Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre… (Mt 18,20)

Os puedo asegurar que utilizo el término comunidad a lo largo del día más de lo que pudierais pensar.

  • Como salesiano consagrado comparto vida y misión en una comunidad religiosa.
  • Como vicario parroquial animo la vida de la comunidad parroquial de un pequeño barrio de Madrid.
  • Y desde hace un par de años acompaño a dos grupos de jóvenes que quieren formar sendas comunidades juveniles.

La misma palabra para expresar la misma realidad, pero vivida de diferente forma.

El cristiano es un ser social por naturaleza. Nadie se hace cristiano en solitario. Así lo entendieron los primeros cristianos, y así se ha ido gestando, de diferentes, maneras a lo largo de la historia.

Sé que este número de Misión Joven está dedicado a las comunidades juveniles, a las diferentes formas de gestarse, de compartir, de vivir, de celebrar… Tal vez se me pueda criticar que poner una iglesia enorme y vacía con sólo dos hermanas no tenga nada que ver con el tema del número, que esté completamente perdido. Por eso os propongo su lectura desde las tres realidades que vivo:

  • Como consagrado: ¿Qué tipo de imagen de comunidad damos? Somos comunidades envejecidas, encerradas en nuestros quehaceres, muchas veces alejados de la realidad actual. Como las hermanas de la foto, distantes, dedicadas cada una a su oración en un templo enorme, distinto del mundo que hay tras la puerta. ¿Nuestras comunidades religiosas pueden ser ejemplo y ánimo para aquellos jóvenes que quieren dar un paso más en su vida de cristiano compartiéndola en comunidad?
  • Como vicario parroquial: ¿Con qué tipo de comunidades celebramos? Normalmente son celebraciones frías y distantes. La gente que participa de ellas apenas si se conoce entre sí. ¿Cómo hablar de comunidad si no nos conocemos? ¿Cómo celebrar con alegría y sentido en lo frío del templo y en la distancia? ¿La comunidad parroquial es ejemplo de vida para las comunidades juveniles, o las comunidades de jóvenes son huída de la vida parroquial?
  • Como acompañante de comunidades juveniles: Durante estos años he detectado en los grupos a los que acompaño un rechazo a la vida de iglesia, de parroquia y, en general, a todo lo que suene a arcaico. ¿Cómo compaginar la tradición, el sentido de iglesia, con los nuevos grupos que surgen llenos de vitalidad y dinamismo?

Como podéis ver, sólo son unas pequeñas reflexiones. Y algunas preguntas.

 jotallorente