Adiós

«Un negocio se me ha ofrecido… […], tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme a lo que suele decirse: Amicus Plato, sed magis amica veritas».

 

Carta de Don Quijote a Sancho Panza

(Don Quijote de la Mancha, Cap. LI–2ª Parte)

 

 

 

 

         Caminos del tiempo…

 

En esta ocasión (¡es la última!) –permitídmelo, amables lectoras y lectores– voy a modificar el tono del editorial, además, procuraré hacerlo atendiendo sabias –aunque quijotescas– sentencias.

Hace ahora 12 años, al poco de comenzar a firmar esta «página tres», publicamos una renovada «Carta de Identidad de Misión Joven»: «Unida en el tiempo al desarrollo del Vaticano II –se afirma en ella–, MJ persigue mantener las esperanzas iluminadas por un concilio que orienta la mirada hacia el hombre y sus necesidades más profundas […] y pretende ser [por eso mismo] una plataforma de búsqueda y diálogo, de propuesta y estímulo […], un lugar de análisis y reflexión crítica desde la praxis, un espacio de intercambio de experiencias y materiales y una revista que avance líneas creativas de síntesis pastoral para renovar, en contextos siempre nuevos, la fe en la Buena Noticia».

Si fueran los nuestros tiempos fáciles para el discernimiento, si entre todos no buscáramos otros «signos de Iglesia» que los del Reino, si ésta no fuera una revista de «pastoral juvenil», si… entonces –sólo entonces– ni la presente «página tres» ni MJ, en general, habrían recorrido los caminos del tiempo con el paso que lo han hecho.

 

Entonces, sólo entonces, siempre entonces… Mientras tanto, nos corresponde avanzar un poco a contratiempo. A ello debido, quizá, no llovió a gusto de todos en esta docena de abriles. ¡Eso sí!, Misión Joven, aunque con una identidad propia, no es ningún órgano oficial, portavoz institucional o voz de otros que no sean los jóvenes. A ellos se debe y por ellos se ha cocido y se cuecen sus páginas conforme apunta la citada «carta de identidad»: «MJ es fruto de un trabajo en equipo… [y] entiende que la pastoral juvenil no ha de reducirse a la catequesis o a la liturgia, sino que comprende todos los aspectos pedagógico-culturales de la condición juvenil. [De ahí] que se coloque dentro del proceso global de humanización que requiere el concurso autónomo del resto de ciencias humanas…».

En efecto, el Centro N. Salesiano de Pastoral Juvenil, junto a las coordinadoras y delegados de pastoral juvenil de las 13 provincias religiosas que los Salesianos e Hijas de María Auxiliadora tienen en España y Portugal –los componentes del «Consejo Asesor»–, ha seleccionado –año por año durante los últimos doce– aquellos «temas juveniles» que en la práctica resultaban más urgentes; a partir de ahí, el «Consejo de Redacción» diseñaba minuciosamente cada número de la revista. A lo largo de este tiempo, tanto el Centro de Pastoral como ambos Consejos han trabajado y respaldado unánimemente la trayectoria de Misión Joven.

 

         …y sones adioseros

 

Ya Rimbaud advertía de lo peligrosas que resultaban las referencias personales, pues con facilidad terminaban mostrando cómo el «yo es otro». No quisiera, por tanto, que el sonido del adiós case sueños con nostalgias o, peor aún, sugiera que el tiempo robó cuanto nunca se tuvo.

Así que… adiós «con gracias» y «con sonrisa» –por lo que, ojalá que también con gracia–: gracias, antes de nada, a todos los colaboradores de Misión Joven; gracias a los más cercanos compañeros de camino –Centro de Pastoral Juvenil y Consejos de la revista–; gracias, en fin y sobre todo, a los destinatarios que mensualmente acogían cariñosamente esta «joven misión».

Y… perdón. Perdón porque, en ciertas ocasiones –entre dudas y obligados por el destiempo–, quizá la revista sólo llegó a provocar, sin alcanzar del todo el objetivo de «educar la mirada» con el fin de poner los ojos en cuanto pretendíamos.

 

Llegado el momento del relevo, ni pierde ni queda sin «moral» Misión Joven. Moralista es su nuevo director –Manuel Cantalapiedra–, curtido ya en múltiples tareas educativas prácticas donde, precisamente, «lo ideal» ha de mezclarse con el barro humano de los conflictos y de poco sirve lidiar en tendidos sin riesgo. ¡Bienvenido, Manolo! Y…, lo dicho, «¡a torear!».

Adiós.

 

José Luis Moral

directormj@misionjoven.org