«De Toledo al Cielo»: Tres viajes de ascensión y tolerancia

TOLERANCIA Y CONVIVENCIA

Toledo sigue ahí como ejemplo de tolerancia y convivencia. Estos materiales presentan un “guión primero” para una ulterior propuesta de ejemplo histórico y las conclusiones que podemos sacar para hoy[1].Antes de nada, pues, será cuestión de revivir los versos de Quevedo: Vi una ciudad de puntillas / y fabricada en un uso / que si en ella bajo, ruedo, / y trepo en ella si subo.

 

  1. TOLEDO: MONTAÑA Y ASCENSIÓN

La ciudad imperial es una encrucijada de comentes raciales, redoma donde en el fuego lento de los siglos se han ido destilando las almas de las viejas civilizaciones: las que venían del Norte bárbaro, las del África ruda e impetuosa, las del místico y lejano oriente; y, antes aún, las que ya estaban ahí, en la estepa ibérica, cuando vinieron las demás. Pero de todas estas raíces por las que circulan sus savias peculiares, todavía es, sin duda, la más fuerte la mediterránea. Toledo mira con lo más suyo de su alma, empinada sobre las rocas, hacia el Oriente.

Toledo es la ciudad adelantada del Mediterráneo. Roza a Castilla, sin penetrarla… Diríase que pre­tendió atravesar España llevando […] el alma de la mediterraneidad. Y que cansada después de cru­zar las sierras fragosas y las llanuras sin fin de Castilla, se reclinó en las colinas del Tajo y allí se quedó para siempre, como petrificada […]».

  1. MARAÑON,«Meditación del Tajo,

en Elogio y nostalgia de Toledo, Espasa Calpe, Madrid 1983, 41 y 43.

 

Es el asiento de desta ciudad alto, áspero, firmíssimo y inexpugnable, por ser fundada sobre una alta montaña de dura y fuerte peña del tamaño della misma, cercada casi en tomo del famossísi­mo Río Tajo, que a la forma de una herradura, cerca la mayor parte de ella, cuyos callos o extre­mos son la entrada y salida del, que por una pequeña distancia se apartan el uno del otro, que­dando esta Ciudad en medio a manera de ysla».

 

FRANCISCO DE PISA, Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo..., (Citado en J. CARO BAROJA, Toledo, Ed. Destino, Barcelona 1988).

 

 

 

Quedémonos con las imágenes de la monta­ña y de la ascensión. Si se me permite la metá­fora musical serán el tema principal. Tomemos tres orquestas de instrumentos diferentes: la musulmana, la judía y la cristiana. Paseemos por Toledo escuchando la música callada en al­gunas de las huellas que dejaron. Como aquel joven místico hindú del siglo XII que afirmaba: Puedes comer en una casa, vestirte en otra, descansar en una tercera; no tengo celos del amor que prodigas a otros. Oh, Señor, blanco como el jazmín, tu boca ávida mendiga el amor de toda la humanidad.

 

 

  1. TOLEDO MUSULMAN: MEZQUITA DE TORNEÍRIAS

– Ascensión de Mahoma al cielo

El germen de la leyenda de la ascensión del Profeta aparece en una fugaz alusión del Co­rán (17,1): ¡Gloria a Quien hizo viajar a Su Sier­vo de noche, desde la Mezquita Sagrada la Mezquita Lejana, cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! El es Quien todo lo oye, todo lo ve.

La leyenda islámica debió de penetrar en la España cristiana a partir del siglo IX. La prime­ra versión del mi `raj  resumida en latín la recogió el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247). En 1264, Abraham Alfaquim tradujo del árabe al castellano por orden de Al­fonso X una versión larga del mi `raj. Y a conti­nuación, el notario Buenaventura de Siena llevó a cabo una traducción latina que seguía el tex­to castellano, Liber scale machometi (hay tra­ducción en castellano en Ed. Siruela, Madrid 1996), la cual sirvió a su vez de base para la tra­ducción francesa, Livre de I´Eschieie Mahomet.

 De como Mahomat dixo que subira fasta los siete cielos (Alfonso X el Sabio)

Después desto tomó me ell angel Grabel et levó me suso fastal primero cielo; e los angeles que y estaban vinieron contra mi, et recebieron me muy bien, et fueron muy alegres comigo, et con el grand placer que ende hob¡eron, cataban se unos a otros et dicien: ¡Ay que bien este! ¡ay que bien! e oraban me todos todo bien et toda salud, si non uno solo que estaba y, que nin se alegraba comigo ni riye como los otros. Yo pregunte entonces a Grabiel quien era aquel o por que facie aquello.

