ACTUALIDAD Y RELEVANCIA DE LA FP: PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS

Guglielmo Malizia, SDB

Profesor emérito de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Salesiana de Roma

 

SÍNTESIS.-

El autor, buen conocedor de la educación, especialmente de la Formación Profesional (FP) en Italia y en Europa, demuestra cómo la actual crisis económica, junto a los procesos de globalización y las rápidas innovaciones tecnológicas y la evolución del mundo laboral, hacen que para el futuro inmediato no se requiera menos, sino más y mejor Formación Profesional. Señala las condiciones fundamentales para dicha mejora y los princios irrenunciables para que la de la FP tenga calidad educativa y humanizadora.

 

            En mayo del año pasado la Unesco ha celebrado el tercer Congreso Internacional sobre la “Educación y Formación Técnica y Profesional” (en inglés “Technical and Vocational Education and Training”, abreviatura: “TVET”[1]), y en el principal documento de trabajo del encuentro se declara solemnemente que «en todo el mundo, los gobiernos y las demás partes interesadas esperan que se afronten múltiples prioridades sociales y económicas, como la reducción de la pobreza, la seguridad respecto a la disponibilidad de alimento en cantidad suficiente y la cohesión social en el crecimiento económico y en la competitividad. […] En un contexto de desocupación y de baja ocupación crónicas, los jóvenes mismos demandan más oportunidades de educación y de formación y una mejora en su relevancia para el trabajo. El trabajo autónomo exige competencias de emprendedores y los emprendedores requieren una gama y niveles crecientes de habilidades y competencias que aúnen dimensiones técnicas e interpersonales» (Unesco, Main Working Document, 2012, p. 5).

A pesar de estas afirmaciones solemnes sobre su relevancia, en las recomendaciones del Congreso se dice que es preciso apoyar la FP, una declaración que nadie se plantearía hacer si se tratase por ejemplo de la educación secundaria pre-universitaria, dando a entender que no todos están de acuerdo sobre su importancia o que no faltan quienes la consideran una oferta educativa de serie B (Unesco, Shangai Consensus, 2012). Los países participantes en el encuentro y la Unesco se comprometen en consecuencia a definir su papel esencial a la hora de promover la prosperidad económica y la cohesión social y a elevar su perfil público y su capacidad de atraer estudiantes. Todo este hace significativa la temática tratada en este artículo, en el sentido de que no se puede dar, de ninguna manera, por supuesta.

También la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), que reúne a los países más industrializados del mundo, se muestra en plena sintonía con las afirmaciones recién citadas. Sober todo, sus informes nos permiten adquirir mayor claridad en este campo. Hablan de “vocational education and training” (VET), que equivale a nuestra formación profesional (FP) y que incluye «programas de educación y formación que han sido diseñados para, y que habitualmente preparan a, un trabajo en particular o un tipo de trabajo. Normalmente comprende la formación práctica así como también el aprendizaje de la teoría relevante» (Field et alii, 2009, p. 18). En ella hay que distinguir tres niveles:

  • «La educación y formación profesional inicial incluye programas pensados para ser seguidos por los jóvenes (proponemos a los menores de treinta años) al comienzo de su carrera y nomalmente antes de entrar en el mercato laboral» (Field et alii, 2009, p. 18).
  • «Las instituciones de educación y formación profesional post-secundaria (PSV) intentan preparar personas para las carreras en posiciones técnicas y directivas de nivel más elevado a través de la oferta de habilidades específicamente profesionales» (Puukka, 2012, p. 19).
  • «La educación y formación profesional permanente comprende el resto de formas de VET, incluyendo la formación de los trabajadores en la empresa y la formación específicamente programada para cuantos han perdido su trabajo» (Field et alii, 2009, p. 18).

