En el planeta joven: retos y propuestas en la transmisión de la fe

Mons. Raúl Berzosa

Obispado Oviedo

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El artículo parte de la nueva situación social (sociedad post-cristiana), señalando algunos rasgos que, en ella, definen a los jóvenes, e identificando sus valores y actitudes fundamentales, para concentrarse especialmente en la relación jóvenes-religión. De manera sintética señala los retos que ponen a la iglesia, las dificultades de los evangelizadores, y propone algunos ejes de acción en la perspectiva de una pastoral de evangelización y misión.

  1. ¿Qué está sucediendo con la transmisión cristiana de la Fe?[1]

Sin realizar análisis excesivamente profundos ni extensos, podemos concluir, en un primer momento, que, social y eclesialmente, estamos en una época nueva. No es la Iglesia primitiva, es decir, la novedad primera del anuncio cristiano, salvo en países de primera evangelización o misión ad gentes; ni estamos en la denominada “época de cristiandad” (si alguna vez existió), ni tampoco anclados en una experiencia de nacional-catolicismo, propia de otras décadas recientes. Estamos situados en una sociedad post-cristiana (algunos la llamarán “de la increencia”) donde conviven al menos tres tendencias desde el punto de vista religioso:

– Los restos (que no residuos) de núcleos de cristiandad tradicionales, y de familias y de comunidades abiertas a lo cristiano y confesionalmente “cristianas”;

– La indiferencia junto al nuevo renacer de paganismo-neopaganismo;

– y, poco a poco, aparece una tercera modalidad: la de las “nuevas formas de religiosidad” (especialmente las englobadas bajo la genérica denominación de potencial humano o de New Age).

En los últimos siglos, los fundamentos o pilares de la transmisión de la fe eran la familia, la escuela y la parroquia. Dichas instancias se complementaban y trataban de ayudarse. Incluso, de forma implícita, “colaboraba” toda la sociedad y su cultura en dicho cometido de transmitir la fe a las nuevas generaciones. ¿De qué manera? – En los usos y costumbres, en las celebraciones sociales y festivas, en los valores aceptados tradicionalmente, en la mentalidad y en el imaginario colectivo. La transmisión de la fe era “lo que específicamente tenía que ser” (personalización consciente) y, además y en muchos casos, “la religiosidad oficial imperante”, esa especie de socialización religiosa natural.

Hoy, en nuestra sociedad moderna-postmoderna, postcristiana, abierta, plural y secularizada, existe una disociación clara entre la comunicación del cristianismo (o transmisión de la fe) a las nuevas generaciones y el proceso de socialización (o de inserción social). Las preguntas están en la calle: “¿Se puede ser cristiano y ciudadano moderno (como si enfrentaran dogmatismo contra tolerancia)? ¿Qué aporta el cristianismo como específico cuando alguien es ya un buen ciudadano?”.

Para responder adecuadamente a estos interrogantes debemos Asomarnos Y reflejar qué rasgos más definidos ofrece este nuevo suelo socio-cultural en el que nos movemos. Sucintamente, en las páginas que siguen, me atreverá a subrayar y concretar algunas características sin repetir lo escrito por mi persona en otras obras, y siempre de la mano de diversos autores y publicaciones relativamente recientes. Se reflejan en revistas científicas o de divulgación que suelen ser más flexibles al género de ensayo. Nos adentramos por lo tanto, sin ser exhaustivos, en algunas pinceladas que definen el llamado planeta joven.

  1. Algunos rasgos que definen el planeta joven[2]

Soy consciente de que se han escrito cientos de artículos y libros sobre el tema de los jóvenes. Pero también soy consciente de que nunca se hablará o se escribirá lo suficiente sobre ellos. Para la sociedad, y para la Iglesia, son una provocación y un reto, son el presente y el futuro más valioso. En diversas ocasiones hemos expresado que los jóvenes son como la esponja o el termómetro de la nueva cultura. Su mundo recoge y adelanta los nuevos fenómenos sociales, con lo que supone de retos y posibilidades para la evangelización.

Nos parece muy sugerente la idea de comenzar identificando los tres valores o actitudes fundamentales de la juventud de hoy: be free (ser libre), puenting (coleccionismo de experiencias); connecting people (estar conectado).

Recientemente nos han llegan los datos del estudio «Jóvenes españoles 2005», basado en una encuesta a 4.000 jóvenes de 15 a 24 años. Es el sexto estudio general que elabora la Fundación Santa María desde 1982 para analizar aspectos como los valores, orientaciones políticas, religiosidad y tiempo de ocio de la juventud.

Nos creemos en la obligación de hacer un brevísimo resumen del mismo, para encuadrar lo que diremos a continuación. Por primera vez, menos del 50 por ciento de los jóvenes españoles se consideran católicos y la Iglesia es la institución de la que más desconfían, según un informe donde la juventud se define como «egoísta» y «consumista».

