Horizontes del voluntariado

PRESENTE Y FUTURO DEL VOLUNTARIADO

 

Se presentan aquí algunos datos sobre la realidad actual del voluntariado, sobre el futuro que se avecina y, en fin, sobre la relación que los jóvenes mantienen con él. Por último, se apunta una sencilla orientación bibligráfica con la que guiarse tanto en el análisis del tema como, sobre todo, en los procesos educativos que deben acompañar la formación del voluntariado.

 

  1. Voluntariado y ONGs sociales

 

Según la Plataforma Estatal del Voluntariado, en España, el 52% de las organizaciones sociovoluntarias —aquellas que agrupan el mayor número de asociaciones de voluntarios— se crean después de 1986, particularmente en el la década de los noventa. El reciente «Informe sobre ONGS de Acción Social» (Empleo y trabajo voluntario de las ONG de acción social, diciembre 2000), elaborado por la «Fundación Tomillo» en colaboración con el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, revela que 1.073.000 voluntarios trabajan en dichas asociaciones no gubernamentales. Conforme a estos datos, la tasa media anual de crecimiento de los voluntarios en este terreno es de 5’3% en los últimos cinco años. Las previsiones para los dos próximo años apuntan hacia 175.000 trabajadores más —125.000 como voluntarios y unos 50.000 como asalariados—. El estudio «Empleo y trabajo voluntario…» también afirma que las ONGs de acción social dan empleo a 284.000 trabajadores y trabajadoras, lo que supone que más de dos de cada 100 asalariados españoles trabajan en una ONG de este tipo (2’1% del empleo).

Existen en España más de 11.000 ONGs de acción social, entre asociaciones y fundaciones. Cerca de la mitad (47%) de esas organizaciones tiene menos de diez años de vida y, en general, son pequeñas (menos de 50 miembros). Como causa de la expansión, el informe al que nos referimos señala la escasa atención oficial a los servicios sanitarios y sociales. Entre nosotros, 18 de cada 1.000 trabajadores están dedicados a este sector, cuando la media de la UE es de 38 por cada mil —56 por 1.000 la de Estados Unidos y 120 de cada 1.000 en Noruega—.

 

LAS ONG DE ACCIÓN SOCIAL EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

FUENTE: «Fundación Tomillo»

Por un lado, no es fácil orientarse en el bosque de cifras que se barajan para hablar del voluntariado y las mezclas, como las señaladas, vienen a complicar más aún el tema. Lo cierto es que, según los datos más fiables, la cultura participativa española es escasa: apenas el 22% afirma estar asociado a algo, es decir, el 78% de los españoles no forma parte de ninguna dinámica de participación activa. Por otro lado, las asociaciones filantrópicas —donde se encontrarían todas las organizaciones de voluntariado—, pese al notable incremento sufrido en los últimos años, apenas representan un 4’5% del total de las asociaciones[1].

Por otro, cada vez más el voluntariado corre peligro de asimilarse a una simple «empresa de servicios» que, además, repite los modelos establecidos socialmente en este campo (por ejemplo: las mujeres cobran menos que los hombres que ocupan puestos equivalentes, predominio del personal femenino como en el resto de organizaciones asistenciales, etc.). De ahí que se insista en que las ONGs no son importantes solamente por su labor asistencial, sino porque también suponen el 1’1 del valor añadido de la economía (0,73 billones de pesetas) y son, como ya señalamos más arriba, una fuente importante de empleo o un «puente hacia la ocupación».