 

En el artículo el espacio mayor está dedicado a la FP inicial porque constituye el sector más discutido. En todo caso, la OCDE reconoce sin mayor problema que la FP se ha convertido en una prioridad política en todos los países de la Organización porque puede jugar, en especial la FP inicial, un papel central al salir al encuentro de la demanda de trabajo de los jóvenes (Field et alii, 2009).

Indudablemente, no basta con citar declaraciones sobre la actualidad de la FP, incluso aunque provengan de organizaciones de relevancia unánimemente reconocida, sino que es necesario assentar las razones que las justifican. Estas se pueden sintetizar en la contribución fundamental que la FP ofrece para una marcha favorable de las tendencias principales del desarrollo global. Algunas de ellas se identifican con la renovación de los recursos naturales y con la protección del medio ambiente y del clima; otras se refieren a las problemáticas demográficas y socio-económicas, a los cambios en el mundo laboral, a las innovaciones tecnológicas y a las cuestiones que tienen que ver con la justicia, la paz y la seguridad (Unesco, Main Working Document, 2012).

 

  1. La evolución a nivel demográfico

 

La última década hemos asistido a un aumento acelerado y continuo de la población mundial (Unesco, Main Working Document, 2012). Dicha evolución ha afectado en particular al grupo de edades más jóvenes, las inferiores a 14 años, y se ha registrado en los países en vía de desarrollo, mientras que en los desarrollados la tendencia claramente al alza es el envejecimiento de la población. A propósito de esto, la Unesco prevé que, teniendo en cuenta la reducción de las tasas de nacimiento, casi universal, y el crecimiento simultáneo de la esperanza de vida en casi todas partes, la tendencia al envejecimiento está llamada a convertirse en uno de los problemas más graves de las próximas décadas, aunque la incidencia de este fenómeno sea diferente en unas áreas geográficas del planeta que en otras.

Volviendo a la actualidad, o sea, a nuestra década, las previsiones ponen en evidencia un gran reto en el ámbito que nos interesa, en el sentido de que la población en edad laboral debería incrementarse en unos 600 millones. El aumento más consistente tendría lugar en los países menos desarrollados, por lo que estos hacia el 2020 tendrán que afrontar el enorme problema de la presencia en sus territorios de 460 millones largos de personas en edad laboral en comparación con 2011. En la otra vertiente, en los países desarrollados, el rasgo que hay que destacar es la reducción en 17 millones de personas en la población activa.

Las previsiones apenas mencionadas conciernen ciertamente en primer lugar a las tendencias demográficas. Al mismo tiempo es también evidente que inciden en notable medida en el mercado laboral, y dan mayor relieve a la contribución, muy relevante, que puede proporcionar la FP, y esto nos da el primer motivo que justifica su actualidad. A propósito de esto, hay que señalar una diferencia de acentos entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo.

En los primeros, el envejecimiento de la población nos lleva a políticas del Estado del Bienestar orientadas a elevar la edad de la jubilación con el fin de valerse de las capacidades productivas de una población más experta y sana. Los gobiernos se sentirán llamados, sobre todo, a intervenir aprobando y poniendo en práctica leyes adecuadas y sistemas eficaces de financiación para promover medidas de formación permanente, en particular en el campo profesional, e incentivando a las empresas y a las personas para invertir en el desarrollo de las competencias y de las habilidades profesionales. En segundo lugar, el problema del paro juvenil, que en muchas naciones ricas es verdaderamente enorme, requerirá de los gobiernos y de las partes sociales que se preocupen de la preparación de los jóvenes, apuntando, entre otras cosas, a inversiones en la FP inicial.

En los países en vías de desarrollo, la situación demográfica, en fuerte expansión, ofrece al mundo del trabajo la urgencia de crear ocupaciones dignas para una mano de obra con niveles crecientes de educación. En una perspectiva de promoción de las competencias esta evolución exige la expansión de la FP, sobre todo la inicial, de manera que se capacite a los jóvenes para afrontar con éxito los desafíos de la economía.

