EL BUEN VERANEANTE

Se levantó entonces el director de una de las agencias de viaje más prestigiosas del país y le dijo para tenderle una trampa:

–Maestro, ¿qué debo hacer para pasar unas vacaciones de ensueño?

Jesús le contestó:

–¿Qué ofrece a sus clientes?

El director respondió:

–Bueno, ya sabe, calidad, precios asequibles, gran variedad para elegir, seguridad, confianza…

Jesús le dijo:

–Ha respondido correctamente; haga eso y sus agencias estarán siempre llenas de clientes.

Pero él, queriendo justificarse, preguntó de nuevo:

–¿Y quién es mi cliente?

Jesús le respondió:

–Un hombre se encontraba en el mismo lugar de vacaciones que tres de sus mejores clientes. Las deudas, la miseria, la soledad, el desamor o… (ponga usted alguna de las lacras que invaden nuestro mundo) se habían colado de forma cruel en nuestro protagonista. El primero de sus clientes se encontró con él y, al verlo, pasó de largo (“A mí nadie me amarga mis vacaciones”). Igualmente el segundo, al llegar junto a él, se desvió y siguió su camino (“Ya cumplo sobradamente con mis obligaciones durante nueve meses… Bien merecido tengo un descanso”). Pero el tercero de sus clientes, al verlo, se acercó, entabló conversación con él, le escuchó, le animó y, juntos, pasaron unas vacaciones de ensueño… ¿Quién de los tres le parece que regresó de sus vacaciones más contento?

El director contestó:

–…

No, no es un fallo de imprenta, al director le sonó repentina y sospechosamente el móvil… y se dio a la fuga.

Amiga, amiga, durante este verano, si quiere pasar unas magníficas vacaciones, allí donde se encuentre (lo de menos es el lugar) observe el rostro de Dios, escuche su voz, atienda a su llamada… Él se hará presente en alguno de sus hermanos (conocidos o desconocidos) que necesitan urgentemente de una mano amiga…

José María Escudero