En la presentación del trabajo, de más de 400 páginas, el autor del capítulo dedicado a la religión, Juan González-Anleo, subraya que el alejamiento de los jóvenes de la Iglesia «se ha acelerado de forma sorprendente» desde hace diez años, cuando el 77 por ciento se declaraba católico, mientras que hoy el porcentaje no llega al 50 por ciento, «un descenso de más de 25 puntos». En 1994, dos terceras partes de los jóvenes afirmaban que eran miembros de la Iglesia y que pensaban seguir siéndolo; en 1999 ya eran sólo la mitad y en 2005, un 29 por ciento. Ello obedece a la creciente secularización de la sociedad, la «impopular postura de la Iglesia» en temas como la ley que regula el matrimonio entre personas homosexuales, el aborto y la sexualidad y a los cambios políticos en una «dirección laicista».

Todas estas razones también se asocian a que los jóvenes coloquen a la Iglesia como la institución en la que menos confían y a la que critican por su «excesiva riqueza», «su injerencia en política y su conservadurismo en materia sexual». De las instituciones, sólo cinco de las 16 propuestas en la encuesta «aprueban»: las organizaciones de voluntariado (un 69 por ciento confía mucho o bastante en ellas), el sistema de enseñanza (60 por ciento), la Seguridad Social (54), la Policía (51) y la UE (50).

Sobre valores e identidades, el catedrático de Sociología Javier Elzo lamentó la imagen negativa que los jóvenes tienen de sí mismos: se ven consumistas, rebeldes, independientes, egoístas y con poco sentido del deber. Las razones de esta «autoconcepción» residen en el «efecto inducido por su propia imagen social, en general negativa (vagos, indolentes…), que de alguna manera han internalizado», y, por otro lado, «los jóvenes, pese a declararse libres y felices, ni son libres ni están felices; en el fondo están muy atados, básicamente a su familia», por su dificultad para emanciparse.

A juicio del sociólogo, esta baja autoestima, que además es mucho más acentuada que en 1994, es uno de los datos más preocupantes del estudio. Cada vez conceden menos importancia al trabajo, a la competencia profesional y al estudio, mientras que los problemas que más les preocupan son las cuestiones «cotidianas y próximas» en detrimento de las relativas al “mundo global”, agregó Elzo.

Los problemas sociales más importantes para los jóvenes son, en primer lugar, el terrorismo, seguido por la droga, la vivienda y la violencia doméstica, y los que menos inquietud les suscitan son la corrupción política, la contaminación y el medio ambiente, la pobreza, la marginación y la seguridad ciudadana.

El estudio refleja el enorme desinterés y desapego hacia los políticos: el 75 por ciento cree que sólo buscan su propio interés; el 15 opina que trabajan por el interés general. La autora de este capítulo, Maite Valls, destaca que el 46 por ciento de los jóvenes no se decantaría por un partido político si hoy hubiera elecciones. La mayoría se sitúan en el centro (28 por ciento), seguido por el centro izquierda (26 por ciento) y la extrema izquierda (13). Uno de cada cuatro jóvenes se siente más identificado con su comunidad autónoma que con España.

Dedican su tiempo libre y de ocio a escuchar música (98), ver la televisión e ir al cine (94), salir a bares, cafeterías o pubs (93) y escuchar la radio, fundamentalmente programas de deportes o música (93). Descienden respecto a 1999 la lectura de libros, la práctica de deportes y la asistencia a museos. La mitad de los jóvenes salen todos los fines de semana y la mayoría regresa a casa pasadas las cuatro de la madrugada. Un tercio opina que beber alcohol o hacer un «botellón» es una razón importante para salir de marcha.

Después de la lectura de estos datos, ¿es justo calificar a nuestros jóvenes, como se ha hecho en la prensa, de agnósticos, consumistas y egoístas?… ¿O más bien, como hemos venido repitiendo en nuestro escrito, ellos son sólo el termómetro, la esponja y el espejo de los valores que la sociedad prima en estos momentos?

De cualquier forma, para nuestra pastoral de evangelización, y para nuestras comunidades cristianas siguen siendo un reto y una esperanza. Hay que apostar por ellos e invertir más medios humanos y personales. Y con una certeza en el corazón: sembrar sin esperar recompensas inmediatas.

  1. Jóvenes y religión[3]

 

¿Es cierto que en los jóvenes se está dando desafección hacia lo religioso o, por el contrario, acercamiento? La respuesta es compleja. Hace algunos años, 22 sociólogos europeos, se reunieron en Ascona (Italia). Sacaron las conclusiones de una muestra realizada entre 24.516 jóvenes de 16 países europeos en edades comprendidas entre los 18 y 29 años. Las principales tipologías resultantes son éstas: 23 % son “no religiosos”, divididos en dos grupos: ateos y agnósticos. Predomina el sexo masculino y, en ética, adoptan una moral de situación (el bien y el mal son relativos y dependen de cada circunstancia). Nacionalidades: alemanes del Oeste, franceses, belgas, holandeses.

En el otro extremo, “los religiosos”. Suman un 11 %. Dos versiones: neocatecumenales y militantes sociales. Practicantes, confían bastante en sus iglesias. Predominan las chicas. Países: Irlanda, Italia y Portugal. Otro 23 % son los “tibios o light”, quienes, sin haber roto con lo religioso, tampoco se consideran totalmente coherentes, particularmente en lo referente a prácticas y seguimiento de normas éticas. Predominan las mujeres. Los países más representativos: Italia y Portugal.