 

– Grabiel me dixo: sepas que este angel nuncua riso nin reirá, ca este es ell angel guardador del fuego.

– E yo dix a Grabriel: ¿es aquí angel alguno que sea dicho el muy amado de Dios?

– Y él dixo me: este es ese que tu dices.

– Y yo dix le: pue dil que me demuestre el fuego.

 

El dixo gelo; e ell angel tollió luego la cobertura de que estaba cubierto el fuego; et salió una fo­guera et una llama tan grand en alto que yo hobe gran miedo que quemarie cuantas cosas había veidas, e rogué entonces a Grabiel que dixiese al angel que crobiese aquel fuego; e ell angel triste crubiolo luego así como de priemero estaba cubierto.

Otrosi cuando entramos en aquel cielo fallé y un homne honrado que seie asentando en una sie­Ila, et demostraban le almas de todos los homnes que murien; e cuando veie en ell alma alguna co­sa con quel non placie, tollie los ojos della que la non querie veer, et maltreiela diciendo: ¡ay alma pecador!, ¿por que saliste daquel malaventurado cuerpo en que yacies?

Mas cuando el alma le demostraba alguna cosa de bien con que a él placie, folgaba él con ella, et diciel: ven acá, bienaventurada alma que saliste de buen cuerpo.

E yo pregunte all angel quien era aquel homne tan honrado; et él dixome: este es Adam que se alegra con los bienes daquellos que son del su linage, et tuelle su faz de los malos que los non quie­re veer, et demunestra les las penas de los pecadores, este es el fuego que desuso dixiemos.

Vi otrosi en aquel cielo que algunos de los que y estaban que comien de buenas carnes et bien adobadas, et otros de las podridas et que fedien muy mal, e yo pregunté a Grabiel que homnes eran aquellos que aquello facien; et él dixome: los primeros son aquellos que mantovieron bien con sus mugieres casadas a bendición, los otros son aquellos que non guardaron el casamiento dere­cho et volvieron se con las mugieres que les eran defendudas por placeres malos et lixosos.

Después desto levó me ell angel Grabiel al segundo cielo et fallé y a liesu, fijo de Maria, et a Hya­ya el que los cristianos dicen San lohan fijo de Zacharias, que era su primo cormano. Desi levó me al tercero cielo, et fallé y un homne tan fremoso que non semejaba al si non la luna cuando es lle­na, y dixome Grabiel: este es Joseph, fijo de Jacob el patriarca.

Después desto levóme al cuarto cielo, et fallé y un homne mucho honrado, e dixo me Grabiel: es­te es Arobo, e era con éli Ydriz, el que subió al cielo. Empos esto levóme al quinto cielo, et fallé y un homne viejo muy fremoso, e dixo me Grabiel: este es Aaron, fijo de Amram. Desí levóme al sex­to cielo, et fallé y un homne rubio et viejo, et dixome ell angel: este es Moisen.

Empos esto subió me al Vll° cielo, et fallé y un homne cano que seie en una siella et estaba en una casa apartada, et seien y con el más de setaenta veces mil homnes que moraban siempre con éll en aquella casa, et nuncua han ende de salir fasta en el dia del juicio, e dixo me ell angel: aques­te homne que tu vees es Abraham vuestro padre.

 

Después desto metióme en Paraíso et fallé y una manceba muy fremosa, et tanto me pague de su beltad que mas non podria, e yo pregunte cuya era; dixo me Grabiel: esta manceba es de Ser­vorzayt, fijo de Hyarith.

E yo cuando descendi del Paraiso dix esto que vi a Servorzayt, fijo de Hyaríth, que era uno de los mios compañeros. E en todos los cielos en que yo sobi preguntaban los angeles a Grabiel quien era yo, et el dicieles: este es Mahomat.

Et desi ellos muy alegres por esto que oien, preguntaban le et dicen le: ¿e es ya enviado al mun­do? Et les dixo lells: ya enviado es. E ellos todos aoraban que Dios me diese vida así como a hom­ne que tenien por su hermano et su amigo.

Pues que pasé los siete cielos, puso me Grabiel ante Dios e él mando me que dixiese yo et to­dos los qui me creyesen cincuaenta oraciones cada dia.

E yo torne me a Moisen, mio buen amigo, et dix leesto et que me serien muy grieves de decir ca­da día a las yentes que nuevamientre eran tornados a la su fe, et que non podrien sofrir tan grand carga como esta. Moisen tornose entonces a Dios, et ganó dél que fincasen las diez oraciones des­te cuento. E yo fui a ell otrosi et roguel por esto et gane dell otras x oraciones, e asi poco a poco descendiendo, quito me las todas sacadas en cinco. E tod aquel que esta cinco oraciones ficiere, seer le han galardonadas bien como si dixiese cincuaenta».