 

 

  1. El futuro que se avecina

 

La expansión del voluntariado en España está directamente ligada a la promulgación de la «Ley del voluntariado» (Ley 6/1996, de 15 de enero, aparecida en el B.O.E. el 17 de enero de 1996). “El moderno Estado de Derecho —afirmaba en su número primero— debe incorporar a su ordenamiento jurídico la regulación de las actuaciones de los ciudadanos que se agrupan para satisfacer los intereses generales, asumiendo que la satisfacción de los mismos ha dejado de ser considerada como una responsabilidad exclusiva del Estado par convertirse en una tarea compartida entre el Estado y sociedad. […] Queda superado el concepto restringido de voluntariado, asimilado con frecuencia a lo puramente asistencial, para dar cabida también al resto de ámbitos en los que la participación ciudadana es igualmente valiosa y necesario complemento de la actividad pública. Desde la educación al deporte, de los cívico  a lo asistencial, la ley recoge lo que viene siendo la práctica habitual de quienes trabajan de forma altruista en conseguir una sociedad mejor para todos”.

La ley ponía en marcha el principio del «interés general» (se define el voluntariado como “el conjunto de actividades de interés general desarrolladas por personas físicas en el seno de una organización, al margen de toda relación laboral o funcionarial”) como base donde situar todos los voluntariados. Ahora bien, la inminente profesionalización de la Fuerzas Armadas, con lo que acaba la prestación social sustitutoria y desaparecen los objetores de conciencia al servicio militar, producirá un cambio significativo del panorama.

La desaparición del servicio militar obligatorio —en el pasado mes de noviembre se realizó el último sorteo— va a tener como consecuencia inmediata para las ONG el no poder contar con los objetores que realizaban la prestación social sustitutoria (unos 50.000 en la última convocatoria). Un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Barcelona señalaba el año pasado que ello iba a suponer que un 25% de los servicios prestados por estas organizaciones no se iban a poder mantener.

La Administración pública estatal —y alguna de las autonómicas— trabaja ya con la posibilidad de poner en marcha un «servicio civil». Entre las razones del mismo, recogidas en el «Documento de trabajo sobre el servicio civil» —elaborado por la Dirección General de Objeción de Conciencia del Ministerio de Justicia—, se apunta que “contribuiría de forma decisiva al bienestar general de la población” y que “incidiría positivamente en al formación integral de los jóvenes, facilitando su integración y compromiso social”, como «complemento» a su educación en solidaridad y responsabilidad y como formación en los llamados «nuevos yacimientos de empleo». Este servicio civil sería voluntario, según indica la Constitución, pero se podría incentivar con beneficios sociales —facilidades para conseguir una vivienda de protección oficial— o académicos —becas—.

 

El «Consejo de la Juventud» —el organismo del Ministerio de Asuntos Sociales que agrupa a 71 organizaciones juveniles— ya ha manifestado su rechazo a este servicio civil. El argumento principal para dicho rechazo es que “en el país de la UE con mayor tasa de desempleo juvenil” lo que debe hacer la Administración es “fomentar el empleo”. Tampoco las principales ONG son partidarias de esta iniciativa, reconociendo no obstante que alguna organización pequeña puede tener problemas para cubrir el trabajo de los objetores. Según Domingo Pérez, responsable de formación de «Cruz Roja» —la mayor organización asistencial por presupuesto y número de trabajadores—, “hay que hacer otro planteamiento”. Afirma: “Aunque la desaparición de la prestación social sustitutoria nos puede causar algún problemilla, llevamos años preparando el terreno. Nosotros tenemos muy claro que somos una organización de voluntariado. Lo que vamos a hacer para suplir a los objetores es fomentar la captación de otros grupos, reorganizar y priorizar los servicios”. Entres sus objetivos entra el dirigirse especialmente a los prejubilados, las amas de casa y los adultos de más de 30 años, “los colectivos menos representados actualmente entre los voluntarios”.

 

Para Luis A. Aranguren el «caso del servicio civil» repite de nuevo, por un lado, eso de «¡qué grande es ser joven!» y, por otro, se mantiene en las vueltas y revueltas al tema de la calidad de vida. Así “el servicio civil aparece como una renovada «escuela de ciudadanía», sin que se formule la más leve autocrítica ante el fracaso de todo un sistema educativo, que es tanto como decir el fracaso de nuestra sociedad,” con el que los jóvenes terminan “escasamente apegados a los valores cívicos”. Además, “nos topamos con una visión del servicio civil claramente paliativa respecto a los efectos no deseados de la ausencia de cien mil plazas que son las que en la actualidad cubren los objetores de conciencia”. En cualquier caso, concluye, una cosa sería este pretendido servicio civil y “otra, muy otra, el voluntariado”[2].

