ESPACIO MÚSICA

Jotallorente es salesiano en la Parroquia San Benito de Madrid (Pan Bendito).

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Las nuevas tecnologías y el mercado hacen de la música un compañero cotidiano de nuestras vidas, sobre todo de la vida de los jóvenes. La música siempre ha estado unida a la cultura, también es así en nuestro tiempo. La música es canalizador de sentimientos, agente socializador, elemento diferenciador del mundo juvenil respecto al mundo adulto.

No es raro al dar un paseo por el parque y encontrarse a grupos de jóvenes alrededor de un banco cada uno con su móvil o emepetrés sonando, no son una actualización de aquellos jóvenes de las películas de los ochenta con su radiocasete al hombro. No es raro, tampoco cruzarse en la calle o en el metro con adolescentes enfundados en sus auriculares abstraídos de toda realidad. Ni lo es menos encontrarse a parejas paseando de la mano, en el mejor de los casos cada uno con un auricular, en el peor cada uno con su reproductor.

 

Yo, por mi parte, al Llegar a casa y tiro mi ipod sobre la cama, está cargadito de canciones, más de las que seré capaz de escuchar en toda mi vida. He encendido el ordenador y antes incluso de abrir el procesador de textos con el que escribo estas páginas he activado un reproductor on-line que me permite tener acceso a seis millones de canciones en un momento y todo por un módico precio. Llevo días dándole vueltas a lo que escribir en estas líneas mientras miro mi cedeteca repleta de discos que tal vez nunca más pondré y recuerdo con nostalgia la colección de vinilos que acumula polvo en la residencia de verano de mis padres. Reflexiono, miro y me digo que soy un consumidor de música desde joven, la discografía de The Beatles la he tenido en tres formatos distintos, el último una remasterización en formato digital, pero no recuerdo si he sido capaz de escucharla entera alguna vez. He sido un apasionado de la música desde los 13 años devorando todo lo que llegaba a mis oídos y componiendo mis propias canciones, pero veo como en mi, al igual que en los jóvenes que me rodean, hay dos espacios para la música. Por un lado el íntimo y personal, aquel en el fluyen sentimientos y sensaciones y es un medio de expresión, y por otro el meramente comercial que me lleva a consumir música como un elemento más de este mundo de consumo globalizado y que influye en nuestro modo de pensar, sentir, vestir e incluso vivir.

 

En el verano de 1976 las revistas musicales hablaban de una banda rocanrolera que hacía una música estridente, sincopada y excéntrica. Se llamaban Sex Pistols (los pistolas sexuales) y estaban liderados por dos jóvenes con apodos igual de provocativos Johnny Rotten (Podrido) y Sid Vicius (Vicioso). Sus actuaciones estaban marcadas por una actitud insolente, canciones obscenas y ropa desgarrada y rota. Este conjunto atrajo la atención de miles de jóvenes urbanos desempleados y descontentos, fue el nacimiento de el punk. Tan solo duraron dos años, después de su gira americana anunciaron su disolución. Pero la mecha estaba encendida, y pronto su estética y estilo musical fueron copiados por jóvenes en todo el mundo, surgieron punks en Milán, Zagreb, Euskadi, Tokio, San Francisco y México DF. En los años ochenta en España las tendencias marcadas por lo que se conoce como el punk radikal vasco (La Polla Récords, Kortatu, Eskorbuto,…) comienzan a extenderse por todo el país radicalizándose con el hardcore o haciéndose más comerciales con grupos como Barricada o Platero y tú, éste último liderado por Fito. A finales de los noventa Fito decide aventurarse en solitario en nuevo proyecto Fito y los fitipaldispublicando “a puerta cerrada” (1998). En la actualidad, Fito,  es uno de los mayores superventas del país haciendo ediciones especiales de cada uno de sus cedés y llenado estadios en sus conciertos, por su trabajo “por la boca vive el pez” (2006) recibió un disco de diamantes (un millón de copias vendidas). Este ejemplo nos vale para ver como la música lleva años siendo un fenómeno globalizado y de masas. También para analizar como la industria del ocio se ha apropiado de algo que nació de los jóvenes para los jóvenes y hoy es uno de los mayores mercados.

 

Delimitación del término música

Se puede decir que la música forma parte de todos los procesos culturales que ha sufrido la humanidad. Siempre ha desempeñado un papel importante en el aprendizaje y la cultura, llegando a influir en costumbres y emociones. En muchas ocasiones forma parte de la tradición de un país o de una región (sevillanas, tangos,…), se identifica con un rito o celebración concreta (gregoriano, villancico,…) complemento de otras manifestaciones culturales (banda sonora,…), como podemos ver el abanico puede ser muy amplio.

