Características de los jóvenes españoles

PIE AUTOR:

Pedro González BlascoCatedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los autores del libro «Jóvenes españoles ‘99».

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO:

Uno de los autores del informe sociológico «Jóvenes españoles ‘99» presenta en este artículo “algunas tendencias más sobresalientes en el conjunto de los jóvenes españoles actuales”. Tras una aproximación general a diversos elementos centrales en la configuración de su identidad, se analiza más pormenorizadamente el tema de la religiosidad, para concluir dibujando el perfil de una generación «felizmente escéptica».

 

 

Normalmente cada quinquenio la Fundación Cultural Privada «Santa María» presenta un estudio sobre los jóvenes españoles. Nos vamos a referir al último de ellos[1], que prácticamente corresponde a este año 2000.

La metodología aplicada para realizar ese trabajo marca ya las limitaciones y las perspectivas del mismo. Se ha estudiado a los jóvenes de España a través de las respuestas que una muestra de 3.850 chicos y chicas –de entre 15 y 24 años– han dado a un amplio cuestionario de unas 90 preguntas, que abarcaba amplias áreas de interés: situación, trabajo, estudios, familia, religión, política, ocio, preocupaciones y otras varias. Se han realizado varias tipologías para tratar de diferenciar grupos de jóvenes, tanto desde una perspectiva global como desde un enfoque religioso.

 

El estudio se encuadra en la situación global en que se encuentra la sociedad española, lo que también se explicita en el trabajo, y en el análisis de los datos se introducen hipótesis sobre los hechos detectados, visiones de esas realidades y ensayos explicativos de las tendencias encontradas.

En el estudio en que nos basamos se han abordado algunos temas relacionados con los jóvenes que no se habían tratado en estudios anteriores, tales como los nuevos espacios de auto-socialización juvenil: la música, la noche y el sexo. Por tanto, se trata de un trabajo de investigación primaria, básicamente empírico y con un fundamento cuantitativo, pero también de análisis contextual, con reflexión personal y con un enfoque que incluye el ensayo explicativo.

 

 

  1. Tendencias en la configuración de la identidad

 

Aunque las diferencias de los jóvenes entre sí son notables, sin embargo hay algunos rasgos y tendencias que son comunes a la mayoría, ciertamente en grados distintos, de forma que esos mismos rasgos se difuminan en algunos tipos de jóvenes y se acentúan –e incluso se radicalizan– en otros. Considerando esto, voy a presentar algunas de las tendencias más sobresalientes en el conjunto de los jóvenes españoles actuales.

 

 

1.1. Familia y socialización

 

La familia constituye para más de un 70% de los jóvenes algo prioritario en su vida, lo que permite indicar que hay una persistencia social en el valor familiar. Tras esto, los jóvenes valoran los amigos, el trabajo, ganar dinero, disponer de tiempo libre y disfrutar del ocio. Lo que menos parece interesarles es la religión y, sobre todo, la política.

Entre los espacios de socialización, es decir, los lugares físicos y psíquicos morales o éticos en que se van formando los jóvenes, siguen estando vigentes con una valoración alta de familia en la que, para un porcentaje significativo de jóvenes, se dicen las cosas más importantes para conformarse las ideas, las visiones del mundo y orientar, en general, las conductas[2]. Los amigos y los medios de comunicación social son los otros dos «lugares» de socialización importantes para los jóvenes. Pero quizás lo más llamativo es la importancia que van adquiriendo los nuevos espacios de autosocialización o «locus» juveniles donde los propios jóvenes se «forman» entre sí.

 

 

1.2. Música y noche

 

La música es uno de esos nuevos espacios socializantes que llena entre los jóvenes las actuales necesidades de detenerse, de evadirse y soñar, de equilibrar fraudes o vacíos de otro tipo, que cubre el déficit de encantamiento y poesía que padece este mundo material cada vez más desencantado, como ya apuntó Weber. La música juvenil cumple también la función de expresividad que desean los jóvenes. A través de ella, identificándose con sus sonidos y letras, repitiéndolos, los jóvenes vierten al exterior sus propios sentimientos, emociones o deseos y penas.

