Caminando hacia Santiago:

peregrinos en busca de sentido

Xulio César Iglesias, salesiano.

Ourense

 

“Somos camino que busca final
una ardiente encrucijada sin señal
una aventura de sendas, plural.

Somos cruel laberinto de cristal
huellas de pasos perdidos al azar
somos camino que busca final, final.

Somos camino, somos camino
somos camino, somos camino.

Somos estela que surca la mar
ojos de viento y pasos de sal
somos camino que busca, final.

Somos ensueño de sueños sin par
sombra de soles, paisaje lunar
somos camino que busca, final.

Somos destello de estrella fugaz
búsqueda inquieta, tiempo de amar
somos camino que busca, que busca final, un final.”

 

Breves datos para contextualizar

El Año Jubilar o Santo Compostelano se celebra desde la Edad Media, cuando la fiesta del apóstol Santiago el Mayor, el 25 de julio, coincide en domingo. Es un ciclo que sucede normalmente cada 6, 5, 6 y 11 años. En los últimos años fueron 1993, 1999, 2004, 2010 y el próximo será el 2021.

El Camino de Santiago es el Primer Itinerario Cultural Europeo, declarado por el Consejo de Europa; Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2004.

 

La meta es el camino

Los que vivimos la aventura de organizar campamentos de aire libre y colonias veraniegas con niños, adolescentes y jóvenes, alguna vez nos hemos llevado la sorpresa de que el animador o animadora que programó el día quiere llevar a la práctica todo lo programado, pase lo que pase. No se da cuenta de que a veces los destinatarios, sin una actividad organizada, ya están cumpliendo plenamente los objetivos del día. Muchas veces, eso sí, sin quererlo, por inexperiencia o por otros motivos, deshacen el ambiente creado gratuitamente para intentar crear un ambiente artificial y dirigido que, como nos dice la experiencia, nunca llegará a la cima de lo vivido desde la libertad, espontaneidad y naturalidad.

Esta anécdota aparece al inicio de un artículo sobre el Camino de Santiago para avisar de lo esencial. Lo importante es la experiencia personal de lo que uno viva con o sin ayuda, con o sin guías, con o sin dinámicas… Se dice de muchas maneras: “la meta es el camino”, “déjate llevar por el camino”, “que te hablen los lugares que pisas”…

Eso es lo que pretendemos con este breve artículo sobre el Camino de Santiago: Dar pistas para que el camino hable; pero como partimos de lugares distintos (geográficos, culturales, afectivos, psicológicos, de edad, religiosos…), es bueno de entrada, defender que lo esencial de todo lo que aquí se indique es el camino en sí. El camino y “tu” experiencia personal, una experiencia que se basa en los cuatro ejes del camino: “yo”, “los otros”, “la naturaleza” y “Dios”.

 

Pistas para realizar un buen camino

Proponemos pistas para realizar este camino que conduce a Santiago de Compostela, pero que, sobre todo intenta ser parábola de nuestro caminar en nuestra vida cotidiana.

Serán tres apartados: La preparación, el camino en sí y el regreso con una nueva experiencia vivida.

 

Los preparativos

Caminar a Santiago se puede realizar por infinidad de motivos; tantos como  respuestas a por qué vivimos de un modo o de otro. Lo interesante es si queremos hacer el camino como peregrinos, abriéndonos a un camino interior además del propio camino físico.

Por lo tanto, antes de iniciar nuestra peregrinación debemos de prepararnos:

–          Físicamente: Caminando un tiempo prudencial los días anteriores a nuestra salida, descansando…

–          Materialmente: Escribiendo una lista de lo que tenemos que llevar y cada dos o tres días ir eliminado elementos no esenciales para el camino; elegir qué Camino de Santiago realizar (hay más que el francés), cuántos días vamos a ser peregrino y cuántos kilómetros voy a andar…

–          Psicológicamente: Repetirnos continuamente ¡podemos!, ir preparándonos y preparando todo para dejar que la vida siga su ritmo sin nuestra presencia…

–          Culturalmente: Informándonos del camino, leyendo una guía del camino, conociendo lo que vamos a experimentar…

–          Religiosamente: Reflexionar y hacernos preguntas sobre nuestra vida como camino (homo viator), sobre el ser peregrino (en busca de sí mismo, de su propia identidad, de la presencia de Dios en la vida), informarnos sobre el Camino de Santiago, releer un Evangelio o la Palabra de Dios diaria, compartir el proyecto con amigos…

 

Todo lo anterior es válido si nos organizamos en grupo. Aún así, debemos de acentuar algún aspecto:

–          Clarificar la finalidad, metodología y organización de la peregrinación.