Un 24 % se califican “ritualistas”. Lo importante son algunas ceremonias existenciales: nacimiento, matrimonio y muerte. Se mezcla en ello lo social y lo religioso. Predominan los varones y, como nacionalidades, alemanes e Ingleses.

Otro grupo son los “creyentes heterodoxos”. 10 % de jóvenes con talante pesimista en su vida. Dan mucha importancia al peso del mal en el mundo, al tema del infierno y diablo y a la reencarnación. Están difuminados por varios países. También otro 10 % suman los llamados “humanistas no religiosos”, defensores de valores sociales y cósmicos y exigentes para con las Iglesias en cuanto al compromiso social. Predominan los varones y destacan países como España, Suiza, Escandinavia e Inglaterra.

Sobre este tema de la religiosidad, J. Martínez Cortés , a la luz del esquema weberiano, se atreve a realizar estas hipótesis, en la relación jóvenes-religión:

a) lo religioso, también para los jóvenes, aun en sociedades secularizadas, sigue realizando funciones de orientación moral de la conducta y de las relaciones interpersonales;

b) el futuro de las religiones, para los jóvenes, estaría vinculado a la fuerza profética con la que se promueva una racionalidad práctica que humanice la convivencia;

c) los intereses de los grupos juveniles no se ven reflejados por la institución religiosa;

d) finalmente, la aparición de una religiosidad “salvaje” en nuestra sociedad, no vinculada a las grandes confesiones y credos o instituciones religiosas.

Diversos autores opinan que los jóvenes son incapaces de aceptar la fe como un axioma impuesto por la sociedad (J. Reixach). Los jóvenes se acercan a lo religioso al margen de las iglesias. Han mamado existencialmente que, detrás del axioma postmoderno “¡sálvese quien pueda!” , hay una imagen de Dios como rival del hombre. Los jóvenes no entienden la propuesta de Dios -que es totalizadora- en una cultura actual de los fragmentos (J. F. Mallén). En una cultura que hace apología del retal, que se avergüenza de pedir ayuda, la propuesta de Dios despierta recelos en todas partes. La mediación cultural a la que está sometida el joven puede convertirse en un “handicap” para su apertura a Dios (E. Mas). Lo que fue la continuación del mensaje de alegría de Jesús, se ha convertido en una doctrina para tristes y ancianos. Los jóvenes prefieren vivir a Dios sin intermediarios, máxime si éstos están bajo sospecha como es el caso de la Iglesia (M. A. Carcelén). Es cierto que están aumentando las representaciones de “Dios” espiritual-afectivas, orientadoras y comprensivas, en las que Dios no es personal ni singular, sino alguien abstracto (A. I. del Valle, Javier Elzo).

Al final de este recorrido concluimos que los jóvenes, en cuanto a lo religioso, reflejan la misma pluralidad cultural que marca nuestra sociedad de hoy. Una vez más, los jóvenes son termómetro y esponja de lo social.

Adelantamos tres consejos, que no son recetas fáciles: Primero, creer e invertir en los jóvenes es posible y lo más necesario. Segundo, sigamos el consejo de Francisco al hermano León: comencemos por lo más sencillo. Luego, vendrán empresas grandes y, finalmente, pidamos lo imposible. Tercero, son necesarios cambios estructurales. Las fuerzas viva sociales que detentan el saber, el poder y el tener están llamadas a reflexionar y actuar. A veces, no hay un cambio si no hay un stop. Desde la utopía y la esperanza. Sobre ello volveremos más tarde.

  1. Retos de los jóvenes a la Iglesia, hoy

Además de lo señalado anteriormente, resumimos algunos de los principales retos (en forma de preguntas) de los jóvenes a nuestras comunidades:

 

– Estadísticamente (de l5 a 29 años) es el bloque mayor de población, ¿qué recursos humanos y materiales gastamos?

– Grave paro juvenil, que los convierte en niños socialmente hablando sin poder emanciparse, ¿qué promoción social hacemos?

– Hundimiento de las grandes ideologías y sistemas, ¿encuentran en nuestras comunidades grupos de referencia y de valores?

– Se busca la eficacia, los resultados rápidos, los compromisos a corto plazo, la vivencia del presentismo, ¿qué alternativas más sólidas y gratificantes les ofrecemos?

– Sensibilizados con el tercer mundo y con nuevos valores como lo ecológico, el pacifismo, 0,7, etc, ¿les sabemos acompañar en estos nuevos valores?

– Poca confianza en la Iglesia, a la que ven incluso como impedimento para descubrir y vivir a Jesucristo, ¿qué rostro de Iglesia ofrecemos?

– Privatización de la fe y divorcio entre fe y vida, ¿cómo los ayudamos a integrar la fe, en sus dimensiones de contenidos y ética, con la vida misma?

– Búsqueda afectiva de comunidades cálidas y experiencias gratificantes, ¿cómo unimos esa necesidad de afectividad con una necesaria madurez en la independencia personal?

– Se crean y frecuenten nuevos lugares de vida y diversión, ¿cómo estamos presentes y nos hacemos presentes con una pastoral de misión y sectorial?

– Valoran lo genuino y auténtico, ¿cómo son nuestras celebraciones y nuestra pedagogía de oración y gratuidad?

