Ese Dios chiflado

«Somos linaje de Dios» (cf. Hch 17,28-29). «[Dios] nos ha concedido todo lo necesario para la vida [..] para participar de la naturaleza divina» (2Pe 1,3-4).

Llamar a la puerta de Dios

El  «año del Padre» es un buen pretexto para llamar a la puerta de Dios, pa­ra echar una ojeada a los  rostros de Dios» que nos rodean. Desde siempre el hombre ha pulsado los timbres de las casas de los dioses para preguntarse por sí misma.

Hoy, por un lado, se duda de la eficacia y hasta de la pertinencia de usar el llamador de la morada divina, puesto que el hombre pretende tomar en sus ma­nos las riendas de su propia vida; por otro, la denominada postmodernidad, con sus ataques a la autosuficiencia del logos moderno, ha abierto una nueva opor­tunidad para elaborar un pensamiento contemporáneo sobre Dios. Respecto a cuanto toca directamente a los jóvenes, por último, se esta comprobando que una de las modalidades dominantes para representar a Dios es reconocerle sim­plemente cómo una «realidad vaga», algo así como lo divino anónimo» con quien se tiene contacto pero no se establecen relaciones personales.

Dios cree en nosotros

 

En fin, se mire por donde se mire, no son éstos malos tiempos para con­templar cara a cara a Dios. Ahora bien, tanto por causa de la madurez histórica del hombre cuanto por una atenta y crítica lectura de la Escritura, quizás tenga mos que invertir el recorrido ya clásico con el que nos acercábamos a Él: más que intentar demostrar o probar a Dios, hoy necesitamos descubrir un Dios que nos demuestre o nos pruebe.

Por eso, quizá sea bueno buscar a Dios para seguir pensando más y mejor al hombre, y no tanto para exigir el sometimiento a su persona.

Precisamente, el Dios de los cristianos es, por encima todo, un Dios «chifiado por los hombres» (F. Schelling), un Dios que «consiste» en amar (cf. l 1n 4,8). Y un Dios así, que nos convierte en seres amables y «deseables» al amarnos, antes que solicitarnos la fe nos muestra descaradamente que es Él quien primero y más profundamente cree en nosotros.

Dios, una buena prueba del hombre

 

CON unas u otras formas, el hombre siempre ha deseado una confirmación suprema de su sentido y destino; ha buscado permanentemente en Dios «la» prueba de sí mismo. Y es que un Dios que nos probase, que nos demostrase aquello que de verdad so­mos, no sólo sería capaz de «darnos» sentido sino que también probaría el suyo en el mismo envite.

Más, mucho más que todo eso nos ha mostrado jesús de Nazarét, dejando claro que ni siquiera somos nosotros quienes de verdad ascendemos hacia Dios, sino que Él mis­mo desciende; somos seres visitados, habitamos un misterio  de amor y de semejanza con Dios que más que superar nuestra inteligencia,la ilumnina. Dios nos propone un des­tino capaz de colmar todos los deseos. «Sois dioses» (Sal ~2,6). Simplemente se nos pi­de creer lo bastante en nosotros mismos corvó para alcanzar esos niveles de estima que Dios nos tiene.

 

Buenas noticias departe de Dios

 

Si nuestro Dios es así, si los cristianos estamos para anunciar la «Buena Noticia» de un Dios-Amor sin medida y hacer más ligero a todos el peso de su existencia, ¿cómo es que no pocos hombres y mujeres de hoy sospechan todavía que «lo de Dios» no es más que una carga pesada?

Vamos aprendiendo a rechazar las caricaturas del dios-policía, del dios-sádico -mila­grero y castigador-, del dios-contable, del dios-juez a modo humano, del dios-«taqui­llero», del dios de bolsillo o del «tapaagujeros», del que se utiliza como coartada o del ser lejano, del dios ajeno o del simplemente manipulable a nuestro antojo. Pero, segui­mos hablando de Dios con categorías del hombre premoderno, seguimos con frases, imágenes y conceptos que resultan increíbles para la conciencia del hombre actual, pues le retratan con intereses distintos a los nuestros y como una permanente amenaza para la autonomía y libertad que nos definen.

Hemos de realizar un serio esfuerzo para comunicar las «buenas noticias» que Dios tiene para el hombre, hemos de hacer creíble su amor… por lo que -particularmente en el caso de los jóvenes- no hay camino mejor que ser «carne de Dios», carne resucitada por el amor y para el amor. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

]osé Luis Moral