Hoy la música juvenil se ha convertido en una especie de paraliturgia secularizada, en una marca de identidad grupal e individual para los jóvenes que, a la vez, tiene aspectos de un espectáculo con pretensiones de totalidad, espectáculo que procura sobre todo placer y emociones y que se vive también como una aventura corporal, ya que esa música se somatiza produciendo, al menos en el espacio en que se disfruta, un encantamiento que ayuda a seguir viviendo las rutinas que entraña la vida actual.

 

Los términos más comunes en que los jóvenes expresan lo que para ellos es la música son: placer, distracción, evasión, identificación, independencia y «encuentro con otros» cercanos desconocidos. Se trata, pues, de un medio que a más de permitir la emancipación de lo cotidiano permite a muchos jóvenes afirmarse en sus emociones y sentimientos.

Los distintos tipos de música moderna –rock, rap, heavy, soul, ska, reggae, punk, bakalao– son seguidos por diferentes clases de jóvenes que, al hacerse seguidores de esos ritmos, asumen en buena medida los estilos de vida, lenguajes, modas y actitudes que se asocian a ellos.

 

La «noche» es otro espacio juvenil de autosocialización que se entiende como lugar de denuncia, locus de libertad, expresión de la propia moda y forma de identidad. Una amplia mayoría de jóvenes sale frecuentemente –sobre todo en época de vacaciones– por la noche, de los que un porcentaje cercano a la mitad están fuera de casa prácticamente toda la noche.

 

 

            1.3. Esperanzados, aunque descomprometidos

 

Para los jóvenes los principales problemas de nuestra sociedad son el paro, las drogas, el sida y la falta de futuro, aunque esto último les preocupa algo menos que hace unos años. En general, los jóvenes españoles se muestran hoy más optimistas y esperanzados que en el próximo pasado, y en este aspecto superan algo a los jóvenes del resto de Europa.

Sin embargo, se implican poco socialmente y sus índices de asociacionismo son bajos, lo que no difiere de lo que ocurre en el resto de los adultos españoles. Quizás es más significativo que, para involucrarse en asociaciones o movimientos sociales, los jóvenes de hoy necesitan menos el apoyo de las creencias, tanto de tipo religioso como humanitarias en general. Por ello no es extraño que hayan abandonado más los ámbitos creenciales como los religiosos o políticos.

 

Pocas causas movilizan aún a nuestros jóvenes hispanos, pero entre las que conservan cierta capacidad de arrastre se encuentran la lucha contra el racismo, la ayuda a comunidades del llamado tercer mundo y las causas encaminadas a lograr mayor igualdad entre los géneros.

La gran mayoría se muestra como partidarios de la paz, aunque no falta un reducido grupo (aproximadamente el 5%) de violentos cuya visibilidad social es alta. Los índices de tolerancia son elevados entre los jóvenes, que cada vez más se muestran partidarios del divorcio, aborto o eutanasia o de las aventuras extramatrimoniales. En general, se muestran menos permisivos ante la incultura cívica y social que ante los comportamientos privados.

 

 

1.4. Trabajo y ocio

 

Lógicamente dadas las edades analizadas (15 a 24 años) la mayoría de estos jóvenes son estudiantes y un buen porcentaje están en el nivel universitario, aunque un número significativo abandonan sus estudios. En general, las chicas conforman más que los chicos el segmento estudiantil, aunque las diferencias son escasas.

Continúa existiendo cierto fetichismo por los títulos, lo que algunos llaman «obsesión por la titulitis»; de hecho, parece que la razón de obtener alguna titulación supera como motivación al aprecio por el trabajo en sí. No es pues de extrañar que los jóvenes consideren su trabajo, sobre todo, desde la perspectiva de su utilidad instrumental para lograr beneficios económicos y estatus social, es decir, como un medio de vivir y ascender.

