ESPACIO AMIGOS

Fernando Navarro es Coordinador Pastoral de la Obra salesiana San Antonio Abad de Valencia.

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El autor reconoce que en la adolescencia y juventud adquieren una importancia privilegiada los amigos. ¿Pero cómo viven la amistad? La amistad es muy importante; no es lo mismo ser amigo que colega; es un espacio de libertad; es espacio de amor; es un espacio de comunicación; es un espacio de identificación; es un espacio donde probarse; es un espacio de sencillez; es un espacio de trascendencia. ¿No será la amistad una oportunidad para entender y vivir el evangelio? Jesús se presenta también como un amigo.

 

“El amigo fiel es refugio seguro; quien lo encuentra, encuentra un tesoro.” (Eclo. 6,14). Seguramente ésta sería una de esas frases que nuestros y nuestras jóvenes firmarían con los ojos cerrados, aún sabiendo que se trata de una frase bíblica. Pocos habría que demostraran desacuerdo con ella.

 

No hay que ir a buscar muy lejos para saber lo importante que son los amigos para ellos. No hará falta acudir a los estudios psicológicos y sociológicos para darnos cuenta de algo que, para todos los que compartimos horas con ellos, es evidente: los amigos son la cosa más importante. Y los estudios lo confirman: Junto a la familia son el elemento más valorado, aunque en esta edad los amigos ganan en importancia.

 

Sabemos lo importante que son para ellos lo inmediato y lo cercano. No están para muchas teorías ni para grandes utopías. Lo que pueden palpar y hace referencia a su experiencia directa es un elemento que conviene analizar y conocer por aquellos que queremos acompañarles y compartir su vida.

 

  1. Cómo viven ellos la amistad

Sabiendo que no hay una categoría de jóvenes, que no podemos pretender clasificarlos en un solo apartado, que podríamos hacer tantas clasificaciones de jóvenes como jóvenes hay, no intentamos ser dogmáticos. Tan solo pretendo esbozar unos cuantos rasgos que nos ayuden a descubrir cómo viven ellos la amistad y a qué le están dando importancia. Esto habrá que verificarlo y aplicarlo a cada joven o grupo concreto.

 

  • La amistad: suma importancia

No tener amigos es como una condena para nuestros adolescentes y jóvenes. En la juventud articulan momentos y experiencias importantes que les configurarán como personas adultas, y la amistad es, sin duda, una de ellas. Muchas veces están dispuestos a hacer  por los amigos lo que de otra manera no harían. Al principio, con tal de ganarse la confianza y la simpatía de los que quiere que sean sus amigos, llegan a renunciar a lo que son. Y es que los amigos para ellos son indispensables.

 

  • Una cosa son los amigos, otra los colegas

Eso lo tienen claro. Hay amigos y amigos. No con todos puedes hacerlo todo. Puede, incluso, que haya muchos colegas, con los que existe una relación cordial, pero pocos amigos de verdad. Por mucho que en el Tuenti aparezcan todos tus contactos como amigos no significa que lo sean. Cuando hay que decir algo importante se usan los mensajes privados, porque hay cosas que no se pueden decir en público. El Tuenti es para colegas, para gente con la que tienes afinidad, con la que quieres mantener un contacto. Es como el patio del colegio, donde las relaciones van más allá del grupo de amigos.

Los amigos van más allá de los colegas. Hablar de temas serios se hace con pocos, porque con pocos se establece un vínculo de confianza como con los amigos.

 

  • Espacio de libertad

Sus amigos son una decisión personal. Son, de hecho, de las primeras cosas que tienen la impresión de que no le son impuestas. No eligen su familia, no eligen su escuela, no eligen sus compañeros de clase… pero sí eligen a sus amigos.

 

Aunque influye mucho el tema de con quién van: amigos de los padres, compañeros de clase, de deporte… ellos hacen su selección. Ejercen su libertad de una manera autónoma, si bien no siempre responsable.

 

Es verdad que el tema preocupa sobremanera a padres y educadores, pero en ocasiones hay poco que hacer si lo que queremos conseguir es imponer nuestro criterio.

