidad del mensaje eclesial es cada día menor.

. En España no acabamos de salir de la memoria histórica del nacional-catolicismo: especialmente en los adultos y en los medios de comunicación social, cada día más ideológicamente sesgados hacia los partidos políticos que defienden. ¿Volvemos a las dos Españas?

el indiferentismo religioso reinante.

la práctica ausencia de cristianos, manifestándose en tanto que cristianos, en la vida cultural, intelectual, política etc. en los últimos años

la lectura de la dimensión religiosa como relacionada con algo caduco, viejo, tradicional, de gente mayor, en la inmensa mayoría de la prensa escrita, radiada y televisada. Además cuando una cadena de radio se dice oficialmente católica aparece con connotaciones políticas de un determinado signo.

la ausencia de toda referencia religiosa mínimamente positiva en las revistas que leen los jóvenes.

la falla de la socialización familiar: la primera generación de jóvenes que no han sido educados religiosamente en sus propias casas. La pérdida de socialización materna es determinante y nada hace pensar que no continúe en las generaciones venideras.

La dificultad de introducir la “especificidad” religiosa en los centros de enseñanza, no solamente en los públicos.

La percepción de que, en los últimos años, se ha producido un acercamiento entre los planteamientos políticos de derechas, la iglesia oficial y muchos de los nuevos movimientos religiosos.

 

2.3. Factores relacionados con el ser joven de hoy

(Mencionados sin orden de importancia)

El hiato entre los valores finalistas y los valores instrumentales.

La socialización por experimentación y no por reproducción, aún crítica, de lo heredado. Sin embargo es innegable la demanda, aún implícita y soterrada, de referentes.

La pérdida de la impronta de los agentes tradicionales de socialización como la escuela y la mayor parte de las familias.

La influencia determinante del grupo de pares, de amigos.

La incógnita de la impronta de las nuevas tecnologías en unas familias desbrujuladas de hijo único en una sociedad abierta, con una Europa en construcción y en tierra de inmigrantes extranjeros

La fractura entre el tiempo normativo y el tiempo de ocio: la impronta de la noche y el cambio en los husos horarios.

Omnipresencia de la sexualidad. La ambivalencia del preservativo como icono del “amor seguro” y desconfiado: pulsión de vida, con barreras, por temor a la muerte…y a la vida por venir.

El peso de lo visto y experimentado frente a lo leído y razonado. La dificultad (¿imposibilidad?) de discernimiento ante la multiplicación desordenada de los “inputs” recibidos

El presentismo e inmediatismo en una lógica de moral libertaria. El pasado relegado al olvido o rescatado como ocio cultural y el futuro percibido como incertidumbre.

Humanismo indoloro y puntual.

La dificultad de adquirir compromisos duraderos en el tiempo

 

  1. Actitudes de los jóvenes ante la Iglesia Católica

Vamos a presentar a continuación, de forma muy breve y en base al último trabajo de SM, como se posicionan ante la Iglesia los jóvenes españoles de comienzos de milenio.

La tabla 1 muestra los porcentajes de jóvenes que están de acuerdo con una larga serie de afirmaciones, positivas y negativas, respecto de la Iglesia. Es del todo punto fundamental para bien comprender estas tablas señalar que las preguntas se formularon una a una y que, en consecuencia, los entrevistadores respondieron a todos los ítems. No se trata de elegir entre unos y otros ítems sino de posicionarse ante cada uno de ellos.

Tabla 1: Opiniones positivas y negativas respecto a la Iglesia. En %

Aspectos positivos Jóvenes españoles (13 -24 años) Universitarios españoles Universitarios de Deusto
Defiende tradiciones y valores culturales 68 67 64
Ayuda con sus obras a los débiles, oprimidos y pobres 60 54 49
Sus normas ayudan al hombre a vivir más moralmente 49 47 45
Ofrece una buena educación a los niños y adolescentes 52 51 42
En ella se puede descubrir el sentido de la vida 37 36 32
La Iglesia habla a la conciencia de los políticos 21 21 14
Aspectos negativos      
Tiene una postura anticuada sobre las libertades sexuales en general 88 93 86
Se aferra demasiado a las tradiciones del pasado 86 91 85
Vive demasiado en el pasado 84 88 80
Tiene una postura anticuada sobre el control de la natalidad 81 88 79
La Iglesia es demasiado rica, tiene demasiado dinero. 79 85 77
La Iglesia hace demasiado poco lo que exige a los demás 66 70 63
Presenta demasiadas exigencias morales al individuo 71 75 57
Se mete demasiado en política 47 49 48
Se compromete poco a favor de los pobres y débiles 50 50 39
No se encuentra en ella un hogar espiritual y sinceramente religioso 50 47 35
Se adapta demasiado a los tiempos actuales 13 8 8
N = 1072 222 804

Fuentes: Para los datos de los españoles, “Jóvenes 2000 y Religión”. Para los de Deusto, “Jóvenes de Deusto y religión”.

