El método

(2005). Dirección: Marcelo Piñeyro. Guión: Mateo Gil y Marcelo Piñeyro´

El argumento de la película nace de una obra teatral El método Grönholm, de Jordi Galcerán Ferrer. El predominio del diálogo sobre la acción física, el reducido espacio interior en el que se desarrolla casi exclusivamente y la importancia de la expresividad de los actores nos lo recuerdan constantemente. El reto del director Marcelo Piñeyro consiste en transformarla en un producto cinematográfico.

En el exterior de las calles madrileñas un numeroso grupo de personas se manfiesta ruidosamente contra la globalización. Humo, voces, pancartas se extienden en un ambiente de confusión.

“Mi visión de este momento del mundo no es muy esperanzada. Hay signos que van en contradicción. Yo hasta aquí, había centrado mis películas en tipos que colisionaban con el sistema por accidente o por convicción. Y la colisión era el relato. Aquí, la colisión, de producirse, está en tipos que buscan estar más integrados. Y en definitiva uno ve que, ni allá ni acá, el sistema tiene respuesta “para ser más feliz”. Tampoco hay respuestas alternativas al sistema. Por lo menos yo no las veo. Por eso también el marco que captura ese día en el que se realiza una marcha contra el G5. Allí hay una tensión muy fuerte entre dos mundos coexistiendo que se ignoran mutuamente. La intención nuestra fue hacer una instantánea de la sociedad contemporánea. Obviamente en la película no damos la respuesta porque no la tenemos.”

Mientras, un hombre de aspecto y atuendo atildado, se prepara para asistir a una importante entrevista laboral. No es el único. Se une a los demás solicitantes, de personalidades diferentes, pero con idéntico objetivo: conseguir el puesto Y comienza una lucha despiadada, aunque rara vez se perderán los modales, para eliminar a los demás contrincantes.

“Por eso también elegimos comenzar la película como comenzamos. Le dimos muchas vueltas: a ver si arrancábamos directamente en la empresa o en el inicio de ese día. Ese comienzo, más que presentar personajes, porque ya los va a presentar la película en la empresa, presenta el día: hoy en Madrid, están estos grupos y están estos otros. Para los candidatos al puesto de ejecutivo, los otros, es decir los manifestantes, sólo son un incordio, una incomodidad para llegar a horario. No tienen capacidad de reflexión sobre lo que sucede. Ni siquiera para estar en contra. Por eso elegí también la fragmentación de la pantalla. En un mundo fragmentado, y en una comprensión del mundo totalmente fragmentada, es imposible unir las partes salvo cuando estás en tu pecera. Y en tu pecera no ves lo que pasa. Sentís los ruidos, nada más. Me importaba que existiera lo fragmentado porque creo que uno de los graves problemas de este relato que nos meten hoy es que te plantea una realidad totalmente incomunicada, fragmentada, lo que hace que sea incomprensible. Pero es el único modo de aceptar el relato único.”

Se despliegan tácticas sorprendentes, se buscan complicidades o chivos expiatorios, se buscan alianzas ocasionales, no faltan las bajezas para reducir el número de los competidores. Sólo uno puede permanecer en el edificio.

“La realidad hoy es mucho más compleja. Tanto en la época de la dictadura, o en el nazismo, por ejemplo, la realidad era tan brutal que estaba bien marcada la línea entre buenos y malos. Hoy no es así: la línea está muy difusa. El poder se expresa de una manera muy perversa. En épocas de dictadura el relato es muy unívoco y a ese poder dictatorial es muy fácil circunscribirlo. Hoy hay miedo cierto de tener una voz diferente sobre lo que significa el terrorismo. Hay miedo cierto de tener una voz diferente y decir lo que está sucediendo en Oriente Medio. No se escuchan voces reales porque tienen miedo. Además hay una descalificación de todo mensaje opuesto, y eso unifica mucho más el relato. No hay otras maneras de contar la realidad y entenderla. Yo creo que el hoy y aquel momento son muy distintos. En la actualidad existen cosas mucho más brutales, mucho más feroces en la construcción del único relato, que en definitiva siempre es el objetivo del poder.”

El grupo reducido en un ambiente claustrofóbico lo encontrábamos en Doce hombres sin piedad (1967)” de Sidney Lumet, en Cube (1997) de Vincenzo Natali y Smoking room (2002) de J. D. Wallovits y Roger Gual. Otro grupo confinado en un espacio cerrado, enfrentado a la necesidad de sobrevivir y de construir una nueva sociedad, aparecía en El señor de las moscas (1954) de William Golding.

Pistas de reflexión

  1. ¿Se nota el lastre teatral del argumento o Marcelo Piñeyro logra crear una película dinámica? ¿Qué recursos utiliza par conferirle vivacidad?
  2. ¿Qué sucede en la calle y en el interior del edificio? ¿Qué se pretende con el contraste? ¿Qué aspectos refleja de nuestra sociedad? ¿Qué sugiere el final?
  3. ¿Qué tipos de liderazgo y de métodos se aprecian en El señor de las moscas y El método? ¿Cuál resulta más democrática? ¿Y totalitaria? ¿Con cuál nos sentiríamos mejor?

Augusto Fernández