–          Tener momentos comunes anteriores a la salida: De conocimiento, comunicación, reflexión, celebración y de caminar juntos (como ideal).

 

Breves dinámicas grupales juveniles:

–          Organizar una especie de Trivial sobre el Camino con preguntas de todo tipo: Culturales, religiosas, organizativas… Hoy en día en internet tenemos toda la información y solamente debemos convertirla en preguntas y respuestas.

–          En pequeños grupos una oca del Camino de Santiago; es viable y ya ha sido  realizada caseramente en distintos grupos y movimientos cristianos.

–          Trabajar en grupo las canciones del encuentro de los jóvenes con el Papa “Peregrino. Jornada mundial de la juventud. Santiago de Compostela. 1989”, distribuido por la CCS. Como ejemplo, además de la ya indicada “Somos camino”, hay varias; entre ellas:

 

Soy peregrino.

Soy peregrino

Somos peregrinos de la vida,

Caminantes en busca de paz.

Recorremos todos juntos el camino

Y creamos un mundo de hermandad.

Somos peregrinos de la vida

Caminantes en busca de verdad.

Luchamos por la paz y la justicia

Entregando la vida a los demás.

Somos peregrinos de la vida

Caminantes unidos para amar.

Ven hermano, y camina con nosotros

Seremos constructores de la paz.

 

–          Cualquier técnica, juego, dinámica que nos ayude a conocernos un poco mejor y cohesionar el grupo. Por ejemplo “El camino de mi vida”: Cada uno, en DIN A-4, dibuja la trayectoria de su vida como un camino, desde el nacimiento hasta la edad que tiene, indicando buenos y malos momentos, acontecimientos significativos que recuerda o le han contado de él/ella etc, con símbolos o dibujos que luego se podrá explicar en pequeños grupos.

–          Diseñar, entre todos, una camiseta que sea nuestro distintivo para el Camino: con logo, frase, dibujo, etc. Todo tiene que ser lógicamente significativo para el grupo.

–          Debates: ¿Peregrinos o turistas? ¿Caminar o ir en coche? ¿El viaje en sí o solamente llegar? Características de ambos. Pros y contras.

–          Diálogo: Caminos que realizamos todos los días, semanas, años. ¿A dónde nos llevan?, ¿con quién?, ¿qué aprendo?, ¿qué dificultades aparecen?…

–          Comentar experiencias de peregrinaciones en mi pueblo, ciudad, provincia… ¿Cuál es la meta? ¿En qué fechas? ¿Qué tradiciones hay? ¿Participan jóvenes?, etc.

 

El camino en sí

Lo que realizamos es simplemente caminar. También hay cien mil estilos y modos de hacer el Camino, como modos de vivir la vida. Se puede realizar en soledad, en parejas, en pequeño o gran grupo, en contacto con la naturaleza (sintiéndola) o absorto en mil pensamientos sin notar por donde pisamos, avanzando o parándose, muy de mañana o ya entrado el día, atentos a los otros o pasando de ellos, sintiendo al Otro o simplemente dejando que nos acompañe silencioso sin notar su presencia…

Por lo tanto, lo esencial del Camino de Santiago es llanamente caminar, ni más ni menos. Es avanzar. Igual que en nuestra vida, vivir. La gran diferencia con nuestra vida es que muchas veces no tenemos clara la meta; avanzamos sin saber hacia donde. O lo que es más común, nos dejemos llevar y seguimos caminando por nuestra vida sin un sentido claro.

Es como la diferencia de la comida rápida y la comida a fuego lento. En nuestra vida, para la mayoría de nosotros, domina la comida rápida o “basura” (sic.) o la cultura de “microondas”, y en pocas ocasiones la tenemos a fuego lento. El Camino de Santiago nos ayuda a caminar a “fuego lento”, a disfrutar (o por lo menos a darnos cuenta) de cada paso, a darle sabor a la vida…

El Camino a Santiago consigue aumentar lo que en nuestra vida cotidiana escasea. Puede haber muchos momentos:

–          De tiempo para uno mismo: Contemplar, reflexionar, rezar, recordar…

–          Para compartir lo vivido en el propio camino, en la paradas, en los momentos de descanso…

–          En que acontecimientos “fuertes” (las dificultades del camino, el sentirse limitado, las propias heridas y dolores, los encuentros…) nos invitan a releer la vida desde otra óptica.