 

Un aspecto bastante valorado es el tiempo de ocio que, además de servir para autosocializarse entre los mismos jóvenes, se considera como un factor importante para desarrollar sus propias identificaciones. Las actividades preferidas para emplear su tiempo de libre disposición son oír música, ver televisión o leer, si es en casa, y viajar, estar con los amigos, ir al cine, bares o cafeterías u oír música moderna en directo, si es fuera del hogar.

Tras el paro, las drogas es el segundo problema que les preocupa a casi el 65% de los jóvenes. Tabaco y alcohol son consumidos por una mayoría, y de las consideradas como drogas ilegales, la más consumida –por cerca de uno de cada diez jóvenes– es el cannabis, porro o hierba; la cocaína es la preferida por casi un 5% y sólo una minoría que no alcanza ni al 1% lo hacen con la heroína. La pauta es que, en general, los chicos son más consumidores que las chicas de estas sustancias.

 

 

  1. Identidad religiosa: creencias, práctica e Iglesia

 

Comparando con los datos de hace unos años se detecta que continúa a un ritmo relativamente fuerte el descenso de las prácticas religiosas, por parte de los jóvenes que se dicen católicos, que son la mayoría. Descienden también los porcentajes de los que creen en Dios o en el pecado. Se mantiene la creencia en la resurrección de los muertos que es sobrepasada por las creencias en la reencarnación.

En general, las chicas creen y practican más que los chicos. Parece que la socialización religiosa de los católicos es débil para contrarrestar los impactos secularistas a-religiosos que están en el clima social. Según los jóvenes actuales, los requisitos para reconocer a una persona como religiosa son: creer en Dios, ser honrado y humanitario, rezar y tener alguna práctica religiosa, mantener alguna relación con la Iglesia y preguntarse por el sentido de la vida.

 

No se consideran como esenciales para la religiosidad la aceptación del aborto, eutanasia ni, en general, las posturas éticas o morales sobre determinados aspectos. Las chicas se muestran más practicantes, aunque dentro del declive general. Se detecta también un descenso en el número de jóvenes que se implican en Asociaciones religiosas.

La mayoría de los jóvenes, en general, mantiene con la Iglesia católica un tipo de relaciones que se pueden calificar de distantes y asimétricas. Estas relaciones se deben a múltiples causas, que se pueden resumir globalmente en el secularismo socio-ambiental,  la situación de la propia Iglesia y a las características de los jóvenes actuales,  lo que habría que añadir la relativa retracción de las familias en la transmisión de creencias y valores religiosos.

 

 

            2.1. Creencias y práctica religiosa

 

Introduciéndonos en otra área muy importante, no sólo para la vida de los jóvenes sino en general de toda persona, como es la de las creencias y valores religiosos, podemos indicar que, de acuerdo con los datos del estudio, la práctica religiosa disminuye entre los jóvenes. Actualmente la práctica religiosa semanal es bastante residual. Sin embargo, se mantienen los niveles de prácticas en algunas festividades o en días notables (fiestas familiares, Navidad, Romerías, etc.) y aún sigue habiendo una cierta asiduidad religiosa en circunstancias personales significativas e importantes (enfermedades, fechas familiares relevantes, funerales, desgracias, etc.).

Parece, pues, que lo religioso se toma con un cierto utilitarismo y, sobre todo, con una aproximación un tanto voluntarista a lo que cada cual piensa que es importante. Para los jóvenes, por tanto, lo religioso no parece que vale tanto en sí, sino en la medida en que vale «para mí», en cada caso y en cada circunstancia.

En general, las chicas practican más que los chicos y la práctica religiosa es también mayor entre los universitarios de los últimos cursos que entre los de primero y los bachilleres.

 

La política es bastante discriminante respecto a lo religioso y más por supuesto que la clase social, la edad o el status ocupacional.

