EL PAPEL DE LA EVANGELIZACIÓN EN EL PARADIGMA DE LA PASTORAL JUVENIL

Javier Igea

Sacerdote Consiliario de las Congregaciones Marianas de la Asunción

Este artículo, escrito por quien ha sido Delegado de Pastoral de Juventud de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, presenta una forma concreta, entre otras posibles, de primer anuncio del evangelio. Agradecemos su envío al autor.

Hace tiempo nos planteábamos cómo las Jornadas Mundiales de la Juventud podían ayudar a definir algunas notas del paradigma de la Pastoral Juvenil. Entendemos por paradigma el conjunto de características que definen de modo único un modelo y lo distinguen de otros modelos aplicables a otras realidades. Entendido así, el paradigma de la pastoral juvenil es una realidad lo suficientemente amplia como para poderse adaptar a sus diversas circunstancias y, a la vez, lo suficientemente precisa como para poder distinguir la pastoral juvenil de otras realidades, pastorales o no, como por ejemplo, lasONG’s u otros tipos de pastoral (pongamos la pastoral de novios, la universitaria, la catequesis, etc.).

 

Por tratarse de una realidad pastoral, entre las notas constitutivas del paradigma, han de estar el primado de la gracia y la educación en la aspiración a la santidad También el paradigma ha de tener en cuenta los destinatarios (jóvenes evangelizados), construir una pedagogía, fijar unos objetivos y buscar los  medios específicos, y mediante éstos, diseñar las actividades propias de la pastoral juvenil (peregrinaciones, ejercicios, reuniones de formación, encuentros, etc.) para fortalecer la fe de los jóvenes. Sin embargo, también es necesario tener en cuenta que en la realidad no siempre es fácil trazar las fronteras entre los diversos aspectos teóricos de la misma; esto es, uno no siempre cuenta con jóvenes evangelizados con aspiración a la santidad, que responden al 100% a las convocatorias: la paciencia y la necesaria flexibilidad y capacidad de adaptación han de ser siempre una propiedad de quien trabaja en pastoral juvenil.

 

En este artículo queremos plantear en detalle el desarrollo de la dimensión evangelizadora dentro de esta pastoral, desarrollo que no siempre es fácil de hacer.

1 Importancia de la evangelización dentro de la pastoral juvenil

 

El paradigma de la pastoral juvenil ha de integrar los elementos de la eclesiología. En nuestros días es común articular la eclesiología en torno a la Iglesia como misterio, comunión y misión. Por ello, en la pastoral juvenil, los jóvenes deberán experimentar a la Iglesia en torno a estas tres notas. He aquí la base teológica de la dimensión misionera de la pastoral juvenil. Los jóvenes han de ser introducidos al misterio de la Iglesia como misión, para, desde aquí, ser ellos misioneros.

 

Un signo de los tiempos potente en la actualidad es, como es sabido,  la llamada a la Nueva Evangelización. Una búsqueda en Google revela que Juan Pablo II usó más de 800 veces estos términos en sus discursos, documentos y homilías, aun cuando no siempre lo hizo en el sentido preciso de las mismas. Este número nos da una idea de la importancia que tuvo el concepto de Nueva Evangelización en su pontificado. Lo mismo podemos decir de Benedicto XVI. En numerosas ocasiones este Papa mostró preocupación por la transmisión de la fe en Occidente, y de hecho la convocatoria del Sínodo sobre la Nueva Evangelización fue un testimonio fehaciente de la solicitud de Benedicto XVI por la misma.

 

Para llevar a cabo esta tarea educativa de los jóvenes como misioneros se pueden tener en cuenta laEvangelii Nuntiandi y la Redemptoris Missio (RM). Se puede proponer a los jóvenes un estudio de ambos documentos o se pueden preparar materiales de formación adecuados para ellos basados en estos dos documentos. La finalidad es comprender que “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (EN 14) y que, por tanto, la evangelización no es una opción, un extra de un cristiano que quiera ser generoso con el Señor, sino una exigencia y una consecuencia de una fe viva.

