Adolescentes autónomos

La juventud actual, los adolescentes actuales son más pretendidamente autónomos, en comparación con los adolescentes de otras generaciones. La crea­ción de sus sistemas de valores, de sus cosmovisio­nes, sus normas, se hacen mucho más a través de la experimentación -sobre todo a través de la experi­mentación en el grupo de amigos-, que bajo el modo de la reproducción incluso crítica de lo transmitido por la escuela, las iglesias, los partidos políticos, los sindicatos o los medios de comunicación social. (…)

Construyen así, de forma poco tematizada pero no por ello menos real, sistemas de valores personales que, desde la perspectiva de los padres, profesores y adultos, en general, pueden ser vistas como incohe­rentes, fragmentarias, heterodoxas, etc., pero que, sin embargo, para los jóvenes tienen el valor de ser pro­pias, construidas por ellos mismos y, no pocas veces aunque no siempre, con una coherencia interna, bien que difícil de percibir desde fuera, sustantiva para ellos, incluso en la incoherencia. De ahí que quepa hablar de que estamos, muy probablemente, ante la juventud más pretendidamente autónoma de todos los tiempos.

En este proceso, precario muchas veces, los jóvenes construyen sus propios esquemas y modelos de com­prensión de la realidad social en la que viven y con la que se hacen. Es como un gigantesco puzzle formado por fichas de diversas características (imperativas, su­gerentes, provocativas…) provenientes de diferentes instancias (familiares, escolares, mediáticas, del grupo de pares…) con las que elaboran, generalmente sin modelo referencial, sus propios esquemas adaptados a las diferentes realidades que conforman su vida (re­creativa, de estudios, de trabajo, familiar, amorosa…), esquemas que hacen validar por el tamiz de la experi­mentación y de su utilidad personal. Construyen su vida como si de un puzzle se tratara, en efecto, con to­do tipo de fichas, pero, y esto es capital, a diferencia de lo que sucede con los puzzles en cuya tapa está el modelo a construir, muchos adolescentes no tienen modelo. Hacen el puzzle sin la tapa. Tienen las fichas, muchas fichas, pero construyen el puzzle en gran me­dida a ciegas, tanteando, experimentando, quitando y poniendo piezas. Muy pocos lo terminan. Algunos se

quedan con un pequeño fragmento del puzzle. Otros, con una cuarta parte. Otros, nada de nada. Desde es­ta perspectiva sitúo yo la calificación de «individua­lista» que se atribuye al joven de hoy, sin dar necesa­riamente (ni sobre todo únicamente) a esta apelación la connotación de egoísmo o autismo social, sino más bien la de autoconstrucción del ser joven de los ado­lescentes de hoy. (…)

La ausencia de modelos exteriores claros, la cons­tante experimentación hacen que, a la postre, el últi­mo referente en la construcción del puzzle sea el pro­pio joven, según las cosas le vayan bien o no. Esto es, el adolescente y joven español de hoy construye su identidad teniéndose a sí mismo como modelo, hasta que lo que vaya construyendo en su puzzle particu­lar, autónomo, le satisfaga, le centre, le dé identidad, consistencia, seguridad.

Pero en este proceso no es fácil llegar a construir sis­temas de valores relativamente potentes, estables y se­guros. Depende de muchos factores de los que, ya lo veremos en este libro, la relación familiar será capital. De ahí que, de pronto, nos encontramos con muchos jóvenes muy frágiles junto con otros que de pronto nos asombran a los 18 ó 20 años, con una potencia, una seguridad y con una capacidad para dar respues­ta a las cosas, que realmente llama la atención: el joven que triunfa con muy pocos años, que se encarama en un puesto directivo con la treintena recién estrenada.

 

La publicidad del jasp -«jóvenes aunque sobrada­mente preparados»- está muy bien pensada, lo he di­cho en más de un momento. Esos jóvenes existen, lo que pasa es que son muy pocos. En el otro extremo, los Kronen, los que personificó José Ángel Mañas en su novela Historias del Kronen, que inspiró la película, del mismo nombre, de Montxo Armendáriz. Tam­bién existen aunque, afortunadamente, son escasos, eso sí, llamativos y sobrepublicitados. En medio de los demás, muchos más, la gran mayoría, que, en ma­yor o menor grado, andan sin brújula, y que por mil azares se encuentran con no pocas dificultades para afrontar la vida y sus propias responsabilidades.

J. ELzo, El silencio de los adolescentes, Temas de Hoy, Madrid 2000,144 ss.

 

PARA HACER

  1. Así dicen que somos. ¿Estamos de acuerdo? ¡Qué consecuencias sacamos de ello?
  2. El libro de donde está tomado este texto se titula «El silencio de los adolescentes» y se subtitula «Lo que no cuentan a sus padres». ¿Cuáles son nuestros silencios? ¿Qué contamos y qué no contamos a nuestros padres? ¿Por qué?

 

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