EVANGELIZACIÓN Y PRIMER ANUNCIO

¿POR DÓNDE EMPEZAR?

Seminario bianual de Pastoral Juvenil. Septiembre 2009

Joan Marqués

 

1.- La convocatoria evangelizadora a pie de calle

Cristina Menéndez se define como mujer y laica. Forma parte de las comunidades ADSIS y es la coordinadora del proyecto de pastoral con jóvenes “Jóvenes y Dios”. Bajo el título “Con el mirar de Dios” aborda una reflexión sobre la pastoral del primer anuncio. Los párrafos que siguen están extraídos de esta reflexión expuesta en el Seminario bianual de PJ.

“Por la tarde decís: “va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojizo”. Y, por la mañana: “hoy hará malo, porque el cielo está rojizo y cargado”. Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos” (Mt, 16, 2-3)

Quizá hoy podríamos escuchar las mismas palabras de Jesús a todos aquellos que nos dedicamos a la pastoral con jóvenes. La mayoría percibimos que vivimos unos “tiempos difíciles”. Nos gustaría encontrar una mayor respuesta entre los jóvenes. Nos preguntamos por qué lo que nosotros en nuestro momento percibimos como un proyecto entusiasmante y atractivo, hoy parece no tener eco, o tenerlo muy diluido, entre los jóvenes con los que nos encontramos. Lo cierto es que hoy tenemos multitud de signos que reclaman nuestra atención. Los jóvenes, con su palabra y su indiferencia, con sus respuestas y sus ausencias, están reclamando algo de nosotros. Y el Espíritu con ellos, y a través de ellos…

Contamos con la certeza de que las promesas de Dios en Jesús, se cumplirán por el Espíritu que actúa en la historia. Y, sin embargo, nos asustamos ante las reacciones de los jóvenes: porque nos enfrentan a una forma de ver el mundo que no entendemos y nos cuesta creer que Dios puede estar diciéndonos una palabra en ellos. Por otra parte, estamos convencidos de que lo que vivimos –nuestra fe, el seguimiento de Jesús, la experiencia comunitaria– es un tesoro, una buena noticia, una propuesta que merece la pena ser comunicada. La pregunta es, por tanto, cómo somos capaces de transparentarla más que ocultarla, cómo dejamos que la Buena Noticia de Jesús se pueda transparentar a través de nosotros y nuestra acción personal y comunitaria con toda su vigencia y actualidad.

Los signos de los tiempos: una cultura líquida

En los últimos tiempos se ha acuñado la expresión de “cultura líquida” frente a la cultura “sólida” de la modernidad. Una expresión que hace referencia a muchas de las cosas que nos desconciertan en el encuentro con los jóvenes: todo es móvil, todo es flexible, todo cambia. . Lo líquido no tiene forma en sí mismo: adopta diversas formas según los recipientes. Los esquemas que teníamos para entender el mundo se nos desmoronan y, sobre todo, descubrimos que resultan difícilmente comprensibles para los jóvenes.

Sin embargo…:

  • tal vez los jóvenes son constructores más activos hoy que antes de su identidad… están obligados a serlo si quieren tener identidad…
  • puede que no sean más libres, pero tienen menos elementos determinados. La sociedad de hoy ofrece tal abanico de ofertas, aunque muchas estén fuera de su alcance, y ofrece tan pocos caminos fijos, que se encuentran permanentemente con multitud opciones posibles y, al mismo tiempo, eso les hace más complicada la libertad…
  • admiten grados de adhesión variable, como señalan los obispos de Québec. Nada es todo o nada, todo requiere síntesis, y, por eso, es muy difícil lograr la identidad…
  • hoy se niegan a renunciar a elementos valiosos de su propia identidad sin una buena razón. No están dispuestos a renunciar a la afectividad, al placer, al encuentro…

Y, sí, somos conscientes de que toda esta realidad tiene pros y contras, conlleva muchísimos peligros, pero, ¿y si probamos a centrarnos en lo que podemos aprovechar, lo que nos habla del ser humano imagen de Dios, en lo que nos habla del Reino?

