Acompañar el Noviazgo

Miguel Ángel Olivares

Coordinador de Pastoral, Salesianos Atocha.

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Los jóvenes  necesitan nuestro acompañamiento también cuando han decidido formar pareja. El autor organiza sus reflexiones en nueve puntos: la atracción, la búsqueda de intimidad, el proceso de enamoramiento, amor apasionado y amor de compañía, las tres facetas del amor, la elección de pareja, el ideal de pareja, estilos de apego, modelos familiares y pareja, la soledad. Para cada uno de estos puntos propone algunas claves de acompañamiento.

 

Si levanto la mirada, queriendo ver, sin juicios y sin pretender encontrar lo que deseo como ideal, me parece que vivir el matrimonio en cristiano es el “master”, o al menos el curso de “especialista”, en la “formación” para vivir en pareja.

Creo, que como educadores-evangelizadores, no es bueno saltarse todo el proceso previo, la “carrera universitaria”, de aquí la necesidad del acompañamiento en el noviazgo; y siento que no siempre estemos garantizando una buena “ESO” que eduque en una sana afectividad, para afrontar el “bachillerato o la FP” de las primeras relaciones de pareja.

En plata: desde la infancia preparamos para una sana relación de pareja, nos jugamos mucho en la educación de las emociones y la amistad en la preadolescencia, la salud depende de cómo acompañemos la incorporación del lenguaje de las relaciones sexuales en la adolescencia y está claro que los jóvenes nos necesitan a su lado acompañando sus relaciones de pareja. Tras todo esto llega acompañar el noviazgo, y no por ello pierde su vital importancia. Sin esta fase es difícil llegar a una buena preparación para el matrimonio cristiano.

La propuesta de estas letras es acercarnos a algunos de los temas básicos que necesitaremos acompañar si queremos trabajar en la pastoral del noviazgo; es decir, según nuestro símil, estar disponibles para ellos durante la “carrera universitaria”, en el momento en que dos jóvenes se plantean tomarse en serio su relación de pareja y apuestan por iniciar un camino juntos.

Por motivos de espacio no entraré en los elementos diferenciales que implica acompañar el noviazgo en las relaciones de pareja homosexuales y su repercusión pastoral. Pero lo menciono para no negar la necesidad pastoral de esta reflexión.

 

Una cuestión de nombres

El acompañamiento de esta etapa coincide con lo que llamamos evolutivamente jóvenes (John W. Santrock)  o edad adulta temprana (Robert S. Feldman).

A mi modo de ver no es indiferente un nombre u otro; cuando la tendencia sociocultural es alargar la juventud hasta los 35 años (o más), me parece necesario hablar de comienzo de la adultez a quien decide tomarse en serio el amor, dándole prioridad sobre la edad cronológica  y  la situación socioeconómica (tener trabajo, piso…). Esta opción es personal e implica una creencia: el tomar las riendas de la propia vida, el construir una pareja, el tomar responsablemente la sociedad en sus manos, son derechos que se pretenden arrebatar a los jóvenes con ideas y estadísticas que van retrasando su protagonismo en la vida y en la sociedad. No me incluyo en el grupo de los que temen que los jóvenes sean protagonistas de la historia, es más confío plenamente en ellos. Por eso, me sitúo entre los adultos que se ofrecen a acompañar su vida y sus procesos, convencido de que así se construye un presente y un futuro mejores.

 

Las claves antropológicas con fondo teológico

Cuando dos jóvenes se denominan a sí mismos novios, surgen una serie de preguntas, que no se hacen explicitas necesariamente, pero un buen acompañamiento pastoral debería conseguir que salgan a la luz:

  • ¿Qué nos atrae hacia los demás y nos motiva a dedicarles nuestro tiempo?
  • ¿Qué es el amor?
  • ¿Por qué los miembros de una pareja se sienten mutuamente atraídos, qué les motiva a pasar cada vez más tiempo juntos?
  • ¿Qué papel desempeña la atracción física, el sexo?
  • ¿Qué importancia tiene la personalidad de cada uno de los novios?
  • ¿Las cosas mejoran o empeoran al compartir un mismo espacio?
  • ¿Las familias de cada miembro de la pareja importan?
  • ¿Qué pinta Dios en todo esto?

 

La atracción

Los psicólogos sociales no dicen que la familiaridad es una condición imprescindible para que se desarrolle toda relación de cercanía. Esto es, compartir un entorno cercano durante mucho tiempo (criarse juntos, ser compañeros de estudios, trabajo, participar en acontecimientos sociales o significativos…).