  1. G.SOLALINDE,Antología de Alfonso X El Sabio, Espasa-Calpe, Madrid 71980, 93-95.

 

 

 

 

 

 

  1. TOLEDO JUDÍO: SINAGOGA DE EL TRÁNSITO

 

– Abraham ben Samuel Abulafla (1240-1291)   

Es el más significado representante de un tipo de Cábala práctica, extática o profética. Para él lo importante es conocer y aplicar de terminadas técnicas que hagan posible la ascensión del hombre hasta el éxtasis místico y profético, hasta la comunión con Dios.

Abulafia desarrolla una técnica meditativa en tomo a los nombres de Dios, aplicándoles la ciencia combinatoria de las letras del alfabeto hebraico. Para explicar el esfuerzo espiritual

conducente a la liberación del alma de las cadenas materiales, emplea la imagen de un nu do que es preciso desatar en vez de cortar.

 

Abulafia recurre también a ciertas prácticas de tipo yóguico, como el ritmo respiratorio, postu­ras especiales, diversas formas de recitación, movimientos de la cabeza y el cuerpo, la mú­sica y el canto… Mediante la asociación y par mutación de letras, el adepto logra alcanzar las contemplación mística y la visión profética. Su éxtasis es descrito por Abulafia como una re­dención anticipada. En efecto, durante su éx­tasis se siente inundado el adepto de una luz sobrenatural (cf. M. ELIADE, Historia de las cre­encias y de las ideas religiosas, Tomo III/1, Ed. Cristiandad; Madrid 1983, 179). Los textos que reproducimos a continuación están tomados de: A. SAENZ-BADILLOS, Cábala y pensamiento místico judío (Apuntes de clase).

De esta forma, debe permutar todas las letras del nombre divino hacia delante y hacia atrás, empleando diversos tonos… y tiene que dominar muy bien los secretos de la ley y su ciencia para reconocer los sentidos de la permuta de las combinaciones, y su corazón llegará a conocer el con­cepto mental intelectual, divino y profético. Y la primera cosa que resultará de la combinación de letras durante su concentración será el que aparezca temor y temblor sobre él, los pelos de su ca­beza se erizarán y sus miembros se convulsionarán. Después, si es digno, el espíritu del Dios vivo morará sobre él… y sentirá como si todo su cuerpo, desde la punta del pie a la cabeza, fuera ungi­do con aceite, y se convertirá en el Mesías de Dios y en su mensajero, y se le llamará ángel de Dios, y su nombre será como el de su Maestro, que es Sadday..

Los nombres divinos se recitan combinando entre sí los elementos de diversos nombres, si­guiendo una técnica determinada de respiración y canto, moviendo la cabeza de acuerdo con las vocales que pronuncia, y levantando también las manos en consonancia. El místico debe buscar un lugar apartado, donde nadie le oiga, purificarse de cualquier otro pensamiento, revestirse del ta­llit y de las tefillin, y comenzar a combinar las letras de los nombres divinos a fin de «calentar el co­razón». De esta forma, estará listo para recibir el influjo emanado.

 

El amor intelectual divino y el amor intelectual humano se unen en uno… En esto consiste el po­der del hombre: es capaz de unir la parte inferior con la superior, y esa parte inferior sube mientras la parte superior desciende, y besa al ser que asciende hacia ella, lo mismo que la novia besa al novio por el deseo real y grande que siente; y ésa es la característica de las delicias de ambos, por el poder del Nombre divino.

[…] El beneficio de la intelección del intelecto activo es el objetivo último de la vida del alma inte­lectual, y es la razón de la vida en el otro mundo; esa finalidad consiste en la unión del alma, a tra­vés de su intelecto, con Dios para siempre.

Emplea la imagen del acto sexual como símbolo de la unión máxima del alma (como elemento fe­menino) con el Intelecto agente (elemento masculino):«…Una conexión similar a la del cuerpo y el alma, o la de la forma y la materia, semejante a la unión del macho y la hembra, de las que la me­jor y más dulce es la primera unión, esto es, un novio virgen con una novia virgen, ya que el deseo del uno por el otro se ha dado durante largo tiempo antes de su unión. En el momento de su unión alcanzan la cima de su deseo… y sus corazones reciben gran paz…»

 

Y describe el estado místico como: «…Estar tan íntimamente unido con El que no puede sepa­rarse de él de ninguna manera, ya que se identifica con El… y no hay diferencia entre ellos, a no ser que su Maestro ocupa el máximo rango por derecho propio y sin depender de otras criaturas, mien­tras que el místico se eleva a ese rango gracias a la mediación de las criaturas.