Una última consideración concierne a las migraciones internacionales, un fenómeno que no sólo está llamado a quedarse en los próximos años, sino también a aumentar, debido a múltiples factores como la disparidad demográfica entre el Norte y el Sur del mundo, los cambios en el plano medio ambiental, la globalización económica y política, las innovaciones tecnológicas y el crecimiento de las redes sociales. Un efecto de estos movimientos que concierne a nuestra temática viene dado por la necesidad de conseguir que las cualificaciones de la FP adquieran un valor que vaya más allá de los estrechos límites de la nacionalidad, un salto de calidad que requerirá diálogo y colaboración entre los estados.

 

  1. Las exigencias del mundo del trabajo

 

La llegada de la sociedad del conocimiento está provocando una revolución global de resultados aún no claros ni evidentes, que afectan no sólo a la producción y a las comunicaciones sociales, sino también a los modos de vida individuales, familiares, sociales, mondiales. Si bien han crecido enormemente las oportunidades de acceder a las informaciones y al saber, por otra parte se requieren aditamentos y competencias nuevas que, si faltan, pueden provocar marginación y exclusión social.

En cuanto al aspecto estructural, se puede decir que se ha completado el paso de un modelo industrial de economía a otro post-industrial (Gosetti, 2011a y b;Malizia, 2008). El primero pone el acento en una concepción cuantitativa del crecimiento (“obtener más de más”), en el volumen de producción, en un planteamieto lineal, atomístico, jerárquico, dualista y manipuladora del trabajo y de su organización; el segundo subraya la calidad y la intensidad del desarrollo (“obtener más de menos”), el valor de la producción, la naturaleza simbólica, interactiva, contextual, participativa, autónoma e intelectual de la actividad ocupacional y de su estructuración. Por el lado negativo, las grandes empresas reducen sus actividades: las funciones productivas de base se conservan, mientras que los servicios de soporte se confían a empresas o a personas externas; por este camino, la gran industria se arriesga a reducir la fuerza laboral de manera aún más drástica. El paso a lo post-industrial se acompaña así con un aumento de los fenomenos de precarización y de desregulación del trabajo que pone en crisis el sistema tradicional de relaciones sociales.

La industrialización primero, y después el paso a la sociedad del conocimiento, han cambiado profundamente el papel y el status del trabajo (Rullani, 2011; Bagnara, 2010; Panara, 2010). Sobre todo, este último se ha transformado gradualmente en trabajo cognitivo, mientras que paulatinamente los llamados trabajos de “fatiga” (o manuales) han sido asumidos por las máquinas, alimentadas con energía artificial. En segundo lugar está en curso otro proceso por el que el trabajo cognitivo de naturaleza ejecutiva está siendo absorbido progresivamente por la automatización de las máquinas, mientras que, a la vez, se va difundiendo otra modalidad de trabajo, el trabajo inteligente, que resulta cada vez más necesario si se quiere orientar y desarrollar la complejidad presente en la sociedad del conocimiento. De hecho, el trabajo ejecutivo aún no ha sido superado, pero constituye una seria fuernte de problemas en los países ricos donde, tras la mecanización y la apertura de los mercados hacia los países “low cost” –que a cambio se sirven de ello como fuerza moriz de su crecimiento– tiende a perder valor de manera incesante. En esta situación los trabajadores del Norte del mundo deberán compromeerse a elevar el nivel de la propia ocupación ejecutiva a innovadora; se trata, pues, de un salto de calidad que es cualquier cosa menos fácil y sencill, porque requiere el conocimiento de procesos complejos, autonomía y la valentía de invertir con riesgo. Otra oportunidad que está emergiendo ante el fenómeno de la fuga al exterior del trabajo ejecutivo y de su sustitución por maquinaria la ofrece el crecimiento del trabajo adaptativo, que se diferencia de los otros dos en que intenta adecuar las prestacionesstandard a las exigencias de los contextos diversos o de las personas concretas.

