Besos al viento

Me cuesta mucho empezar. Es la historia que ha marcado mí vida. A pesar de ello, todo sigue. Recuerdo aquel maravilloso día en que te conocí. Todo era nuevo para mí y nunca pensé que mí vida tendría un nuevo sentido desde entonces.

Nuestras miradas se cruzaban una y otra vez, hasta que te acercaste. A partir de este momento la no­che se pasó muy rápida, pero lo nuestro nunca iba a terminar.

Todos los días soñaba con el momento en que el ruido de tu moto me avisaba que se acercaba a mí ca­sa para pasar juntos los momentos más inolvidables.

Eras la figura que iluminaba  mis pasos , tu pelo era agítado por el viento al conducir a gran veloci­dad tu pasión , la moto.

Me hiciste querer las motos tanto como a tí mismo te podía  querer, aunque siempre te advertía del peligro que suponía conducir a esas velocidades que tú lo hacías.

Todo lo bueno pasado queda en mí recuerdo. Nunca olvido ní lo puedo olvidar, el día en que te conté el sueño de vída, tú lo compartiste conmigo compartiste la ilusión de vivir juntos por siempre. Tu pre­sencia me hacía sentírme importante, de ahí que  procurabas estar el mayor tiempo posible conmigo y a mí lado.

En este tiempo, siempre me asaltaba un temor y era cuando nos enfadábamos. cogías la moto y, a toda velocidad, dejabas que el viento resbalara  por tu cara y te peinara el cabello. Siempre me decías que esto recordaba que eran mis besos que labraban tu cuerpo.

Procuraba no enfadarme contigo porque esas velocidades no me gustaban.

Aquel día  todo salió mal. Al fínal terminamos llorando los dos y despidiéndonos a grítos. Creí que ese era el peor momento de mí vida, y así fue. Te marchaste a tu locura, a imaginarme en la nada y así ocu­rrió.

Estaba preocupada y no paraba de llamarte al móvil pensé que ya nunca querrías hablar conmigo, pero nunca paso por mí mente que así sería de verdad…

Al fin, una llamada de voz conocida para mí me comunicó tu estado. En ese momento saltó en mí mente todo lo vivio, sentí que me deshacía, que me desgarraba.

En el largo camino al hospital sólo pude pensar que todo había sido por mí culpa y que debía haber­te dado todos los besos que imaginabas, cuando el aire rompía tu cara.

Nunca perdí la esperanza de poder hacerlo, pero esa imagen, la de tus ojos desvanecidos a través del cristal de la habitación, lo cambió todo. Llegué temblorosa, con el llanto en los ojos y sólo atiné a decir­te: “Perdón, te quiero”. En ese momento tu mano se movió, pareciendo que quería coger la mía para dar­me el último beso; era como el adiós, la última fuerza guardada para mí. La máquina empezó a pitar de forma continua y así me alejaron de tu lado para siempre. Elviento soplaba fuerte fuera del hospital, era el mismo viento que besó tu frente, tu cara y tus cabellos.

 

Cristina Ros (17 años, Cartagena)

Primer Premio del Concurso «Cartas de amor»

Para hacer

  1. Esta carta es una cara de amor. Leerla en voz alta, despacio… (Puede leerla una chica) ¿Qué nos dice?
  2. Esta carta ganó el primer premio del concurso de cartas de amor (año 2001), que se organiza en el Colegio Salesiano de Cartagena con ocasión del día de los Enamorados (14 de febrero). Trabajar con la Imagen de este mismo mes de Cuaderno Joven (ver pp. 14-15) y actuar según lo que allí se dice.
Compartir
Artículo anteriorBuscando a Dios
Artículo siguiente¿Tú también «Gran hermano»?