 

Aquí nos referiremos por música al fenómeno que empezó en los años 50 del siglo pasado con el rock and roll y que tiene unas características concretas que se han mantenido a lo largo de los años: se trata de un solista o conjunto  que interpretan sus propias composiciones, éstas se editan en conjunto en forma de álbum por una compañía que se encarga de sus distribución, pertenecen a un estilo concreto, tiene una estética determinada y una serie de seguidores o fans que tienen a los intérpretes como ídolos o modelos.

 

La música y el grupo de iguales

 

“Saca el whisky Cheli para el personal,
vamos a hacer un guateque,
llévate el cassette pa´poder bailar,
como en una discoteque”

El joven y el adolescente se identifican por su progresiva incorporación al mundo adulto desvinculándoles de aquello que les une a él, como es su familia y las estructuras educativas. En la mayoría de las veces, y en función de la madurez del chico o chica, esto se genera desde la dependencia del grupo de iguales. La visión grupal del grupo llega a influir en el comportamiento, la vestimenta, las aficiones, el modo de pensar y en las mayorías de las veces se define por el gusto hacia un tipo de música determinado.

 

Gran parte de la causa de esta situación es que el tiempo libre, o mejor dicho el tiempo de ocio, ha llegado a  formar parte de la vida del joven diferenciando claramente entre los días de clase y los días de fiesta, como ellos los denominan. Esto ha llevado también a generalizar ciertos comportamientos o pautas relacionados con la oferta comercial hacia el consumo y la generación de espacios específicos para el ocio juvenil. La música es uno de ellos formando parte en todas las dimensiones de este tiempo de ocio, se escucha en la soledad de la habitación, con el grupo de iguales sentados en un banco, en la fiesta del fin de semana, en el coche en los desplazamientos, forma parte de las películas que ven y de los videojuegos a los que juegan. No es de extrañar fenómenos como High School Musical entre los adolescentes, o videojuegos como el Guitar Hero entre los jóvenes, donde la propia música es la protagonista.

 

Uno de los ingredientes básicos de su vida es la música, muchos adolescentes y jóvenes sienten pavor al silencio y uno de los mayores castigos es dejarles sin emepetrés. No entienden una fiesta sin música y cuanto más alto mejor, sobre todo en las zonas de ocio nocturno, donde además de aplanar los sentidos, el alto volumen provoca la necesidad de hablar cada vez más alto, la mayor parte de la comunicación es gestual y la ingesta de alcohol es mucho más rápida que si se estuviera conversando en una terraza o en la barra. No se puede obviar que el consumo de alcohol y drogas está unido a estos fenómenos de ocio, así la música este interrelacionada con otros espacios juveniles. Algunas Rave (fiesta con música electrónica bailable, Techno, House,…) tienen la estructura rítmica de las celebraciones tribales africanas que llevan al trance, lo que unido al consumo de ciertas sustancias producen efectos y sensaciones únicas que llevan a vincular la música con un estilo de vida concreto.

 

La música como canalizador de sentimientos

“¿Qué es lo que siente, tu corazón al despertar?,

al ver que una mente piensa, pero no te hace llorar,

mi alma me pide una cosa y mi cabeza otra,

pero me dejo guiar por el corazón porque me apoya.

Y entiende todos y cada uno de mis sentimientos,

enganchado al boli y al papel, corazón escribiendo,

en cada verso te relato algo que para mi es mi vida,

escribo con todo mi amor, porque el HipHop es mi guarida.”

Corazón, boli y papel”, Porta, del álbum “No es cuestión de edades” (2006).

Desde siempre la música ha servido para algo más que para entretener, como todo arte es capaz de crear sensaciones, transmitirnos ideas, transportarnos a otros lugares, puede relajarnos o excitarnos.  Dependiendo de la tonalidad en la que esté escrita una canción puede transmitirnos unas cosas u otras. Un tema escrito en una tonalidad menor normalmente da la sensación de ser más melancólico, suele ser utilizado para las baladas, mientras que una obra escrita en una tonalidad mayor es mucho más alegre o festiva. Lo mismo sucede con las bases rítmicas que las acompañan influyendo en los estados vitales, animando o relajando, según sea el caso.