En cuanto a las creencias religiosas, en conjunto desciende el número de jóvenes que dicen creer en Dios, aunque todavía se mantienen cotas relativamente altas. Desciende también el número de jóvenes que creen en el pecado; se mantiene, sin embargo, el porcentaje de los que consideran que existe la otra vida, pero esto es compatible también con la creencia de muchos jóvenes en la reencarnación. En general, las chicas creen más que los chicos.

 

Quizás el aspecto más importante es que la socialización católica, es decir, la transmisión de las creencias católicas llega sobre todo a jóvenes que ya son practicantes, a los jóvenes que están fundamentalmente en una línea religiosa. Sin embargo, es poco influyente el catolicismo en personas que están fuera de él y no es capaz de contrarrestar lo que esas personas reciben de otros lados. La socialización católica, por tanto, no llega en gran parte a los jóvenes situados en la extrema izquierda, e incluso en alguna izquierda, y tampoco tiene casi influencia respecto a los agnósticos y ateos. Hay, sin embargo, una correlación alta positiva entre las creencias y la práctica religiosa, es decir, los jóvenes que creen más son también los que más practican y viceversa.

 

 

            2.2. Persona y tipología religiosa

 

Los requisitos que los jóvenes creen que son importantes para considerar a una persona como religiosa son creer en Dios, ser honrados, ser humanitarios, rezar, tener alguna práctica religiosa, mantener alguna ligazón con la Iglesia y preguntarse por el sentido de la vida. No cuenta, sin embargo, el ser partidario o no del aborto, de la eutanasia, o seguir o no seguir las normas sexuales acordes con la doctrina oficial de la Iglesia. En este aspecto no existen casi diferencias por edad o género, aunque las chicas ponen alguna condición más exigente para considerar a una persona como católica. En general, sin embargo, los más exigentes en el reconocimiento de una persona como religiosa son los jóvenes de los extremos del espectro religioso, es decir, los católicos muy practicantes y los agnósticos o no creyentes.

 

El seguimiento de la Iglesia católica y de sus normas se considera como factor de identificación de la condición religiosa, pero esto es sobre todo mantenido por los jóvenes que son ateos, y no tanto por los católicos practicantes. A la Iglesia católica muy pocos de los jóvenes, e incluso de los que se consideran católicos, la ven como un lugar en que se digan cosas importantes para orientarse en su vida. Por lo tanto, podemos decir que la Iglesia católica, desde la perspectiva de socialización, aporta cada vez menos a los jóvenes en sus orientaciones vitales.

Esto ocurre a pesar de que los jóvenes, en general señalan que sus experiencias en las relaciones con la Iglesia –cuando las han tenido– han sido positivas, sobre todo por el talante de las personas que se han encontrado en la Iglesia y por el buen ambiente que han comprobado en sus grupos o en sus ceremonias. Parece que ha habido un gran fallo en la transmisión religiosa en España, según este estudio que estamos comentando y que, en general, el papel de la familia como transmisora está decayendo aunque, sin embargo, sigue siendo el agente fundamental para la transmisión de lo religioso.

 

El concepto que los jóvenes tienen respecto a lo parareligioso y a las sectas es de una relativa aceptación, pero esto se encuadra dentro de una amplia tolerancia que los jóvenes muestran hacia cualquier cosa diferente o nueva. En general, estas pseudocreencias (horóscopos, tarot, astrología, médium, etc.) no sustituyen a las creencias religiosas. Las chicas, los más jóvenes y los que tienen menos estudios son los más partidarios de este tipo de actitudes parareligiosas. Respecto a las sectas, en general los jóvenes muestran un desconocimiento mezclado con desconfianza.

La tipología religiosa nos permite diferenciar grupos de jóvenes según sus creencias, sus prácticas y su postura y actitud respecto a la Iglesia:

 

Irreligiosos

En primer lugar se detecta un pequeño grupo de jóvenes que podríamos denominar Irreligiosos, que no creen que Dios exista, ni ningún tipo de trascendentalismo, ni tan siquiera un humanismo de tipo cristiano o no cristiano. Son jóvenes muy escasos de valores religiosos, que justifican cualquier cosa, incluido el terrorismo y el vandalismo callejero. Son grandemente permisivos, muy tolerantes y, en general, quieren moverse dentro de un hedonismo, justificando cualquier transgresión de tipo social o moral.

