El árbol: experiencia, imagen, oración

Nota

  • José Miguel Burgui nos ha enviado la Plegaria del árbol (ver «Poema», p. 16) y la imagen que un antiguo alumno suyo pintó a partir de ese poema (ver «Imagen», p. 15). Nos daba cuenta también de su origen, texto que reproducimos más abajo, sobre todo para la reflexión de los educadores en varios sentidos: ir con los ojos bien abiertos para descubrir la realidad, saber buscar el origi­nal y ser capaz de recrearla.

E Hacía también una glosa a partir de uno de sus versos relacionándolo con la expe­riencia (ver más abajo). Señalaba también alguna propuesta para trabajar a partir del poema y de la imagen, que aquí reelabora­mos en la página siguiente.

  • Proponemos trabajar unitariamente a partir de la imagen (pp 14-15), la plegaria (p.16) y la experiencia concretada en los dos textos que siguen.

CUADERNO JOVEN

Origen y sentido

Acudo a la Escuela de educación ambien­tal de 46388 Godelleta (Valencia) [Tfno 961 800 340], y veo adosada en una de las pare­des de los jardines, en bella cerámica, el poema Plegaria del Árbol. Nada más verlo, me intereso por él: no consta autor y quiero saber su origen. Hablo con el encargado de la Escuela y me ofrece el original a la vez que indica su primera procedencia: lo halló en una aldea desconocida del valle cacereño del Tiétar.

Cotejo el original escrito de la aldea con el de la cerámica y veo con pena que falta algo, exactamente esta frase: «Soy la Madera de tu ataúd». Pregunto a qué se debe esta supre­sión y la respuesta es que educadores y monitores no quisieron ponerla para que ningún joven la leyera. Ante eso, manifiesto mi desacuerdo: vida y muerte van unidos y no somos quiénes para ocultar una realidad que nos pertenece a todos. Parece que hoy día es tabú -así lo hemos convertido- el hecho de la muerte…

Una vez que logro el original completo de esta Plegaria al Árbol, acudo a un dibujante: se llama José Mendoza y yo le había dado clase a los 14 años (ahora tiene 36). Le entrego el poema original y le pido que cree un dibujo a partir de él. Aquí lo presento para desentra­ñarlo y recrearlo en el grupo, haciéndolo cre­cer desde un desconocido poblado abando­nado en la vida de los jóvenes.

 

Experiencia: «Gracias por defenderme»

«Hasta el gorrión ha encontrado una casa, la golondrina un nido donde colocar sus polluelos» (Salmo 83).

«Defiéndeme de la mano enemiga», nos dice el árbol. Ayer vi cómo unos jóvenes habían herido un pino, golpeándole en el tronco con una piedra. El pino estaba san­grando y dejaba escurrir la resina. Y con sor­presa, muy cerca, observé también a dos niños que recogían unos polluelos de gorrión, los cuales había sido arrojados de sus nidos por el fuerte vendaval que hacía; los colocaron entre hierbas secas. Querían salvar sus vidas. Les comuniqué que lo más seguro era que murieran. Eran implumes y habían recibido un fuerte golpe al caer de aquellos árboles al suelo. Uno de los chiqui­llos le dio un beso a uno de los pollos y el otro se puso muy triste. Querían ser salva­dores de vidas.

Sé tú salvador, no destructor. Colabora, defiende al árbol, no le hagas ni sangrar ni llorar. Él nos da mucho a cambio de nada. Cuando hoy pases junto a un árbol, óyelo bien, míralo bien, defiéndelo de la mano ene­miga y por lo bajo háblale y prométele que serás su amigo y le ayudarás. ¡Enhorabuena, joven si haces algo de esto! cuando comas un fruto, cuando estés debajo de la sombra de un árbol, cuando te sientes en una silla o te apoyes en una mesa, dispuesto a comer, piensa: es del esqueleto de tu amigo el árbol. Gracias por defenderlo.

JOSÉ MIGUEL BURGUI

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