¡Confirmaciones aquí!

Rogelio Cárdenas Ponce de León, M.Sp.S

PJV de la Parroquia de Guadalupe, Madrid.

 

Aquí… ¡Hay un fiesta que preparar!

En nuestra parroquia, Nuestra Señora de Guadalupe, la Confirmación es un tema importante. Nos interesa como experiencia de Dios en cada persona, en quienes se confirman y en toda la comunidad parroquial. La Confirmación es sacramento que nos renueva a todas las personas que formamos Iglesia en nuestra hermosa vocación: Vivir habitados y animados por el Espíritu Santo, siguiendo a Jesús para hacer presente el Reinado de amor del Padre entre nosotros, sobre todo para quienes más nos necesitan. Cada vez que celebramos la Confirmación… Aquí hay fiesta.

Por eso, no nos importa solamente preparar con esmero el momento de la celebración del sacramento sino también el antes y el después  del mismo. Encontrarnos varias veces a lo largo del curso con quienes se confirmarán; para escuchar las motivaciones y los deseos, los temores y las ideas que tenemos e ir escuchando u poniéndonos de acuerdo en el sentido que queremos dar y descubrir al sacramento. Hablamos sobre el Espíritu Santo, sobre los sacramentos y su significado, sobre la Iglesia y la misión que tenemos en ella de hacer presente y vivo el Reino de Dios.

También buscamos tener un fin de semana para orar y disponer el corazón al regalo que nos hace Dios en la Confirmación. A este retiro invitamos también a quienes cada confirmando(a) –por decirlo así- ha elegido como padrino o madrina; porque es un momento para darnos cuenta de lo que significa este llamado a acompañar y ser acompañado en el seguimiento de Jesús. También solemos invitar en algún momento del fin de semana –que es lo que suele durar el retiro- a familiares y amigos, a hermanas y hermanos de la comunidad a la que pertenecen los que se confirman y que les envía a recibir y vivir este sacramento.

Además de eso, la noche previa a la celebración, los jóvenes de la parroquia organizan y animan una vigilia de oración en la que de manera creativa expresan la alegría y la gratitud de la comunidad ante este regalo que el Espíritu nos hace.

También la celebración misma de las confirmaciones es algo en lo que se involucra mucha gente. Familiares y amigos, comunidades y animadores pastorales colaboran con su presencia y trabajo.

Algunos preparan un modo creativo de presentar a cada hermana o hermano que se confirma. Cierto que a veces estas presentaciones nos han salido demasiado extensas; pero se debe a que quienes les presentan lo hacen con tal cariño e ilusión que pueden perder el sentido del tiempo. Con gestos y signos cada uno es “presentado” a la asamblea que se reúne a celebrar presidida por el vicario episcopal que con paciencia y fraternidad nos ha acompañado los últimos años. Otras personas se encargan de animar con música y cantos, otras colaboran presentando los dones para la consagración o leyendo la Palabra que centra la fiesta, así como las moniciones y peticiones que para cada fiesta se han preparado ad hoc.

Después de la Eucaristía, seguimos la fiesta en uno de los salones de la parroquia, compartiendo, con una “patata” y algo de música, el rato agradable que es encontrarnos, comentar y darnos un abrazo con la enhorabuena por la celebración.

 

Aquí… No hay “grupo de confirmaciones”

Algunas veces han llegado personas preguntando por el grupo de Confirmaciones. Parece que esperan encontrar una especie de “catequesis” en la que se den temas básicos como requisito para poder ser confirmados. La respuesta que les damos es que en la parroquia no tenemos un grupo ex professo para la preparación a la Confirmación.

El grupo es la comunidad misma a la que cada joven pertenece y con la que han compartido varios años creciendo y madurando juntos. Los vínculos afectivos entre ellos ayudan a animar y dar sentido eclesial a la confirmación. Son los mismos grupos los que escuchan el deseo de vivir el sacramento y algunas de las motivaciones. Es en los grupos en donde se les devuelve una primera palabra a quienes expresan este deseo, confirmando o cuestionando, invitando o proponiendo; animando o confrontando. Hemos constatado en estos años, cómo este gesto es un signo de madurez cristiana; pues pide a cada joven saber dar razón de su fe y saber discernir adecuadamente la voz de Dios en su vida. A veces, algunas de las ideas que tienen de la Confirmación se transforman; pasan del miedo al compromiso a la gratitud por sentirse invitados por Jesús a colaborar en su misión; de la creencia de que se tratara de una mera formalidad a la certeza de que es un regalo que fortalece su propia vocación.

No faltan las discusiones sobre la Iglesia y sobre Dios, las muchas preguntas y los diversos ensayos de respuesta sobre el Espíritu Santo y la vocación cristiana.  Cuando todo esto lo expresan y comparten con jóvenes a quienes conocen y quieren, con quienes se sienten comprendidos y en quienes confían; parece que la reflexión se hiciera fecunda y diera muchos frutos en cada persona y en cada grupo. Cuando lo han hablado, lo han discutido y lo han orado juntos; parece que el envío que cada grupo hace adquiere mucho sentido en sus vidas. Por eso, seguimos optando por no tener un “grupo” ex professo para la confirmación sino por vivir la confirmación en y desde la comunidad a la que pertenecemos. Desde luego, cuidamos el acompañamiento personal de parte de los animadores pastorales; para ayudar a que las reflexiones estén iluminadas por la Palabra y por la experiencia de la Iglesia, Pueblo de Dios.

 

Aquí… Hay buena noticia.