 

 

  1. Los jóvenes y el voluntariado

 

El último Informe Sociológico de la Fundación «Santa María» (Jóvenes españoles ’99) confirma, antes de nada, que los jóvenes españoles manifiestan un alto nivel de aprobación y estima hacia los movimientos que se organizan para defender intereses diversos, siendo los dedicados a la defensa y promoción de los derechos humanos los que alcanzan mayor aceptación. El voluntariado, en concreto, es la institución social que les merece mayor confianza.

Sin embargo, pese a la aceptación son pocos los jóvenes que se comprometen con dichos movimientos o que participan en el voluntariado. En general, el nivel de asociacionismo es llamativamente bajo —siete de cada diez jóvenes no pertenece a ningún tipo de asociaciones y los que pertenecen se integran mayoritariamente en asociaciones deportivas—. También respecto al voluntariado la realidad es más pobre que los buenos deseos: sólo un 5% de los jóvenes entre quince y veinticinco años pertenece a alguna organización.

 

ASOCIACIONISMO JUVENIL         JÓVENES Y VOLUNTARIADO

 

(Construir gráficos págs. 77 y 78)

 

FUENTE: Jóvenes españoles ’99 y P. GONZÁLEZ BLASCO (Jóvenes españoles 2000)

 

Nada menos que un 70% de los adolescentes y jóvenes, entonces, no se integra para nada ni participa en asociaciones y organizaciones. Viven sin vínculos o, lo que viene a ser algo semejante, con vínculos sueltos y flexibles, tan sólo guiándose por alguna que otra responsabilidad puntual basada, sobre todo, en la emoción.

  1. Elzo sentencia que “en los actuales jóvenes hay un hiatus, una falla entre los valores finalistas y los valores instrumentales”: se sienten próximos afectivamente a los primeros (pacifismo, tolerancia, ecología, voluntariado en general), pero se despreocupan de los segundos (esfuerzo, responsabilidad, implicación, participación, compromiso…). Se puede decir, incluso, que “apuestan fuertemente por fines nobles, pero les falta el ejercicio de la disciplina”, la educación de la voluntad[3].

 

 

  1. Cambio social, solidaridad, voluntariado y procesos educativos

 

Ofrecemos una sencilla orientación bibliográfica, para cerrar el conjunto de datos ofrecidos hasta ahora, con la que guiarse tanto en el análisis del tema como, sobre todo, en los procesos educativos que deben acompañar la formación de voluntarios y voluntarias.

Ni pretendemos ser exhaustivos ni tan siquiera citar los libros fundamentales, tan sólo hacemos una selección parcial orientada por las diferentes cuestiones que se enuncian en el título de este epígrafe. Por otro lado, de alguno de los textos tan sólo hacemos una breve referencia general a su contenido.

 

 

CAMBIO SOCIAL Y SOLIDARIDAD

 

RAFAEL DÍAZ-SALAZAR

Redes de solidaridad internacional

Para derribar el muro Norte-Sur

Ed. Hoac, Madrid 1996.

 

Ante las profundas transformaciones en curso, ante el llamado «cambio epocal» al que asistimos… «¿Qué podemos hacer?». “Esta pregunta y el intento de responderla marcan este libro”, afirma su autor en la introducción. Lo logra a través con tres pasos fundamentales: 1/ Análisis del internacionalismo solidario y la cultura socio-vital de los ciudadanos españoles; 2/ Estudio de las políticas de solidaridad internacional en relación con el estado, la sociedad civil y la ciudadanía; 3/ Propuesta de cooperación con los países empobrecidos y las implicaciones respecto a los gobernantes y a los ciudadanos.

