CELEBRAR EL AÑO DE LA FE

Óscar Bartolomé

 

1 En el camino de la fe

 

El documento Porta fidei presenta unos símbolos a partir de los cuales vamos a realizar un celebración sobre la fe. Los símbolos son la puerta, la sal y la luz y el pozo. Además se nos indica que nuestra fe va recorriendo un camino paralelo al camino de nuestra vida, de aquí el título de la celebración: En el camino de la fe.

La celebración tendrá dos momentos. Uno se realizará en el exterior del templo, iglesia o capilla donde se vaya a realizar la celebración y el otro en el interior.

 

Preparación

Para esta celebración las personas serán convocadas a la puerta de la iglesia o de la capilla donde se vaya a realizar la celebración. Sería bueno que quien presida dicha celebración esté esperando a la gente unos minutos antes de la celebración como signo de acogida.

 

Motivación

(A la puerta de la iglesia o capilla)

Animadora: Nuestra vida, como nuestra fe, no se construye de la noche a la mañana, se va haciendo poco a poco. El camino de la fe y de la vida tiene diferentes etapas. Hemos sido convocados para celebrar nuestra fe. Hoy queremos comenzar esta celebración a la puerta de nuestra capilla/iglesia. ¿Y esto por qué?
Animador: Porque nuestra incorporación a la Iglesia hace algunos años supuso una entrada. Tuvimos que cruzar el umbral de una puerta para entrar a formar parte de la comunidad de seguidores de Jesús. Hace tiempo los catecúmenos se bautizaban fuera de la iglesia y una vez bautizados entraban en ella. Quizás todos nosotros cruzamos esa puerta en brazos de nuestros padres o madres.
Animadora: Hoy vamos a ser nosotros los que crucemos esta puerta por nosotros mismos. Cruzar esta puerta, «la puerta de la fe» (Hch 14,27), nos «introduce en la vida de comunión con Dios». Pero cruzar esta puerta no nos da la fe para siempre, «atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida».
Animador: Queridos hermanos y amigos: Atravesemos una vez más esta puerta de nuestra capilla/iglesia recordando que somos invitados por el Señor de la Vida a vivir toda nuestra existencia con un corazón que busca el encuentro con Jesús, que busca una vida de fe auténtica.

 

Saludo del presidente

Sacerdote: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros. Amén.

Con la motivación que nos han hecho vamos a realizar el primer gesto de la celebración. En silencio, cada uno de nosotros va a cruzar de uno en uno esta puerta que simboliza la puerta de nuestra fe, como ese sacramento del bautismo por el cual un día entramos a formar parte de la comunidad de seguidores de Jesús. Convocados por el Señor entremos para escuchar su palabra y compartir su mensaje de amor.

 

Gesto primero: ¡Entra por la puerta!

De uno en uno, en silencio, los participantes irán entrando en el templo y colocándose en los bancos. Mientras se entra se puede cantar una canción apropiada. Las canciones podrían hablar de la fe o del sentirnos convocados para celebrar nuestra fe. Una canción que, si se conoce o se ensaya previamente, podría estar bien es la canción del Año de la Fe titulada Por la fe. Si no se canta, se puede poner en la megafonía de la iglesia/capilla para que suene mientras las personas van entrenado para sentarse.

 

Escuchamos la Palabra de Dios (Jn 4,4-26)

Animadora: Desde la fe, reunidos en comunidad, vamos a escuchar la Palabra de Dios. Esa palabra que nos habla al corazón.
Animador: El texto de «la samaritana» es una invitación a acercarnos «al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente».
Animadora: La Palabra se convierte para nosotros en alimento para el camino y el pozo nos ofrece el agua que colma nuestra sed de caminantes y peregrinos.
Animador: Con Jesús y la samaritana acerquémonos al pozo de su Palabra, una fuente inagotable que colmará nuestra sed.