En las respuestas a éstos y otros interrogantes y preguntas, desde nuestras personas y comunidades, nos jugamos nuestra credibilidad, relevancia y futuro. Por nuestra parte, para concluir, no quisiéramos silenciar que está en juego el hacer posible, en palabras de Juan Pablo II, una pastoral juvenil para la civilización y la cultura de la vida y del amor.

Y, por si el planeta joven no fuera ya en sí mismo un reto, en el horizonte, y envueltos por ella, la cibercultura. Estamos en un nuevo ciber-planeta. Cuando me dispongo a escribir estas páginas, tengo delante la pantalla del ordenador personal, estoy escuchando música en un MP3, observo desde mi ventana en la calle a chavales hablando por su móvil, chateando o leyendo mensajes en el mismo, y, alzando un poco la mirada, reconozco distintas antenas, en forma de grandes platos, que me indican señales de canales digitales. Todo un símbolo del mundo mediático que nos envuelve[4].

 

  1. Resurgir de la conmoción eclesial que nos bloquea

Gran número de evangelizadores y agentes de pastoral parecen sentirse bloqueados y paralizados ante la nueva cultura del ciberespacio, porque lo que predomina es el trasfondo, el medio audiovisual; se dan cuenta de que el mensaje no es captado primariamente por el intelecto (por la razón), sino por el efecto producido en los sentidos y en todo el psiquismo.

Es algo básico caer en la cuenta de que el ground (el subsuelo cultural) es más importante que la figura misma; el acercamiento a las cosas mediante la intuición global, dice más que la realidad objetiva; el medio ambiente habla más que el punto concreto que enfocan los ojos.

En otras palabras, el mensaje (diríamos el contenido) ya no está en las palabras. En TV, por ejemplo, las palabras son el 7% de todo lo comunicado. El 38% es transmitido por la forma de expresión (voz, vocabulario, ritmo habitual en el hablar) y el 55% por las expresiones del rostro y el movimiento del cuerpo (Albert Mehrabian). Ground (ambiente cultural) y modulación (forma de presentación) son las dos columnas de la comunicación electrónica audiovisual, y son una llamada para equilibrar texto y contexto, lado derecho e izquierdo del cerebro, lo académico y lo carismático.

En relación a este punto señalado por P. Babin hagamos notar que, tradicionalmente, en el tema de la transmisión de la Fe éramos conscientes de tres dimensiones en juego: el contenido (traditium); el acto mismo de transmitir (tradere); y la recepción de lo transmitido. Siempre la iglesia, en su mistagogia, ha sido consciente de la complejidad de los tres momentos señalados.

¿Qué supone un primer anuncio necesario en la transmisión de la fe y en la acción misionera de la evangelización?

– Darse cuenta, en primer lugar, de que el formato es al menos tan importante como el texto mismo (buen papel, bellas imágenes, forma atractiva…). El ground se aprehende por los sentidos en su totalidad. Elground trata de captar la atención no sólo del intelecto, sino llegar a todos los sentidos.

– En segundo lugar, llegar a captar que la modulación, es tan importante como las palabras. Modulación significa vibraciones que varían de frecuencia. A diferencia de la escritura con sus dos tipos de signos abstractos (letras y sonidos), las vibraciones son los signos sensoriales de la existencia. El walkman, por ejemplo, logra que la música me llegue de forma física, que me convierta yo mismo en música y mis músculos se muevan como independientemente de mí.

– Y, en tercer lugar, entrar en el juego del background (subconsciente) para que el mensaje entre en lo más hondo de mí mismo.

Después de años de radio, walkman, TV, Internet, la gente no escucha de la misma forma. Hablan más los gestos y la fuerza de las expresiones que el mismo contenido de las palabras; hablan más los climas creados que las palabras. Tal vez no sea superfluo recordar que necesitamos renovar, con espíritu cristiano, hasta nuestros mismos lugares de culto cuidando mucho “la atmósfera que nos envuelve”, las imágenes, el estilo, y hasta la palabra misma.

El evangelizador debe llegar a ser creativo y espiritual, profesional y hombre de fe profunda. Sin olvidar que, en los mass media, la señal pertenece al que la transmite, pero el mensaje al que lo recibe. La audiencia decide la oportunidad, la importancia y el significado del mensaje. Por eso el evangelizador debe tener siempre presente que:

– El mensaje está condicionado por las circunstancias personales y ambientales de quien lo recibe.

– Quien recibe el mensaje maneja un arma letal: el mando a distancia, su libertad y autoconciencia.

– Debemos aprender a evangelizar en una pluralidad de contextos e interpretaciones, consciente de que una de las modernas leyes de comunicación mediática es tener en cuenta a la par y siempre los contenidos y la audiencia, los contenidos y la forma elegida de transmisión.

La Iglesia debe estar en Internet (Intranet) y en las autopistas de la comunicación tanto para uso interno de ella misma como para evangelizar. No estamos de acuerdo, sin embargo, con la opinión de algunos autores, según la cual “Internet no es tan sólo un instrumento para la salvación, sino la forma que la salvación misma adopta”. Esto nos llevaría a confundir “signos de los tiempos con fuentes de revelación”. Evidentemente Internet no es fuente de revelación. Aunque una segunda tesis sí puede ser compartida: el hecho de que más que tratar cuestiones, hay que plantear cómo mediar entre el mundo real y virtual y una ética de inclusión de todos en el mundo del World Wide Web. En este sentido, es necesaria una encarnación o inculturación en la red, es decir, hay que realizar una lectura ética del nuevo signo de los tiempos para acogerlo.