Vamos a proponer cuatro signos de este momento cultural que consideramos que nos pueden dar claves para nuestros procesos pastorales:

 

  1. La primacía de lo afectivo

Hoy la afectividad, lo que me gusta, lo que me mueve, lo que me afecta, tiene carta de ciudadanía. La afectividad tiene que ver con el amor, que es la palabra central del mensaje de Jesús. El amor no se reduce a lo afectivo, pero lo integra. Desde la primacía de lo afectivo en los jóvenes y en la cultura podemos descubrir una búsqueda del amor como lo único que da plenitud al ser humano, como el anhelo más profundo del corazón humano. Qué más cercano a la Buena Noticia de un Dios que es amor y que nos invita a ser como Él en el amor.

Anunciar la Buena Noticia de Jesús en esta cultura nos obliga a ofrecer a los jóvenes espacios donde amar y ser amados, donde el amor sea la norma suprema: un amor sin duda comprometido y eficaz, pero también sensible y personal. Demanda que nuestra Iglesia, nuestras comunidades y nuestros procesos sean escuelas para aprender a amar y ámbitos de amor concreto, personalizado y eficaz, espacios del Reino donde se viva y se aprenda a vivir como hermanos (NMI, 43).

 

  1. La recuperación de la intuición

En el diálogo fe y cultura, los cristianos hemos reivindicado históricamente que la racionalidad científica, en exclusiva, aún siendo importante, era incapaz de dar respuesta a las búsquedas del ser humano. Que había otro tipo de sabiduría y otras formas de acceso al conocimiento que no se reducían a lo empíricamente demostrable.

Hoy asistimos a la recuperación de otras racionalidades. Descubrimos sorprendidos el hambre de trascendencia y religiosidad que se manifiesta en la New Age y en las búsquedas de corte oriental. Las decisiones no se toman principalmente por convicción ideológica, sino por intuición: un conjunto de experiencias y saberes que escapan al pensamiento lógico científico.

En realidad, la sabiduría del Evangelio tiene más que ver con ese tipo de conocimiento intuitivo, que integra lo afectivo, lo racional y lo vital que con un tipo de argumentación exclusivamente lógico-científica que no toca el corazón. El seguimiento de Jesús no se produce por convencimiento ideológico, sino por conversión del corazón. La apertura a otras racionalidades de la cultura postmoderna nos abre de nuevo, así, a la sabiduría de la contemplación, a la interioridad, a la intuición, a la fe, a la experiencia personal, al testimonio. Y nos invita a vivir profundamente enraizados en Dios y transparentando el misterio de su presencia en nuestra vida y en la historia, y a educar a los jóvenes en esa experiencia.

 

  1. Los valores del Reino

La tradición cristiana ha dejado muchas huellas en la cultura occidental, también en valores profundamente cristianos y que hoy están arraigados en nuestra cultura secular: la solidaridad, la justicia, la libertad, la igualdad, la tolerancia, la fraternidad.

Es cierto que vivimos una cultura individualista y, en muchas ocasiones, insolidaria. Pero nunca en la historia ha sido tan aguda la conciencia de los derechos de las personas, aunque éstos no siempre se respeten. Estos valores se han convertido en patrimonio de la humanidad y es una conquista que no podemos menospreciar.

Los jóvenes con los que nos encontramos gozan de este patrimonio y participan de éste universo de valores. Éstos son punto de partida irrenunciable para anunciar la Buena Noticia de Jesús, que los lleva a la plenitud, y para una evangelización que nos coloca codo a codo con otros, creyentes y no creyentes, en la construcción de un mundo de hijos y hermanos donde cada ser humano pueda vivir con la dignidad de los hijos de Dios.

