Ejercicios para educadores con pasión y compasión

COMPASIÓN Y PASIÓN COMPARTIDAS

 

Proponemos una serie de ejercicios y textos que nos ayuden como educadores (no necesariamente educadores de la fe) a compartir experiencias, dudas, ilusiones…, vida. En el fondo de todos ellos se propone compartir la propia vida para llegar a ser, cada vez más, unos educadores apasionados y compasivos que aprenden y enseñan a vivir desde la vida.

 

 

Los vericuetos de la vida van apaciguando y purificando las pasiones del educador, pero en ningún caso pueden eliminarlas, sobre todo ese vivir apasionadamente la búsqueda de sentido propio y de los demás.

Los educadores que ahora dirigen el cotarro de la educación se iniciaron cuando sonaba una canción que recordaba que «Los tiempos están cambiando». Ahora podemos decir que los tiempos han cambiado ya y quizás con tanta fuerza que en algunos casos cunde el desconcierto: qué pasa que todo es distinto, qué pasa que no pasa nada, qué pasa que no sé cómo hacer…

El educador habrá tenido que cambiar perspectivas, actitudes y hechos pero no podrá menos de mantener la misma ilusión: esa ilusión apasionada que ayuda a buscar sentido a quienes parece que todo lo tienen pero están desorientados entre tantas señales todas aparentemente importantes (y por lo tanto ninguna importante); esa pasión ilusionada que enseña a buscar y seguir el propio camino en el océano de una realidad cada vez más virtual, donde parece que todo está pero nada se ve, y donde hay que aprender a distinguir, desbrozar, asimilar, transformar… lo esencial para vivir.

Educar con pasión implica, a la vez, tener un corazón compasivo que convierte a los más necesitados en los destinatarios primeros. Son ellos quienes nos dan las claves para ver por dónde y cómo podemos ir. No se trata de una compasión que mantiene abierta la herida sino que es capaz de descubrir el dolor antiguo, saldar cuentas, soldar heridas y abrir nuevos caminos.

Cansancios, frustraciones, desánimos, desconciertos o fracasos… llevan a la tentación de abandono. Habrá que recordar que no se puede ser sublime sin interrupción y, desde ahí, recobrar la pasión de educar desde al «compasión» de quien necesita vivir de otra manera. Entonces se podrá retomar cada día con ilusión esa tarea compleja pero apasionante de acompañar a quienes quieren vivir de verdad.

 

  1. Ver el presente desde los orígenes

 

Educadores (y educandos) que fuimos y que somos

Como educando Como educador
Recuerdos del día de mi primera clase o sesión
Lo mejor que han dicho de mí
Una anécdota que me haya sucedido
El momento más agradable
El momento más difícil
El gran error cometido que he tenido
El gran acierto llevado a cabo
El mejor resultado que he obtenido
El recuerdo más bonito u original
Los problemas más graves que he superado
Lo que me queda pendiente
La persona que más ha influido en mí
Las personas en las que más he influido
El mejor recuerdo

 

Sentido

Entre los educadores existe el peligro de educar no como vamos aprendiendo sino como nosotros fuimos educados. Por eso es importante saber dónde estuvimos y dónde estamos.

Conviene recordar nuestra propia experiencia para descubrir dónde estuvimos (como educandos, como alumnos) y dónde estamos (como educadores) y ver si hay alguna relación entre esas estancias. A la vez es importante descubrir los cambios que se han dado en nosotros en un doble sentido: ver cómo ha variado nuestra memoria de lo que fuimos (como educandos) y cómo hemos cambiado (como educadores). Todo ello para descubrir nuestra raíz y ver el presente desde nuestros orígenes.

 

Desarrollo

  1. Se reparte el documento fotocopiado o reescrito. En este caso se pueden incluir nuevas preguntas, específicas según al grupo que vaya dirigido.
  2. Cada miembro del grupo lee en silencio las preguntas y rememora lo que le recuerden. Puede escribir en el recuadro correspondiente una palabra de recordatorio.
  3. En pequeños grupos (de 3 a 5 personas) ponen en común lo que han recordado. Es importante escuchar con atención a quien habla, dando espacio y tiempo para la narración de es historia personal.
  4. Se sacan conclusiones y se ponen en común. Podemos centrarnos a partir de unas preguntas: ¿Seguimos apasionados por la educación? ¿Qué nos hace seguir así?

