¿Desconocidos de nosotros mismos, por no contemplarnos en Dios?

Llamando de nuevo a la puerta de los dioses

Por cuanto sabemos, el ser humano, para conocerse, ha pulsado siempre los timbres de las casas de los dioses. También los cristianos llamamos a la puerta de Dios para preguntar por nosotros.

Es innegable que hoy, en muchos aspectos y grupos humanos, asistimos  a un rebrote de la religión, sobre todo bajo la forma específica de retorno  de lo sagrado. Pero  quizás se trate más de una revancha irracional  que de un renovado hacerse cargo del sentido de la vida; quizás más que retorno , nos encontramos  ante desplazamientos producidos por miedos o pérdidas , nostalgias  o compensaciones.

Religión  y religioso suelen utilizarse para calificar actitudes y comportamientos  poco homogéneos. No en vano son los psicólogos  quienes más se han ocupado de las teorías de la experiencia religiosa, y no la antropología  o la fenomenología de la religión.

 

Invertir el recorrido : Dios como prueba del hombre

Con todo , constatar que el hombre de hoy – que los jóvenes, más particularmente  – siguen llamando  a la puerta de Dios  es un buen signo , una señal clara para orientar el sentido de la marcha educativa.

 

Puede ser, que durante  demasiado tiempo nos hayamos esforzado principal­mente en contar a los jóvenes qué quería de ellos el Gran Señor que estaba de­trás de la puerta que se acercaban. Temerosos de que se hicieran una falsa imagen de Dios, más que invitar a entrar, ofrecíamos pruebas para demostrar que había alguien dentro; más que narrar con pasión cuánta era la fe que tenía Dios en ellos, solicitábamos su fe en Él, con sospechosa insistencia en requerir algunas prácticas que la reflejaran.

 

Sin embargo, el Dios cristiano no anda por ahí. Jesús de Nazaret nos ha mostrado con claridad que, antes de y más que pedir la fe en Dios, tenemos que mostrar cuán grande es la fe que Dios tiene en el hombre o, mejor dicho, tenemos que anunciar y actuar el amor gratuito e incondicional con el que increíblemente nos mira y visita Dios.

 

Falsos son los dioses que falsean al hombre. Sólo puede ser verdadero el Dios que nos hace verdaderos, que «da pruebas» para hacernos verdaderos, esto es, que nos hace «a su imagen y semejanza» (no por nada, decimos que el cristianismo es la «religión de la humanidad de Dios»).

 

 

 

 

 

«Buenas noticias para los jóvenes

 

Los jóvenes necesitan una buena noticia de tal calibre .Nuestra sociedad hace que cada joven sea, en gran medida y según la poética expresión de F.Pessoa , un desconocido de sí mismo .La llamada cultural del simulacro  que nos rodea por todas partes, no sólo  asfixia muchas de las aperturas hacia el sentido sino que conduce a una especie de soledad neurótica , poblada  con gritos  de ¡sálvese quien pueda!.Si a ello  unimos la manipulación  y apoteosis de los deseos, el culto fetichista  de los valores  económicos y la ansiedad consumista, pocos podrían, no ya reconocerse cuanto admitirse con semejante identidad.

Razón llevan los jóvenes cuando quieren otra cosa por mucho no saber en concreto qué es lo que quieren. En este cuadro  hemos de pintar un horizonte distinto capaz de introducir en el ministerio  del amor transformador manifestado en cristo.

 

Las claves de este número

 

Teniendo en cuenta los momentos preveraniegos , poco propicios para la ebullición de actividades  formativas, Misión Joven ha pensado dedicar  casi monográficamente  este número de junio a estudiar en profundidad  el tema de praxis cristiana con jóvenes , aligerando  o suprimiendo  las páginas  que habitualmente  dedicamos a otras secciones.

 

Como telón de fondo el primer artículo pretende dar una visión global de los retos y perspectivas sobre cómo «educar en la fe a los jóvenes de Europa» (E. Alberich). Se pasa después a describir el «contexto pastoral» y las consiguientes pistas de respuesta eclesial (D. Sígalini). Tras la descripción de la situación tanto social como pastoral, se encara di­rectamente la propuesta de un proyecto de pastoral juvenil en sus líneas fundamentales (R. Tonel/1). Y cerramos las reflexiones sugiriendo diversas pautas para evaluar nuestras actuales praxis cristianas con los jóvenes (A. Martínez Riquelme).

 

José Luis Moral