–          En que el propio camino – la propia vida – con sus ritmos, rutinas y novedades nos invita a profundizar en nuestro caminar y nuestro vivir.

 

Por eso decimos que el Camino de Santiago nos ayuda a profundizar en nuestras metas, nuestros horizontes de sentido…, en definitiva, nos ayuda a caminar por la vida con sentido.

Proponemos las siguientes pistas para lograr este fin:

–          Comenzar el camino con la bendición de los peregrinos, igual que comenzamos muchos de nosotros cada jornada con una acción de gracias por el nuevo día que se nos regala.

–          Hacer una oración matutina y vespertina para cada día, de la tradición cristiana o con nuestro propio copyright, lo importante es dialogar con el Señor.

–          Invitarnos a releer varias veces durante el camino el relato de Emaús (Lc 24) donde se descubre en el camino a Jesús resucitado con los otros, en la Palabra, en el compartir, en el pan y vino, y en la misión.

–          Llevar una libreta pequeña o una sencilla grabadora donde guardar lo que vamos viviendo, contemplando, sintiendo, pensando, rezando…

–          Llevar un pequeño diario personal, sencillo, para cada día del camino, donde en la parada realizo “mi moviola”: Reviso lo vivido y trato de profundizar en lo experimentado en el día.

–          Intentar que sea un camino de los sentidos, que el camino hable a través de la vista, del oído, del olfato, del tacto…

–          Participar en la dinámica de Emaús. Proponemos varios tramos del camino (en un día o varios, según organicemos la peregrinación) en los que el grupo que lo realizamos cumplamos las siguientes condiciones:

o        Un primer tramo del camino en soledad (el tiempo que dure dependerá de las características de los miembros del grupo. Si es la primera vez, recomendamos que no sea muy largo, mejor que le quede un buen sabor de boca a que “quememos” una experiencia  culmen del camino). Se puede orientar con alguna pregunta, con algún tema o experiencia…, o si somos muy creativos, con una “autoentrevista”, dependiendo lógicamente de la edad y cohesión del grupo.

o        Un segundo tramo con tres o cuatro del grupo. Tiene que ser por caminos, nunca por carretera. Se puede orientar el diálogo o que sea libre. El propio camino da mucho que decir y que compartir; puede ser una buena clave para este primer encuentro de pequeño grupo.

o        Otro tramo, esta vez un poco más largo, con el más conocido del grupo. La idea es que el camino nos ayude a conocernos más, “que no haya preguntas indiscretas, solamente respuestas”; que podamos profundizar en nuestra relación y amistad.

o        Otro tramo con el más desconocido o, mejor, el menos conocido del grupo. Para poder abrir puertas, construir puentes, empujarnos por el viento…, y que pueda nacer una nueva amistad eliminando prejuicios o simples desconocimientos.

o        Otro tramo puede ser con un animador o animadora del grupo organizado que realiza la peregrinación o con un acompañante adulto, con el que nos podamos decir de casi todo: desde aumentar nuestra autoestima hasta realizar una crítica constructiva de ciertas actitudes que tenemos.

o        Finalizamos como empezamos: Con un tramo, esta vez más largo, en soledad, para que resuene dentro de nosotros todo lo hablado en días o tramos anteriores. Acabar en la parada escribiendo las conclusiones de lo reflexionado y/o orado sería muy interesante.

–          Aprovechar los encuentros fortuitos del camino; además de practicar idiomas, compartamos “corazones” donde podamos compartir vida, experiencias, sentidos, dudas, cansancios, limitaciones, alegrías…

–          Personas que nos encontramos en el camino y personas que nos encontramos en la vida: Coincidencias y diferencias en ellos y en nosotros. En el camino nos paramos, le dedicamos tiempo, ¿y en nuestra vida? En el camino unos momentos intensos o superficiales… ¿y en nuestra vida?…

–          Nos quedamos con un paisaje, un monumento, un pueblo, una fuente, un puente… Poder hacer una entrevista (que sé de él) o incluso “apadrinarlo” (cuando acabe el Camino conseguir el máximo de información sobre él). Admirarlo, contemplarlo, dar gracias por él…