También funciona el  dicho “Dios los cría y ellos se juntan”, nos solemos unir a personas similares a nosotros, y sin duda los miembros de una pareja muestran más semejanzas que diferencias, sobre todo en patrones de comportamiento y actitudes personales; pero también en gustos, inteligencia, valores, personalidad, estilos de vida… Sólo en algunos casos minoritarios y en características aisladas los extremos parecen atraerse (introvertido-extrovertido, adinerado-pobre, “ojos que se enamoran de legañas”, etc…).

Las razones son varias. La más poderosa es la validación consensuada, nuestras propias actitudes y comportamientos se ven reforzados cuando se parecen a las actitudes y comportamientos de otros. También tendemos a rehuir lo desconocido y preferimos rodearnos de personas cuyas actitudes y comportamientos podemos predecir; esto no quita que estemos abiertos a ciertas novedades o que lo diferente pueda atraernos.

En cuanto a otros rasgos hay diferencias que vienen dadas por las variaciones en la cultura de género. Así, en algunos estudios, las mujeres heterosexuales buscan (en orden de prioridad) que su pareja sea atenta, honesta, fiable, amable, comprensiva y bella físicamente; y los varones buscarían atractivo físico, buenas artes culinarias y una buena gestión de la económica familiar. Pero esto cambia como lo hace la cultura y las expectativas sociales sobre lo que debe ser un varón o una mujer.

El atractivo físico, es un factor importante pero se ve sometido a un constante cambio de patrones de belleza; por lo general solemos buscar una persona con un nivel de atractivo similar al nuestro, según la hipótesis de la igualación.

 

Para el acompañamiento:

  • Tomar conciencia de los motivos por los que uno se siente atraído por su pareja.
  • Valorar la importancia de lo que se comparte, lo común y hacer una jerarquía de valores y costumbres que hay que cuidar si se desea compartir el camino.
  • Cultivar la chispa, la novedad, las diferencias que traen frescura y creatividad a la relación.
  • Leer en quien nos quiere a su lado lo que Dios nos dice en la vida: el amor de Dios tiene mediaciones concretas y, a la vez, sostiene y está muy por encima de todas ellas. Esta lectura es imprescindible en la pareja cristiana desde el comienzo.

 

La búsqueda de la intimidad

Erik Erickson, plantea esta etapa como el tiempo de la intimidad frente a aislamiento. Tendría varios componentes: el desinterés, la capacidad de sacrificar las propias necesidades por las de otro;  la sexualidad, como experiencia de placer mutuo, que busca la gratificación de la pareja y no sólo la propia; la devoción profunda, o el ansia de fusionar la propia identidad con la de la pareja.

Para el acompañamiento:

  • Tomar conciencia de la importancia del cuidado de uno mismo y de la pareja en la triple dimensión mencionada.
  • Acompañamiento personal de las tendencias de cada miembro de la pareja a aislarse.
  • Ayudar a diferenciar entre aislamiento y soledad necesaria.
  • Releer la historia de las relaciones sexuales de cada miembro de la pareja. La iniciación temprana, las posibles experiencias negativas, los complejos relacionados con la sexualidad… Es el momento de acompañar esta dimensión.
  • Cuidar que la tendencia a la fusión no lleve a la patologización de la relación. Cada miembro de la pareja ha de cultivar su propia personalidad, que al enriquecerse dará más consistencia a la pareja.
  • Un buen desarrollo de la intimidad en la relación de pareja, facilita y enriquece la relación con Dios: crecer en intimidad es crecer en verdad, también en la que Dios nos revela en las relaciones. La historia de nuestra sexualidad es también historia de vida y de salvación.

 

El proceso del enamoramiento al amor

La mayoría de las relaciones siguen un proceso similar, aunque cada una de ellas sea única. Nos ayudará en el acompañamiento:

  • Dos personas se relacionan entre sí a menudo y en un periodo largo de tiempo. Aumenta también la cantidad y el tipo de escenarios en los que se encuentran.
  • Los dos buscan la compañía del otro con mayor asiduidad.
  • Se abren al otro cada vez más, revelando más confidencias íntimas sobre sí mismos. Empiezan a tener intimidad física.
  • La pareja está dispuesta a compartir sentimientos positivos y negativos y expresan críticas además de elogios.
  • Empiezan a coincidir las metas que tienen para la relación.
  • Sus reacciones a las situaciones se hacen más similares.
  • Empiezan a sentir que su propio bienestar psicológico está ligado al éxito de la relación, viéndola como única, irremplazable y preciada.
  • Cambia su definición de sí mismos y de su conducta: empiezan a verse y a actuar como pareja, más que como individuos separados.