 

 

  1. Vivir el presente desde lo que queremos ser

 

            El educador que soy y quiero ser

  1. Yo soy educador porque…
  2. Yo soy educador para…
  3. Como educador me apasiona…
  4. Estoy ilusionado con…
  5. Me dedico más a…
  6. Como educador, lo más difícil es…
  7. Estoy agradecido a…
  8. Yo soy feliz cuando…
  9. Lo que más me disgusta es…
  10. Cuando he estado mal, he encontrado consuelo en…
  11. Sé que se tienen menos necesidades cuando más se sienten las ajenas, por eso yo…
  12. Sé que hay más alegría en dar que en recibir, por eso…
  13. Quien más me ha influido como educador…
  14. Todavía me falta por aprender…
  15. Todavía me falta por hacer…
  16. De quienes soy educador dicen de mí…
  17. Estoy orgulloso de…
  18. A Dios yo…
  19. A los demás yo…
  20. He aprendido que para vivir…
  21. He aprendido que para vivir solidariamente…
  22. Ser educador y cristiano implica…
  23. El Evangelio implica…
  24. Yo quiero…
  25. Yo espero…

 

Sentido

Conviene tomar clara conciencia de educador o ver cuál es la identidad que de hecho nos mueve desde el fondo de nosotros mismos. También aquí interviene el pasado, pero nos situamos especialmente en el presente (lo que ahora vivimos) desde el futuro (lo que queremos vivir, que nos ayuda a transformar el presente). Lo hacemos de forma proyectiva, mediante estas frases incompletas porque el primer destinatario es cada uno: que se dé cuenta de dónde está y a dónde quiere llegar.

 

Desarrollo

  1. Se fotocopian las frases y se dan a cada persona.
  2. Los miembros del grupo se ponen por parejas. Se explica que, primero uno y después otro, habrán de leer todas las frases y continuarlas de forma rápida, sin pensaras demasiado.
  3. En cada pareja se elige quién va a hablar primero. El otro ha de escuchar hasta el final.
  4. Después de que han terminado, comparten en cada pareja qué sentimientos han tenido.
  5. Se hace la puesta en común: descubrimientos que han tenido, conclusiones…

 

 

  1. Dirigir y educar con diversos estilos

 

El perfil del líder

«Modus operativo» Lema del estilo Inteligencia (emocional) Funciona mejor…
Coercitivo Exige obediencia inmediata «Haz lo que te digo» Orientación al logro, iniciativa, autocontrol En momentos de crisis y con empleados problemáticos
Orientativo Motiva a personas hacia una visión «Ven conmigo» Autoconfianza, empatía, catalización al cambio Cuando los cambios requieren nueva visión o se necesita dirección
Afiliativo Crea armonía y fomenta relaciones «Las personas primero» Empatía, desarrollo de relaciones de comunicación Situaciones de estrés, cuando se necesita motivación y mejores relaciones
Participativo Crea consenso a través de participación «¿Qué piensas?» Colaboración, liderazgo, comunicación Para fomentar consenso o compromiso y las mejores aportaciones de todos
Imitativo Fija pautas de excelencia exigentes «Haz como yo» Constancia, orientación al logro, iniciativa Para obtener resultados rápidos de equipos motivados y experimentados
Capacitador Desarrolla personas para el futuro «Inténtalo» Desarrollo de otros, empatía, conciencia emocional Para ayudar a empleados a mejorar o desarrollar su potencial a largo plazo

 

Sentido

Los mejores líderes de las empresas utilizan diversos estilos de dirección para conseguir buenos resultados. D. Goleman identifica seis estilos de liderazgo diferentes con una raíz común: la inteligencia emocional. Encuadra su análisis planteando una situación similar a los palos de golf que un profesional lleva al campo: «A lo largo del partido, el jugador elige los palos en función de las particularidades del hoyo. El jugador intuye el reto por venir y saca la herramienta adecuada para conseguir el mejor resultado».