EI trabajo cognitivo está asumiendo, por tanto, tres configuracionesprofundamente diferentes entre ellas:

  • Ante todo tenemos el trabajo creativo o inteligente que de manera innovadora adecúa los procesos mecánicos a un contexto complejo o logra dar vida a nuevos ambientes. Esto caracteriza a los llamados trabajadores del conocimiento, que están aumentando en número y en importancia, estimulados por las dinámicas de la sociedad actual, que obligan a afrontar a diario situaciones de complejidad, diversidad, incertidumbre y cambios acelerados.
  • En segundo lugar hay que mencionar el trabajo ejecutivo que, en contraste con el precedente, aplica y replica conocimientos reproducibles por máquinas, y desarrolla tareas sujetas a prescripciones contenidas en programas: éste, aunque siga estando presente en los países desarrollados, sin embargo ve reducirse el número de sus miembros y debilitarse su posición, o bien son fácilmente sustituibles o bien por el conflicto competitivo con los trabajadores “low cost” disponibles en el Sur del mundo.
  • El trabajo adaptativo comprende aquellas actividades tradicionales en las que es necesario adecuarse a los diversos ambientes, máquinas o procedimientos que no se hallan en grado de responder a los problemas de manera satisfactoria. Nos encontramos frente a una categoría de ocupaciones destinata a aumentar, en particular en el campo de los servicios, pero los sueldos correspondientes se sitúan a niveles bajos porque sufren la competencia de sustitutos “low cost” locales como inmigrantes y parados.

 

En estos tres casos el éxito puede asegurarse por la presencia de las tres características que ya hemos señalado arriba: la autonomía de las opciones, la comprensión de la situación y de las alternativas y la asunción de una parte de riesgo.

Una consecuencia de esta situación que concierne a nuestro tema es que la multiplicidad de ocupaciones no especializadas, que existía hace sólo una generación, tiende a disminuir sobre todo en los páises desarrolladosn donde el futuro de dichos trabajadores se vuelve ciertamente oscuro (Field et alii, 2009). En este contexto, laFP se considera cada vez más como la estrategia adecuada para mejorar las habilidades de aquellos que de otro modo permanecerían en la condición de simples peones y que puede garantizarles incorporarse sin mayor problema al mundo del trabajo.

La reciente crisis del crédito y de las finanzas “creativas” han ocasionado unainterrupción en el crecimiento económico (Fortis, 2009; Governare l’economia globale, 2009; Malizia e Pieroni, 2012). En especial el sistema financiero ha atravesado grandes dificultades: «Los bancos han prodigado préstamos en cantidades elevadadas a clientes poco solventes […]. Han atraído a los morosos con políticas de marketing agresivas. Con el aumento de las tasas y el estallido de la burbuja inmobiliaria se ha retroalimentado la crisis» (Crisi globale identità locale, 2009, p. 41). Los efectos no se han hecho esperar, y han consistido, sobre todo, en la bancarrota de varias grandes, medianas y pequeñas empresas (entre ellas, bancos famosos), el aumento del paro y una mayor extensión de las situaciones de extrema pobreza. Además, los precios de los bienes de consumo han comenzado a perjudicar a las familias crecientemente empobrecidas por la disminución de la renta neta de sus componentes. Los gobiernos se han encontrado con el peligro de que disminuya la recaudación de impuestos y se han visto obligados a recortar los gastos, comenzando, como siempre, por los sociales.