 

  1. La reivindicación de la libertad

Hoy, en nuestra sociedad occidental, muy pocas cosas están predeterminadas. Hay una aguda conciencia de la libertad individual, y el sujeto es considerado como el único legitimado para decidir su vida. Como consecuencia, los jóvenes se ven abocados a una serie de decisiones cada vez más tempranas, muchas veces cuando apenas están equipados para ellas.

Cómo no valorar positivamente este crecimiento en libertad del ser humano. Cómo no valorarlo como querido por Dios, que nos sueña amándole y amándonos en libertad. Pero nos sitúa ante el desafío de educar en la fe en el eje de la libertad: ayudando a los jóvenes a equiparse para poder vivir en una libertad crítica, madura y responsable, y ayudándoles a ejercer esa libertad.

Una educación en la fe en libertad y para la libertad requiere posibilitar la maduración de una fe personalizada, afianzada en una experiencia personal de seguimiento de Jesús, contrastada en la intemperie y el diálogo y alimentada en comunidades abiertas a la cultura y a la historia. Una fe liberadora, apoyada en la experiencia de haber encontrado el tesoro escondido, vivida en libertad.

Procesos abiertos, flexibles e inclusivos

Todos estos elementos nos obligan a cambiar no tanto las metodologías, sino el propio estilo y dinámica de los procesos, para hacerlos más abiertos, flexibles e inclusivos. No es cuestión de dinámicas, de métodos, de juegos o de estrategias; no es cuestión de maquillarnos con nuevas tecnologías para hacernos más atractivos a los jóvenes: es cuestión de fondo, de perspectiva, de cultura y de estructura. Se trata de pasar:

  • De procesos lineales, con un punto de entrada y un punto de salida, a procesos abiertos y circulares, donde quepan muchos puntos de entrada y muchos puntos de salida, donde se pueda recorrer uno u otro tramo; donde la permanencia y la pertenencia se vayan produciendo desde la experiencia profunda de encuentro con Jesús.
  • De procesos más o menos rígidos, con una secuencia fija homogénea, a procesos flexibles, adaptables, con diferentes itinerarios desde las diferentes necesidades, inquietudes, búsquedas y sensibilidades de los jóvenes.
  • De procesos en cierta medida cerrados, en los que sólo participan los que están dispuestos de partida a asumir un cierto grado de compromiso, a procesos inclusivos, donde caben todos, aunque no todos con el mismo nivel de profundidad o compromiso, donde pueden compartir camino y experiencias jóvenes con distinto grado de vinculación a la propuesta de Jesús y jóvenes con los que comparten la búsqueda común de un mundo más justo y humano según los valores del Reino.

Para desarrollar este tipo de procesos, necesitamos apostar por:

  • Generar ambientes de jóvenes en torno a la comunidad donde se vivan y palpen los valores del Reino y donde se pueda escuchar la palabra de Jesús. Los valores se aprenden por contagio, y es necesario espacios donde poder ejercitarlos y probarlos.
  • Ser comunidades cristianas abiertas a los jóvenes que testimonien la presencia de Jesús en medio de ellas. Comunidades que vivan la fraternidad y puedan ofrecer a los jóvenes espacios para palpar “un trocito de Reino”. Comunidades y hermanos que anuncien con palabras y con hechos la presencia de Jesús en sus vidas.
  • Crear espacios con puertas abiertas, con facilidad para entrar y para salir, nunca ghettos cerrados y protegidos. Espacios, comunidades y pastorales en diálogo y en relación y colaboración con otros, compartiendo luchas e inquietudes con ellos.
  • Ofrecer una formación humana y cristiana a los jóvenes profunda y de calidad, que les permita plantear su vida y su participación como cristianos en la Iglesia y en el mundo.
  • Ser y formar acompañantes expertos en la fe y expertos en humanidad, capaces de acompañar a los jóvenes en itinerarios personalizados, radicales, desafiantes y liberadores.