Según Goleman, los buenos líderes deberían trabajar de la misma manera. Los directivos que obtienen los mejores resultados no dependen únicamente de un estilo de liderazgo en particular, sino que utilizan muchos de ellos a lo largo de un periodo determinado en función de la situación de su negocio. ¿No podríamos aplicar lo mismo a los educadores, sobre todo a los directivos? ¿Y se podría extrapolar esto al aprendizaje o a la relación del profesor con sus alumnos o del animador con su grupo?

 

Desarrollo

  1. Realizar una lectura de los estilos de liderazgo desde las necesidades y tareas educativas.

¡ ¿Qué aplicaciones puede tener cada uno de esos estilos para la educación?

¡ ¿Cuándo creemos que habría que utilizar cada uno de ellos? Señalar situaciones concretas.

  1. Aplicar los estilos de liderazgo a nuestra actuación personal y colectiva como educadores.

¡ ¿Con qué estilo de liderazgo se identifica más cada uno? ¿Cuáles creemos que dominamos?

¡ El antídoto para los directivos es crear equipos cuyos miembros demuestren los estilos que a él le faltan. ¿Cómo se puede hacer esto en la educación?

 

 

  1. Ser educador: las claves esenciales

 

            Decálogo del Educador

  1.        La educación consiste en lograr que cada personas sea cada vez más persona: que pueda «ser» más, y no sólo que pueda «tener» más.

 

  1.        Educar es un arte. Y el arte de educar incluye: Prevenir la aparición de experiencias negativas; Educar en positivo proponiendo el bien con vivencias adecuadas y envolventes; Hacer que los jóvenes crezcan desde dentro; Saber ganar el corazón de los jóvenes.

 

  1.        El educador moderno debe saber leer con atención los signos de los tiempos para individuar los valores que atraen a los jóvenes: la paz, libertad, justicia, participación, promoción de la mujer, solidaridad, desarrollo, necesidades ecológicas…

 

  1.        El educador se entrega al bien de los educandos y está con ellos, permanece a su disposición y mantiene con ellos una profunda concordancia de sentimientos y capacidad de diálogo.

 

  1.        El educador participa en la vida de los jóvenes y se interesa por sus problemas, procura entender como ellos las cosas, toma parte en sus actividades deportivas o culturales y en sus conversaciones.

 

  1.        En la espontaneidad y alegría de las relaciones es donde el educador perspicaz encuentra modos concretos de intervención, tan rápidos en la expresión como eficaces por la continuidad y el clima de amistad en que se realizan.

 

  1.        El educador integra los valores permanentes de la tradición con las soluciones nuevas para afrontar con creatividad las nuevas demandas y los problemas. Por eso debe poseer una sensibilidad especial por los valores y las instituciones culturales adquiriendo un conocimiento profundo de las ciencias humanas.

 

  1.        La educación es una tarea de mente y corazón que exige adquirir sensibilidad pedagógica y evaluar lo que sucede en el individuo y en el grupo a fin de formar personalidades maduras. Por eso el educador ha de experimentar y renovar con creatividad nuevos procesos de educación.

 

  1.        La escuela, además de fomentar el desarrollo de la dimensión cultural, social y profesional de los jóvenes, debe proporcionarles una eficaz estructura de valores y principios morales para vivir y actuar de modo coherente, positivo y honrado en una sociedad que se caracteriza por la tensión y situaciones conflictivas.

 

  1.  El educador quiere y forma de verdad a los jóvenes cuando les propone ideales de vida que los transcienden y acepta caminar con ellos en la maduración cotidiana de su opción.

 

Sentido

He aquí un decálogo para educadores en general y para educadores de la fe en particular. Cada punto alude a grandes aspectos generales. Por eso necesita una concreción  y aterrizaje específico en cada grupo. Puede servir como punto de partida para descubrir cómo son nuestros grandes ideales educativos y cómo los vamos poniendo en práctica. También nos puede ayudar a descubrir caminos concretos que nos ayudan a convertirnos en educadores de verdad. Pero este decálogo tiene cierta trampa, de la que nos podemos servir para trabajar mejor con él, dependiendo de los grupos con los que se quiera trabajar. (Ver el desarrollo).

