Hasta las últimas consecuencias

En los tiempos en que vivimos, donde casi todo cambia tan rápido, no es fácil encontrar personas que sean fieles a sus valores hasta las últimas consecuencias. Sin ir más lejos, los creyentes, que nos decimos seguidores del Señor Jesús, deberíamos vivir con coherencia y constancia todo lo que se desprende de su vida y de su Evangelio.

Sin embargo, en muchas ocasiones –jóvenes y adultos, hombres y mujeres– no llegamos “hasta las últimas consecuencias” en esto de la coherencia de vida, sino que “adaptamos” y “maquillamos” el compromiso del Reino a “nuestro ritmo” y a “nuestras opciones”.

Vivir el Evangelio “hasta las últimas consecuencias” no se improvisa. Es una actitud cotidiana que nos va entrenando y ejercitando en esto de “estar disponibles al Otro y a los otros”. Es un ejercicio de discernimiento permanente que nos saca de nosotros mismos (evitando la autorreferencialidad de la que tanto habla el Papa Francisco) y nos pone a la escucha de los demás y, en medio de ellos, a la escucha de Dios mismo. Es un compromiso compartido con la comunidad y asumido en un ejercicio personal de libertad.

Sin duda, desde la fe, vivir “hasta las últimas consecuencias” es una opción vocacional: una respuesta de vida a la propuesta con la que Dios sueña para cada uno de sus hijos, un compromiso vital al servicio de la construcción del Reino.

No es fácil, es cierto, y tampoco está de moda…, pero vivir una vida desde la clave vocacional, responder a la llamada a la auténtica felicidad y compartir la vida con muchos “hasta las últimas consecuencias” no merece la pena, sino que ¡merece la vida!

El Papa Francisco –a través del vídeo mensual que publicó en las redes sociales el pasado mes de abril– nos lo recordaba a todos los creyentes, especialmente a los más jóvenes: “ojalá los jóvenes sepáis responder con generosidad a vuestra propia vocación y, de este modo, seáis capaces de movilizaros por las grandes causas del mundo”.

Lo dicho: tomar la vida en tus propias manos, escuchar lo que Dios puede soñar para ti, tener el coraje de vivir tu vocación… no merece la pena, ¡merece la vida!

Xabier Camino Sáez, SDB
Coordinador inspectorial de Animación Vocacional · Salesianos ‘Santiago el Mayor’

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