Cuando mides en likes

Que las redes sociales son el principal medio de comunicación de los más jóvenes y que empieza a serlo de los no tan jóvenes es un hecho que no necesita muchos estudios sociológicos.

No hay más que ver a un grupo sentado tomando unas cañas, o a una familia que ha quedado para comer en un restaurante. Es un muestreo válido. Prácticamente el 100% tienen sus móviles en la mano o sobre la mesa. Un selfie aquí, un filtro allá y ¡a publicarlo! No has hecho un viaje si no lo has colgado en tus redes. Y peor, no merece la pena lo que dices y lo que haces si no hay un número de likes razonable. Y es que hoy medimos lo que valemos en likes.

No me voy a poner antigua. Está bien utilizar las redes sociales para un montón de cosas estupendas, pero ¿para medir lo que vales? ¿Para determinar que lo que haces es más o menos bueno? No.

fuente; pixabay

Trabajar con nuestros jóvenes en esta línea  me parece muy conveniente. Porque no es de ser antiguos pensar que cada cual vale por lo que es y por lo que se esfuerza en ser, o que las cosas que para cada cual merecen la pena forman parte de sus decisiones del día a día y de lo feliz que le hacen, y no del número de “me gusta” que han tenido.

Y ya, si me faltaba por ver algo increíble, tenemos las “encuestas de opinión”. Me cortaré el pelo si gana el sí, seguiré con mi novio si gana el no. Como los jóvenes dirían “What?”.

Si hay algo que la juventud lleva de serie es el inconformismo, la valentía para el “ensayo-error”, la convicción de que lo que hacen o dicen, sea o no políticamente correcto, es válido y defendible.

Quizá los adultos, aunque la afirmación anterior nos parezca de Perogrullo, debemos ayudar a que los jóvenes recojan la esencia de la juventud, no pierdan su frescura y pisen fuerte en la vida, dejando a un lado la necesidad de que otros aprueben lo que hacen o dicen, o necesitando  el resultado de un ranking  para tomar sus decisiones.

Educadores y educadoras  no esperemos a que nuestros chavales descubran cuánto necesitan la aprobación de otros, pongámosles frente al absurdo de la situación. Seguro que reaccionan.

 

Mª PAZ PLASENCIA GARCÍA

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