Un efecto de la crisis económica que nos concierne más de cerca es el notable aumento del paro juvenil, un fenómeno que ya se daba antes de la crisis (Unesco, Main Working Document, 2012). Esta situación se ha convertido en un problema estructural en muchos países, incluyendo a algunos de los desarrollados: a propósito de esto, basta con recordar que en el mes de marzo de este año 5.690.000 jóvenes (menores de 25 años) estaban parados en la Unión Euroepa (UE) de los 27, de ellos 3.559.000 en la zona euro, y que la tasa de paro ha aumentado con respecto a la de marzo de 2011, tanto en la UE de los 27 (del 22,6% al 23,5%) como en la zona euro (del 22,5% al 24%) (Eurozona: Eurostat de marzo, paro estable al 12,1%, 30 de abril de 2013). Según el documento de la Unesco antes citado, en el contexto actual es muy difícil que pueda darse una mejoría sustancial en el futuro inmediato pues se precisa un período largo de crecimiento económica antes de que comience a crecer el porcentaje de empleo. El texto subraya que una tarea fundamental de la FP es ayudar a los jóvenes en el aprendizaje de las habilidades necesarias para entrar con éxito en el mercado de trabajo, entre otras cosas porque una de las causas habituales del desempleo es el desajuste entre oferta y demanda de competencias.

 

  1. Las innovaciones tecnológicas y la globalización

 

La primera de las dos razones de la actualidad de la FP que examinaré en esta sección, la llegada de las nuevas tecnologías de la información, ya la hemos citado varias veces, aunque de manera indirecta; pero ahora será abordada por sí misma (Unesco, Main Working Document, 2012; Giddens, 2000; Callini, 2006; Malizia 2008). Estas tecnonologías son nuevas porque cambia el objeto, que deja de ser la producción de una pieza o la escritura a máquina de una carta, para ser operaciones de naturaleza más intelectual, como el control de procesos o la innovacion. Como se ha acentuado arriba, ocasionan problemas para las ocupaciones tradicionales, en cuanto que tienden a reemplazar muchas tareas humanas y porque restringen las posibilidades de trabajo. Desde una perpectiva más amplia y positiva, las nuevas tecnologías han introducido a la Humanidad en la fase de la comunicación universal, dado que las informaciones pueden ser puestas a disposición en tiempo real prácticamente en cualquier punto de la Tierra, y la interactividad permite transmitir conocimientos y dialogar sin límites de distancia o de tiempo. Por otra parte, como ya hemos destacado arriba, no faltan contrapartidas negativas. Los sistemas de información resultan todavía relativamente caros, por lo que algunos países encuentran problemas serios para aceder a ellos y, en consecuencia, una parte bastante numerosa de la población mundial tiene desventajas respecto a otras naciones al quedar excluída de estos avances.

Ciñéndonos a las dimensiones positivas del fenómeno, hemos de recordar ante todo que el desarrollo de la tecnología se ha caracterizado por sucesivas oleadas de innovación relacionadas con determinadas fuentes de energía y con tipos específicos de inventos. En la sociedad del conocimiento el período entre la aparición de las nuevas tecnologías y su sustitución con tecnologías más nuevas se vuelve cada vez más corto. La rapidez de esta evolución convierte en especialmente necesario y urgente el aprendizaje por parte de los trabajadores tanto de los conocimientos y las habilidades de base que permitan adaptarse rápidamente al cambio generalizado, como de los conocimientos y las habilidades específicas requeridos para determinadas innovaciones. Esto nos remite a la presencia y al buen funcionamiento de la FP inicial, post-secundaria y continua para preparar la fuerza laboral para adecuarse al desarrollo acelerado de las tecnologías.