«Sentirás dentro de ti un nuevo espíritu que te levanta y recorre todo tu cuerpo causándote placer, y te parecerá como si te hubieran puesto encima bálsamo, de la cabeza a los pies, una o más veces, y te ale­grarás y disfrutarás muchísimo, con alegría y temblor: alegría en tu alma y temblor en tu cuerpo, como quien monta a toda velocidad un caballo, que se siente feliz y contento, mientras el caballo tiembla de­bajo de él». (En esa comunión con Dios el místico recibe el nombre divino de «maestro”, sufriendo así una profunda transformación en su propia personalidad como consecuencia de la experiencia unitiva).

  1. TOLEDO CRISTIANO

Al otro lado de la puerta de Alcántara, hacia el sur, el muro sirve de contención al paseo del Carmen, donde antes estuvo el convento de los Carmelitas, que tuvieron durante algún tiempo encerrado entre sus muros al poeta y místico San Juan de la Cruz, quién huyó descolgándose por una ventana, lo que se recuerda en un friso de cerámica.

– Juan de la Cruz: Subida al Monte Carmelo (1578-1585)

Probablemente al poco de salir de la cárcel de Toledo y suscitadas por su doloroso re cuerdo nacieron las ocho estrofas: «En una noche oscura…», que habían de servir al Santo para introducirnos en la lectura de la Subida. A ruego de sus hijos e hijas comenzó a comen­tarlas por separado y con interrupciones. Así nació la Subida del Monte Carmelo, de larga y penosa gestación, y que el Santo no terminó.

Trata el texto del cómo podrá una alma dis­ponerse para llegar en breve a la divina unión.

Da avisos y doctrina, así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa

para que sepan desembarazarse de todo lo temporal y no embararse cón lo espiritual, y

quedar en la suma desnudez y libertad de es­píritu, cual se requiere para la divina unión. Recogemos una de las canciones -donde canta el alma la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del Amado-.

 

 

En una noche oscura,     

con ansias, en amores inflamada, 

¡oh dichosa ventura!,    

salí sin ser notada,      

estando ya mi casa sosegada.  

A oscuras y segura,      

por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,

a oscuras y en celada,  

estando ya mi casa sosegada.  

En la noche dichosa,     

en secreto, que nadie me veía,     

ni yo miraba cosa,          

sin otra luz y guía        

sino la que en el corazón ardía.         

Aquésta me guiaba

más cierto que la luz del mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía

¡Oh noche que guiaste!

¡Oh noche amable más que la alborada!

 

¡Oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada con el Amado transformada!

En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire dada.

El aire del almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería,

y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado,

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

 

JUAN DE LA CRUZ, Obras Completas, Archivo Silveriano de Hª y Espiritualidad Carmelita-3Burgos 19722,417-418.

 

ELEMENTOS PARA LA REFLEXIÓN

 

– Los tres anillos

Un día le preguntaba el moro Tulaytuli (el Toledano) al judío Natán cuál era según él la ley más lumino­sa. Sonrió y por toda respuesta le contó esta historia tan bella.

«Hace siglos, en Oriente, vivía un hombre que poseía un anillo de un valor incalculable. No porque fuera de un metal precioso, sino porque tenía el secreto poder de volver agradable a Dios y a los hombres a su portador. Hacía de quien lo poseía el jefe indiscutible y venerado de toda su casa. A su muerte, el hombre legó el anillo a su hijo preferido, que a su vez lo transmitió a quien fue elegido como futuro jefe de su casa.

De generación en generación, el anillo vino a recaer en manos de un padre de tres hijos que no podía resolverse a elegir a uno, pues los amaba por igual. Incluso tuvo la debilidad de prometérselo a cada uno de ellos

Sintiendo próximo su fin, convocó en secreto a su vecino Mardaqueo, el orfebre, y le encargó dos ani­llos semejantes en todo al primero, el artesano lo logró tan bien que el mismo padre fue incapaz de dis­tinguir cuál era el original. Hizo venir uno a uno a sus hijos y, sin testigos, le dio a cada uno un anillo.

A la muerte del padre, cada uno de los tres hijos exhibe el signo de autoridad y se presenta como el elegido. ¡Estupor! Es imposible probar cuál es el verdadero anillo, y los tres hijos pretenden legilimamen­te la dirección de la casa común».

Y Natán concluye: «También nosotros, judíos, cristianos, musulmanes, somos de un mismo linaje, pe­ro nos vemos en la impasibilidad de probar hoy cuál es la verdadera fe».