 

Es evidente que, mas allá del número de ítems retenidos, encontramos más jóvenes en mostrarse de acuerdo con los ítems desfavorables hacia la Iglesia que los favorables. En lo positivo una mayoría de jóvenes destacan que la Iglesia “defiende tradiciones y valores culturales” y que “ayuda con sus obras a los débiles, oprimidos y pobres”. Uno de cada dos jóvenes también está de acuerdo en que “ofrece una buena educación a los niños y adolescentes” y en que con “sus normas ayudan al hombre a vivir más moralmente”. Como se ve, la dimensión que es mejor valorada en la Iglesia, además de defensora de las tradiciones, se corresponde con su trabajo a favor de los necesitados, y en su la labor educativa o moral.

 

Por otra parte, la lectura de los porcentajes de jóvenes que están de acuerdo con los ítems desfavorables hacia la Iglesia católica, además de ser más numerosos, subrayan un aspecto que, desde su juventud, es central: la iglesia es vieja. Mas del 80 % de los jóvenes, ocho de cada diez, y entre el conjunto de los universitarios españoles llega a nueve de cada diez, sostienen que la Iglesia “tiene una postura anticuada sobre las libertades sexuales en general”, que “se aferra demasiado a las tradiciones del pasado”, “vive demasiado en el pasado” y que “tiene una postura anticuada sobre el control de la natalidad”. Anticuada, aferrada al pasado, esta es la imagen dominante de la inmensa mayoría de la juventud española cuando se les interroga sobre su imagen de la Iglesia Católica. Por el contrario, la posible acomodación excesiva a los tiempos actuales solamente es asentida por el 13 % de los jóvenes españoles pero solamente por el 8% de los universitarios, tanto entre los del conjunto español como en el de la concreta universidad de Deusto[3]. Triste balance ciertamente.

 

Señalemos también que casi la mitad de los jóvenes están de desacuerdo en decir que en la Iglesia “no se encuentra un hogar espiritual y sinceramente religioso” y el 37 % sostiene que en “ella se puede descubrir el sentido de la vida”.

 

Los datos de los universitarios españoles, en su conjunto, son mas críticos con la Iglesia que los del total juvenil, mientras que los universitarios de Deusto, en comparación con el total universitario español, manifiestan una postura mas centrada: son menos los que están de acuerdo con la dimensión positiva de la Iglesia puesta a su consideración pero, al mismo tiempo, son menos los que se manifiestan en la dimensión negativa propuesta. Con una excepción importante: son los que en menor grado señalan que en la iglesia “se encuentra un hogar espiritual y sinceramente religioso”. Añadamos, para quitar hierro al morbo dominante, que se sitúan en mismo nivel que sus coetáneos del conjunto español en el ítem que afirma que la Iglesia “se mete demasiado en política”.

 

En definitiva, situación en claro-oscuro, como si de una ducha escocesa se tratara, que se corresponde con la que vamos a encontrar en la tabla 2 cuando nos interrogamos sobre la implicación de los jóvenes en la Iglesia Católica.

 

Tabla 2: Implicación de los jóvenes en la Iglesia Católica. En %.

  Jóvenes españoles (13-24 años) Universitarios españoles Universitarios de Deusto
Incluso sin la Iglesia yo puedo creer en Dios (no tengo necesidad de la Iglesia para creer en Dios) 75 74 78
Me siento a menudo en desacuerdo con lo que dice la Iglesia 65 68 73
Se ocupa de los más necesitados a través de sus organizaciones como Caritas, Proyecto Hombre, etc. 70 62 70
El hecho de ser miembro de la Iglesia no tiene mucho significado para mí 60 62 64
Soy miembro de la Iglesia Católica y pienso seguir siéndolo 42 37 45
La Iglesia defiende unos valores que son importantes para mí 38 37 39
N= 1072 222 804

Fuentes: Para los datos de los españoles, “Jóvenes 2000 y Religión”. Para los de Deusto, “Jóvenes de Deusto y religión”.