Así está la cultura de la solidaridad internacional en España, conforme al análisis de la realidad que ofrece R. Díaz-Salazar:

 

¡ La sociedad española está instalada en la cultura de la satisfacción. Se percibe una alta intensidad con «lo mío y sus alrededores» y una baja intensidad con las instancias de participación social.

¡ Estamos ante una sociedad familiar y «tribal», cuyos individuos buscan sobre todo la autorrealización personal por itinerarios de cálculo egoísta.

¡ Difícilmente se puede hablar de «retorno de la sociedad civil». En España existe más bien una sociedad débil, carente de ideales colectivos altruistas (salvo maravillosas excepciones), difícilmente movilizable y con poca «vivacidad psicológica». De ahí que pueda hablarse de la preeminencia de «estilos de vida light», de «perfiles vitales blandos», de actitudes éticas situacionistas y relativistas…

¡ La nuestra es una sociedad cada vez más homogeneizada por una concepción hedonista y narcisista de la vida, que da una gran importancia a la simulación y la apariencia.

¡ Se puede constatar una emergencia de «valores postmaterialistas» y un deseo soterrado de participación social, una especie de «ciudadanía social sumergida» que llega a configurar una especial «solidaridad de demanda», pero no una «solidaridad de oferta».

 

El gran reto que se impone, pues, es el de construir una nueva cultura: la «contracultura de la solidaridad», para transformar los modos dominantes de pensar, sentir y actuar. Para ello, hay que generar una ecología de la solidaridad internacional que introduzca nuevos aires, nuevos climas culturales que cambien la atmósfera vital dominante. Al respecto, el libro realiza unos detallados análisis de las actuales «Políticas de Cooperación y Ayuda Oficial al Desarrollo» y sugiere numerosas propuestas concretas de «acción solidaria» —al hilo de otros tantos y sangrantes datos de la injusta realidad que viven tantas personas— con los países empobrecidos.

En fin, necesitamos que el olor de los países pobres penetre en nuestro mundo; caminar hacia una cultura de la acción, participación, militancia…; vincular la razón económica y la razón ética, etc.

 

 

INMANOL ZUBERO

Las nuevas condiciones de la solidaridad

Ed. DDB, Bilbao 1994.

 

Arranca el libro defendiendo que el problema actual no estriba tanto en una crisis del valor de la solidaridad cuanto en su realización práctica, como consecuencia del agotamiento del modelo que hasta ahora había servido para enmarcar las reivindicaciones políticas, movilizaciones y luchas sociales a favor de la solidaridad. El nuevo modelo de solidaridad ha de adaptarse a la «irrupción del Tercer Mundo», impulsando una «solidaridad compasiva» que pasa necesariamente por un nuevo planteamiento moral.

El descubrimiento de los límites —de pronto nos encontramos con que el juego de la supervivencia se rige por reglas sobre las que carecemos de control: todo está relacionado…—, la conciencia de la globalidad e, igualmente, el descubrimiento de la escasez —no hay recursos suficientes para que todo el planeta sea un «privilegiado barrio Norte», impulsan ese «nuevo modelo de solidaridad», cuyos sujetos principales son las mayorías empobrecidas del Sur y los colectivos excluidos del Norte: “Será en los países del Tercer Mundo donde habrán de encontrarse las respuestas más definitivas para superar la actual civilización del egoísmo”.

Para convertirnos también nosotros en sujetos de la nueva solidaridad “es absolutamente imprescindible que cambiemos nuestra mirada, que aprendamos a mirar la realidad con una perspectiva nueva para poder así sentir el dolor de todas las personas que sufren”.

Estos son los capítulos hasta reivindicar el protagonismo de las víctimas, actualizando su memoria: 1/ La nostalgia de la solidaridad perdida; 2/ Los dos modelos clásicos de la solidaridad; 3/ La crisis de solidaridad en las sociedades avanzadas; 4/ La irrupción del Tercer Mundo; 5/ Un nuevo modelo de solidaridad; 6/ Los sujetos del nuevo modelo de solidaridad.