 

Siguiendo a Bernard Murstein, la relación evoluciona según la teoría de estímulo-valor-rol. La primera etapa es la del estímulo, donde las relaciones se basan, sobre todo en su inicio, en las características físicas, superficiales y la apariencia de la persona. La segunda, etapa del valor, se muestra como descubrimiento de una semejanza creciente de valores y creencias. En la tercera, la etapa del rol, la relación se fundamenta en las funciones específicas desempeñadas por los participantes; en nuestro caso se trataría de definirse como novio y novia.

Como toda teoría es orientativa y tiene sus excepciones.

Para el acompañamiento:

  • Caer en la cuenta de la importancia de la comunicación en el proceso. Su existencia y su enriquecimiento durante toda la relación de pareja. Ofrecer recursos que garanticen una comunicación saludable es parte esencial del acompañamiento y de la prevención de futuras rupturas o relaciones dañinas.
  • Educar en la comunicación asertiva, favorece la autenticidad en la relación, así como el desarrollo de la inteligencia emocional que lleve al cuidado y a potenciar todo lo que refuerza los vínculos positivos existentes en la pareja y las cualidades de cada uno de sus miembros.
  • Una iniciación en las técnicas básicas de resolución de conflictos ofrece a la pareja recursos preventivos a la hora de afrontar posibles crisis.
  • El comienzo de relaciones sexuales, en muchos casos, aparece mucho antes que la maduración de la intimidad y el desarrollo de proceso amoroso. Una de las tareas del acompañamiento es ayudar a que cada miembro de la pareja dé al lenguaje sexual la riqueza de contenido que sólo puede alcanzar en el amor de pareja.
  • Analizar con seriedad la tendencia a estancarse en la etapa de estímulo, y su consecuente desenlace en crisis a la hora de la convivencia prolongada. No en vano podrían tener su raíz muchas rupturas matrimoniales tempranas en no haber superado realmente esta fase en las dimensiones más importantes de la relación.
  • Desarrollar la honestidad en la etapa del valor es fundamental. Los engaños, las ocultaciones, los fingimientos en este periodo llevan a desagradables consecuencias en el futuro de la relación. Desgraciadamente la falta de honestidad no es consciente en muchas ocasiones, por eso es muy importante el acompañamiento personal, para que cada miembro de la pareja se conozca a sí mismo, sus deseos, sus valores y lo que mueve su vida.
  • La cultura de género puede ser confusa en nuestro momento actual. Los roles esperados de un novio o una novia no aparecen tan definidos como en otras épocas. El protagonismo de los miembros de la pareja a la hora de definir sus roles es grande, pero también la influencia de las diversas, y en muchas ocasiones irreconciliables, maneras de entender la pareja que la cultura heterogénea y mediática nos ofrece. Acompañar este momento es decisivo; de hecho, si estamos ahí acompañando, significa que hemos sido escogido/a como referencia de cultura y de valores.
  • La comunicación de pareja abre una de las puertas más ricas para el encuentro con Dios: quien acoge y comunica con otro/a en intimidad puede desarrollar la Intimidad con el Otro. Educar en intimidad y comunicación de pareja puede se educar en mística cristiana.
  • Si se quiere hacer una adecuada presentación progresiva al sacramento del matrimonio, tendríamos que relacionar los contenidos teológicos del sacramento con las vivencias que se van madurando en la relación de pareja: ya que Cristo elige manifestar su amor a la Iglesia en el matrimonio cristiano, o que el Padre nos muestra su Amor a la vida en este sacramento; se trata de una oportunidad única de acompañamiento en la fe.

 

Amor apasionado y amor de compañía

Casi nadie discute que el amor no es sólo un cúmulo de simpatía, que es cualitativamente diferente a la amistad. La intensidad de la atracción física (al menos en las primeras etapas) el interés generalizado por el/a otro/a, las fantasías recurrentes acerca de él/ella, las oscilaciones emotivas rápidas son signos del amor apasionado. Pero aun siendo diferente de la simpatía, la incluye junto a la cercanía, la pasión y la exclusividad.

