El arte de empatizar

“La empatía es la única ideología capaz de cambiar el mundo”

Esta frase de María Mariscal encontrada en las redes, cuando preparaba unos buenos días para las plataformas sociales, me ayudó a descubrir una nueva faceta del Adviento y de la Navidad. Jamás me había planteado la idea de que mi fe se la debo a un acto puro y duro de empatía. Jamás había pensado que el 25 de diciembre celebraré próximamente la fiesta del Dios de la empatía.

face-985960_640

Y es que, cuando el mundo entero está más pendiente de las antipatías o no empatías del nuevo presidente americano, Dios vuelve a empatizar con el hombre en esta Navidad. Es verdad que lo hace con toda la condición humana, sea cual sea, pero no cabe duda de que deliberadamente escoge empatizar con su expresión más cruel y menos ortodoxa y no por ello menos actual.

Lo hará en el seno de una humilde muchacha repudiada, en un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio; empatizará con el hombre, naciendo en una pequeña familia de refugiados que huían de la tiranía y que acaban, después de una desesperada búsqueda, en un inhóspito pesebre, rodeado de animales, como lo hacían los más pobres; lo hizo al ser presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse el lujo de un cordero… Tanto empatiza Dios con los olvidados de la historia, que se identifica con ellos “tuve hambre y no me diste de comer”.

¡Cuán grande es la dignidad humana!, que todo un Dios, dejando a un lado el alarde de su categoría divina, se introduce de lleno en nuestra condición, rebajándose a sí mismo para elevarnos a nosotros. ¿Acaso no es un motivo de esperanza en este adviento que vuelve a atravesar nuestra vida? ¿Acaso no es un motivo para tomar la empatía con el otro como criterio de autenticidad y de seguimiento fiel? ¿Acaso no hemos de educar a nuestros jóvenes en el arte de empatizar como moneda de transformación social y como medio para descubrir el rostro de Cristo en el más necesitado? Dios se pone en mi lugar. Sólo poniéndome en el lugar del otro, puedo encontrarme con el Dios de la empatía.

Pepelu Aguirre Macías (Plataformas sociales de la inspectoría Salesianos María Auxiliadora)

Compartir
Artículo anteriorEcología
Artículo siguientePastoral de la alegría