 

Nominalistas o normativistas

Un segundo grupo, que podríamos denominar Nominalistas Normativistas, lo componen aquellos jóvenes que siguen las normas de la Iglesia pero sólo nominalmente. Conceptualmente podríamos decir que son normativistas y sociológicamente eclesiales, pero no creen sin embargo que deban seguir las normas concretas de la Iglesia, especialmente aquéllas que se refieren a la sexualidad. Hay una escasa aceptación por parte de estos jóvenes de la caridad o de la verdadera motivación religiosa, así como del Dios cristiano del amor.

 

nHumanistas no religiosos

Un tercer grupo, que va en ascenso, es el de los jóvenes Humanistas no religiosos. Son jóvenes que no creen que haya que aceptar a la Iglesia ni las normas de ésta para ser considerado como religioso. Para ellos lo religioso se reduce básicamente a algo de tipo «humanitarismo»: ser personas que ayuden a los demás, ser honrados y preguntarse por el sentido de la vida. El humanismo es la religión para estos jóvenes y no es necesario para ellos ni creencias de otro tipo, ni dioses, ni trascendencias.

 

Religiosos-moralistas

Otro grupo interesante es el que se puede llamar de los jóvenes Religiosos-moralistas, es decir, aquéllos que consideran la moral como algo fundamental dentro de lo religioso y serían partidarios de exigir el cumplimiento de muchas más normas morales para poder ser considerado como religiosos, especialmente en el terreno de la sexualidad y en lo que concierne a la no aceptación del aborto, de la eutanasia, etc. Admiten, sobre todo, la existencia de un ser superior, pero en muchos casos para estos jóvenes, ese ser superior es lo positivo que hay en la persona humana, o unas ciertas energías cósmicas del Universo. Estos moralistas son sobre todo chicos de clase media-baja y baja sin una gran formación.

 

Católicos autónomos

Por último, podemos detectar el grupo de los Católicos autónomos, es decir, aquéllos que aceptan a Dios, Dios como Padre, como Juez, como Creador, a Dios como Cristo. Creer en Dios, rezar y tener prácticas religiosas sería lo que definen fundamentalmente la religiosidad. Pero en este grupo no se considera la pertenencia a la Iglesia, o casarse por la Iglesia, o seguir las normas de la Iglesia, como requisitos para ser considerado persona religiosa. Se dicen y sienten católicos pero no entienden que su catolicidad conlleve necesariamente ser seguidores de la doctrina de la Iglesia, ni conceptualmente estar dentro de la Iglesia. No son anticlericales sino que van «por libre» y teóricamente aceptan las doctrinas de la Iglesia. Se ven como católicos incluso en el futuro, pero esto no les lleva a cumplir con todas las normas de la Iglesia para considerarse como tales católicos.

 

 

            2.3. Heterogeneidad religiosa

 

En general, podríamos decir que los jóvenes católicos españoles tienen unos modelos muy heterogéneos de religiosidad. Una religiosidad que se van construyendo individualmente donde, junto a lo que reciben, se elaboran algo personalmente, según sus experiencias y las aportaciones de los amigos. Demandan a la Iglesia, sobre todo, respuestas a preguntas vitales últimas y que sea un faro normativo de códigos de conducta, aunque no crean que estos códigos deban ser seguidos en toda su extensión.

Por tanto, podríamos decir que hay un cierto carácter individualista en la construcción de esa realidad religiosa, dando una gran importancia a la experimentación y no estando carentes de un cierto sentido de lo trascendente y de las verdaderas dimensiones de lo religioso.