 

Si bien algo más que cuatro de cada diez jóvenes se dicen “miembros de la Iglesia Católica” y dicen que piensan seguir siéndolo hay que añadir inmediatamente que tres de cada cuatro afirman también que no tienen necesidad de la Iglesia para creer en Dios, que el 65 % dicen que “a menudo están en desacuerdo con lo que dice la Iglesia” y seis de cada diez que “el hecho de ser miembro de la Iglesia no tiene mucho significado para mí”. Sí, ducha escocesa como se puede comprobar. Cabe pensar que hay incoherencia en estos planteamientos pues la aritmética nos dice que hay jóvenes que sostienen planteamientos divergentes. Ya analizamos este punto en “Jóvenes españoles 99” y para su detalle a él remitimos al lector interesado. Digamos aquí tres cosas: en primer lugar que el porcentaje de jóvenes que manifiestan su acuerdo con posiciones positivas y negativas es relativamente reducido, del orden del 20 %. En segundo lugar que son bastante más los que tiene una visión negativa que positiva de la Iglesia y, en tercer lugar, que decirse miembro de la Iglesia o, simplemente católico (muchos mas que los que se dicen eclesiales como mostramos en la tipología socio-religiosa del estudio 1999), más allá de convencionalismos o sociologismos, que también, es indicador de un perfil diferente, en comportamientos, actitudes y valores, de quienes se dicen agnósticos o no creyentes. Aunque cada día haya menos que se digan católicos.

 

  1. Los jóvenes ante las sectas

A pesar de la más que moderada atracción que las sectas parecen ejercer sobre los jóvenes españoles y del juicio poco halagüeño que les merecen, no debe olvidarse que la fascinación de las sectas no ha desaparecido. El contexto cultural de nuestros tiempos les es propicio. Y en un contexto propicio cobran especial relieve los tres déficit de que habla Juan González Anleo: el déficit religioso, el cultural y el social, de los que no faltan síntomas en la juventud española actual. El déficit religioso, que consiste en un cierto desplazamiento de lo sagrado, desde un Dios personal a un dios-sin-rostro, y en el que ha jugado un papel de primera importancia el malestar religioso de los jóvenes –y de no pocos adultos– con la Iglesia institucional y su oferta espiritual. El déficit cultural, el vacío o la debilidad e incoherencia de los valores actuales, y el rechazo juvenil consiguiente de la sociedad en la que vivimos, de sus objetivos, de sus modelos y de sus pautas de funcionamiento. Y el déficit social y comunitario, que brinda a las sectas la oportunidad de ofrecer a los jóvenes un tejido social cálido, una válvula de escape para las tensiones de grupos fracasados o marginados, y consuelo o alivio para aliviar a los ansiosos, reintegrar a los marginados, orientar a los que han perdido objetivos sociales y viven en la anomia, etc.….

 

Los jóvenes adeptos son escasos: el 0,5% de la muestra estudiada por Andrés Canteras en 1992[4]. Y su perfil podría caracterizarse así, según el mismo autor: “En definitiva, si hubiéramos de etiquetar con algunos calificativos dicho grupo de jóvenes pertenecientes a sectas, habríamos de destacar la precariedad económica y cultural familiar de que provienen, su mayor satisfacción con sus vidas a nivel espiritual, su gusto por las ciencias ocultas, su radicalismo, pacifismo, su posicionamiento ideológico como demócratas de izquierdas, su capacidad asociativa, su conservadurismo en cuanto a las prácticas sexuales y la multitud de problemas personales –drogas– y familiares –malas relaciones– que padecen y les llevan a reclamar esas asociaciones en general y de las sectas religiosas comunicación, orientación y felicidad”.

 

Un estudio posterior del mismo autor que confirma estos predicamentos. Según Andrés Canteras el 83 % de los jóvenes españoles, en edades comprendidas entre los 15 y los 29 años, dice conocer a alguna organización que él denomina sectarias. Pero estas cifras se refieren a jóvenes que dicen conocerlas pues cuando se pregunta a los jóvenes si pertenecen en la actualidad a esos movimientos o han pertenecido en algún momento las cifras descienden a valores extremadamente bajos. Que pertenezcan en la actualidad Canteras (tabla 3.49) solamente señala con el 0,3% a la Iglesia Universal del Reino de Dios, con un porcentaje similar a los Testigos de Jehová y con el 0,1 % a Hare Krisna. Que hayan pertenecido y que ahora no pertenezcan señala con el 0,4% a los Testigos de Jehová, 0,2 % Legionarios de Cristo, y 0,1 a la Iglesia Universal del Reino de Dios y Hare Krisna [5].