 

  • Espacio de amor

Según mi experiencia, en la amistad establecen verdaderos y profundos vínculos. Llegan a quererse de verdad. Viven su relación con gran afectividad, aunque muchas veces no muy expresada. El corazón es el que dicta las normas y ahí pueden aprender a ser auténticos. Si bien es verdad que solo la afectividad no puede marcar exclusivamente nuestras decisiones, hoy se respira un déficit de afectividad y de estima que el grupo de amigos puede paliar.

 

Por eso, la amistad puede convertirse en lugar de aprendizaje de relaciones auténticas. No siempre tiene que ser así, pero si hay un lugar donde se sienten queridos, aceptados, comprendidos y, sobre todo, no juzgados, es en el grupo de amigos. Allí pueden tener la primera experiencia consciente de amor incondicional de manera recíproca. Y esta experiencia les da seguridad, cosa que andan buscando anhelantes por el momento que viven.

 

  • Espacio de comunicación

Nos resulta difícil comunicarnos entre los adultos, cuanto más los jóvenes entre ellos. Pero la comunicación es un elemento básico de realización personal y de crecimiento interpersonal. Puede que estén muchas horas juntos, puede que hablen mucho, pero, ¿de qué? Sin duda hablan de los que les pasa, de sus problemas, de lo que sienten, de lo que no les gusta y les pone nerviosos. Tal vez no llegarán a ninguna conclusión, pero la necesidad vital de comunicarnos se ve satisfecha con creces con la amistad. Y eso es importante ya que no comunicarán esas mismas cosas a nadie más.

 

  • Espacio de identificación

La afinidad ofrece un importante criterio a la hora de establecer amigos. “Dios los cría, ellos se juntan”, dice el refrán. No va muy desencaminado. Cuando ellos descubren gente que tiene gustos parecidos, que expresa las mismas afinidades y fobias, se establece un vínculo que quieren convertir en amistad. En principio parece difícil ser amigos de gente que sea diferente a ellos en gustos, aficiones, entretenimientos, etc.

 

  • Espacio donde probarse

La confianza y la libertad que se viven en el grupo de amigos es muy importante. Entre ellos no se sienten juzgados, no parece que les vayan a “dar caña” o “dar la vara”. En el grupo de amigos no existen los “deberías”, o al menos ellos no los viven con la misma carga de negatividad como viven los de la familia, la escuela o cualquier ambiente más formal. Por eso anhelan estar con los amigos y desearían compartirlo todo con ellos.

 

En este ambiente podrán sentir libertad y confianza como para intentar cosas que no intentarían en otro ambiente. Lo que no hacen en la escuela, en casa, en el ambiente formal, lo hacen con los amigos o con las amigas, pues ahí saben que no pasa nada, es decir, “no me mirarán mal”, “no me desplazarán”, “no me dirán nada en contra”. Así podrán utilizar este espacio para probar a ver qué pasa, y hacer sus experimentos personales sobre sus actitudes, sentimientos, comunicaciones…

 

  • Espacio de la sencillez

“Estar con los amigos”, es la desesperante frase que muchas veces reciben los padres después de preguntarles qué han hecho durante toda la tarde. Y en la gran mayoría de los casos es verdad. Tan solo han estado con ellos. Muy posiblemente no habrán hecho nada más que estar juntos y hablar. En la amistad pueden tener la primera experiencia de que lo importante no tiene porqué ser caro y difícil de conseguir, que el corazón anhela experiencias sencillas y que llenen, tal vez por la intensidad que conllevan y, en este caso, por la intensidad que están dispuestos a poner en juego.

 

  • Espacio de transcendencia

Hablar, comentar, desde la confianza que exige la amistad, abre al mundo del otro, y posibilita la experiencia de la empatía. Salir de sí mismo para adentrarse en el mundo del otro, también propio del enamoramiento y las primeras experiencias de noviazgo, nos aporta una primera experiencia de transcendencia, fundamental para poder iniciar en la experiencia de encuentro con Jesús.

 

  1. Su experiencia, nuestras preguntas

Creo que uno de los retos de nuestra pastoral es conseguir que nuestros adolescentes y jóvenes intenten vivir la vida con intensidad, sin medias tintas. Para ello nos necesitan ahí, no por lo que les tengamos que decir, sino porque nuestra vida habría de ser testimonio de esa intensidad. Ellos te podrán mirar con desconfianza y hasta por encima del hombro, pero en numerosas ocasiones es una pose porque no pueden demostrar sorpresa ni ilusión, ni intensidad. Mola más el que más sobrado va, y ahí entra el fingir no ser impresionable. Pero lo son, sobre todo ante la autenticidad de los testimonios.