 

No sólo es necesaria una formación teórica en la dimensión misionera de la Iglesia, sino que ésta ha de ir acompañada de una espiritualidad misionera (cf. RM VIII)). Para este fin, el fomentar el conocimiento y la devoción a los dos santos patronos de las misiones, san Francisco Javier y santa Teresa de Lissieux, se ha mostrado como una herramienta muy eficaz. Los jóvenes se sienten identificados especialmente con santa Teresa de Lissieux, quien, cuando su espiritualidad es presentada adecuadamente, tiene una capacidad de fascinación muy grande, quizá debida a su sensibilidad y al hecho de ser una santa joven, a la que ellos sienten muy cercana.

 

La espiritualidad misionera procurará encender en los jóvenes el amor por la humanidad, la pasión por la evangelización, llevándoles a participar del amor y de la pasión de Jesucristo por el hombre: “Padre, yo por ellos me consagro” (Jn 17,19). El conocimiento de la persona de san Pablo es una ayuda inestimable a este respecto. El modo de llevarlo a cabo pasa por introducir estos temas en las adoraciones juveniles y en otros  momentos de oración, así como por fomentar la oración de intercesión por los demás, la oración misionera por sus amigos alejados del Señor, o por quien se encuentra en dificultad.

2 Una manera de llevarla a cabo

Como se ha dicho anteriormente, la Iglesia existe para evangelizar (EN 14). Por ello, todo cristiano, también si es joven, está llamado a ser misionero; forma parte de su vocación. Pero es necesario que como pastores despertemos adecuadamente esta vocación. Esto quiere decir que nadie debe ponerse a evangelizar por las buenas, sin que se haya despertado en él la vocación por la evangelización y la haya sentido en lo hondo de su corazón; esto es, ser misionero no es algo que yo decido hacer, sino una gracia que yo recibo, una llamada que experimento a la Nueva Evangelización. No hacerlo así es tener todas las papeletas para un fracaso, que además hará daño en las personas destinatarias de la misión, y que quizá las aleje más del Evangelio.

Por esto, la nueva evangelización, sólo puede ser llevada a cabo por cristianos maduros en su fe. Esto lo vemos claramente si consideramos el Evangelio, donde encontramos el ejemplo de san Pedro. Pedro recorre un itinerario que debe ser el itinerario de cada apóstol de la Nueva Evangelización. Este itinerario pasa por un conocimiento externo del Señor (Pedro lo tuvo durante la vida pública de Jesús), una confianza excesiva en sus propias fuerzas, la caída de las negaciones, el encuentro con el Señor antes de su muerte, la aparición de Cristo resucitado y la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Sólo cuando Pedro ha concluido este itinerario puede lanzarse a la misión, se nos narra en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Es decir, un paso previo, pero esencialmente necesario, a la salida a la Evangelización es la experiencia del poder del Espíritu Santo y el encuentro con Cristo Vivo y Resucitado. Por ello, será muy conveniente actualizar la invocación al Espíritu Santo en comunidad antes de salir a evangelizar, por ejemplo con algún tipo de oración similar a las que se hacen en la renovación carismática. Pero no se debe esperar que el momento inmediatamente anterior a la evangelización sea el momento de encuentro con el Espíritu Santo; esto sería una temeridad.

El modo de lleva a cabo la nueva evangelización es mediante una presentación adecuada del kerigma en un encuentro evangelizador. Un análisis de los discursos de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas paulinas descubre tres elementos en el kerigma:

1)     la proclamación de Jesucristo como Mesías ungido por el Espíritu y Kyrios,

2)     la afirmación de su muerte redentora por los pecados de los hombres, y,

3)     la llamada a la conversión a los destinatarios del kerigma.

Tanto Pedro como Pablo predican su propia versión del kerigma en la que siempre se encuentran los tres elementos citados. Es esencial que cada joven evangelizador construya su propia versión del kerigma con sus propias palabras, para poder comunicarla a los demás. Evidentemente, como se ha dicho, este punto es muy exigente e indica la seriedad de la Nueva Evangelización. Ésta no es un pasatiempo o un añadido extra en la vida de un cristiano mediocre, sino que sólo quien haya tenido una experiencia profunda de conversión podrá llevarla a cabo con temor y temblor por la grandeza que ésta tiene.

La pedagogía del kerigma

Creo que se puede afirmar que la Iglesia de Occidente no tiene todavía bien desarrollada la pedagogía del kerigma. Ciertamente tenemos una muy desarrollada pedagogía catequética; hay materiales de gran calidad para los años de preescolar, infantil, primaria, etc. Pero no hay materiales pedagógicos para elkerigma. En mi opinión no puede haberlos, porque el primer anuncio ha de contar con una pedagogía propia que intentaré sintetizar. Es la comunicación de una experiencia personal y no la profundización en una doctrina catequética. Por esto debemos dejar a un lado el sueño de tener unos materiales y una sistematización para el primer anuncio, pues la única pedagogía posible es la del testimonio personal de la fe.