–          Dinámica de las señales de tráfico: Durante el Camino descubrimos características que antes no conocíamos de las señales de tráfico: su tamaño, lo gastadas y deterioradas que están muchas de ellas… Aún así, nos pueden ayudar a vivir el Camino:

o        Identificar nuestra vida (en su totalidad, en este momento concreto, en mi trabajo, en mi familia…) con una señal de tráfico. ¿Por qué?

o        Buscar una señal que sea meta en nuestra vida

o        Seleccionar varias señales que vamos viendo por el camino y trabajarlas personalmente o en pequeño grupo. Damos varios ejemplos para reflexionar y/o dialogar:

  • STOP: ¿A qué en mi vida?
  • OBRAS: ¿Dónde tengo que realizarlas en mi vida?
  • ATENCIÓN: ¿A qué/quién tengo que prestar atención en mi vida?;
  • CURVA: ¿Hacia dónde tengo que girar en “tal” aspecto de mi vida?
  • PASO DE PEATONES/ZONA ESCOLAR: ¿En qué tengo que frenar para respetar a un compañero, familiar, amigo…?
  • PROHIBIDO EL PASO: ¿A qué?, ¿A quién le prohíbo el paso en mi vida? ¿Por qué?

–          Temas para reflexionar en distintos momentos del Camino:

o        La mochila del Camino y la mochila de mi vida. Después de un día caminando reflexionar sobre lo que llevamos en la mochila, lo que nos sobra, lo que nos falta, lo útil y lo inútil, lo que nos impide avanzar, vivenciar la expresión “ligeros de equipaje”. Lo comparamos con nuestra vida y “nuestra mochila” (posesiones): ¿qué nos ayuda a caminar, a avanzar en la vida?, ¿qué nos impide caminar?

o        Preguntas para caminar días después de comenzar el Camino: Los compañeros y compañeras de viaje, del Camino de santiago y de nuestra vida ¿animan o desaniman?; con ellos, ¿avanzamos, paramos o retrocedemos? ¿dialogamos, compartimos, acompañamos o simplemente están como decorado de nuestra vida? ¿aparecen sólo en la necesidad (son simplemente “útiles”) o están presentes en todo nuestro caminar (son plenamente “inútiles”)?

o        En el último día del Camino cuando alcanzamos nuestra meta, ¿Qué metas tengo yo en mi vida? ¿A cuáles ya he llegado? ¿Hacía cuales camino? Y mi gente cercana, ¿qué metas creo que tienen? ¿Cómo puede yo ayudar para que las consigan? ¿Qué sacrificios estoy haciendo para conseguir esas metas que parecen inalcanzables en mi vida?

–          Sugerencias para oraciones y gestos celebrativos:

o        La credencial es el documento que da fe de que soy peregrino. La vamos sellando en cada parada del camino. ¿Qué credenciales tengo en mi vida? ¿Qué sellos están impresos? Presentamos a Dios Padre nuestras credenciales, nuestros sellos, los de nuestra vida. Por alguno en concreto le damos gracias o le pedimos perdón.

o        Nuestra mochila, saco y esterilla. Seleccionamos un objeto que llevamos en la mochila y damos gracias a Dios por él y por lo que significa en el camino y/o en mi vida.

o        Bastón para superar dificultades del camino. Una plegaria personal de acción de gracias por tantos apoyos (con nombres propios) que tenemos en nuestra vida. Decimos todos “Gracias Señor” y solamente en voz alta cada uno dice uno o varios nombres propios.

o        Ampollas: Sentir nuestra limitación y el dolor. Presentamos ante nuestro Padre nuestras limitaciones, nuestros dolores, y pedimos fuerza para superarlos.

o        Basura al margen de caminos y carreteras. Presentamos al Señor, con nombres concretos, personas que dejamos al margen, que dejamos tiradas en nuestro camino y pedimos por ellas. Sería realizar un buen examen de conciencia de nuestra vida diaria.

o        Las flechas amarillas y los indicadores de cemento que nos señalan la meta. Damos gracias a Dios por los acontecimientos de nuestra vida que nos descubren su presencia en los hermanos. Podemos nombrarlos en voz alta.

o        Pequeñas piedras encima de los indicadores de cemento. Los peregrinos van colocando una piedrecilla que cogen del suelo en la parte superior del indicador. Reflexionamos sobre lo que tenemos que remover, recolocar, resituar en nuestra vida. Pedimos perdón y fuerza y seleccionamos una piedra como símbolo del cambio que queremos realizar  y la colocamos en el siguiente indicador.