Ser cristiano implica ser educador, y ser educador implica en el fondo tener una serie de actitudes que coinciden con lo esencial del Evangelio. Por eso podríamos haber mantenido en el título el apelativo de «educador cristiano». Se puede poner o habrá que hablar de ello al final.

 

Desarrollo

  1. Leer el texto e ir comentando: ¿Qué nos parece? ¿Qué se da entre nosotros? ¿Qué no se da? ¿Qué tendríamos que hacer para que se diera? ¿Cómo se puede concretar todo eso?
  2. Decíamos que este decálogo tiene truco: Lo hemos elaborado a partir de la Carta de Juan Pablo IIIuvenum patris, con ocasión del centenario de la muerte de Don Bosco (1988). Y por lo tanto se puede poner su firma debajo. No lo hemos hecho para no condicionar a determinadas personas (para bien o para mal: algún obispo preguntaba que qué hacía este decálogo en una publicación de carácter cristiano), pero el animador puede señalarlo o incluso colocar debajo «Elaborado a partir de Juan Pablo II».
  3. Lo bueno sería trabajar con el contenido sin firma, como con cualquier otro texto, y al final declarar su origen. ¿Cuál es nuestra reacción entonces?
  4. Si se quiere complicar, se puede poner como autor a otra personas: Carlos Tedesco, o Mayor Zaragoza, por ejemplo. Si se quiere ser muy osado, se puede poner la firma de Fernando Savater. En todos los casos, al final se dice que proviene de un texto más amplio de Juan Pablo II.
  5. Es el decálogo del educador «cristiano». ¿Qué tiene de específico cristiano?

 

 

  1. Ser optimistas y educar con realismo y esperanza

 

            Decálogo para llegar a ser optimistas

 

  1. Piensa en positivo

Busca el lado positivo de las situaciones y convierte los pensamientos negativos en positivos: la angustia se atenuará. Los pensamientos positivos se formularán poco a poco por sí mismos y ayudarán a afrontar los momentos más difíciles.

 

  1. Elimina el estrés

Aprende a aceptar las dificultades inevitables de la vida y ten siempre en cuenta los imprevistos que subvierten los planes preestablecidos. Para combatir el malestar psicofísico, reconoce y respeta las campanillas de alarma del organismo: toma una pausa, aunque sea sólo de unos minutos, cuando estás cansado… Y simplifica al máximo la vida estableciendo prioridades.

 

  1. Cree en ti

Rechaza el pesimismo cósmico y el fatalismo. Repetir frases como «Debería haber hecho tal cosa» es típico de quien tiene miedo de afrontar las dificultades y delega fácilmente el futuro al destino. Si tienes un pensamiento negativo, pregúntate si hay pruebas convincentes del propio pesimismo: si existen realmente, no dramatices («Con el tiempo iré mejor»); si los resultados son desilusionantes, no te eches la culpa a ti mismo sino busca las diversas causas; si el asunto requiere una reacción inmediata, no pierdas tiempo pensando si la situación es real o falsa y actúa con prontitud.

 

  1. Di adiós a la inseguridad

La inseguridad y la timidez son marcas que algunos llevan consigo desde la infancia. El inseguro se esconde, se infravalora, se humilla, rechaza los cumplidos… Tiende a excusarse demasiado y se echa todas las culpas. Tiene el clásico comportamiento del perdedor, que termina por ser tratado como tal por los demás, especialmente en el trabajo, aunque tenga la capacidad de ser protagonista y vencedor. Intenta plasmar en una hoja tu propio retrato, destacando las características positivas.

 

  1. Elimina el sentido de culpa

Para no dejarse enredar en el sentido de culpa, selecciona los compromisos y establece cuáles son deberes reales y cuáles obligaciones de las que puedes prescindir.