 

  1. ¿Hacia otro modelo de comunicación evangelizadora?[5]

De nuevo P. Babin nos advierte, aunque podamos y debamos realizar ciertas matizaciones, que el punto crucial de la evangelización del S. XXI dependerá menos de la proclamación de nuestras verdades que de nuestra capacidad para llamar la atención de los demás desde esas mismas verdades. Por eso, ante los nuevos medios y técnicas de comunicación, se pueden sugerir cuatro ejes de acción para todo evangelizador:

– Tenerlos en cuenta, como algo asumido con normalidad.

– Purificarlos (limpiarlos) de todo aquello que signifique manipulación, simple negocio o servidumbre.

– Bendecirlos en el sentido de la ley de de la encarnación: asumir para redimir.

– Socializarlos , ponerlos al servicio de la comunión eclesial y colaborar en la construcción de la aldea global o fraternidad universal. En este sentido, sigue siendo válida la fórmula empleada por Jesucristo en el Camino de Emaús: tomar-bendencir-partir y repartir.

Para lograr lo anterior tal vez se puedan señalar cuatro mandamientos o actitudes para el comunicador:

– Ser una persona, no una ideología; vivir con coherencia y siendo testigos de la fe. El mensaje está más en lo que somos que en lo que decimos.

– Aprender a ser una especie de estrella mediática, es decir, a impactar con el evangelio hecho vida.

– Prometer esperanza, no un programa; regalar a Jesucristo y su Evangelio y no palabras nuestras o ajenas.

– Convertirnos en lo que somos y dejarnos transformar, porque en la era de los mass media el transmisor debe estar inmerso en las nuevas tecnologías, y el mensaje se hace a través de la propia persona, de “su cuerpo”. Siendo plenamente conscientes de que los receptores son los conectados a la red, y el tipo de estructura social es el mercado abierto y plural.

A partir de las premisas anteriores, gradualmente, la transmisión de la fe y la evangelización irán alcanzando necesariamente diversos niveles: primero, una respuesta a los intereses de la gente, expresados con amenidad y belleza; segundo, la profundización personal en el encuentro con Jesucristo y su evangelio; tercero, el descubrimiento del mensaje bíblico y de la importancia de la comunidad; y cuarto, la necesidad de profundizar y sistematizar el mensaje teológico y espiritual al tiempo que se realiza la integración en la comunidad cristiana. En otras palabras es el proceso de una verdadera iniciación cristiana.

Insistamos en dos realidades: una, que la cultura audiovisual no excluye el mundo oral y escrito sino que lo integra. Y, segundo, que, hoy, construir la Iglesia significa construir una comunión en forma de red, para estar presente como cuerpo en este mundo.

Es preciso “reactivar una Iglesia extra-muros” y misionera (como hizo San Pablo), porque la Iglesia, del presente y del futuro, ya no será un gran edificio que domina la ciudad, sino un simple pabellón en el gran campo de la Feria Internacional del Comercio Mundial. La mentalidad de cristiandad ha terminado. La Iglesia se presenta como un canal de influencia más, junto a otros. Nos han resituado en la diáspora (en la dispersión) y nos urgen a reforzar nuestra realidad misionera. La tecnología ha hecho a la Iglesia “viajera”. Nos obliga a salir a la calle, a formar parte de la caravana humana, que no está anclada en las tradiciones de un pueblo o de un clan.

Las crisis, con las que las nuevas tecnologías han retado a la Iglesia, suponen una oportunidad providencial para ella: abrir sus cerrados y viejos muros. Las parroquias, en la era de la comunicación, siguen teniendo un gran futuro si son capaces de utilizar las nuevas tecnologías, y si desarrollan comunidades de relación auténtica y de espiritualidad verdadera.

No hay que tener miedo a verter el vino nuevo en odres nuevos. Los jóvenes abandonan la parroquia y la vida de la Iglesia no tanto por el contenido del mensaje sino por cómo viene “empaquetado” dicho mensaje.

Y, aunque sea cierto todo lo anterior, desde Evangelii Nuntiandi y el Nuevo Directorio de Catequesis, se insiste en la necesidad de tomarnos en serio la inculturación, y ser conscientes de que la conversión no es un evento que suceda de una vez por todas; es progresiva y adquiere la forma de proceso. En otras palabras, en la evangelización de la cultura se ha de tener claro que:

– La evangelización de las culturas pertenece a la misión de la Iglesia.

– El cristianismo es supracultural, pero siempre ha de estar inculturado y encarnado en un contexto.

– El cristianismo no está exclusivamente ligado a ninguna cultura.

– Debemos utilizar, sin miedo, la nueva cultura de hoy (on line) para presentar la riqueza del mensaje con un “empaquetado” atractivo.