 

Los videos musicales, a su vez, se han convertido en una forma más de entender la música hoy. Los jóvenes y adolescentes, sus principales consumidores, han cambiado también la forma de ver la tele. Hoy existen canales específicos que emiten videos musicales las 24 horas, muchos de ellos, además los llevan en su móvil o dispositivo digital. Música e imagen van también unidas. El problema es que hemos pasado de transmitir una serie de sensaciones con la música y sentimientos con las letras, a ser completamente explícitos con los videos musicales. Si analizamos el contenido de estas piezas audiovisuales vemos como incluyen escenas de baile, sexo, violencia o crimen. Es normal ver en las fiestas de los colegios o campamentos a niñas de 13 ó 14 copiando gestos excesivamente sensuales de sus artistas favoritos. Se pasa de esta manera de ser un elemento que influye en el estado de la persona a ser un elemento que tiende a ser copiado como estilo de vida.

 

En los Hiphoperos podemos ver estas estrechas vinculaciones, el rap es algo más que música, es una forma de vestir, de expresar sentimientos, de pintar, de entender la calle, pero también de relacionarse. Imagen, letra y música están estrechamente relacionadas y se reproducen de igual manera en todas las partes del globo. Es un estilo que nace de la calle y para la calle, por eso transforma la calle con las pintadas y la hace suya. Los raperos no necesitan locales de ensayo, rapean en la calle y cada uno se siente protagonista de sus propias letras.

   

La música como agente socializador y elemento de mercado

Tengo miedo que se rompa la esperanza

que la libertad se quede sin alas

tengo miedo que haya un día sin mañana

Tengo miedo de que el miedo

eche un pulso y pueda mas

no te rindas, no te sientes a esperar

Llegaremos a tiempo”, Rosana, del álbum “a las buenas y a las malas” (2009).

 

Jóvenes y música, en la sociedad moderna, han estado íntimamente vinculados. Podemos decir que tanto la audición como la producción musical son elementos centrales en la mayoría de los estilos juveniles, sino en todos. Si miramos hacia atrás vemos como la música está presente en la génesis de cada estilo juvenil, tribu urbana, cultura urbana, o como queramos definirlo. La primera gran corriente musical que marcó un estilo fue el rock and roll, podemos decir que es la primera gran música generacional. En contra del resto de culturas musicales anteriores, lo que diferencia al rock es su estrecha integración en el imaginario de la cultura juvenil: los ídolos musicales “son muchachos como tú”, de su misma edad y medio social, con parecidos intereses[1]. Desde entonces la música es utilizada por los jóvenes como un medio de autodefinición, una marca, un distintivo, es algo que los une como grupo y los diferencia del resto.  La evolución de las culturas y las subculturas urbanas, desde entonces se asocia a los estilos musicales en una doble dirección, por un lado la creación por parte de los mismos jóvenes de un estilo determinado y asumido por la industria musical, y por otro el consumo de ese producto como elemento diferenciador por parte los mismos jóvenes.

 

Los jóvenes a la hora de acceder a la música que escuchan hacen un uso selectivo y creativo de la música, que escuchan en la radio, en sus cedés o emepetrés. Los jóvenes utilizan la música como refuerzo identificativo con su grupo de iguales, como vehículo de su rebeldía. Escuchar música y ver videos musicales son dos de las actividades más importantes relacionadas durante la adolescencia. Los jóvenes escuchan música desde que se levantan hasta que se acuestan, muchos duermen con música, es utilizada como música de fondo mientras estudian, forma parte de sus vidas. Esto ha sido aprovechado por la industria, es un amplio mercado que no sólo influye en la venta de un número determinado de cedés, influye en la ropa, en el calzado, en las maneras de gestionar el ocio con la creación de festivales, videojuegos…

 

En la actualidad lo que el joven tiene y siente como un elemento diferencial del mundo adulto, como propio y que lo identifica con sus iguales se ha convertido en un mercado de masas que reproduce clones en todas las partes del mundo. Se trata de  uno de los mayores elementos socializadores, influyendo de manera directa en los jóvenes. La música y todo lo que gira alrededor de ella utiliza las necesidades de los adolescentes y jóvenes para convertirlos en piezas clave de una sociedad en la que el consumo es lo primero, enseñándoles el camino desde el principio. Los jóvenes no escuchan música, consumen música.

 

JOTALLORENTE

 

 

[1]  Feixa, Carles, (1999), De jóvenes, bandas y tribus. Ariel. P. 101.