Concretar la solidaridad

          En esta ocasión, va «otra idea» diversa de las habituales. Entre las cartas que recibe Misión Joven, he aquí una particularmente digna de tenerse en cuenta. Al tratarse de una publicación mensual, poco podemos hacer para que la actualidad y rapidez que requieren demandas como la que aquí recogemos puedan ser atendidas. Pero las palabras quedan ahí; llegaron a la redacción el pasado 11 de marzo.

 

Saludos. En estos días he leído el editorial de Misión Joven del mes de enero-febrero 2001 (dicho sea de paso, me parece excelente y me ha ayudado mucho en mi acción pastoral). Yo soy una Hermana Salesiana —Hija de María Auxiliadora— del Colegio «Santa Inés», en Santa Tecla (El Salvador), una de las zonas más afectadas del país, a raíz de los últimos tres terremotos y las más de 5000 réplicas de una gran intensidad que les acompañaron.

Cuando leía su editorial me sentí muy identificada con varias frases:

 

¡ «Hay una solidaridad entre los hombres como tales que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo…; si no hago lo que puedo para impedirlo, soy también culpable».

¡ «Solidaridad es dejarse afectar y sentirse afectado por el dolor que provoca la injusticia y el sufrimiento concreto de quienes la padecen».

¡ «La verdadera compasión solidaria permite el reconocimiento de la realidad y, sobre todo, hacerse cargo de ella: mirarla de frente, ponerle nombre y encararla…».

 

Realmente, todo cuando lo leía, lo corroboraba con la realidad de mi pueblo, que hoy necesita tanto. Quizá he estado buscando formas de comunicar la necesidad y, al leerlo, lo encontré.

Nuestro colegio ha quedado destruido (y aún continua destruyéndose con las réplicas), casi en un 65% y, hasta el día de hoy, no nos ha llegado ninguna ayuda (55 días después). Tenemos 1.100 alumnas, de lunes a viernes, y 1.000 jóvenes y mujeres, los sábados y domingos, aprendiendo desde leer y escribir hasta algún oficio. Es duro saber que no se les puede dar respuesta: el gobierno… ha centralizado la ayuda —como dice el aludido editorial, se institucionaliza con una lógica individualista—, nuestra madre la Iglesia tiene otras prioridades —ya que se han caído la mayoría de los templos—…

¿A quién recurrir? A todo el que quiera ser y tener corazón solidario.

Se me ocurrió escribir a Misión Joven para felicitarles por su revista y, a la vez, ver si fuera posible alguna campaña de ayuda para el colegio.

Tenemos una página Web que muestra parte de los daños [esta es la dirección: www.colegiosantaines.edu.sv] y más información de nuestra circunstancias actuales: tenemos entre 150 a 200 familias afectadas, sin casa, y algunos niños sin familias y puede que también sin educación si no conseguimos alguna ayuda.

Este es un año especial para que aparezca la fuerza del voluntariado… […]. Gracias por vuestro tiempo, amigos de Misión Joven, y que Dios y María Auxiliadora les bendigan e iluminen siempre con tan bello apostolado como el de su revista.

¡Ojalá puedan echarnos una mano!

 

Fdo. Sor Ana Beatriz Solito

                                                                   FMA.

 

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