De vuelta al cole: Encontrarse, Sumar, Integrar

He podido contemplar en estos días una de esas escenas que se suceden año tras año pero que no por repetida deja de ser impactante. Se trata de la vuelta al cole de tantos niños y niñas para el nuevo curso escolar. Junto a ello los medios de comunicación llevan unos cuantos días recordándonos el gasto por familia, las novedades de este curso e incluso alguno nombra el deseado “pacto por la educación” que nunca acaba de llegar. Si echas un vistazo a los distintos twitters, facebooks e instagrams, estos se cubren con hashtags como #vueltaalcole, #curso1718 y otros similares.

Es tiempo de comenzar de nuevo y como cada comienzo llega cargado de sus esperanzas y sus incertidumbres. Convencido de que en este curso nos van a pasar muchísimas cosas me atrevo a pensar en tres actitudes sencillas para echar a andar: encontrarse, sumar e integrar -perdón por la deriva matemática pero, a veces, la cabra tira al monte-.

Entre la marabunta de despedidas, con alguna lágrima incluida, y abrazos y saludos efusivos, del primer día de colegio, hubo una escena que me llamó la atención. Uno de los niños se asomaba tímidamente a la puerta de entrada al polideportivo donde se iban juntando todos antes de entrar en clase. Alzaba la cabeza y estiraba el cuello buscando algo o alguien. Parecía decepcionado porque no alcanzaba a ver lo que buscaba. Hasta que lo encontró. En ese mismo momento, le cambió la cara automáticamente. Este chaval había encontrado, entre los demás, a sus compañeros. Una sonrisa le iluminó el rostro y echó a correr hacia donde estaban sus amigos. Después de esto, un abrazo de los de verdad y mucha alegría en todos. Se había obrado un pequeño milagro: la preocupación y la incertidumbre habían dejado paso a la ilusión y la confianza. Primera lección: un nuevo curso es una oportunidad para encontrarse con los chavales, las familias, los amigos, con compañeros, con nuevas personas,… Y es en el encuentro entre personas, de corazón a corazón, donde pueden ocurrir cosas maravillosas. Ahora bien, para que el encuentro se produzca hay que estar abierto a él y también hay que buscarlo.

Se suceden también estos días, en la tele y otros medios, anuncios de ropa, cuadernos, estuches, rotuladores y ese millar de cosas que los profesores vamos pidiendo. Esto da lugar a todo tipo de ofertas, rebajas, descuentos, 2×1 y similares. Aquí no hay anécdota sino una reflexión. Segunda lección: un nuevo curso no es un tiempo de rebajas, no se trata de restar sino de sumar. No se trata de rebajar ni esfuerzo, ni dedicación, ni compromiso… Sino que un nuevo curso es el momento de añadir a nuestra vida motivos por los que luchar, sueños que alcanzar y retos que realizar. Un día, escuchando una conferencia, alguien habló de echar más fideos a la sopa de la vida para poder crecer, cambiar,… La idea me pareció sugerente. Un nuevo curso llega cargado de buenos propósitos de cambio… Y es posible que la única forma de lograr algún cambio real en nuestra vida sea sumando ilusiones, deseos, proyectos, no buscando rebajas.

 

El camerunés Loumkoua y el burgalés David. EFE

Y termino estas líneas con un recuerdo. Este verano, dos amigos, uno burgalés, el otro senegalés, se embarcaron en una pequeña locura en bici: ir desde Ceuta a Bruselas para llevar un mensaje a las autoridades de la Unión Europea a favor de la integración. El mensaje no era ninguna carta ni ningún manifiesto, sino su misma vida, su historia. La historia de dos personas, aparentemente muy lejanas y muy distintas que un día se encontraron y descubrieron que estaban mucho más cerca de lo que creían y que decidieron derribar las barreras de la desconfianza y los prejuicios para dar un espacio a la amistad. La iniciativa se llamó “De la frontera al corazón”. Tercera lección: un nuevo curso es una oportunidad para acoger e integrar. Durante este año seguro que nos encontraremos con compañeros nuevos, con personas nuevas, con situaciones nuevas… Ante ellas tendremos que elegir entre mantener nuestros prejuicios, nuestras ideas preconcebidas o bien decidirnos a acoger e integrar lo distinto, lo nuevo, lo desconocido… Lo bueno de integrar es que genera un espacio nuevo y un espacio habitable donde la riqueza de cada uno se puede compartir. Depende de nuestras elecciones.

Feliz curso en el que encontrarse, sumar e integrar.

Pedro Hernández, SDB, pastoralista en Salesianos-Soto del Real