 

En la multitud de oportunidades que tenemos de estar con ellos podemos ayudarlos a que su experiencia de amistad crezca y gane en intensidad. Si la vivencia de la amistad les llega, con las limitaciones propias de su corto camino vital, podemos ilusionarlos planteando que puede ser una experiencia todavía mejor. Todos sabemos, por propia experiencia, que la amistad nunca deja de crecer, que empieza pero no tiene porqué acabar. Es un reto continuo. Por eso, como en otros aspectos de la vida, no importa tanto dónde están, sino si están dispuestos a crecer, si están en camino.

 

Plantearlo de esta manera es importante. No creo que debamos establecernos como jueces que dictan cómo y quiénes son sus amigos. Sus elecciones son su responsabilidad. Pero plantear la amistad como reto continuo nos permite ciertas preguntas que les ayuden a clarificar y a crecer en ella.

 

Una vez vino un chaval diciendo que había descubierto que sus amigos ya no le importaban. No valía la pena seguir con ellos. Una mirada comprensiva bastó. Entonces contó que se habían pasado con él, que no se había sentido respetado por ellos y que había decidido dejarlos. Estaba dolido. Al dejarle hablar las conclusiones salieron por sí mismas. Los quería demasiado, por eso le habían dolido aquellas actitudes. Y él solo volvió a ellos dispuesto a aclarar las cosas.

 

Aquel joven encontró en su camino, como tantos otros han encontrado, a una persona dispuesta a escuchar y plantear. ¿Qué pasa con aquel que no encuentra a nadie en su camino?

 

Es importante estar ahí y hacerse los encontradizos, como Jesús salía por los caminos a encontrarse con las personas, sin plan aparente, pero con la idea bien clara. Como Él tendremos que salir siendo testigos de una vida auténtica e intensa que vivimos con alegría y esperanza. Vivirse y presentarse como personas que los quieren y que están dispuestos a hacer con ellos este pedazo de camino. Sin manipulaciones, respetando su libertad, pero mirando bien adentro, sin importarnos sus apariencias y valorando lo que realmente son. Cualquier atisbo de falsedad nos cerrará las puertas.

 

En estas etapas de camino compartido pueden venirles bien ciertas preguntas:

 

  • ¿Por qué es tu amigo?

Plantear los motivos de la amistad es algo positivo. No para juzgarla, como ya hemos dicho, sino para darle caminos de crecimiento. ¿Qué buscas? ¿Qué encuentras? ¿Cuál es tu motivación para ser su amigo? El planteamiento de estos interrogantes pueden llegar a ser muy clarificadores y pueden hacer de la amistad una experiencia más auténtica.

 

  • ¿Eres tú?

A veces es fácil perder la propia identidad para ganar popularidad entre el grupo de amigos. Sabemos que eso no es amistad, pero ellos pueden no entenderlo así al principio. Por eso será clave hablar de aceptación incondicional y de autenticidad personal. Si los amigos lo son realmente, no solo deben aceptarnos como somos, sino que deben ayudarnos a ser auténticamente nosotros mismos.

 

  • ¿Le dejas ser él mismo?

Sabemos que las relaciones son muchas veces complicadas. En ocasiones se pueden crear situaciones de dominio, inconscientes muchas veces, que no dejan a la persona expresarse como es.

 

  • ¿Cuánto lo quieres?

Con relativa frecuencia los jóvenes no muestran sus afectos. Tampoco reflexionan sobre el cariño que ofrecen y reciben de otras personas. La amistad es una oportunidad para ayudarles a reflexionar sobre su mundo afectivo. Demostrar ternura, construir intimidad, abrir espacios de confianza y cariño entre los amigos les ayudará a vivirla con mayor intensidad.

 

Mucho más apropiada será la pregunta en los momentos difíciles de la amistad. Ahí es donde se verá acrisolada. ¿Qué estás dispuesto a hacer por el amigo? En principio cualquier cosa, sin duda. Pero el amor sentido y expresado deberá hacerse acción concreta. Oportunidad preciosa para sentir el sufrimiento que implica la entrega. Y oportunidad de luchar por lo que creen y quieren, oportunidad de aplicar la paciencia.

 

  • ¿Qué os decís?