La llegada de esats nuevas tecnologías acelera también la mundialización de los modos de trabajar y de consumir y, al mismo tiempo, a la concentración de los grupos de emprendedores. El  poder económico queda reunido en manos de unos pocos, influyendo notablemente en la política y en la vida de pueblos y naciones, y reduciendo la soberanía de los estados nacionales y la especifidad productiva de los territorios locales. Por añadidura, y desde el lado positivo, la globalización del mercado empuja a abrirse a intercambios internacionales, “planetiza” las informaciones y el intercambio de bienes de consumo, y provoca una acentuada movbilidad humana entre unas naciones y otras, incluso entre un continente y otro, dando lugar a un mayor contacto de las personas y de las culturas (Unesco, Main Working Document, 2012; Giddens, 2000; Malizia 2008; Rifkin, 1999). Por el lado negativo, provoca fenómenos de homologización cultural y de erosión de las idiosincrasias nacionales y locales y de los grupos étnicos particulares: de hecho la tendencia al oligopolio o monopolio de las agencias de información y de los sistemas de comunicación social lleva fácilmente al desarraigo  cultural; y a nivel personal desencadena perspectivas y expectativas de darwinismo social,  genera pérdida  de identidad y aumenta las patologías de la inseguridad (desencantamiento de valores, escepticismo y relativismo, estrés, miedo al extraño, necesidad de certezas, confianza excesiva en jefes carismáticos, fundamentalismo y racismo, etc.).

Como es sabido, existe un consenso generalizado acerca del hecho de que las oportunidades de un país de participar en los aspctos positivos de la globalización dependen de que cuente con una fuerza laboral competente. En consecuencia, resulta evidentemente clara la aportación esencial que la FP en sus diversos niveles puede ofrecer para preparar para el aprendizaje de las habilidades requeridas.

 

  1. En línea con las reformas educativas

 

Las estadísticas sobre la educación y la formación a nivel mundial ponen en evidencia que en todas partes se registra una fuerte expansión de la demanda deeducación secundaria (Unesco, Main Working Document, 2012, pp. 10-11). Un dato puede valer por todos: en 2009 el 88% de los alunnos matriculados en la Primaria han llegado al último año de ese nivel. Se puede, por tanto, predecir que el crecimiento de la escuela secundaria conllevará también un aumento de la educación y formación técnica y profesional.

Esta evolución está plenamente en línea con las tendencias de las reformas educativas. Cito como muestra el Informe Delors de la Unesco, que ha desarrollado unas propuestas para inicios del tercer milenio, con las que coinciden casi todos los países del mundo (Delors et alii, 1996; Field et alii, 2009). Para la educación secundaria el documento sugiere principalmente introducir una reforma: ampliar la diversificación de los itinerarios formativos. La razón de esta estrategia se basa básicamente en el hecho de que eso permitiría valorar todos los talentos y, por tanto, reducir el fenómeno de la exclusión de los sistemas educativos de muchos adolescentes. A nivel secundario deberán ofrecerse no sólo los currículos tradicionales que privilegian la abstracción y la conceptualización, sino también los que combinan mediante fórmulas de alternancia la formación con la actividad profesional. Además, se recomienda crear pasarelas entre los diversos itinerarios, de modo que sea posible modificar sobre la marcha las opciones realizadas. A propósito de esto, se subraya que la posibilidad ofrecida a todos de reemprender los estudios en el curso de la vida mediante la puesta en práctica de los principios de la educación permanente puede evitar la definitividad en las elecciones realizadas en la adolescencia, a veces realizadas bajo un eventual influjo de condicionamientos sociales negativos, permitiendo corregirlas.

La misma estrategia de diversificación sirve también para la educación superior, por lo que junto a la universidad deberían desarrollarse otras instituciones de educación superior y post-secundaria (Delors et alii, 1996; Puukka, 2012). La inflación de estudiantes matriculados en la universidad que se está dando en los países desarrollados no debe ser solucionada con la introducción de una selección aún más severa, porque los que han obtenido un diploma oficial de la escuela secundaria no pueden ser excluídos del paso al nivel superior; más bien, se deberá afrontar el problema desde el punto de vista de la oferta, mediante una diferenciación de los canales que permita reducir el flujo hacia la universidad y proporcionar una respuesta adapatada a la demanda de un número creciente de estudiantes interesados en una preparación medio-alta, pero no en la alta cultura académica ni en la investigación.