 

  1. Prevén y controla la ansiedad

No valores de manera exagerada las situaciones que has de afrontar ni pienses que no vas a estar a la altura de las circunstancias, pues se anticipa el fallo en tu propio pensamiento y a veces llega a ser real: nos bloqueamos en el momento crucial, palpita el corazón y nos sudan las manos. Para prevenir la ansiedad, haz profundos ejercicios respiratorios, cierra los ojos y piensa en algo agradable, fija entonces la atención en lo que debes hacer y elimina los pensamientos negativos. Visualiza mentalmente lo que sucederá imaginando obtener el mejor resultado posible. Y acepta los propios límites.

 

  1. Vive relajadamente

Afronta las dificultades con más confianza aprendiendo a gozar del relax: realiza ejercicios relajantes en casa, cultiva intereses y lleva a cabo aficiones fuera del trabajo sin caer en una nueva red de obligaciones.

 

  1. Quiérete bien a ti mismo

Si «estás bien», serás más comunicativo y altruista. Busca tu propio bienestar sin olvidar la importancia de las otras personas: no te enredes en obligaciones, no te sometas a dietas masacrantes y frustrantes, respeta los ritmos del propio sueño y hazlos compatibles con los compromisos de trabajo, evita las personas aburridas y negativas. El deporte y el cuidado del cuerpo mejoran el tono muscular, facilitan el humor y aumentan la autoestima.

 

  1. Ríe y sonríe

Esforzarse por sonreír, incluso a sí mismo frente al espejo por la mañana, ayuda a afrontar mejor la jornada. Proponerse sonreír, incluso a contra gusto, a quienes encontramos durante la jornada, atrae la simpatía y difunde el buen humor. Y al fin de una jornada fatigosa busca películas cómicas y compañías alegres.

 

  1. Enseña a los niños

Los niños aprenden el pesimismo ante todo de la madre (y el padre) y, después, de las críticas de los de los adultos. El primer paso hacia el optimismo es enseñarles a que se den cuenta de la conexión entre adversidad y sus consecuencias. Se debe explicar al niño que lo que piensa cuando parece que todo va mal determina cómo se siente. El proceso que permite cambiar con el tiempo su modo de ver las cosas pasa por pedirle que cuente una experiencia vivida por él como desagradable, intentar dar juntos una interpretación positiva y ayudarle a exteriorizar los sentimientos críticos hacia sí mismo y hacia los otros.

 

                                                Adaptado de Daniela Cessa

 

Sentido

La pasión y la compasión requieren un espíritu alegre y optimista, que es lo mismo que decir esperanzado; en caso contrario corren el peligro de convertirse en imposición y manipulación, actitudes nada educativas. De ahí este decálogo que nos da las claves para ver cómo actuar desde el realismo y desde la esperanza.

 

Desarrollo

  1. Leer y compartir experiencias: ¿Cómo actúa cada uno? ¿Qué es lo más le cuesta al respecto?
  2. Aportar también ideas: ¿Cómo poner en práctica y llevar a cabo lo que ahí se sugiere en cada caso?

 

 

  1. Ser un educador libre y apasionado

 

            Testamento vital de un educador
  1. «Tenéis razón de acusarme de suscitar dudas en vez de ofrecer certezas».
  2. «Para los sensibles la vida es una tragedia; para los sensatos, una comedia».
  3. «Leemos mal el mundo, y después decimos que nos engaña» (R. Tagore).
  4. «El que no se arriesga se expone a mayores peligros».
  5. «Sólo los peces muertos siguen siempre la corriente del río».
  6. «Es necesario tener reglas, porque a los humanos nos fallan a veces los principios».
  7. «El problema no estriba en meterse en la cabeza ideas nuevas, sino en cómo sacarse de la cabeza las ideas viejas» (Tom Peters).
  8. «Si me quieres, quiéreme más cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite».
  9. «Las personas nos diferenciamos ya desde los 10 años en el grado que creemos que valer o no-valer depende o no del propio esfuerzo» (Dweck y Eliot).

