¿Dónde están vuestros cien hermanos?

Eran las navidades de hace tres años, pero la historia se repite. Antonio Zugastireflexionaba entonces a raíz del siguiente hecho.

“No había sitio para ellos en el barco. Y mucho menos en los aviones. Entonces decidieron meterse en el cayuco y lanzarse a la mar… Esta mañana la radio, en una breve nota, contaba el final de la aventura. Unos veinticinco habían sido recogidos por pescadores; cien habían desaparecido…”

También nosotros podemos reflexionar sobre estas excusas y ver cómo las hacemos nuestras o adaptarlas a la realidad de los jóvenes para convertirlas en oración que nos ayude a no volver la vista a otro lado ante esta u otras realidades y para no excusarnos con el consabido “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”

Ellos son víctimas inocentes de la enloquecida ambición del mundo rico, nuestro mundo, el que hacemos entre todos. Víctimas de unos países que nosotros hemos empobrecido. Víctimas atraídas como mariposillas por las luces centelleantes de nuestra hipócrita felicidad, por el brillo de nuestra estúpida ostentación. Víctimas que nuestra sociedad mira con la misma insensibilidad que a las mariposillas verdaderas.

El Padre viene a preguntarnos:

–¿Desaparecidos mis hijos? ¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–¡Ay! Bastante tengo yo ahora buscando regalos para toda la familia. ¡Para ponerme a buscar hermanos perdidos!

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Perdona, pero esta noche tenemos la cena de Navidad de la empresa y ahora no me puedo entretener

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–No sé, ahora voy a la parroquia a la celebración del Adviento. Ya preguntaré allí a ver si don Ramón sabe algo.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Lo que yo quiero saber es dónde están los compradores, que lo de las ventas de Navidad no es tanto como parece.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–No sé, eso es cosa del Gobierno, yo no sé nada.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Pregunta a “sus” gobiernos, “sus” gobiernos, ellos son los que tienen que cuidar de esas cosas

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Perdona, pero estamos cerrando el balance del año. Otro rato lo vemos eso.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–¡Ay, Dios mío, Dios mío! Con el follón de estos días no se encuentra a nadie. Por la parroquia desde luego no han venido.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–¿Cien hermanos? Bastante tengo yo con tres, y las cuñadas… y los suegros. ¡Menudo lío para darles de cenar a todos! Y con lo raritas que son algunas…

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–A propósito, ¿qué podría regalarle yo a mi nieto, que tiene de todo?

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–¿Pero no ve usted cómo vengo de cargao con las dichosas compras de Navidad? No me líe ahora, hombre.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Me llama luego al móvil, que ahora he quedado con una amiga en el Corte Inglés.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–Disculpe, no me puedo entretener. ¡Todavía tengo que mandar más de cien felicitaciones! Y es que en estos días tan entrañables de verdad que quiero felicitar a todos.

–¿Dónde están vuestros cien hermanos?

–…