– La evangelización eficaz en el nuevo panorama cultural requiere un enfoque de marketing con al menos las siguientes características: como centro focal, la audiencia a la que nos dirigimos; estar dispuestos a dialogar y preguntar, saliendo a la plaza pública; y saber con claridad lo que queremos anunciar y cómo anunciarlo.

La sociedad tiene una gran necesidad de agentes creativos del Evangelio, de agentes capaces de aportar nuevos modelos y usar nuevas técnicas y tecnologías como instrumentos evangelizadores para captar la imaginación religiosa de la cultura. El nuevo paisaje mediático se llama ciberespacio. La Iglesia, lejos de sucumbir ante el vértigo de no poder controlar experiencias y contenidos, ha de considerarse como un artista creativo de la fe en la esfera mediática.

Insistimos en que en tema de la transmisión de la Fe no existen, no pueden existir, recetas mágicas. Es un largo proceso de acompañamiento personal y de inserción comunitaria en el que está en juego siempre – y no podemos olvidarlo- la libertad humana.

 

  1. Hacia una pastoral de evangelización y misión para el nuevo siglo[6]

 

La llamada de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI a saber evangelizar la cultura de hoy, en este nuevo siglo, ha tenido eco. Lo podemos resumir en las siguientes claves:

  1. Renovación y consolidación de la verdadera fe: cristocentrismo: Fe en sentido bíblico como aceptación personal y libre de la presencia de Jesucristo en mi vida. Y encarnacionismo: una fe encarnada en la cultura de nuestro tiempo:
  2. Desprivatización de la fe y presencia pública en los nuevos areópagos (mass media), mundo socio-político y cultural, mundo laboral, opción por los más pobres y marginados. Cristianos de presencia y de mediación
  3. Nuevo método: de persona a persona; uniendo palabra y testimonio vital. Con cuatro puntos cardinales: Fe en Cristo, cambio de vida, eclesialidad y pastoral de misión (. Comunidades cálidas y misioneras.
  4. Redescubrimiento vivencial de la Iglesia particular: Jesucristo, por el Espíritu que convoca; evangelio proclamado; Mesa eucarística compartida; compromiso coherente fe-vida; corresponsabilidad de ministerios-vocaciones-carismas y funciones; obispo al servicio de la verdad, comunión y caridad.
  5. Potenciar, por lo tanto, todas las dimensiones de la Iglesia particular: Comunión, evangelización, celebración, diakonía.
  6. Renovación pastoral: ni sólo mantenimiento-conservación (nostalgia-seguridades); ni sólo intimista-espiritualista (escapismo fideista); ni sólo popular-horizontalista; ni sólo de cirugía estética (marketing). Sí orgánico-global, de conjunto y articulada, de comunión y corresponsabilidad, de misión y evangelización, sinodal y contextuada. Integración de contrarios.
  7. Algunos principios ya señalados: a) Ley de encarnación: lo que no se asume no se redime. b) Diálogo sincero: buscando, con discernimiento, las semillas de verdad (semina verbi) y leyendo los signos de los tiempos. c) Uniendo creatividad y fidelidad. d) Catolicidad como norma de verdad. e) Ser mixtagogos: Se cree más a los testigos que a los maestros. f) Opción preferencial por los más pobres, releyendo la historia desde el reverso. g) Sin ansiedad por la programación ni por recoger resultados.
  8. Redescubrir el cristianismo y la vivencia eclesial en clave catecumenal.

Estas son algunas de las respuestas, necesariamente incompletas, a la nueva cultura emergente y a sus retos que se pueden y deben potenciar desde lo cristiano. El debate sigue abierto y, lo que es más decisivo, la forma de vivir el misterio cristiano con coherencia y plenitud en lo cotidiano, en este tiempo, en nuestras Iglesias, entre nuestras gentes, y en estas tierras nuestras llamadas de vieja cristiandad y, en muchos casos, postcristianas.

Permítaseme recordar un decálogo en el que se subrayan los rasgos de la verdadera Fe que estamos invitados a vivir. Esa fe que muchos jóvenes de hoy buscan y desean hacer realidad con coherencia y radicalidad:

  1. Fe, no es creer en algo, sino en alguien: Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, el Señor de la Historia, el único salvador y mediador.
  2. Fe, no es imitar a Jesús, el Señor, desde fuera, sino desde dentro, personalizando progresivamente, y según las edades existenciales, el misterio de Dios Uno y Trino.
  3. Fe,es tener los ojos, las manos, y el corazón del mismo Jesús, para ser otros Cristo y poder llegar a decir con San Pablo, por el Espíritu: “No soy yo quien vivo, sino es Cristo quien vive en mí”.
  4. Fe, es vivir y hacer realidad cotidiana y coherente el mensaje existencial de las Bieneventuranzas.
  5. Fe, es dejar que el Espíritu Santo me penetre y fecunde para divinizarme, para hacerme, como María, esposo, madre, y hermano.
  6. Fe, es vivir con coherencia,todas las dimensiones de mi vida en todos los ámbitos y momentos del día.
  7. Fe, no es algo sentimental o fideísta, ya que sabe dar razones y esperanza de lo que cree.
  8. Una Fe en diálogo con creyentes y no creyentes.
  9. Una Fe siempre en búsqueda, alimentada por dudas y certezas, y tratando de unir lo ético y lo místico hasta descansar en Dios.

l0.Una Fe hecha vida en comunidad eclesial como forma ineludible de unir identidad cristiana y misión.