 

(Y para nosotros, los profesores:)

¡ «La forma más segura de corromper al joven es enseñarle a apreciar más a los que piensan como él que a los que piensan de manera diferente» (Nietzsche).

¡ «Abandonarse en exclusiva al libro de texto es un exceso de confianza que luego la paga nuestra profesionalidad horadada por la más excelsa de las rutinas y del abatimiento pedagógico».

 

            Frases vitales, seleccionadas por José Antonio León

 

Sentido

El 22 de marzo de 2000 moría de repente, a los 62, años José Antonio León, orientador y profesor en un centro público de Elche. De él se podría decir que fue un educador libre y apasionado que pensaba siempre en los más necesitados y los estimulaba y animaba con frases sencillas y actitudes de acogida y confianza. Murió inesperadamente con la sonrisa iluminándole el rostro, y hasta 18 de sus órganos vitales se repartieron por toda España para dar vida a otras tantas personas que necesitaban un trasplante. Antes había dado la vida y había sembrado la ilusión como educador en León, Coruña, Vigo, Colombia, Segovia o Elche. Por eso su funeral se convirtió en una fiesta juvenil. Y sus compañeros y alumnos del instituto reprodujeron en la revista del centro las frases del documento anterior, que iba precedido del siguiente párrafo:

 

«Posiblemente la mejor biografía de José Antonio, como persona y como profesional, será la que se refleja en sus frases preferidas, las que tenía pinchadas en el corcho de su despacho y que mostraban su talante de «gran maestro»: aquel que guía y orienta. Aquí tenemos algunas».

 

Desarrollo

  1. Leer y comentar las frases sin más. ¿Qué nos parecen?
  2. ¿Con cuáles estamos de acuerdo? ¿Con cuáles no? ¿En qué sentido?
  3. Comunicar entonces el origen de esa selección: son las frases vitales de un educador (Ver «Sentido»). Leerlas desde ahí.
  4. Escribir la frase que cada uno dejaría como testamento de su vida: lo que ha pretendido como educador. Hacer una lista común y difundirla en el centro educativo…

 

 

  1. Ser educador: las actitudes fundamentales

 

            Si educas, dedica tu tiempo

Si educas, dedica tu tiempo a pensar:

es la fuente del poder

que Dios nos concede

para imponernos ante la adversidad.

 

Si educas, dedica tu tiempo a soñar:

rechaza lo que sueñas en vano

y vive que los sueños son el secreto

de la eterna juventud del espíritu.

 

Si educas, dedica tu tiempo a leer:

es el manantial de tu sabiduría,

que Dios te ha otorgado

para enriquecer al mundo.

 

Si educas, dedica tu tiempo a orar:

habla con tu Padre del cielo,

verás que es la mayor fuerza en la tierra,

aquello que te guiará en el camino de tu vida.

 

Si educas, dedica tu tiempo amar y ser amado:

es un privilegio concedido por Dios,

es lo más hermoso de la vida,

aquello por lo que se rige y mantiene.

 

Si educas, dedica tu tiempo a ser amable:

es el camino hacia la auténtica felicidad,

es el símbolo

por el que todos te han de conocer.

 

Si educas, dedica tu tiempo a reír:

ríe y sigue riendo,

verás que es la música del alma,

la más bella de cuantas melodías se han compuesto.

 

Si educas, dedica tu tiempo a dar

sin esperar nada a cambio:

se es más feliz al dar que al recibir.

 

Si educas, dedica tu tiempo a la caridad:

es la llave maestra que te abrirá…

todas las puertas del cielo.

 

                                                FLORENCIO A. RABANILLO (CRA «Villas del Sequillo»)

 

Sentido

Este texto es una adaptación de otro previo y general, que el autor, profesor de Religión, aplicó a los educadores. Recalcamos la importancia de «dedicar tiempo» a lo que serían actitudes fundamentales, aunque a veces las dejemos de lado.

 

Desarrollo

  1. Comentar cada punto en pequeños grupos.
  2. Señalar, sobre todo, cómo los lleva a cabo cada uno, qué dificultades encuentra, de qué le sirve…
  3. Siguiendo el mismo esquema, elaborar otros dos puntos que refleje lo que cada uno hace y lo que debería hacer.