Cierto es que no todos los amores son iguales y aunque nos centremos en el amor de pareja hay diferencias. Parece ser que en las relaciones amorosas hay dos categorías. Por una parte el amor apasionado (o romántico), estado en el que se está absorto en alguien, donde gran interés, atracción física y preocupación por las necesidades del otro suelen ser los ingredientes; en principio puede alimentarlo todo aquello que produzca emociones intensas (aunque sean negativas) y se da incluso cuando se experimenta un rechazo continuo o daño por parte del supuesto amante. Está claro que en la cultura occidental este amor romántico se considera posible y deseable, y por tanto una experiencia que debe buscarse. El amor de compañía es, en cambio, un fuerte afecto que sentimos por aquellos con los cuales nuestra vida está profundamente involucrada.

Es interesante tomar conciencia de la importancia de las expectativas culturales: no siempre se ha visto necesario en el desarrollo de una buena pareja que existiera el amor apasionado, ni siquiera en occidente.

 

Para el acompañamiento:

  • Confrontar a la pareja con los ideales de amor que están presentes en su cultura, ya que la pareja real, será constantemente contrastada con esos ideales, lo queramos o no.
  • Ayudar a ver que el amor se escapa a toda clasificación es una vía para educar sobre el Misterio insondable del Amor de Dios. Es la etapa en la que la riqueza de la imágenes que la Palabra nos ofrece sobre Dios como amante de su Pueblo pueden ser entendidas y  enriquecer la vivencia de la relación de pareja.

 

Las tres facetas del amor

Robert Sternberg nos propone una teoría triangular del amor interesante. El amor es más complejo que la división apasionado-compañía. Según él el amor tiene tres componentes. El componente de intimidad abarca sentimientos de cercanía, afecto y relación. El componente de pasión incluye impulsos motivacionales relacionados con el sexo, la cercanía física y el romance; lo mueven los sentimientos de atracción intensos y las reacciones fisiológicas. El componente de decisión/compromiso abarca tanto la  consciencia inicial de que uno ama a alguien como la determinación a largo plazo de mantener ese amor.

Si se combinan la presencia o ausencia de estos componentes podríamos tener variantes como: falta de amor, cariño, encaprichamiento, amor vacío, amor romántico, amor de compañía, amor loco y amor consumado.

Para el acompañamiento:

  • Conocer este instrumento teórico a la hora de acompañar una pareja puede ofrecer luz para poner nombre a la confusa variedad de modelos y experiencias amorosas que rodea a los jóvenes.
  • Sería muy interesante analizar con los novios la presencia-ausencia de estos componentes en la relación que acompañamos, así como el posible itinerario que ellos se marcan para alcanzar el ideal del amor consumado.
  • Un hábil acompañamiento podría establecer una bella analogía entre las facetas del amor y las virtudes teologales: es una oportunidad para mostrar como la fe y su vivencia va unida a lo más importante de nuestra vida.

 

Elección de la pareja

Si preguntáramos, por ejemplo a los universitarios españoles, ¿qué es lo que más importa para elegir pareja? La mayoría responderá, el amor.

Lo curioso es que si preguntásemos en Brasil o en Japón, el resultado no sería el mismo. Y si investigamos más a fondo, el amor no es el único criterio para elegir pareja. Parece ser que el amor y la atracción mutua son factores comunes a todas las culturas, pero tampoco faltan  otros como que la persona sea digna de confianza, que tenga buena salud, que sea estable emocionalmente, que tenga un temperamento agradable, que sea inteligente o que pueda generar bienestar económico.

Para el acompañamiento:

  • En una relación de pareja saludable es necesario que cada miembro sea consciente de sus motivaciones a la hora de elegir pareja, así será posible comunicarse entre ellos qué esperan del otro. Las expectativas ocultas pueden dañar la relación y hacer que la pareja se sienta engañada o manipulada.
  • La elección de pareja tiene en cristiano una lectura vocacional que debe ser acompañada: al elegir con quién caminamos en la vida escogemos una vocación específica compartida (el matrimonio) y alguien que respeta nuestra vocación personal.
  • No hay que olvidar que esta experiencia de ser elegido, o su contrario, la experiencia de rechazo por parte de la pareja, nos sitúan ante las vivencias amorosas donde se refuerza o daña nuestra necesidad esencial de ser amados. Acompañar en la fe es profundizar en estos momentos la experiencia del Amor incondicional que Dios nos tiene.

