“CARGA CON TU CRUZ Y SÍGUEME”

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Es la invitación de Jesús durante esta Cuaresma… Podemos recorrer varias veces el vía crucis, podemos pasar largas horas ante la cruz, podemos escenificar la pasión, hasta podemos marcarnos algún pequeño compromiso… Pero si no portamos nuestra cruz, la cruz de cada día, todo lo demás no tendrá ningún sentido…

Os invito a cargar con la cruz de Jesús, la cruz de sus discípulos, la cruz verdadera… Aunque antes tendréis que desechar otras cruces falsas, de pésima imitación, cruces en las que, tal vez, os veáis reflejados… ¡Adelante!

 

 

Cruz-muro. ¿Para qué portar la cruz? ¿Para causar pena, compasión? No, no quiero que nadie presencie mi dolor, no quiero que nadie enjugue mis lágrimas. Que nadie, ni Dios, tengan la más mínima posibilidad de echarme una mano. Yo y mi dolor, mi dolor y yo.
Cruz-espada. ¿Por qué a mí? ¡Esta vida no es justa! Pero esto no va a quedar así. Si yo sufro, también sufrirán los otros.

 

Cruz-sofá. ¿Para qué llevar la cruz, con lo que pesa, con el dolor que me causa? Mejor me tumbo y espero a que vengan a darme el pésame… Sólo espero que mis lágrimas no me abandonen y me pongan en evidencia.

 

 

 

 

Cruz-anzuelo. Usaré mi cruz, mi pena para conseguir todo lo que pueda. No llevaré mi cruz, esperaré a que alguien “pique.”
Cruz-tejado. Que pase el chaparrón. Ya vendrán días mejores. No es cuestión de hacerse el valiente y acabar con los hombros y con el corazón hecho añicos.

 

 

 

 

 

Cruz-adorno. Una en el pecho, otra en la oreja, otra en el cabecero de la cama, otra en la cartera… Ya no quiero más, con estas tengo bastante.
 

 

Cruz-revolver. Muy parecida a la cruz-espada. Dispararé mi cruz, mis penas contra todo y contra todos. Al menos, conseguiré descargar mi ira.
Cruz-columpio. Una cruz de juguete. Un dolor de muelas, una noche sin dormir, un suspenso, un día menos de vacaciones… Todo esto lo soporto bien y se lo ofrezco a Nuestro Señor Jesucristo… ¡Y que sea siempre así!

 

Cruz-sagrada. Diez padrenuestros, cinco rosarios, tres novenas, cuatro triduos, hasta una peregrinación, descalzo, simulando la subida al Calvario… Pero de ahí a que la cruz caiga sobre mis hombros, sobre mi vida, va todo un mundo… ¡Toquemos, y nunca mejor dicho, madera!
Cruz de Jesús. El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida (léase las otras nueve cruces) la perderá; pero el que pierda su vida por mí (esta es la cruz verdadera, la de Jesús, la de tu hermano, la tuya, la que te atreves a cargar, cada día, sobre tus hombros y sobre tu corazón, con la confianza y las fuerzas puestas en Dios) ése la salvará.

 

J.M. de Palazuelo

 

 

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