 

 

  1. Ser un educador comprometido y liberador

 

            «Contigo, Paulo Freire, aprendí…»

Hoy es 4 de abril de 1995. Son las 12’15 de la mañana y estoy en un tren que acaba de salir de la estación de Alicante con destino Madrid. Hace dos horas estabas pronunciando una conferencia y hace diez minutos nos acabamos de despedir después de una agradable conversación en un café cercano a la estación.

En el tren hay música ambiental y suena un bolero de Armando Manzanero que empieza diciendo algo así como «Contigo aprendí que existen nuevas y mejores emociones. Contigo aprendí a conocer un mundo nuevo de ilusiones. Descubrí que la semana tiene más de siete días, a hacer mayores mis contadas alegrías y a ser dichoso yo contigo lo aprendí…» Y he pensado que el título del bolero coincidía con el de esta especie de «reflexión-relectura-redescubrimiento» de lo que yo aprendí contigo desde que, hace ahora 21 años, escuché por primera vez tu nombre. (Y no fue precisamente en la Escuela de Magisterio, sino en una iglesia de un barrio de Bilbao).

 

            Contigo aprendí… que existía un tipo de educación que yo hasta entonces desconocía. Pensaba que la educación era el acto de depositar, de transferir, de transmitir valores y conocimientos y resulta que tú, a eso, le llamabas educación bancaria: ese tipo de educación en el que el «saber», el conocimiento, es una donación de quienes se juzgan sabios a quienes se juzgan ignorantes.

            Contigo aprendí… que existe otro modelo de educación al que tu llamabas educación problematizadora o liberadora: una educación en la que los educandos van desarrollando su poder de captación y de comprensión del mundo que, en sus relaciones con él, se les presenta no ya como una realidad estática sino como una realidad en transformación, en proceso. Esta educación se fundamenta en la creatividad y estimula la reflexión.

 

       En el tipo de «educación bancaria»               La «educación liberadora»
¡ El educador es siempre quien educa; el educando, el que es educado.

¡ El educador es quien sabe; los educandos quienes no saben.

¡ El educador es quien piensa; los educandos son los objetos pensados.

¡ El educador es quien habla; los educandos, quienes escuchan dócilmente.

¡ El educador es quien disciplina; los educandos, los disciplinados.

¡ El educador es quien opta y prescribe su opción; los educandos, quienes siguen su prescripción.

¡ El educador es quien actúa; los educandos son aquellos que tienen la ilusión de que actúan.

¡ El educador es quien escoge el contenido programático; los educandos, a quienes jamás se escucha, se acomodan a él.

¡ El educador es el sujeto del proceso; los educandos, meros objetos.

¡ Desmitifica constantemente la realidad.

¡ Considera el diálogo como lo fundamental para el aprendizaje.

¡ Despierta la creatividad.

¡ Estimula la reflexión y la acción sobre la realidad.

 

¡ Refuerza el carácter histórico de los hombres y de las mujeres y los reconoce como seres en proceso, inacabados.

 

¡ Apuesta por el cambio sin exclusivizarlo.

¡ Se hace revolucionaria.

 

¡ Presenta las situaciones como problemas que resolver.

¡ Humaniza a los hombres y a las mujeres mediante la búsqueda del ser más en la comunión y la solidaridad.

 

 

            Contigo aprendí… una frase que desde entonces se quedó grabada en mi mente, aunque a veces en la práctica diaria se me olvida (cada vez con más frecuencia): Ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a si mismo; las personas se educan en comunión, mediatizadas por el mundo.

            Contigo aprendí… que la persona, en cualquier época y lugar del mundo, nace ontológicamente inconclusa, pero potencialmente «capaz de aprender a decir su palabra», es decir, de acercarse críticamente a la realidad.

 

            Contigo aprendí… que la educación es «llegar a ser críticamente consciente de la realidad personal, de tal forma que se llega a actuar eficazmente sobre ella».

            Contigo aprendí… que «concientización» es algo más que la «toma de conciencia», que incluye además el compromiso con la acción, con el cambio.