 

  1. Los jóvenes ante los nuevos movimientos religiosos católicos

En una encuesta realizada a los universitarios de Deusto el año 2003 se les preguntó por el conocimiento que tenían de una serie de organismos y asociaciones de signo religioso católico, su nivel de pertenencia a los mismos, así como el de sus propios padres y, solamente a los que los conocían por la valoración que les merecían. Trasladamos los resultados en la tabla 3 [6].

 

Tabla 3: Identificación, pertenencia y valoraciones de diferentes asociaciones religiosas. En % y en medias.

  Datos en Porcentajes Valor medio
  Ha oído hablar de ellos Pertenezco a este grupo Mis padres pertenecen 1-mínimo; 10-máximo
Acción Católica 26,7 2,0 0,6 4,44
Comunidades cristianas de base 12,3 1,5 1,2 4,47
Comunidades Pedro Arrupe 33,5 1,3 0,2 4,77
Fraternidades y asociaciones vinculadas a congregaciones religiosas: franciscanos, jesuitas marianistas, salesianos…. 74,7 3,5 1 5,13
Itaka 13,1 0,3 0,2 3,93
Legión de María 7,6 0 0,9 3,32
Neocatecumenales 7,8 0,4 0,2 3,21
Opus Dei 88,0 0,2 0,2 2,49
Renovación carismática 3,9 0 0,6 2,91
Scout católicos 33,3 2 0,8 5,09
Otros 2,0 2,2 0,9

Fuente: Jóvenes de Deusto y Religión

 

Insistimos en que la valoración que se realiza de las asociaciones religiosas se ha basado en aquellos que dicen conocerla. Así, los estudiantes de Deusto sitúan a las asociaciones religiosas vinculadas a las diferentes congregaciones como las más valoradas, con una puntuación de 5,13, siendo 1 la valoración mínima y 10 la máxima posible. La siguiente asociación más valorada son los scout católicos, reciben una valoración de 5,09. Estas asociaciones reciben puntuaciones superiores al 5, el resto de asociaciones no llegan a obtener esta puntuación, siendo las siguientes mejor valoradas, las Comunidades Pedro Arrupe, Comunidades cristianas de base y Acción Católica. Las tres asociaciones se sitúan entre 4,4 y 4,7.

 

Sin embargo, la asociación religiosa más conocida, el Opus Dei, es la que recibe la peor valoración de todas, con una media de 2,49. Es imposible no ver en ello el juicio de los medios de comunicación social y aquí también se confirma la sabia intuición de Jan Kerkhofs de que al final en muchas encuestas no obtenemos lo que la gente piensa de las cosas sino lo que la gente piensa que piensa la gente de las cosas.

 

Andrés Canteras en su último trabajo arriba referenciado formula una pregunta similar, aunque no tan completa a la nuestra en Deusto, al conjunto de jóvenes españoles de 15 a 29 años. Entre los que se dicen católicos, el 61,1 % del total según su encuesta, las cifras de pertenencia a los nuevos movimientos religiosos de signo católico son las que presentamos en la tabla 4.

 

Tabla 4. Jóvenes católicos que pertenecen o han pertenecido a diferentes movimientos católicos

Movimiento Pertenece actualmente Ha pertenecido pero ya no pertenece
Camino Neo-catecumenal 0,9 0,9
Comunión y Liberación 0,4 0,8
Opus Dei 0,2 1,1
Movimiento Carismático 0,2 0,9
Focolares 0,1 0,7
Verbum Dei 0,1 0,7
N= 1509 (100 %)
Base Se dicen católicos

Fuente. Andrés Canteras, “Sentido, valores y creencias en los jóvenes”, pág.118

 

Como vemos las cifras no se separan de las de los universitarios de Deusto, mas allá de los márgenes estadísticos de error admitidos en ambas encuestas, lo que valida los resultados, a la espera de lo que nos diga el estudio de Jóvenes españoles 2005 de la Fundación Santa María donde una cuestión similar está formulada . Pero cabe ya decir, con los datos actuales, que los jóvenes católicos que pertenecen a los nuevos movimientos religiosos son muy escasos en número en comparación, no solamente con el conjunto poblacional, sino también con los que se dicen católicos.