También los objetivos de la educación de adultos son múltiples y variados y convergen en la necesidad de FP permanente (Delors et alii, 1996; Field et alii, 2009). Recuerdo que una de sus metas consiste en completar la educación primaria y de la FP en aquellos que han recibido una formación muy limitada en su juventud. Otra tarea asociada a la educación de adultos consiste en la prolongación de una educación suficientemente adecuada. Esta función responde a tres exigencias: perfeccionamiento de la propria cultura, promoción y reconversión profesional. Estos objetivos tienen una especial relevancia en los países altamente industrializados, mientras que reviste un papel marginal en las naciones en vía de desarrollo. Una meta ulterior se puede establecer en el perfeccionamiento de una formación superior: en este caso la educación de adultos responde a la necesidad de puesta al día y de recualificación de los conocimientos y de las competencias.

 

  1. Una respuessta a la demanda de igualdad, desarrollo sostenible, paz y seguridad.

 

Los itinerarios de FP funcionan como canales de profesionalización no sólo para los que los eligen desde una opción fuertemente vocacional, sino también para aquellos alumnos que se agarran a ellos como una ultima oportunidad, por su historia personal de fracasos y de falta de motivación, tales que les llevan al riesgo de rechazar cualquier oferta escolar. Con otras palabras, dichos estudios desempeñan un papel central en la lucha contra la exclusión social y contra el peligro de proporcionar mano de obra al mundo de la delincuencia (Unesco, Main Working Document, 2012; Malizia e Pieroni, 2012). Los jóvenes a los que nos referimos tienden a valorar de manera extremadamente negativa los programas escolares porque los consideran demasiado teóricos, mientras que se muestran algo más dispuestos a seguir itinerarios más experimentales y concretos. La cualificación profesional les permite ocuparse en empleos dignos y, a la vez, reemprender los estudios, contribuyendo a la realización de una mayor igualdad en nuestras sociedades.

Otro valor de especial actualidad es el desarrollo sostenible (Unesco, Main Working Document, 2012). Las problemáticas que en este momento afectan a los recursos naturales, el medio ambiente y al clima exigen el abandono de economías basadas en la explotación sin límites de las energías y en una alta intensidad de emisiones dañinas, para pasar a sistemas que busquen  ahorrar energía y que utilicen modelos menos contaminantes de producción y de servicios. Esta transición requiere obviamente una renovación de las habilidades y de las competencias de la fuerza laboral. Está claro que este futuro previsible atañe directamente a la FP, llamada a preparar para puestos de trabajo de la nueva economía verde, con la oferta de programas adecuados de formación.

La preocupación por la paz y la seguridad, que parecen continuamente amenazadas en nuestra sociedad, ofrecen oportunidades de desarrollo para la FP en una doble dirección (Unesco, Main Working Document, 2012). De hecho, la FP puede hacer una aportación decisiva en la reconstrucción de un Estado después de un conflicto, porque contribuye a la reinserción de los ex-combatientes en la convivencia civil y a la recuperación socio-económica de las poblaciones dañadas. En segundo lugar, la FP hace una aportación relevante para la prevención de conflictos en cuanto que juega un papel decisivo al promover la inclusión y cohesión sociales, así como la educación para la ciudadania democrática.

 

  1. Conclusiones

El proceso para dar a la FP la importancia merecida no se dará automáticamente. Para que la FP pueda ser actual y relevante, debe tener determinadas características, acerca de las cuales otros artículos de este número deMision Joven dan indicaciones más precisas y detalladas. Me parece oportuno acabar este breve ensayo destacando, al menos, los principios fundamentales necesarios para evitar que las afirmaciones anteriores sean consideradas sólo declaraciones de tipo teórico (L’enseignement et la formation techniques et professionneles: une vision pour le XXIe siècle, 1999; Second International Congress on Technical and Vocational Education, 1999; Malizia, 2005; Nicoli, 2011).

