“¿DÓNDE ESTÁN, SEÑOR, DÓNDE ESTOY?”

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Plegaria de ausencias a los pies de la cruz

 ¿Dónde están, Señor, dónde?

Tus amigos, tus elegidos, “tus enchufados”

Pedro, Santiago, Felipe, Mateo, Tadeo…

“Dichosos los perseguidos…” ¡Tal vez no lo entendieron!

¿Dónde están, Señor, dónde?

Aquellos a los que devolviste la vida,

la hija de Jairo, el joven de Naín, tu gran amigo Lázaro…

No te preocupes, dentro de unos días darán el pésame a tu madre.

 

¿Dónde están, Señor, dónde?

Los leprosos a los que sanaste o los ciegos a los que devolviste la vista,

y los endemoniados y los cojos y los sordos y…

Señor, perdona que te lo diga pero… “cría cuervos y te sacarán los ojos”

 

¿Dónde están, Señor, dónde?

Los más de cinco mil a los que saciaste el hambre

y las miles de personas que escuchaban cada día tus parábolas…

¿Falta de apetito, de memoria o de corazón?

 

¿Dónde están, Señor, dónde?

Aquellos que apenas hace unos días, unas horas

te proclamaron, por mayoría absoluta, rey y señor…

Acaso, ¿la cruz les ha hecho recapacitar de nuevo?

 

¿Y dónde estoy yo, Señor, dónde?

 

Es el momento de tomar una decisión: O sigues “echando balones fuera” o te sitúas al lado de María, de Juan y del resto de mujeres… ¡Tú decides!

 

¿Dónde estoy, Señor, dónde?

¡Qué pregunta! ¿Estás de broma?

Acaso, ¿tengo algo que ver con tus captores?

¿Soy yo responsable de tu crucifixión?

 

¿Dónde estoy, Señor, dónde?

Hoy, Señor, más que nunca, quiero responderte

con  mi presencia silenciosa

y con mi amor incondicional.

 José María Escudero

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