 

(En este momento, y dependiendo del número de participantes en la celebración, se puede invitar a todos o a un grupo de persona que se coloquen alrededor del lugar donde se proclame la Palabra de Dios. Se pueden sentar en círculo alrededor de los lectores. Sería bueno que en ese lugar estuviese colocado previamente un recipiente en cuyo interior hubiese una Biblia abierta. Estos elementos nos servirán para el segundo gesto)

 

Sacerdote: Lectura del santo evangelio según San Juan.
Narrador: Como Jesús tenía que atravesar Samaría, llegó a un pueblo llamadoSicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, fatigado por la caminata, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía. En esto, una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar agua. Jesús le dijo:

Sacerdote: «Dame de beber».
Narrador: Los discípulos habían ido al pueblo a comprar alimentos. La samaritana dijo a Jesús:
Animadora: «¿Cómo es que tú, siendo judío te atreves a pedirme agua a mí, que soy samaritana?»
Narrador: (Es de advertir que los judíos y los samaritanos no se trataban).

Jesús le respondió:

Sacerdote: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda que tú misma me pedirías a mí y yo te daría agua viva».
Narrador: Contestó la mujer:
Animadora «Señor, si ni siquiera tienes con qué sacar el agua, y el poco es hondo, ¿cómo puedes darme “agua viva”? Nuestro padre Jacob nos dejó este pozo del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras mayor que él?»
Narrador: Jesús replicó:
Animadora: «Todo el que bebe de esta agua, volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial del que surge la vida eterna».
Narrador: Entonces la mujer exclamó:
Animadora: «Señor, dame de esa agua; así ya no tendré más sed y no tendré que venir hasta aquí para sacarla».
Narrador: Jesús le dijo:
Sacerdote: «Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve aquí».
Narrador: Ella le contestó:
Animadora: «No tengo marido».
Narrador: Jesús prosiguió:
Sacerdote: «Cierto; no tienes marido. Has tenido cinco, y ése, con el que ahora vives, no es tu marido. En esto has dicho la verdad».
Narrador: La mujer replicó:
Animadora: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio vosotros, los judíos, decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto a Dios».
Narrador: Jesús respondió:
Sacerdote: «Créeme, mujer, está llegando la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que para dar culto al Padre, no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Vosotros, los samaritanos, no sabéis lo que adoráis; nosotros sabemos lo que adoramos, porque la salvación viene de los judíos. Ha llegado la hora en que los que rindan verdadero culto al Padre, lo harán en espíritu y en verdad. El Padre quiere ser adorado así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
Narrador: La mujer le dijo:
Animadora: «Yo sé que el Mesías, es decir, el Cristo, está a punto de llegar, cuando él venga nos lo explicará todo».
Narrador: Entonces Jesús le dijo
Sacerdote: «Yo soy, el que está hablando contigo».

Palabra del Señor.

 

Breve homilía

En el momento de la homilía se pueden resaltar algunos elementos sobre la fe a partir de esta narración evangélica:

–          La fe nos habla de confianza, de adhesión a una persona.

–          Nuestra fe es un don gratuito y, como tarea, nos exige también una respuesta.

–          La fe es un encuentro con una persona: Jesús. No se trata solamente de cumplir unas normas o leyes morales.

–          Nosotros como cristianos tenemos que acercarnos al pozo para escuchar la palabra que nos dirige hoy, en nuestra situación actual, Jesús. Esto podemos hacerlo en una celebración, pero también en nuestra vida cotidiana.

–          La fe ha de ser testificada en nuestra vida, en nuestro quehacer cotidiano. Cuando concluyamos la celebración se nos entregarán unas velas de papel con la expresión: «¡Tú eres sal y luz!» Somos invitados a vivir lo que celebramos.

Gesto segundo: ¡Acércate al pozo!

Después de un momento de silencio para interiorizar la palabra de Dios y la reflexión que se acaba de hacer, procederemos a realizar el segundo gesto.

Invitaremos a todos los participantes de la celebración a que se acerquen al pozo, a ese recipiente en el cual estará colocada una Biblia y habrá recortadas en tiras varias frases evangélicas.

Se invitará que cada uno se levante, observe el pozo y saque un mensaje.