 

8. Transmisión de la fe y socialización de las nuevas generaciones

Hay que subrayar que el mismo problema de la transmisión de la fe del cristianismo lo tiene la sociedad a otro nivel, en cuanto los agentes socializadores se preguntan: ¿cómo transmitir los procesos de socialización –de identidad- en una sociedad plural, abierta, multicultural y multirreligiosa? Muchas veces las únicas señas de identidad son los mensajes de los mass media y los “galácticos mediáticos”.

Lo que estamos apuntando es un hecho: la crisis de transmisión de la fe se inscribe en el marco de una crisis más amplia y profunda: el de la transmisión de valores y comportamientos sociales en una cultura y sociedad que cambia y muta usos y costumbres casi de forma neurótica. Es curioso, y ya en relación a las personas mayores, cómo a veces se les tacha de excluidos y, otras, se les reclama como la fuerza más poderosa a la hora de configurar fuerzas y tendencias políticas y sociales. Se ha llegado a hablar de la “civilización de los jubilados” en cuanto será el colectivo determinante a la hora de influir en las tendencias políticas europeas. Sin menospreciar el papel y protagonismo que los abuelos tienen hoy, en España sin ir más lejos, en el tema de la transmisión y educación de la fe de las nuevas generaciones.

En cualquier caso, todo esto nos hace a la Iglesia más conscientes de un reto: el cristianismo no se transmite de “forma automática”, sin intervención activa de los destinatarios. No se “nace cristiano”; “nos hacemos” cristianos. Y, lógicamente, es más fácil (y hasta eficaz) la transmisión de la fe en una cultura con identidad definida que en una cultura en crisis o búsqueda de su propia identidad. Porque, para evangelizar, las categorías “puente” culturales suelen facilitar las cosas.

Esta crisis “de socialización-inserción cristiana” obliga a las Iglesias y comunidades a buscar nuevos esquemas evangelizadores, con nuevo ardor, nuevos métodos, y nuevos lenguajes.

Alguna otra vez hemos recordado el salmo 136, donde se nos habla de diversas posturas, que reflejan las actitudes evangelizadoras:

– llorar con nostalgia de Sión (la añoranza, y el sentirnos aislados como ghetto);

– colgar las cítaras (el desencanto y el mantenimiento sin arriesgar en las formas de evangelización);

– divertir cantando canciones de Sión (el vedettismo, la domesticación del Evangelio, el hablar sólo de lo políticamente correcto o de lo que puede tener éxito);

– despeñar niños (el fundamentalismo rabioso y agresivo);

– o, finalmente, ser lúcidamente sabios, que equivale a ser maestros de oración, profetas de esperanza, vínculos de comunión, agentes de la nueva evangelización.

La evocación del Salmo no se entienda como un recurso fácil literario ante la gravedad de los problemas que estamos apuntando. Lo que tratamos de subrayar es que la transmisión de la fe, en la nueva situación socio-cultural, debe realizarse con una triple conciencia:

– existe un claro divorcio (o quiebra o ruptura) entre transmisión de la fe y procesos de socialización;

– se cuestiona radicalmente la tradición (incluida la religiosa) y su autoridad;

– se cuestionan las instituciones que tradicionalmente garantizaban los procesos de socialización y de transmisión de la misma fe.

En otras palabras estamos hablando de una triple crisis: del sujeto mismo (algunos, desde la postmodernidad, hablarán de pérdida del sujeto ético y responsable); crisis de la credibilidad de las tradiciones y grandes relatos del pasado (algunos afirman que desde el neoliberalismo se vive valorando más el presente y lo que éste abra hacia el futuro); y crisis de instituciones tan arraigadas como la familia (a nivel social) o la parroquia (a nivel eclesial).

Llegados a este momento, no descubrimos nada nuevo si señalamos, llegados a este punto, que para una evangelización global se imponen tres acciones complementarias:

– la acción misionera o de primer anuncio para alejados y no creyentes; es la “pastoral de la zapatilla y de la gratuidad”;

– la acción catecumenal o iniciación propiamente dicha, que integra conocimientos-celebración-conversión moral-e integración en la comunidad;

– y la acción pastoral o consolidación comunitaria para vivir la comunión y la misión.

Si llegados a este punto se me pide volver a recordar cuáles considero que son las claves principales que están en juego en el tema de la transmisión de la fe en este nuevo siglo, vuelvo a repetir las tres más básicas y transversales:

Comunidades vivas de referencia, de donde nacerán testigos del Dios vivo y se fomentarán redes de cultura cristiana;

Procesos nuevos y serios de iniciación, que favorezca la dimensión experiencial de Dios en clave mistagógica o de proceso integral y continuado.

Redes sociales de cristianismo en todos lo ámbitos, donde se visualicen la presencia pública de dicho cristianismo.