Esta es la razón por la que esta pedagogía del kerigma ha de excluir el “dar lecciones”, ya sea de modo consciente o inconsciente. Hay que evitar frases del tipo “en el catecismo se afirma que Dios es amor” o “si lees en el evangelio la parábola del Hijo pródigo, la entenderás muy bien porque se aplica a tus circunstancias”. Este tipo de planteamientos pertenecen a la segunda etapa de la formación de la identidad cristiana, la del conocimiento y profundización en la fe, pero son totalmente estériles en el primer anuncio, precisamente porque la persona no ha recibido el don de la fe. Cuando se profieren o se tienen en el inconsciente, el sujeto que evangeliza no está realizando el primer anuncio, sino que lo está evitando, porque no está diciendo lo que Dios ha hecho en su vida (la experiencia de Pedro).

En estos casos la fuerza del Espíritu queda relegada a un segundo plano, y está actuando en el hombre la fuerza de su razón. No quiero decir que se deba negar la razón o proponer cosas irracionales, sino ponerla al servicio de la fe y de la gracia. Quizá la persona que intenta evangelizar desde la razón y no desde la fuerza del Espíritu está poniendo a la fe como consecuencia de la razón, y no poniendo la fe en primer lugar.

Lo mismo podemos decir de la actitud de la reducción de la evangelización a un “intentar convencer”. Inconscientemente vamos con todo un bagaje de argumentaciones para los diversos casos y dificultades que encontramos en un proceso evangelizador. Es un signo de poca conversión. El “estar siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza” no es dar razón de todas las cuestiones difíciles que el hombre moderno pueda tener en su cabeza sobre el magisterio de la Iglesia. Hay que hacer un esfuerzo por poner de lado estas argumentaciones en nuestros encuentros de evangelización con personas alejadas de la fe cristiana.

¿Cuál es pues, la pedagogía del kerigma? En mi opinión no hay otra que la del testimonio personal de la acción salvadora de Cristo en la propia vida. La fuerza de esta proclamación del kerigma no reside en la propia sabiduría humana (estaríamos manipulando o convenciendo a los hombres), sino en la fuerza del Espíritu Santo que acompaña la acción del evangelizador.

Es lo que leemos en los Hechos de los Apóstoles y en la cartas de san Pablo. Ponemos, como ejemplo, las tres citas siguientes del Nuevo Testamento:

  • “… cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado[… ]. Mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1Cor 2, 1-2).
  • “cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza y el poder del Espíritu Santo y con plena convicción” (1Tes 1,5).
  • “… todavía estaba exponiendo Pedro estos hechos, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la Palabra” (Hech 10, 44).

El modo de llevarlo a cabo implica los siguientes pasos:

  • una reflexión personal del evangelizador sobre la salvación de Dios en su vida;
  • la construcción de un discurso personal testimonial que contenga los tres elementos del kerigmacitados anteriormente, basado en esta salvación de Dios, y,
  • la comunicación a los demás de esta versión personal del kerigma solo bajo la acción del Espíritu Santo. Por ello, la evangelización ha de ir precedida de momentos intensos de oración e invocación al Espíritu de Dios. Es muy conveniente también que exista un envío del obispo o de un presbítero, cuando la evangelización se hace de modo organizado.

3 Algunos consejos prácticos

A la hora de llevar a cabo este modo de evangelización de los alejados, quizá sirva tener en cuenta lo siguiente:

  • hacer escuelas de evangelización, donde se forme a los futuros evangelizadores: nadie debería lanzarse a evangelizar sin tener la adecuada formación intelectual ni espiritual, máxime teniendo en cuenta que este tipo de actividades a veces atraen a personas que no siempre tienen el necesario equilibrio psicológico. Estas escuelas de evangelización deben profundizar en temas como los siguientes: lo que es el kerigma, la conexión entre éste y la vida de las personas, el testimonio, cómo responder cuestiones difíciles, y presentar los elementos de apologética más necesarios para la evangelización. Asimismo deben acompañar a los jóvenes en el proceso espiritual preparatorio para la misión.
  • Desarrollar las habilidades en los jóvenes misioneros para poder llevar a cabo una entrevista en la que de verdad se presente el kerigma. Estas pueden ser las siguientes (entre otras):