Una vez que hayan pasado todos, y si se cree conveniente, por parejas pueden comentar la frase que les ha tocado.

 

Oración de fieles

Finalizado este momento presentaremos al Señor nuestras oraciones. Estaría bien hacerlo de forma espontánea, pero si se considera mejor hacerlo de otra forma, se puede seguir este esquema respondiendo a cada invocación: Confiamos en ti, Señor.

 

Lector 1: Gracias, Señor, por reunirnos en comunidad de fe. Que toda la Iglesia viva siempre movida por un auténtico amor a Ti y a los hermanos y hermanas. Oremos.
Lector 2: Gracias, Señor, por el regalo de la fe. Ayúdanos a vivir desde la fe y con la confianza puesta siempre en ti. Oremos.
Lector 3: Gracias, Señor, por el regalo de tu Palabra. Que nos acerquemos permanentemente a este “pozo” del que brota su mensaje de amor y de paz. Oremos.
Lector 4: Gracias, Señor, por todas las personas que pones en el camino de nuestra vida. Que sepamos agradecerte lo mucho que los otros hacen por nosotros. Oremos.
Lector 5: Gracias, Señor, por todo lo que tenemos. Que sepamos, desde la fe y con entrañas de misericordia, compartir nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros recursos con quienes tiene menos que nosotros. Oremos.

 

Oración final

 

Sacerdote:

 

Te pedimos, Señor, con renovada confianza y con esperanza firme, que los que hemos participado en esta celebración, «confesemos la fe con plenitud» para que nuestro testimonio de vida como creyentes sea cada vez más creíble ante todos los que entren en contacto con nosotros en nuestros lugares de trabajo, en nuestras familias, en nuestra parroquia o en nuestros centros de estudio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

Gesto tercero: ¡Tú eres sal y luz!

Después de concluir la celebración con un canto, si es posible, dos personas estarán colocadas en la puerta de la iglesia/capilla y entregarán a los participantes, a medida que vayan saliendo, una pequeña vela de papel, previamente preparadas, en la que estará escrita la siguiente expresión: «¡Tú eres sal y luz!» Quienes entreguen las velas, sería muy interesante, que según van entregando las velas pronuncien esas palabras con el objetivo de recordar a los participantes que todos recibimos la invitación a seguir viviendo nuestra fe allí donde cada uno de nosotros nos encontremos.

 

2 «Sé de quién me he fiado» (2 Tim 1,12). Breve esquema para una catequesis sobre la fe

 

A continuación proponemos un esquema con algunas posibles actividades para reflexionar en una o varias catequesis el tema de la fe. Son propuestas que pueden dar pie para varias sesiones, dependerá del número de personas que participen en el grupo y del grado de participación.

Creo que estas propuestas podrían ser aplicadas, quizás con alguna adaptación, para adolescentes o jóvenes que se estén preparando para la confirmación, aunque podrían servir también para grupos de fe en los que se continúe profundizando la fe después de la confirmación.

 

Después de una motivación inicial sobre el tema que girará la catequesis o la reunión de grupo de hoy, se puede seguir este esquema. Se pueden realizar todos los momentos o elegir alguno de ellos, una vez más, dependerá de lo que el catequista o animador de grupo considere más adecuado para su grupo.

 

Creer y fiarse

En un primer momento se pueden escribir en una pizarra o en una cartulina en blanco las palabras CREER y/o FIARSE.

A continuación se puede pedir a los participantes que escriban en qué momentos y situaciones ellos se fían o creen en alguien. También se les puede pedir que escriban los nombres de personas de las que se fían o en las que creen. Si alguno quiere poner el motivo podría hacerlo, pero de una manera muy concisa para que este momento sea lo más ágil posible.

Una vez hecho esto, se puede hacer un primer comentario sobre lo que han escrito. Para los catequistas puede ser bueno leer el segundo capítulo del libro Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI de Bernard Sesboüé, titulado «¿Qué es creer?»