Pastoral con jóvenes, comunidad e Iglesia

La dedicación a la pastoral está aún en nuestra Iglesia de España restringida a los “profesionales de la religión”: sacerdotes y religiosos/as. Los laicos participamos “voluntariamente”, en el tiempo libre que nos deja una vida que también es compleja para nosotros. América Latina nos lleva una gran ventaja en esto: es una Iglesia capaz de profesionalizar a otros miembros de la comunidad para tareas pastorales. No sólo ni principalmente por una necesidad numérica, sino también porque el Espíritu reparte los carismas como quiere. Esto requiere que seamos realmente una Iglesia comunitaria, capaz de dar juego a sus miembros en función de la misión que se le ha encomendado.

Una pastoral que eduque en libertad y a la libertad requerirá de la Iglesia ser cada vez más una Iglesia participativa, donde todos tengamos espacio para aportar, crecer y compartir. Una pastoral con jóvenes que les invite a un mundo de hijos y hermanos pedirá una Iglesia comunitaria, y, a su vez, sólo una comunidad cristiana viva podrá gestar y alumbrar esa pastoral.

Una llamada a la esperanza: Dios siempre va delante

Nosotros podemos no saber cómo llegar a los jóvenes, pero Dios sí sabe cómo llegar. Dios va siempre delante. Él ya está presente en esta cultura que nos desconcierta, está presente y actuante en los jóvenes en los que nos llama. Por eso, más allá de estas sugerencias, la pastoral ha de ser una apuesta por los jóvenes, convencidos de que Dios nos está citando en ellos, obligándonos a desinstalarnos y a romper nuestras inercias, para descubrirnos nuevos horizontes que no alcanzamos a imaginar. Ojalá seamos valientes y nos atrevamos a responder a este desafío.

 

2.- Nuevo paradigma de la iniciación cristiana

«Un mundo desaparece y otro está emergiendo, sin que exista ningún modelo preestablecido para su construcción (…) Ahora bien, a lo largo de la historia –especialmente en Europa- la Iglesia (…) no sólo se encontraba bien insertada en ese mundo, sino que había contribuido ampliamente a su constitución, mientras que la figura del mundo que hay que construir se nos escapa (….)[1]

«Rechazamos toda nostalgia de épocas pasadas… No soñamos con una imposible vuelta a lo que se denomina “cristiandad”. En el contexto de la sociedad actual es donde queremos poner por obra la fuerza de propuesta y de interpelación del Evangelio…»[2]

Con estas palabras de la carta pastoral del Episcopado francés Proponer la fe a la sociedad actual motiva Donaciano Martínez, sacerdote de la diócesis de Palencia, su reflexión sobre la propuesta de un nuevo paradigma de iniciación cristiana. He aquí algunas ideas de su exposición.

La asunción este cambio de época, uno de cuyos signos de identidad es la ruptura en la transmisión de la fe, supone para la catequesis un reto pastoral positivo y creativo para dar respuesta a las preguntas de cómo nacer hoy a la fe cristiana, cómo engendrar creyentes en nuestra sociedad actual y cómo crear las comunidades cristianas del siglo XXI. Esto supone mucho más que una mera renovación de contenido y método. Se trata de dar un giro histórico en el modelo de transmisión de la fe, de un nuevo paradigma para la evangelización: una evangelización nueva para unos tiempos nuevos. Una evangelización nueva que supone una nueva comprensión de la Iglesia en la sociedad actual, un proyecto integral de misión (con una atención comprometida al primer anuncio y a la iniciación cristiana) y un nuevo perfil de creyente y de comunidad cristiana.

Concepción del nuevo paradigma y factores para su diseño.

Las concepción de este nuevo paradigma en la iniciación cristiana podemos describirlo como un paso de «la reproducción a la recomposición» sustituyendo la transmisión de la fe bajo la forma de herencia o mera repetición por la transmisión bajo la forma de propuesta, dirigida a la persona, que reclama de ella no sólo una acogida sino una apropiación personal mediante una elaboración personalizada sin pérdida de los rasgos característicos de un cristianismo fiel[3].