Hoy empieza a haber jóvenes que se construyen su universo religioso sin haber sido socializados religiosamente con anterioridad, es decir, empiezan a aparecer jóvenes que son religiosos actualmente pero que no fueron educados en la fe por padres que lo creyeran.

 

Por otra parte, podemos decir que hay un divorcio asimétrico entre los jóvenes católicos y la Iglesia católica. Hay un distanciamiento práctico en el cual la Iglesia trata de acercarse a los jóvenes pero no tanto los jóvenes a la Iglesia. Se da este distanciamiento especialmente en el seguimiento de las normas católicas oficiales respecto a determinados temas. En general, puede decirse que todavía los jóvenes, sobre todo los no religiosos, viven en España de una imagen un tanto estereotipada y vieja de lo que era la Iglesia católica.

Además, los jóvenes valoran mucho lo emocional. Esto se ve en la música que les gusta, en su necesidad de amistades, en el nuevo papel de la familia como lugar de acogimiento afectivo, en la propia necesidad de personalización e identificación que ellos plantean. Podríamos decir que hoy valorar lo emocional es tratar de equilibrar la falta de encantamiento que encuentran en el mundo actual.

 

 

  1. Una generación «felizmente escéptica»

 

Los jóvenes se apoyan fundamentalmente en tres ejes: en la familia, en los amigos y en la explotación de las expansiones y del ocio.

Probablemente son más libres que en épocas anteriores, sobre todo en aspectos como lo sexual, en la decisión de su futuro y en las pautas de comportamiento que, en muchos casos, desconocen los de otras generaciones. Sin embargo, junto a esta mayor libertad se encuentran también más atados a algunas cosas, como por ejemplo a la necesidad de divertirse, al confort, no sólo en el hogar sino en general, al rechazo de cualquier dolor, a las modas e incluso a la necesidad de las amistades. De esta forma podemos decir que, en general, los jóvenes de hoy son más libres que los de generaciones anteriores, pero que no dejan de estar atados a varias cosas.

 

 

            3.1. Evolución ideológica

 

El grado de satisfacción con la vida es alto, aunque los jóvenes tienen sus discrepancias sobre algunas cosas.

¿Qué les falta fundamentalmente a los jóvenes?: Dos cosas: la disciplina y la aceptación del dolor y del fracaso. Carecen fundamentalmente de empleo y de cariño personal.

La evolución ideológica situacional podríamos concretarla en las siguientes etapas: en la década de los años 70 los jóvenes mantenían una postura de ruptura liberadora y un tanto revolucionaria. A ésta sucedió, en la década de los 80, una determinada tendencia al pragmatismo individualista. Y a través de lo colectivo no pensaban que se podían conseguir cosas para ellos y para la sociedad y se repliegan hacia un cierto individualismo. Posteriormente, la década de los 90 podría estar determinada por una tendencia ideológica de desencanto hacia el mundo, hacia la sociedad y hacia las instituciones. Hoy, a finales de la década de los 90/principios del año 2000, podríamos decir que su postura se puede concretar en lo siguiente:

 

¡   Alejamiento de lo trascendente y, por tanto, alejamiento de lo político y sobre todo de lo religioso.

¡       Minusvaloración de cosmovisiones globales explicativas del mundo, de la naturaleza, de los seres.

¡   Valoración creciente de la amistad.

¡   Concesión de primacía a lo cotidiano, lo que conocemos como presentismo. No quieren vivir ni en el pasado ni condicionarse para el futuro, sino disfrutar el presente.

¡       Acercamiento al localismo y alejamiento de las preocupaciones.

¡   Valoración creciente de la familia y, sobre todo, de la mujer.

 

 

            3.2. Escepticismo y zapping vital

 

En general, si revisamos el conjunto de las vidas de los jóvenes –aunque se viven con distintos matices según grupos y personas–, podríamos decir que presentan vidas un tanto fragmentadas, deconstruidas, sin grandes convicciones, lo que les lleva a un cierto relativismo. Es decir, tratan de construir la propia identidad a través de la negación de lo que se hizo en generaciones anteriores.

