Experiencias que marcan

Es un hecho que los tatuajes se han convertido en una práctica habitual entre los jóvenes: cada vez se los hacen más grandes y cada vez a una edad más temprana. Personalmente, me llaman especialmente la atención aquellos adolescentes o jóvenes que llevan tatuados símbolos religiosos.

Ya he hablado alguna vez de la proliferación de algunos símbolos en la vestimenta de los jóvenes o cómo los utilizan como complementos. He hablado también de la vaciedad de estos símbolos en el sentido de que han formado parte durante décadas [¡durante siglos!] de una cultura y de una identidad cristiana concreta y hoy se han vaciado de contenido para ser un objeto decorativo más.

Hoy quiero hacer la reflexión desde el tatuaje. Un tattoo, como dicen ellos, es una marca indeleble en la piel, es decir, que es para toda la vida. Además de ser una práctica social cada vez más extendida, el hecho de hacerse un dibujo en la piel implica una decisión por su parte, pues, desde el momento en el que sea marcado, ese dibujo lo acompañará siempre, formará parte de él, lo identificará… Ante esta situación la pregunta es clara: ¿qué le lleva a un chaval  a marcarse con una cruz, un Cristo o una Virgen? La decisión de ponerse lo que cada uno elija es una acción meditada: nadie se pone un símbolo que no le diga nada. Siempre hay una base para la elección y a partir de esa decisión se pueden sacar muchas cosas.

Por otro lado, como agentes de pastoral, también podemos reflexionar desde nuestro punto de vista: ¿Cómo es nuestra pastoral? ¿Realmente es un pastoral que marca? ¿O es más bien una pastoral efímera que se borra rápidamente?

Las ofertas pastorales deberían marcar como ese tatuaje, de modo que no se borren, sino que se conviertan en experiencias de vida que marquen para siempre y que, al igual que el tattoo, formen parte de la vida del joven, lo acompañen siempre y lo identifiquen… Cualquier otra acción que se olvide rápidamente o se borre con más o menos tiempo será una actividad, pero no acción pastoral.

jotallorente