 

–         Una primera orientación potenciará el aprendizaje durante todas las etapas de la vida, que debería permitir a la persona adquirir constantemente durante su entera existencia conocimientos, valores, actitudes, competencias y cualificación.

–         En este contexto, se concibe la FP como una oferta sistemática de experiencias dedesarrollo personal, que incluye aspectos culturales y sociales y no sólo económicos. Con otras palabras, los sistemas de FP deben estar centrados en el educando y, por tanto, deben caracterizarse por la apertura y la flexibilidad y por su capacidad de proporcionar no sólo los conocimientos y las competencias correspondientes a los diversos trabajos especializados, sino también por preparar para la inserción en la vida y en el ambiente laboral.

–         La FP no se concibe como un adiestramiento consistente exclusivamente en la enseñanza de destrezas manuales, no es algo marginal o terminal, sino que encarna un principio pedagógico capaz de responder a las exigencias del pleno desarrollo de la persona desde una metodología específica fundada en la experiencia real y en la reflexión encaminada a la praxis que permite intervenir en el proceso de construción de la identidad personal.

–         La FP debe basarse en una cultura del aprendizaje, capaz de forjar individuosautónomos, pertrechados de herramientas para tener gradualmente en sus manos la gestión de la propia formación. En el proyecto de aprendizaje para todo el arco de etapas de la vida, la FP debe dotarse de interfaces de interrelación con el resto de niveles educativos y formativos con el fin de asegurar la movilidad horizontal y vertical sin mayores problemas.

–         Una tarea importante es también garantizar una transición no problemática entre el sistema educativo y el productivo.

–         El sistema de ofertas es regulado por un conjunto de metas y de estándaresformativos que adoptan la forma de saberes y competencias, articulados en habilidades/capacidades y conocimientos. Trabajar por competencias significa favorecer la maduración de los estudiantes para tomar conciencia de sus talentos, y que tengan un encuentro positivo con la realidad sostenido por la curiosidad y la voluntad, que les facilite poder reconocer los momentos críticos y las oportunidades que se les presentan, capacitándoles para asumir responsabilidades autónomas en la perspectiva del servicio comprendido como contribución al bien común. El elemento central de una formación por competencias lo contituye la posibilidad de privilegiar la acción significativa y útil, en cuanto situación de aprendizaje real y activo que permite poner al sujeto que aprende en relación “vital” con el objeto cultural aprendido.

–         Los recursos humanos comprometidos en las actividades formativas se caracterizan a su vez por una plena visión profesional fundada en la libertad de enseñanza, enfocada a una formación eficaz. En este marco, los docentes deben ser cacaces de actuar con una lógica de trabajo de equipo. Esta necesidad requiere la coimplicación de una pluralidad de distintas figuras profesionales dedocentes y expertos técnicos y precisa de una figura fuerte de coordinador del equipo.

–         El Estado no tiene la capacidad de afrontar por sí solo los problemas educativos, pero su acción deberá ser complementado por la inter­vención de la “iniciativa social privada” o “tercer sector”  del mercado, es decir, se precisa favorecer unadinámica social a tres bnadas. La “iniciativa social privada” comprende las iniciativas que, aun promovidas por entes privados, están pensadas con fines públicos: por tanto, deben ser soste­nidas con el dinero de todos. En tercer lugar, se debería recurrir al libre mercado para utilizar también sus grandes recursos, con la condición de que garanticen la calidad del servicio y la igualdad de oportu­nidades. Además, la elaboración y la realización de las políticas para la FP se confía a un mediador entre el Estado, las comunidades locales, los empleadores, los sindacatos, las profesiones, la sociedad civil. Es oportuno también prever una sana competición entre las diversas ofertas de FP dentro de un estándar de calidad válido para todo el territorio nacional.

 

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[1] El término es más amplio que la formación profesional, pero al mismo tiempo la incluye.

Misión Joven. Número 440. Septiembre 2013