«El proceso de iniciación ha de entenderse, pues, como la tarea de acompañar en la búsqueda personalizada del descubrimiento, la experimentación y la asunción de la propia identidad cristiana»[4].

Entre los factores implicados para diseñar este nuevo paradigma se apuntan los siguientes:

  • El sujeto y ámbito para la gestación de un nuevo cristiano lo constituye unnuevo rostro de comunidad cristiana viva y comprometida, acogedora y con calor de hogar. Un nuevo modelo personalizado y comunitario, donde los iniciandos participan de la vida de la comunidad y son conducidos a formar la comunidad. El grupo es una célula viva de esta comunidad, pero ha de ser menos parecido a la mesa de un aula y más al taller de una experiencia donde acontece el encuentro con el Señor, su escucha y seguimiento. Esto supone también un nuevo perfil del catequista-animador, que tiene más un papel de guía, animador, testimonio y acompañante y no tanto de didacta.
  • La iniciación es un proceso, un camino a recorrer, más que una sucesión de cursos de catequesis. Esto conlleva la posibilidad de diferentes puertas de entrada, diversos programas, itinerarios diversificados, ritmos adaptados teniendo en cuenta las diferentes situaciones personales.
  • El contenido del mensaje debe ir a lo nuclear en un lenguaje inculturado. Partir del corazón del misterio de la fe, elaborando los distintos elementos que forman la “gramática cristiana” pero también prestando atención y desarrollo del humus humano en el que se enraíza la fe. De esta “gramática humana” pueden nacer las preguntas y las expectativas que engarzan con la búsqueda y demanda de la fe.
  • La propuesta de una catequesis más litúrgica, estableciendo un nuevo tejido de relaciones de la catequesis con la celebración y el resto de acciones en las que la comunidad cristiana vive y manifiesta su fe y realiza su misión.
  • La pedagogía de la iniciación debe consistir en un dar la mano (a una persona o grupo) para que empiece a vivir una experiencia y se adentre en ella. No se trata tanto de proponer lo que hay que vivir, sino de vivir lo que se propone. El acompañamiento personal es absolutamente necesario para la reelaboración personalizada de la fe.
  • La celebración de los sacramentos de la iniciación constituyen así el culmen de la iniciación y la fuente del vivir cristiano.

Algunos rasgos identificadores del nuevo paradigma

Completamos la descripción del nuevo modelo de iniciación señalando algunos de sus rasgos fundamentales.

  • Acogida y propuesta. Es un modelo abierto, que cuida la acogida, al que nada de lo humano le es ajeno y que toma muy en serio la inculturaciónde la fe. Y al mismo tiempo es un modelo que con libertad hace la propuesta de la fe y pretende ir al corazón del misterio.
  • Inmersión y experiencia. Es un modelo de iniciación por inmersión, por contagio; es decir por la inmersión evangelizadora en el encuentro con el Señor en la comunidad, en la celebración y en la praxis cristiana. Un modelo experiencial; es decir, configurado por la experiencia narrada, testimoniada y vivida; un modelo que potencia la experiencia religiosa.
  • Proceso y personalización. Es un modelo caracterizado por la personalización y en el que se cuida la centralidad de la persona. Un modelo catequético del caminar y del éxodo; un modelo procesual, flexible y dinámico, con espacios y localizaciones diversas, con tiempos y ritmos cambiantes.
  • Comunitariedad y relación. Es un modelo que vivencia la comunidad, que incorpora el diálogo y la experiencia intergeneracional. Un modelo marcado por los testigos, los encuentros y las redes relacionales.

Algunos empeños y transformaciones

Indicamos a continuación algunas acentuaciones y empeños que consideramos necesario afrontar para ir caminando hacia los planteamientos y realizaciones catequéticas y de iniciación que vislumbramos.