 

El ideal de pareja

Según Louis Janda y Kaen Klenke-Hamel, al buscar pareja examinamos a los candidatos potenciales con filtros cada vez más finos para eliminar las opciones que no nos interesan. Primero habría unos filtros muy generales de atractivo que son básicamente de los que hemos hablado hasta ahora, pero luego aparecen filtros culturales que son progresivamente más exigentes: filtro de proximidad residencial, filtro de complementariedad y semejanza, filtro de atractivo interpersonal y filtro de compatibilidad. Aunque estos estudios se han realizado principalmente en Estados Unidos, nos llevan a conceptos muy interesantes. Por una parte está el de gradiente matrimonial; se trata de un estándar social que determina quién se casa con quién. Este concepto explicaría, por ejemplo, porqué los hombres tienden a casarse con mujeres ligeramente más jóvenes, más bajas y de menor estatus, y las mujeres con hombres ligeramente mayores, más altos y de mayor estatus. Por otra el principio de homogamia, por el cual hay cierta tendencia a casarse con alguien similar edad, raza, educación, religión y otras características demográficas básicas.

No es el lugar de analizar los problemas que conllevan estas tendencias, pero esto no reduce su interés en nuestro mundo cambiante.

Gracias a Dios, el amor supera los gradientes y los principios sociológicos, siendo en toda ocasión un misterio y un camino único para cada pareja.

Para el acompañamiento:

  • Los cambios culturales y sociales que trae la inmigración, la interculturalidad, las redes comunicativas y la globalización en general, generan la necesidad de ayuda en  las parejas que se salen de los estándares del gradiente matrimonial y de la homogamia, sobre todo para tomar conciencia de los las inercias sociales a las que tienen que enfrentarse al construir su pareja.
  • Mirar con sentido crítico las idealizaciones y las expectativas que proyectamos en nuestra pareja, puede ser una vía para aprender a desprendernos de las falsas imágenes que nos hacemos de Dios y profundizar en la relación con el Dios de Jesús.

 

Estilos de apego, modelos familiares y pareja

El apego e el vínculo emocional positivo que se desarrolla entre el/la  niño/a y un individuo particular (generalmente la madre). Phillip Shaver y sus colaboradores, nos hablan de la permanencia e influencia de  los estilos de apego en la adultez y cómo afectan a las relaciones de pareja. El análisis de las siguientes afirmaciones puede acercarnos a su investigación.

  1. Encuentro relativamente fácil acercarme a otros y me siento cómodo/a al confiar en ellos y que ellos confíen en mí. No suelo preocuparme por ser abandonado ni porque alguien se me acerque demasiado.
  2. Me siento algo incómodo estando cerca de los demás; me resulta difícil confiar en ellos por completo y permitirme depender de ellos. Me  pongo nervioso/a cuando alguien se acerca y a menudo mi pareja amorosa quiere que tenga más intimidad de lo que me resulta cómodo.
  3. Encuentro que los demás se encuentran reticentes a acercarse como yo quisiera. A menudo me preocupa que mi pareja en realidad no me ame o no quiera estar conmigo. Quiero fundirme por completo con otro ser y este deseo en ocasiones ahuyenta a esa persona.

El acuerdo con la primera afirmación refleja un estilo de apego seguro (relación saludable, positiva y confiada con sus cuidadores en la infancia) entran con facilidad en relación y se sienten felices y confiados a cerca del éxito futuro de estas.  En caso de que su pareja necesite ayuda tienden a brindar un cuidado sensible y mayor apoyo, respondiendo a sus necesidades psicológicas.

Los adultos que escogen la segunda aseveración suelen tener un estilo de apego evasivo (fueron bebés relativamente indiferentes hacia quienes los cuidaban y evitaban la interacción con ellos) tienden a invertir menos en las relaciones,  presentan tasas más altas de ruptura y a menudo se sienten solitarios. Su ayuda a la pareja en caso de necesitarla puede ser menos sensible y equívoca.

La última opción refleja un estilo ambivalente (mostraban en sus primeros años gran malestar cuando se separaban de la persona cuidadora y parecían enojarse cuando esta regresaba) con una tendencia a involucrarse abiertamente en las relaciones, con rupturas repetidas con la misma pareja y con una autoestima relativamente baja. Si su pareja necesita ayuda su respuesta puede ser compulsiva e intrusita.