◦        acercarse a los demás en actitud de ágape, conscientes de que son personas amadas por Dios. La Redemptoris Missio pone como nota de la espiritualidad misionera el “amar a los hombres como Jesús les ha amado” (RM 89);

◦        crear un clima de cordialidad en  los primeros momentos del encuentro; esto es interesarse en verdad, como se interesaría Cristo, por la persona con la que estamos tratando;

◦        conocer los sufrimientos y anhelos de toda persona, para poder ofrecer un enganche con el evangelio. Nuestro mundo herido necesita personas que puedan ayudar a los demás a sanar sus heridas echando aceite sobre ellas;

◦        ir en una actitud contemplativa, conscientes de que se está desarrollando un ministerio, y que se está colaborando con el amor de Dios en el momento de la misión;

◦        tener fortaleza sobrenatural para poder sobrellevar la dureza de algunos encuentros, que pueden dejar afectado al misionero y necesitar la fuerza de la oración para recuperar la esperanza.

  • Evangelizar siempre desde la comunión fraterna. En la Iglesia nadie evangeliza solo, pues el cristiano pertenece a una comunidad de vida. Las actividades misioneras han de llevarse a cabo desde la fraternidad, creando ámbitos y tiempos donde ésta se viva previamente a la misión. Es la misión de la Iglesia, entendida como comunidad y presente en una comunidad pequeña, la que se lleva a cabo. Por ello, también es muy importante evangelizar en pareja (reproduciendo el envío del evangelio), y si puede ser de chico-chica, mejor. El evangelizar desde la fraternidad además aumenta la confianza del misionero y le da fuerzas, pues se siente arropado por toda una comunidad.
  • Creación de materiales misioneros, como estampas con oraciones, frases de la Palabra de Dios, medallas, cruces, evangelios, etc. La entrega de una medalla (un sacramental) puede convertirse en una ocasión preciosa para invitar a las personas a recibir una bendición de un sacerdote, a recordarles o anunciarles la protección de la Virgen María, o a hacer una oración y llevarla consigo toda la vida. La experiencia corrobora la eficacia de estos signos sacramentales.

En cuanto al modo práctico de diseñar actividades misioneras, la experiencia dice que es conveniente hacerlas girar en un radio no muy grande alrededor de una Iglesia abierta en la que confluya un número suficiente de gente, preferiblemente en tiempos de ocio. Una Iglesia abierta en la que en el interior se celebra una vigilia de oración con el Santísimo expuesto, acompañada con decoración especial, y con buena música, es un ambiente propicio para la acción de la gracia. Fomenta el encuentro con Dios por medio de la belleza y el testimonio de jóvenes orando que conecta muy bien con la sensibilidad de la gente. De por sí es una escuela de oración que enseña e invita a orar. Dado el gran número de personas que se acercan a la Iglesia, es conveniente disponer de un equipo de acogida, para poder proponer a la gente el primer anuncio en la manera explicada en estos momentos. También es conveniente disponer en la entrada de la Iglesia de materiales para repartir con oraciones, evangelios, etc.

El llevar a cabo la misión en momentos de ocio tiene la ventaja de la gente tiene tiempo para escuchar y dialogar, y quizá se encuentre aburrida. Así, una posibilidad real es hacer la misión en las playas en verano, pues la curiosidad suscitada por el encuentro con un misionero de este tipo en la playa hace que las personas estén dispuestas a escucharlo. En el ambiente playero se pueden además proponer juegos, hacer coreografías tipo flash-mob, e invitar a la gente a actividades que en otros momentos se tengan en las iglesias cercanas.

4 Conclusión

En este breve artículo se han expuesto algunas maneras de desarrollar de modo práctico los elementos de una pastoral juvenil evangelizadora. El desafío que supone la vivencia de los mismos procurará unos jóvenes conscientes de su vocación, convertidos al Evangelio, e identificados con Jesucristo. La experiencia de que es posible realizar las actividades de las que se habla en este artículo, y que dan frutos insospechados.  Quiera Dios que sean muchos los que se decidan a remar mar adentro y echar las redes confiando en la Palabra del Señor: serás pescador de hombres….

 

Javier Igea