            Contigo aprendí… que la educación con sus programas y sus métodos, debe consistir en hacer que la persona llegue a ser sujeto, que se construya como persona, que transforme el mundo, que entable con los demás relaciones de reciprocidad, que haga su cultura y su historia.

            Contigo aprendí… que una educación que no está hecha de diálogo, mata el poder creador no sólo de aquel que se educa sino también del educador, en la medida en que éste se transforma en una persona que «impone fórmulas y comunicados», pasivamente recogidos por sus alumnos, nadie crea, ni el que impone, ni aquellos que reciben. Ambos se atrofian. Es la negación misma de la educación.

ÁNGEL SÁEZ (Revista «Enseñar-Ensoñar» 1995)

 

Sentido

Traemos aquí este texto, cuyo envío debemos a Pepe Gándara, como ejemplo de lo que sería la estructura de un esquema educativo apasionado y compasivo.

Las circunstancias educativas han cambiado de hace medio siglo a esta parte. La Reforma educativa ha exigido planteamientos que antes sólo estaban en algunas personas dectectoras. Pero en la realidad sigue habiendo educadores a quienes les cuesta apasionarse por la educación o que no saben cómo hacerlo, y educandos perdidos en los muros de la Enseñanza Obligatoria… O sea, en todo momento podemos volver sobre estas ideas para convertirlas en vida apasionada. En el fondo traduce también lo que después hemos concretado en las líneas fuerzas de aprender a ser, aprender a vivir, aprender a convivir y aprender a aprender. Todo un reto y toda una tarea apasionantes.

 

Desarrollo

  1. Pensar antes de nada en las personas que han influido en nosotros como educadores. Hacer la lista de ellos. Después incluir su nombre en la frase «Contigo, N., aprendí…» y concluirla.
  2. Repasar los puntos de la filosofía educativa de Paulo Freire recordados en el documento. Cada persona del grupo puede presentar uno de ellos y ver que problemas plantea, qué retos presenta, qué dificultades ofrece, cómo se podría poner en práctica. Después todos se centran en cada uno de ellos concretando actitudes educativas y líneas de actuación.
 
           Maestro

Tú que has de guiar y dar luz a mi alma,

ten conciencia de su fragilidad,

no me mires con ceño adusto si no te entiendo todavía,

ten paciencia.

No siempre reprima tu genio mis impulsos,

no te moleste mi bulliciosa alegría,

que nunca tus problemas personales repercutan en nosotros,

recuerda que tus sentimientos se siembran en nuestro corazón.

Danos amor, confianza, fuerza de voluntad

y deseos de superación, y nunca siembres odio,

desconfianza o desesperación.

No llenes mi frágil inteligencia con nociones superfluas;

enséñame lo útil, lo verdadero, lo bello.

Maestro: que mis ojos aprendan a ver y mi alma a sentir.

Desentraña la belleza de cuanto nos rodea y házmela gustar.

Trátame con dulzura, maestro, ahora que soy pequeño;

quién sabe qué dolores me deparará el destino y,

en medio de ellos, el recuerdo de tu benevolencia

será para mí un estímulo. No me riñas injustamente,

averigua bien la causa de mi falta

y verás casi siempre atenuada mi culpabilidad.

Ámame, maestro, como ama el padre a sus hijos,

porque yo también, aunque no sepa mostrártelo,

te amaré mañana mucho más que hoy,

cuando aprenda tus enseñanzas.

Si tú me enseñas con amor, tus lecciones serán provechosas,

pero, si no me amas, no podré comprenderte nunca.

Cultívame, maestro, como el jardinero a las flores

que le dan encanto y aroma: yo también perfumaré tu existencia.

Recuerda que no hay semilla que no dé frutos

si es cultivada con amor; yo he de ser tu obra maestra:

procura enorgullecerte de ella.

Maestro, mi buen maestro que has de dar luz a mis ojos,

aliento a mi cerebro, bondad a mi corazón, belleza

a mi alma, verdad a mis palabras, rectitud a mis actos,

¡no desoigas mi suplica!