Sin entrar en un mundo tan rico y técnicamente muy iluminador que la sistémica  aporta a la vida de pareja las estructuras vividas en las familias de origen de cada miembro de la pareja ofrecen patrones y expectativas que influyen claramente en el día a día de la relación. Solamente me gustaría mencionar que la aportación de la terapia sistémica aplicada a la pareja no es sólo una herramienta curativa, sino que puede aportar interesantísimos elementos preventivos en la construcción saludable de la relación de pareja.

Para el acompañamiento:

  • Quienes experimentan dificultades en sus relaciones de pareja pueden encontrar una ayuda inestimable en quien pueda acercarles con profesionalidad a su infancia para identificar la raíz de sus problemas.
  • Orientar sobre la influencia de las estructuras vividas en las familias de origen de cada miembro de la pareja, así como el conocimiento de la familia extendida y las diferencia y semejanzas culturales, de valores y costumbres que cada uno trae consigo, puede prevenir y acompañar muchas situaciones problemáticas.
  • No es una mala ocasión para sanar nuestras malas experiencias con la fe y los “testimonios” que nos han traído escándalo o alejamiento de la Iglesia, en nuestra infancia y juventud.

 

La soledad

La soledad, vista desde el punto de vista negativo, es uno de los temores que están presentes en los jóvenes y en la primera adultez: “¿seré capaz de mantener una relación de pareja?”, “¿me voy a quedar solo/a en la vida?”, “¿y si me dejan cómo sobrellevaré le abandono?”.

Es una paradoja que en la sociedad que favorece el individualismo y el éxito profesional y social, por encima de la pareja, la familia o del crecimiento personal, se mantenga y refuerce la idea de fracaso personal si no se tiene pareja.

Desde edades muy tempranas se relaciona la imagen de la persona exitosa con la de quien consigue tener una pareja. De hecho, entre los adolescentes y jóvenes la imagen de éxito en las relaciones sexuales y el atractivo sexual, el hecho de “estar saliendo con alguien” son más valorados que sus contrarios.

Detrás de todo esto convendría analizar el concepto de relación y de persona que puede estar dominando. Quizá en todo ello habite un embrión de infelicidad en el presente y en el futuro de muchos jóvenes.

Pero hay otra soledad que no hemos de dejar pasar, por alto, aquella que es imprescindible para la madurez humana, para el desarrollo de la auténtica intimidad, para el encuentro con Dios: la soledad del que sabe tratar consigo mismo, del que protege y desarrolla su interioridad.

 

Para el acompañamiento:

  • Conviene una educación preventiva que eduque para tolerar las dificultades que trae consigo la soledad. Es invertir en madurez ayudar a que los jóvenes soporten un mayor umbral de soledad a la vez que aprenden a relacionarse en la amistad y en el amor.
  • Educar en la riqueza de la propia soledad es acompañar una interioridad auténtica y rica.
  • En lenguaje psicológico es el momento de conocer y afrontar nuestras heridas narcisistas y de descubrir que hay en cada uno/a de nosotros/as una fragilidad que puede transformarse en la puerta por la que Dios entre en nuestras vidas.

 

A modo de comentario final

El tratar de dar algunas pistas para el acompañamiento de parejas que se viven como novios y que quieren caminar juntos por la vida es, por lo menos, incauto.

Al escribir estas letras soy consciente de que todos los estudios sobre el momento evolutivo en que se da el noviazgo están muy mediatizados por la ideología de quien los realiza. Si bien los estudios desde la infancia hasta la adolescencia tienen cierta “neutralidad ideológica”, todo lo referente a el momento evolutivo de la juventud y las primeras etapas de la adultez viene muy marcado por las creencias, la visión política-económica-cultural del quienes los realizan. Tampoco me libro de ello.

Comparto por ello una convicción: creerse neutrales en el acompañamiento de este periodo es ingenuo. A mi modo de ver, la mejor manera de ser congruente acompañando a los jóvenes en este mundo multicultural y mediático, es ofrecerles lo mejor de nuestras creencias y de nuestros conocimientos, pero sobre todo lo que a nosotros nos ha sido valioso y válido en la vida. Después, acogeremos su libertad, sus procesos y su forma de vivir y amar única, con admiración y devoción, con la convicción de que Dios nos habla así, en ellos.

Con toda la intención he mezclado consideraciones psicológicas y teológicas, así es mi formación y así funciono en la vida.

Y, finalmente, pido disculpas por el atrevimiento que da el cariño.

 

Miguel Ángel Olivares

 

 

 

 

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