  • Hacia una catequesis con «infraestructura humano-espiritual» que cultive la interioridad, provoque y despierte preguntas, proponga vivir determinadas experiencias que hagan posible la apertura y la conexión con la experiencia creyente y que posibilite la apertura a la trascendencia
  • Hacia una catequesis «iniciática» que camine al ritmo que marcan las personas y los grupos en su maduración creyente, que ofrezca un espacio para la “inmersión” en la experiencia cristiana y un aprendizaje personalizado y experiencial.
  • Hacia una catequesis en «camino permanente» para todos y en todas las edades, diferenciada a la vez que integradora y armónica de los diversos momentos y que revise criterios, propuestas y modos de organización
  • Hacia una catequesis que tiene lugar «entre otros» y «con otros», que compagine las propuestas comunitarias dirigidas a todas las edades con las propuestas realizadas a grupos específicos, las posibles relaciones entre las familias y la comunidad cristiana con sus diversos grupos y acciones, y que actué en responsabilidad común y experiencia compartida
  • Hacia una catequesis de «experimentación», que sea lugar de experiencia cristiana, que con una pedagogía vivencial promuevan vivencias de oración, compartir, discernimiento, celebración, compromiso solidario, anuncio de la fe y faciliten la relación con personas y grupos de creyentes que comuniquen su experiencia.
  • Hacia una catequesis de «propuesta» como exigencia de los nuevos tiempos, que propone la novedad de la fe y de la experiencia cristiana, y el Evangelio como una fuerza para vivir.
  • Hacia una catequesis «significativa», que sea provocación e interrogante, noticia nueva que provoca cierto choque y ruptura, apostando por una catequesis que toque afectiva y efectivamente la vida de los destinatarios
  • Hacia una catequesis de «apropiación personal», que capacite para una opción personal fundamental y consciente por la fe cristina, como ejercicio de la propia libertad y prestando atención a los procesos.
  • Hacia un replanteamiento del «grupo catequético», a partir de grupos que tengan en cuenta la pluralidad, los diversos posicionamiento y sensibilidades ante lo religioso, las posibilidades de un mejor acompañamiento. Que sean espacio para vivenciar y experimentar lo que significa ser y vivir en cristiano.
  • Hacia una catequesis que «acompaña en el camino», con acompañantes que sean testigos, mediadores, iluminadores, capaces de ofrecer los instrumentos, los elementos y criterios para que la persona sea capaz de discernir y orientar la propia existencia desde la perspectiva de la fe en Jesús y de ayudar a interpretar y releer la vida desde Jesús y el Evangelio

Grupos de aplicación

A lo largo de todo el planteamiento del nuevo paradigma puede haber surgido la pregunta: ¿en quiénes estamos pensando? Cinco son los grupos significativos para los que programar este plan de iniciación cristiana

  • Adultos y jóvenes no bautizados.
  • Adultos y jóvenes, bautizados al nacer que deciden re-comenzar la iniciación a la fe.
  • Adultos con opción de fe y práctica religiosa, pero desprovistos de una síntesis vital de fe
  • Niños que vienen a la catequesis pero sin haber sido bautizados
  • Niños y adolescentes bautizados, que vienen a nuestras catequesis para una iniciación procesual al ritmo de su crecimiento humano

 

JOAN MARQUES

Delegado de Pastoral Juvenil- Salesianos Barcelona

 

 

[1] Martínez, Donaciano, González, Pelayo, Saborido, José Luis (comp.), Proponer la fe hoy. De lo heredado a lo propuesto, Ed. Sal Terrae, Santander 2006, pág. 46.

[2] Ibid, pág. 45.

[3] Juan Martín Velasco, La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea, Sal Terrae, Santander 2002, pág. 69.

[4] Donaciano Martínez, “La transmisión de la fe en la sociedad actual…”, en Sínite, V.XLV, nº 135, enero-abril 2004, pág. 34.