 

  1. Más allá de las cifras

Resulta difícil encontrar un colectivo de jóvenes, estadísticamente relevante, que se corresponda plenamente con la ortodoxia y ortopraxis (como se decía antaño) de la Iglesia católica. Me pregunto incluso si es posible definirlo unívocamente. La hipótesis que estamos manejando estos años y que vuelvo a traer a colación al termino de este trabajo, con bastantes visos de poder ser trasladado a tesis, después del estudio “Jóvenes 2000 y Religión” la formularía así. Hay un núcleo de jóvenes españoles, reducido pero real, que se identifica con una definición centrada y centralizada en la Iglesia institución, en su dimensión espiritual, emocional y, hasta ritual, con escasa implicación en la sociedad (el mundo) que lo perciben, a lo sumo, como tierra de misión pues entienden que es un mundo en “crisis de valores”. He cifrado este colectivo en aproximadamente el 5% de los jóvenes españoles. Pero hay también jóvenes, que implicados en el quehacer social y político (por ejemplo en el País Vasco en los movimientos pacifistas y contra ETA) que se dicen creyentes e incluso, no pocos, eclesiales, y que miran a la iglesia (no necesaria y menos aún exclusivamente la institución) más como espacio de iluminación, dadora de sentido pues portadora privilegiada de lo que desde claves teológicas denominaríamos la Buena Nueva, que como mero nicho cálido, fuente de seguridad e identidad, como en algún trabajo anterior di a entender. No que este nicho no sea real sino que no cabe reducir la lectura que hacen estos jóvenes de la iglesia en esos solos términos.

 

Concluimos recientemente nuestro trabajo sobre las vocaciones religiosas con la cita que trasladamos a continuación, con alguna ligera corrección de estilo. “Se trata, en el fondo, de dos lógicas eclesiales distintas que tienen su correspondiente correlato en los propios jóvenes. En estos tiempos de secularidad, que en España se ha realizado de forma abrupta al par que silenciosa caben, en los extremos, dos reacciones de los estamentos eclesiales y, concomitantemente, con los jóvenes que se identifiquen con una u otra de ellas. Por un lado una Iglesia que busca recentrarse en su identidad tradicional con reafirmación de principios y praxis de mera espiritualidad “ad intra”, aún a riesgo de “separarse” de los valores y comportamientos del mundo circundante que lo ven con sospecha cuando no con pura negatividad. El mundo a un lado y nosotros por el otro. Pero cabe también una Iglesia que ponga el acento en la comunicación y diálogo con el mundo circundante, mundo que lo perciben con luces y sombras, sin pretensiones de ser la poseedora en exclusiva de ”la” verdad, de la única verdad, (incluso en el seno de la propia sociedad católica -no me atrevo a denominar comunidad católica- donde es imposible no ver el pluralismo interno) aunque, obviamente, desde su singularidad eclesial sin mera dilución en la sociedad secular. Iglesia como testigo de lo invisible, comunidad actualizada de los seguidores de Jesús (que ellos también eran plurales), Iglesia que en estos tiempos de globalización tiene el gran desafío del pluralismo religioso y el gran aval de ser la única gran religión deslocalizada, despatriotizada, realmente universal, en una sociedad ávida de sentido y comunidad. Aquí se juega, en nuestra modesta opinión, meramente sociológica, el futuro de las vocaciones religiosas”[7]. Pero se trata de algo más que de las vocaciones religiosas. Nos referimos al futuro de la propia Iglesia en nuestra sociedad y, en consecuencia, pues de eso tratamos aquí, de los jóvenes “ante” y “en” la Iglesia.

 

Estos últimos tiempos, tras el fallecimiento de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI he escrito en varios medios sobre lo que los jóvenes retendrán de Juan Pablo II y lo que esperan del nuevo. En Vida Nueva lo resumí con un título muy expresivo: un líder religioso[8]. En el fondo se trata de lo que esperan de la Iglesia, bien que personalizada en su primera figura, el Papa, máxime en un tiempo de incertidumbres ayuno de líderes. Retomo, para terminar este texto, algunas ideas pero trasladadas al conjunto eclesial.