Ya hemos dicho que los jóvenes comunican más con los amigos que con nadie. Pero a veces no salen de los mismos temas o, lo que es peor, acaban por no decirse nada, porque no tienen nada que decir. Invitarles a profundizar en sí mismos, motivando el propio conocimiento personal, profundizando en sus emociones, sentimientos, motivaciones, necesidades… les dará un material vital que podrán comunicar con aquellos con los que tienen confianza.

  • ¿Seguís siendo amigos?

En principio parece que los jóvenes, o al menos los adolescentes, creen en la amistad para siempre. Lealtad y fidelidad son palabras que sabrían conjugar cuando la amistad es sincera. Si lo son, lo son.

 

El problema viene cuando se piensa que uno ya no es amigo de otro porque no es el único amigo. Para ser auténtica la amistad ha de ser libre, en todo momento. Y tampoco puede ser exclusiva. Los celos no tienen cabida en la amistad.

 

  • ¿Algún nuevo amigo en tu vida?

En muchas ocasiones les cuesta abrirse a nuevos amigos. Tan importante es para ellos la afinidad que si no la sienten, no la construyen. Si no hay afinidad cuesta mucho que haya apertura. No les resulta fácil lanzar puentes con los que encontrarse con otras personas. les da miedo acabar siendo un acoplado, es decir, el estar con gente que no quieran estar con él, aunque no lo digan directamente.

 

Esto no significa que les cueste tener diferentes amigos. Suelen entender que la amistad no es exclusiva, aunque a alguno o alguna les cueste, y puedes pertenecer a diferentes círculos de amigos, pero esto no es lo mismo que mostrar una actitud de apertura al otro, que no es visto como un futuro buen amigo. Y la realidad es que cuando tenemos un amigo que dio el primer paso, ¡cuan agradecidos acabamos estándole!

 

  1. Amistad: sabor a evangelio

Construir desde ellos y partir de ellos se impone en nuestros itinerarios. Implica largos recorridos, muchas veces inacabados, pero sabemos que ese es el camino. La imposición no da mejores resultados.

 

La fe es, como la amistad, cuestión del corazón, porque implica la confianza. ¿No será, pues, la amistad un punto de enganche genial para que entiendan y vivan el Evangelio?

 

“Nadie tiene mayor amor que quieren da la vida por los amigos” (Jn 15,13) ¿No es ese Jesús? Cuando contemplamos la Última Cena de Jesús, ¿no es una auténtica cena de amigos, íntima y sentida?

 

La experiencia bíblica dice que el amor de Dios es amor de amigo. Esa fue la experiencia de Abraham que provoca y cuestiona nuestra relación con Dios. Podemos utilizar la experiencia de la amistad para ayudarles a entender su relación con Dios de una manera más vital y no tan teórica. Se trata de poner a Dios en su sitio en la relación y respetarle como se respeta a un amigo y como Él nos respeta a nosotros.

 

Jesús también se presenta como un amigo, y su amor es también modelo de amistad. La entrega, el sacrificio, el estilo de vida de Jesús se puede entender mejor si lo presentamos como alguien que vive en su interior un amor como el de un amigo por el otro. Lo que le pasa a Jesús es que abre totalmente su corazón y se ofrece a todo aquel que se cruza en su camino.

 

  1. Nosotros con ellos, ¿amigos?

Estar al lado de jóvenes y adolescentes no es tarea fácil. Es difícil llegar a ellos, sobre todo cuando la edad empieza a causar distancias. Pero los que estamos vocacionados a ello sabemos la importancia que tiene una presencia adulta gratuita entre ellos. No se trata de imponerse, de querer llegar a todos, sino de ofrecer con sencillez lo que somos.

 

Acostumbrados a dar el primer paso en la relación educativa puede ser que ellos vivan nuestra presencia con ellos como amistad. No será extraño porque la presencia cordial, de confianza y de mutuo respeto son elementos comunes a estas dos relaciones. Ojalá nuestra presencia entre ellos les ayude a plantearse cómo viven su amistad. Pero convendrá no perder el norte, porque nuestra relación con ellos implica una intencionalidad educativa que no podemos perder.

 

Será un buen colofón si esa experiencia de relación con aquéllos que empezaron siendo nuestros destinatarios educativos acaba convirtiéndose en amistad.

 

FERNANDO NAVARRO