La pregunta puede ser ahora dónde y cómo pueden hacerse palpables y una realidad los puntos anteriores. Para el dónde, la respuesta no puede ser otra: familia, parroquia, movimientos y, con sus características propias, los centros de Enseñanza Religiosa Escolar. Para el cómo, con creatividad y fidelidad, habría que unir los tres elementos que se vienen barajando y que están en juego: que la transmisión de la fe toque el corazón y la vida de las personas concretas; que se vuelva a redescubrir la Tradición viva como fuente originaria y fresca; y que las instituciones más tradicionales de la Iglesia, que han servido para el cometido antes aludido, sepan transformar aquello que impida la transparencia de lo que desean ofrecer: el misterio de Jesucristo y su Buena Nueva.

Mons. Raúl Berzosa

 

[1] Para lo tratado remitimos a: AA. VV., La transmisión de la Fe hoy: “Revista Crítica” 921 (Enero 2005); IGLESIA EN CASTILLA, Educar en la Fe hoy, en este pueblo y en esta tierra, Salamanca 2004; AA. VV., La misión compartida, Publicaciones Claretianas, Madrid 2002; J. M. VELASCO, La transmisión de la Fe en la sociedad contemporánea,Sal Terrae, Santander 200; L. GONZALEZ-CARVAJAL SANTABARBARA, Los cristianos del s. XXI. Interrogantes y retos pastorales ante el tercer milenio, Sal Terrae, Santander 2000; CONFERENCIA EPISCOPAL FRANCESA, Proponer la fe en la sociedad actual:”Ecclesia” 2835-2836 (1997); AA. VV., La transmisión de la Fe en la adolescencia: “Actualidad Catequética” (Abril-Junio 2005) 146-264; AA. VV., Pasar el testigo de la Fe: “Sal Terrae” 1093 (Septiembre 2005) 699-780; 2.- G. SARTORI, La sociedad multiétnica, Taurus, Madrid 2001.

[2] En el trasfondo de todo lo que diremos, se encuentran las siguientes obras: R. BERZOSA, Trasmitir la fe en un nuevo siglo. Retos y posibilidades, DDB, Bilbao 2006; ID., ¿Qué es eso de la tribus urbanas? Jóvenes y religión, DDB Bilbao 2002; ID., 10 Desafíos al cristianismo desde la nueva cultura emergente, Verbo Divino, Estella 2005; ID., Nueva Era y cristianismo. Entre el diálogo y la ruptura, BAC, Madrid 19982; ID., Evangelizar en una nueva cultura, San Pablo, Madrid 1998.

[3] Sobre el ambiguo retorno de lo religioso en nuestros días, remitimos también a: L. OVIEDO TORRO, Un sigiloso retorno de lo sagrado: “Razón y fe” 1.280 (Junio 2005) 497-510; AA. VV., La religión y Dios en nuestros días, “Vida Religiosa” 90 (Mayo 2001) 164-237; P. RODRIGUEZ PANIZO, Sólo la sed nos alumbra. Tres cuestiones abiertas para la teología en un tiempo de eclipse de Dios: “Miscelánea Comillas” 58 (2000) 3-26; A. PARRA, Hacia la legitimación del creer: “Theologica Xaveriana” 150 (2004) 281-298; A. GARCÍA RUBIO, Evangelizadores en medio de Babilonia: “Sal Terrae” 1.055 (2002) 297-309; J. A. GUERRERO ALVES; Encontrar a Dios en una sociedad individualista: “Sal Terrae” 1.066 (2003) 283-295;- P. J. GÓMEZ SERRANO, Encontrar a Dios en una sociedad consumista: “Sal Terrae” 1.066 (2003) 297-310.

[4] Para este punto, Cf. P. BABIN-A. A. ZUKOWSKI, El Evangelio en el ciberespacio, PPC, Madrid 2005. Sobre este tema remitimos también a: Mª. D. DE MIGUEL POYARD, Con el Señor en la cibercultura, BAC, Madrid 2001; ID., Cibercultura, en R. CALVO, Diccionario del animador de pastoral, Monte Carmelo, Burgos 2005, 193-202; R. BERZOSA, Cibernética y nuevas tecnologías, en “Diccionario de pastoral y Evangelización”, Monte Carmelo, Burgos 2000, 208-210. G. SARTORI; Homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, Madrid 1998.

[5] Cf. JUAN PABLO II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “L´Osservatore Romano” (25-1-1990) 6. En este mismo sentido apuntado por el Papa Juan Pablo II, y en documentos recientes, remitimos a: JUAN PABLO II, Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio, en “Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “ (12-5-2002); PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, La Iglesia e Internet (22-2-1002); AA. VV., Iglesia e Internet: “Boletín de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social” 196-197 (Abril-Septiembre 1999) 51 págs. Desde el punto de vista crítico, en relación a las autopistas de la comunicación, señalamos: N. ALMIRON, Los amos de la globalización. Internet y poder en la era de la información, Plaza y Janés, Barcelona 2002; J. VIDAL BENEYTO, La ventana global, Taurus, Madrid 2002.; AA. VV., Ciberespacio, cibernética y ciberteología: “Concilium” 309 (Febrero 2005) 7-139.

[6] Cf. Voces “acción misionera, acción catecumenal, acción pastoral”, en: V. M. PEDROSA-J. SASTRE-R. BERZOSA, Diccionario de pastoral y evangelización, Monte Carmelo, Burgos 2000; AA. VV., La Iglesia en España (1950-2000), PPC, Madrid 1999.