«Natán -le dijo Tulaytuli-, desde ahora sólo se te conocerá como Natán el Sabio».

 

– Este cuento de G.E. Lessing («Natán el Sabio”) puede servir para situar el tema: «Tolerancia y conviven­cia». Comentario. “Todos los hombres somos del mismo linaje«. Sacar las conclusiones pertinentes.

 

– Estudiar la historia de la «convivencia de las tres civilizaciones» en Toledo y tratar de «aprender para hoy»: ¿qué nos enseña la historia y cómo «aplicar el ejemplo» hoy?

 

–   Lo mejor sería organizar una excursión a Toledo para ver y analizar cómo convivieron allí árabes, mu­sulmanes y cristianos. De no ser posible, se podría organizar, por ejemplo, un encuentro de oración por la paz y la convivencia. Las oraciones que siguen nos pueden servir para, una vez presentados los dis­tintos grupos que queremos hacer presentes en dicho encuentro, orar con algunos de ellos.

Orar con el Corán

«Es Dios -no hay más dios que Él-, el Conocedor de lo oculto y de lo patente. Es el Compasivo, el Misericordioso.

Es Dios -no hay más dios que El-, el Rey, el Santo, la Paz, el Que da Seguridad, el Custodio, el Poderoso, el Fuerte, el Sumo. ¡Gloria a Dios! ¡Está por encima de lo que Le asocian! Es Dios, el Cre­ador, el Hacedor, el Formador. Posee los nombres más bellos. Lo que está en los cielos y en la tie­rra Le glorifica. Es el Poderoso, el Sabio (Corán 59,22-24).

«Dios es la Luz de los cielos y de la tierra. Su Luz es comparable a una hornacina en la que hay un pabilo encendido. El pabilo está en un recipiente de vidrio, que es como si fuera una estrella ful­gurante. Se enciende de un árbol bendito, un olivo, que no es del Oriente ni del Occidente, y cuyo aceite casi alumbra aun sin haber sido tocado por el fuego. ¡Luz sobre Luz! Dios dirige a Su Luz a quien El quiere. Dios propone parábolas a los hombres. Dios es omnisciente» (Corán 24,35).

 

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. Alabado sea Dios, Señor del universo, el Compasivo, el Misericordioso, Dueño del día del Juicio. A Ti sólo servimos y a Ti sólo imploramos ayuda. Dirígenos por la vía recta, la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados (La fatiha, Sura 1).

 

Orar con los Judíos (Salmo 113 [1121)

 

¡Aleluya!

¡Alabad, servidores de Yahveh,

alabad el nombre de Yahveh!

¡Bendito sea el nombre de Yahveh,

 desde ahora y por siempre!

¡De la salida del sol hasta su ocaso,

sea loado el nombre de Yahveh!

 

¡Excelso sobre todas las naciones Yahveh,

 por encima de los cielos su gloria!

¿Quién como Yahveh, nuestro Dios,

que se sienta en las alturas,

 y se abaja para ver

los cielos y la tierra?

 

El levanta del polvo al desvalido,

del estiércol hace subir al pobre,

 para sentarle con los príncipes,

con los príncipes de su pueblo.

El asienta a la estéril en su casa,

 madre de hijos jubilosa.

 

Orar con los cristianos (Liturgia mozárabe de Pascua)

 

Escúchanos, Señor Dios nuestro

Luz inextinguible, Luz de la única Luz.

Luz que iluminas cuanto creaste.

Luz de los ángeles y de los arcángeles,

de todos los seres espirituales,

de todos los santos.

Sean nuestras almas como antorchas en tu presencia,

 cercanas a Ti, iluminadas por Ti.

 Brillen por la verdad

y ardan por la caridad,

brillen y no se oscurezcan.

Ardan y no se consuman.

 Tú que eres la luz, bendice esta luz,

 porque lo que llevamos en las manos

 Tú lo creaste y Tú nos lo diste.

Por esta luz que vamos a encender

disiparemos las tinieblas de la noche.

Así también, Tú arroja las tinieblas

de nuestros corazones.

Que seamos morada tuya,

 iluminada en Ti.

 

 

 

 

[1]El autor, profesor de Religión en el IES «Jaime Ferrán» de Collado-Villalba (Madrid), quiere dejar constancia de su agradecimiento a cuantos han colaborado en la elaboración de este trabajo: Mª Carmen Almansa, Mariano Díaz y Syl­via Suárez, compañeros del IES; Ángel Sáenz-Badillos, profesor de Judaísmo Postbíblico en la Universidad Complu­tense de Madrid y Emilio Galindo, director de «Encuentro Islamo-Cristiano».

 

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