Algunas personas nos preguntan: “¿Cuánta gente se confirma cada año en la parroquia?” La respuesta podría variar cada año. Un curso han sido cuatro, otro curso han sido siete personas. No suelen ser muchos más. Inclusive, ha habido algún curso en el que no hemos celebrado Confirmaciones, porque no ha habido quienes así lo pidieran desde los grupos de la Pastoral Juvenil. Aún así, persiste la certeza de que vale la pena apostar a la paciencia y al cuidado de la formación en la pastoral juvenil misma. No queremos que los jóvenes se confirmen “porque toca hacerlo este curso según el temario previsto”; sino que lo hagan desde la certeza sencilla pero honda de que en su vida hay buena noticia de Jesús.

Una de las chicas que se confirmó hace un par de años, nos compartió con sencillez, que  se acercó con muchos miedos y fantasías; por las ideas que tenía de  la Iglesia y la Confirmación misma. Se imaginaba cargas pesadas y esquemas rígidos y sofocantes que nada le apetecían, como si confirmarse fuera a convertirse para ella en un agobio más a los que ya de por sí tengo con la universidad y mi familia. Poco a poco, conforme iba hablando de esto con los demás jóvenes, fue comprendiendo que en su vida ha habido buena noticia de Jesús y que ella misma vibra con el anhelo de ser y llevar buena nueva a las hermanas y hermanos con los que se encuentre. Descubrió que lejos de ser una carga más que la agobie, la Confirmación es buena noticia de Dios en su vida.

Entendemos que como comunidad parroquial nos toca animar a los jóvenes a que se planteen con seriedad su vocación: El seguimiento de Jesús a la vez que puedan irse quitando fantasías e ideas tergiversadas sobre Dios, sobre sí mismos y sobre los demás, que les impidan responder más libremente a la invitación del Espíritu en sus vidas.

La confirmación se relaciona con el compromiso que asumimos los cristianos. Nos habla de “ser adultos” en la vida cristiana y, ya se sabe, para muchos jóvenes, la adultez no es algo divertido ni atractivo. Uno de los universitarios que se confirmaron el curso pasado hablaba mucho de esto, hasta que otra de los jóvenes de su grupo le preguntó sobre la idea que tenía de “adultez” y todos terminamos reflexionando sobre la importancia de saber decir “sí” a la madurez que no es simplemente “tener que hacer más y gozar menos” sino el regalo de la vida que recibimos para dar vida a los demás. Ser adultos no es solamente tener que hacernos mayores sino la buena noticia de madurar en la vida y de ser libres para ser quienes el Padre sueña; entonces la adultez, además de ser buena noticia es, como dijo este hermano, “una gozada”.

Que en el grupo de jóvenes haya una o más personas que digan que se quieren confirmar es una buena noticia para los demás; porque les hace pensar y recordar; les mueve a reflexiones y a preparar; les renueva en su propia experiencia de Dios y de los demás, les trae a la memoria y al corazón la relación con Dios y el sueño de hacer presente el Reino; de poder comprometerse amando a los que más sufren y actuando a favor de los más débiles. ¡El grupo mismo vuelve a desear poder ser buena noticia para las víctimas de nuestra humanidad! Y buscan cómo expresar esto, cómo llevarlo a acciones concretas, quizá más o menos acertadas, quizá más o menos vistosas. La buena noticia para la comunidad parroquial es que los jóvenes vuelven a atreverse a soñar un poco con el Reinado del Espíritu de Vida, Justicia y Paz para toda la sociedad.

 

¡Aquí estoy, Señor!

Para poder hacerse todos estos planteamientos, los jóvenes han ido viviendo un proceso de crecimiento personal y grupal. Los aprendizajes sobre la vida cristiana han sido significativos y graduales. Les han ayudado hermanas y hermanos en el servicio de animación pastoral acompañando cada experiencia.

Entre otras experiencias, los jóvenes han vivido la experiencia de haber dicho “sí” a Jesús en una de las celebraciones de Pascua que se organizan en la parroquia. Suele ser en el momento en el que están iniciando la vida universitaria; y están tomando decisiones serias sobre su vida. Es en esa Semana Santa, cuando han vivido un retiro de Pascua para tomar la seria decisión de vivir al estilo de Jesús. Es cierto que es un compromiso que pide hacer opciones y renuncias en lo cotidiano; pero también ha sido un regalo porque se van dando cuenta de que Dios mismo les ayuda y les acompaña con muestras de cariño que cada quien y cada grupo descubre en las reuniones, las oraciones, las fiestas, los estudios, los veranos, las relaciones sinceras de amistad y noviazgo; entre otras. Cuando alguno dice “quiero confirmarme este curso” es porque ya ha dicho antes “quiero responderte a tu llamado, Jesús, y seguirte”; y no lo han dicho aisladamente sino en el ámbito de fraternidad de su grupo. Por eso, cuando un joven dice que se quiere confirmar es porque ya ha vivido la experiencia de decir a su manera: “¡Aquí estoy, Jesús!”. La Confirmación es el sacramento en que celebran esto y toman conciencia del sí que nos da Dios en Jesús, del sí que les dice la Iglesia y del sí que cada uno dice a la Iglesia y a Dios; del sí a favor de la vida, a favor de la verdad, a favor del Reino y de la humanidad, del sí a favor de los anhelos del Padre, del sí del Espíritu en la historia y del sí al Espíritu para que nos mueva a vivir al estilo de Jesús: Amando y dando la vida a los demás.

 

 

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