 

Una experiencia de confianza

A continuación se puede hacer una pequeña dinámica-juego, probablemente ya la hayan realizado en alguna ocasión, pero aunque se repita puede ayudarnos a explicar mejor lo que queremos decir y a posibilitar a los chicos una experiencia de confianza en los otros.

La dinámica es muy sencilla, pero habrá que pedir a los participantes mucha seriedad para que nadie se haga daño y la experiencia pueda resultar bien. Se pedirá a los participantes que se coloquen de dos en dos. Se colocarán a una distancia aproximada de un metro. Uno de ellos se tendrá que dejar a caer hacia atrás y el otro tendrá que cogerlo sin que el que se deja caer hacia atrás mueva los pies del suelo. Quizás sea bueno hacerlo de uno en uno para que los compañeros vayan viendo las reacciones y expresiones, tanto de la persona que se tiene que dejar caer como la de quien tiene que coger a la persona que se echa hacia atrás.

 

Comentar la experiencia

Después de la experiencia realizada comentaremos cómo se ha sentido cada uno y en qué medida nos resulta fácil y sencillo fiarnos de las personas que tenemos a nuestro lado o, por el contrario, nos resulta difícil.

 

La fe en Jesús.

Nosotros, como hemos comentado antes, nos podemos fiar de las personas, pero nuestra fe como cristianos es una fe en Jesús. La fe cristiana es «el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia».

Podemos preguntar a los asistentes cómo entienden ellos esta fe en Jesús y qué supone creer en Jesús.

La fe de la Iglesia está marcada por la experiencia que muchas personas han hecho. Se puede comentar cómo ha sido la experiencia de fe de algunas personas. Para ello se puede seguir el siguiente esquema:

–          María. Es feliz por haber creído (cf. Lc 1,38).

–          Los apóstoles. Se podría narrar la historia de alguno de los apóstoles. En todos ellos se puede destacar el camino que hacen para seguir a Jesús con sus dudas de fe y sus pretensiones humanas.

–          Los discípulos. La primera comunidad cristiana es un modelo de cómo la fe se puede convertir en una fuerte experiencia de vida comunitaria, en testimonio (cf. Hch 2,42-47).

–          Los santos y mártires. Cada uno desde su situación ha vivido una experiencia de fe en su vida, unos llegando a la mueter por Jesús y otros viviendo su vida como una entrega total al estilo de Jesús.

–          Los cristianos de a pie, hombres y mujeres de todas las épocas. Seguramente son muchas las personas que han vivido su fe de manera anónima. No se conocen sus nombres, pero quizás la fe ha dado sentido a la vida de muchas personas. Se podría preguntar a los participantes si conocen alguna persona que haya creído en profundidad en Jesucristo y que haya vivido en profundidad sus valores.

–          La última persona que podríamos añadir a esta lista de creyentes podría ser el nombre de cada unode los asistentes a la catequesis o reunión de grupo. Se podría lanzar la pregunta de cómo vive cada uno la fe. Este punto puede ir unido al siguiente.

El credo

La Iglesia a lo largo de los siglos ha ido recopilando su fe a partir de la revelación y de la experiencia de muchas personas. Esto se ha recogido en el Credo. Como sabemos hay dos formulaciones, una que comienza con el «creemos…» y otro que comienza con «creo…», pero tanto una formulación como otra recoge lo esencial de la fe. Sería interesante comparar los dos credos. Podría ser interesante también, si no se ha hecho en otro momento, explicar las afirmaciones del credo intentando adaptarlas a la edad de los chicos, pero con el objetivo de ayudar a entender lo que rezamos cada domingo.

 

Mi credo

Se podría concluir la sesión invitando a los participantes a escribir «su credo» a partir de su experiencia de fe y de lo que se ha ido comentado en la reunión o reuniones de grupo. También se podría pedir a los chicos que compartieran «su credo» con alguien del grupo. Otra opción es recogerlos todos y leer dos o tres al azar.

Si consideramos que algún «credo» está bien se puede utilizar para concluir con él como oración final. Si parece más conveniente, se puede acabar recitando todos juntos el credo.

 

Óscar Bartolomé