En una sociedad en la que parece que solo cuenta el dinero y el poder, la apariencia, el espectáculo que deslumbra con sus luces ocultando la sed de autenticidad y verdad, una sociedad que no sabe distinguir secularismo de secularidad, laicismo de laicidad, los jóvenes recordarán de Juan Pablo II, se lo pedirán a Benedicto XVI y a toda la Iglesia, que proclame con fuerza que la vida tiene un sentido, que hay que afrontar las primeras y últimas preguntas de la vida: quién soy yo, porqué estoy aquí, porqué he de hacer el bien y no el mal, porqué el otro es mi hermano y no mi enemigo; una Iglesia que les abra a la trascendencia, que el mundo no se acaba aquí; que hay un alfa y un omega; una Iglesia que sea compasiva, humana, (jamás, jamás entenderán una Iglesia inhumana, y todavía hoy, a veces lo es), pero también una Iglesia que proclame que la persona no es solo sujeto de derechos sino también de deberes. Sí, una Iglesia que defiende los derechos humanos, que se opone a guerra, como se opuso Juan Pablo II a la guerra del Golfo, a la de Irak. Una Iglesia, que como el Papa en el increíble encuentro de Tor Vergata, dijo con fuerza a los jóvenes “es Jesucristo el que vosotros buscáis cuando soñáis en la felicidad”.

 

Buscan una Iglesia que ponga el acento en la dimensión religiosa más que dictadora de normas que, en gran medida, no entienden y rara vez ven cumplir en los mayores. Una Iglesia que muestre a Dios, al Dios que se ha manifestado, entre nosotros, en Jesucristo, un Dios que, aunque único, ha tenido también otras manifestaciones históricas. Una Iglesia que avance, sin prepotencias ni temores, hacia el diálogo con otras confesiones religiosas en la aceptación sincera del pluralismo religioso, omnipresente en una sociedad globalizada. Una Iglesia que, al fin, invite a las mujeres a participar y ejercer en la Iglesia en el mismo rango que los hombres. Una Iglesia que no mire con recelo a la ciencia, a los hombres de ciencia que buscan honradamente el bienestar de las gentes, el progreso y, a la postre, la felicidad. Una Iglesia que rompa con la tradición eclesial de aceptar la evolución de las cosas siempre con años, cuando no siglos, de retraso. Una Iglesia que participe, sin miedo, de la conversación de las gentes del mundo, mostrando la luz del Evangelio. Una Iglesia que también sepa decir “No” cuando haya que decir “No”. Como decía hablando del futuro Papa en el artículo de Vida Nueva arriba referenciado, una Iglesia que”ante el dinero como mera acumulación de riquezas, anteponga la solidaridad, ante el poder como agente de influencia de los “míos”, anteponga el poder como servicio, ante el sexo seguro como solo placer sitúe, en un plano superior, el amor, sin trabas, con el ser querido. Los jóvenes le entenderán y, muchos, le seguirán”. En definitiva una Iglesia que los jóvenes la vean próxima, una Iglesia de su mundo y de su tiempo.

Javier Elzo

estudios@misionjoven.org

 

[1] . En el capítulo sobre “La religiosidad de los jóvenes españoles”, pág. 182 en J. Elzo (dir). “Jóvenes españoles 94”. Fundación Santa María. Ed. S.M. Madrid 1.994

[2] . “Jóvenes 2000 y Religión”. González Anleo Juan (dir), González Blasco Pedro, Elzo Javier, Carmona Francisco. Fundación Santa María. Editorial S.M. Madrid, 2004, 349 páginas + Cuestionario.

[3] J Elzo, Mª T. Laespada y T.L. Vicente. “Jóvenes de Deusto y religión”. Cuadernos de Teología Deusto, nº 32. Ed. Facultad de Teología. Universidad de Deusto 2004. Bilbao. 119 páginas

[4] . Andrés Canteras “Jóvenes y sectas: un análisis del fenómeno sectario en España”. Ministerio de Asuntos Sociales. Madrid. 1992, página 82.

[5] Andrés Canteras Murillo, “Sentido valores y creencias en los jóvenes”. Edita INJUVE, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Madrid 2003. Las referencias están tomadas de las Tabla 3.45 y 3.49 en las páginas 147 y ss. El trabajo de campo lo llevó al cabo del CIS con una muestra de 2471 jóvenes representativa del conjunto español.

[6] . Elzo J., Laespada M. T., Vicente T. L. “Jóvenes de Deusto y Religión”. Cuadernos de teología nº 32. Ediciones de la Universidad de Deusto. Bilbao 2004. Ver página 104.

[7] “Jóvenes Españoles y Vocación” en Seminarios sobre los ministerios en la Iglesia, nº 172-173, Vol L. Abril-Septiembre 2004, páginas 151-400. (Nº completo con una introducción de Alonso Morata). Ver última página.

[8] . “Un líder religioso a quien poder seguir”. En Vida Nueva, Especial Nuevo Pontificado, 23 Abril 2005, nº 2.468, páginas 14-15