o        La vieira (concha) que es recuerdo, testimonio y testigo de ser peregrino. Cada uno comenta una experiencia vivida en positivo que le marcó en su vida.

o        Agua-río. “Lavacolla” es el río cercano a Compostela donde los peregrinos se lavaban antes de entrar en Santiago. Con esta simbología se puede realizar una celebración del perdón en la que utilicemos el agua como símbolo purificador, renovando las promesas bautismales.

o        “Cruz dos farrapos”: En los tejados de la Catedral de Santiago se quemaban las ropas gastadas de los peregrinos. Realizamos una sencilla celebración del perdón delante de una cruz, donde simbólicamente quemamos los DIN A-4 en los que aparezcan escritos actitudes y acciones negativas en nuestro caminar.

o        La Puerta Santa en Santiago y las puertas santas en distintas iglesias del Camino para los que no podían llegar a Compostela. Comunicamos a los presentes que “puertas santas” (situaciones que nos abren a la trascendencia) hemos tenido en nuestra vida. Acabamos dando gracias a Dios.

o        “La Compostela” es el documento que acredita que realizamos el Camino de Santiago por motivos espirituales. Rezamos poniendo en la presencia del Señor nuestro compromiso por conseguir una Compostela “escolar”, “universitaria”, “familiar”, “de trabajo” etc. para sentirnos también peregrinos en nuestra vida cotidiana.

–          Gestos finales en Santiago de Compostela. Se nos invita a entrar por la Puerta Santa, visitar la Catedral y su Pórtico de la Gloria, abrazar a Santiago Apóstol, visitar y rezar ante la tumba del Apóstol; celebrar el sacramento de la reconciliación; recibir la comunión eucarística, y, si es posible, ver en funcionamiento el “Botafumeiro”.

 

El regreso

Ya estamos en Compostela. Ya llegamos a la meta. Ahora lo que intentamos es integrar en nuestra vida lo vivido en el camino. Contagiar en lo cotidiano lo  experimentado. No puede quedar en Santiago todo lo vivido. Y si ha sido una experiencia única, enriquecedora, rica en humanidad y espiritualidad, podemos compartirla. En el camino,

–          Hemos caminado a un ritmo adaptado a los demás, sobre todo a los últimos.

–          Hemos estado atentos a los demás.

–          Hemos avanzado mirando a la vez hacia adelante y hacia atrás sin romper el hilo visual del grupo.

–          Hemos descubierto que lo importante en nuestra vida cotidiana no lo es tanto, y lo que parecía sin importancia, tiene y mucha.

–          Hemos conocido nuestras limitaciones y su superación.

–          Hemos asumido el valor de lo gratuito y de la austeridad (vivimos con bastante poco).

–          Hemos sido sorprendidos por el valor de la amistad, de los gestos sencillos, del acompañamiento.

–          Hemos sido acompañados por un Dios que se hizo compañero, naturaleza, puente…

–          …

 

Unas sencillas propuestas para contagiar y contagiarnos del camino:

–          Enviar un correo electrónico o una postal a un ser querido escribiendo tres sentimientos de lo vivido o tres ideas maduradas en el camino.

–          Enviar diez correos electrónicos o diez postales a diez amigos invitándoles a vivir esta experiencia indicando a cada uno de ellos un motivo concreto y personal.

–          Regalar un pequeño objeto del Camino a una persona, familia, grupo, comunidad.

–          Coser en nuestra mochila el escudo de Santiago de Compostela.

–          Escribir sobre la experiencia del camino: Desde un microrelato hasta un texto amplio.

–          Organizar una exposición muy personal del camino con objetos, fotografías, recuerdos, anécdotas, mapas …

–          Una dedicatoria del camino para alguien muy concreto.

–          Una acción de gracias solamente con nombres propios de todas las personas que hicieron posible esta experiencia.

 

Finalizamos invitando a todos a vivir esta experiencia que es el Camino de Santiago y que nos puede ayudar a vivir con sentido el camino de nuestra vida. Por lo tanto, a ponerse en camino.

Que el ritmo del camino nos ayude a vivir con ritmo el camino de nuestra vida. Y como dicen los peregrinos cuando se encuentran: “¡Buen camino!”

 

Xulio C. Iglesias

xuliocib@hotmail.com