Están movidos y se debaten, a veces, entre el hacer cosas –la acción– o retirarse de hacer cosas –dejar de hacerlas–. En general, podríamos decir que los jóvenes tienen una enorme tentación a realizar mosaicos de distintas cosas simultáneas, lo que se ha denominado como que los jóvenes hacen zapping, no sólo con la televisión sino también con sus propias vidas.

 

En general, las actitudes de los jóvenes son lúcidamente escépticas respecto a la sociedad que los rodea; pragmatistas con nostalgia por el encanto que no encuentran en el mundo; visiones poco o nada trágicas de la existencia; cada vez se adoptan posturas menos interesadas por las grandes cuestiones y poco apasionadas.

Por último, los jóvenes españoles se muestran muy liberales, permisivos, con casi todo tipo de conductas pero sobre todo con las conductas públicas. En relación a los otros jóvenes de Europa, los jóvenes españoles se muestran algo más optimistas y esperanzados respecto al futuro. Bajan entre los jóvenes valores relacionados con el trabajo, el esfuerzo, el estudio, la política y la religión. Diríamos que tienden a vivir en un cierto «humanismo indoloro» y ejercen una solidaridad puntual pero no sistemática y comprometida en instituciones.

 

 

            3.3. Socialización blanda

 

Destacan, con respecto a quinquenios anteriores, lo tardío de independizarse del hogar paterno (lo que se conoce a veces como el síndrome de Peter Pan). Destaca también el aumento de permisividad, el crecimiento de la indiferencia religiosa, un cierto mayor optimismo y una valoración grande de la mujer. Cada vez toman más fuerza los nuevos espacios de autosocialización, tales como la noche, la música, el sexo, los viajes, el propio cuerpo y las amistades.

Como hemos indicado, los jóvenes están relativamente satisfechos con su vida, a gusto con los niveles de libertad que tienen, aunque desearían tener más. Se muestran bastante carentes de capacidad de sacrificio, de sentido del deber hacia los demás, un tanto egoístas y presentistas, anclados en el aquí y ahora, bastante amoldados y modelados por la situación socioeconómica actual. Son libres pero están sujetos, no carecen de alguna solidaridad, de bastante tolerancia y cierta lealtad, pero sólo a lo que consideran suyo y valioso, no a cualquier cosa.

 

Parece que se ha dado un tipo de socialización en nuestro país un tanto blanda o permisiva en los últimos años y que no genera tensiones mayores pero tampoco es capaz de trasmitir valores llamados fuertes, por ejemplo, del deber, del servicio, de la participación o del compromiso.

Igualmente podemos anotar que los jóvenes tienen, o parten en su situación actual, de las mejores condiciones que han tenido posiblemente nunca: tienen más medios materiales, formativos y culturales que en generaciones anteriores. También podemos indicar que los jóvenes valoran muchas cosas nobles aunque no se impliquen sistemática y comprometidamente con ellas. Por otra parte, van madurando en el uso de las propias libertades. Podríamos decir que los jóvenes no tienen tanto una cultura propia muy diferenciada, sino que participan a su manera de esta nueva especie de cultura occidental, pero ellos lo hacen a su modo y también al «modo hispánico». n

 

Pedro González Blasco

 

[1] Cf. J. ELZO-F.A. ORIZO-J. GONZÁLEZ-ANLEO-P. GONZÁLEZ BLASCO- MªT. LAESPADA-L. SALAZAR, Jóvenes españoles ’99, Fundación «Santa María», Madrid 1999.

[2] Hay que tener en cuenta que el 90% de los jóvenes españoles comprendidos entre esas edades (15-24 años) viven en el hogar de los padres y, con los jóvenes italianos, son los que más tarde abandonan ese hogar, hecho que se ha denominado «síndrome de Peter Pan», o deseo de alargar la juventud sin que eso suponga un retraso en el propio desarrollo.