 

 

 

JOAQUÍN GARCÍA ROCA

Exclusión social y contracultura de la solidaridad

                  Prácticas, discursos y narraciones

Ed. Hoac, Madrid 1998.

 

Busca el autor perfilar una definición actual de solidaridad, “contribuir a identificar su cancha y sus nuevos mimbres, y descodificar las voces y los silencios de nuestro tiempo”. Y arranca, para conseguir este objetivo, dándole vueltas al sufrimiento humano: “El imperativo fundamental que pesa sobre la cultura actual consiste en habérselas con el sufrimiento humano”; su posición ante él marca en definitiva la orientación tanto personal como colectiva.

Frente a la exclusión social, que alberga la mayor cantidad de injusticia y sufrimiento, “actualmente, la solidaridad está confiscada por el imaginario social dominante”. Hace falta un «imaginario alternativo»: la «contracultura de la solidaridad» de la que Joaquín García Roca ofrece aquí tanto las prácticas que la están generando, como itinerarios y narraciones que la visualizan.

 

 

SOLIDARIDAD, VOLUNTARIADO Y PROCESOS EDUCATIVOS

 

 

JOAQUÍN GARCÍA ROCA

Solidaridad y voluntariado

Ed. Sal Terrae, Santander 1994.

 

Las grandes riquezas del voluntariado no pueden hacernos olvidar aquella fragilidad que reside en las dificultades para elaborar su propio «patrimonio cultural»: es urgente “recrear con contenidos específicos la cultura del voluntariado”, ensamblar reflexión y acción. El libro, sin duda, consigue aportar numerosos elementos para dicha recreación.

Se dibujan, en primer lugar, las «nuevas fronteras del voluntariado social»: su situación y perspectivas (oportunidades, amenazas, debilidades y fortalezas del voluntariado), los actuales itinerarios del voluntariado social (la cultura de la ciudadanía, de la solidaridad, la maduración de las motivaciones personales…) y el «imaginario social» del voluntariado (referentes simbólicos).

La parte central del texto se ocupa de «la cultura del voluntariado» que trata de «poner sentimiento en la razón y razón en los sentimientos», que se mueve en el «escenario del don» como una «cultura de la gratuidad», donde el «tiempo disponible» se transforma en «tiempo liberado». Surgen ahí: el guía o el voluntariado de la rehabilitación, el vigía o el voluntariado de prevención, el mediador o el voluntariado de la integración, el acompañante o el voluntariado de la asistencia.

Por último, se abordan diferentes aspectos del voluntariado en relación a las políticas sociales (sociedad, familia, personas mayores y jóvenes).

 

 

LUIS A. ARANGUREN GONZALO

                Cartografía del voluntariado

                  Cambio social y procesos educativos

Ed. PPC, Madrid 2000.

 

Una de las últimas y fundamentales publicaciones sobre el voluntariado (cf. la reseña bibliográfica que aparece en las pp. 105-106). “Gráficamente, se podría indicar que a buena parte del voluntariado de acción social le sobran manos para trabajar y corazón para conmoverse inicialmente con el sufrimiento ajeno; pero a este voluntariado le falta cabeza para pensar y voz para denunciar aquello que ve, aquello que le duele y que, sencillamente, es injusto”. De ahí la necesidad más urgente: «vincular el voluntariado actual a procesos educativos».

Sentadas las bases tanto de un nuevo «horizonte integrador» en las tareas del voluntariado, como de la unión de compromiso personal y participación social en el «radicalismo vinculante», el autor propone un «modelo de organización y crecimiento sostenible», tras los ciclos de expansión y compactación. Ésta es la síntesis de ciclos tal como aparece en la pág. 203:

 

Ciclos
 

Expansión

 

Compactación

Crecimiento

sostenible

Momento
¡ Fundacional (52% ONG en España se crean después de 1986).

¡ Confusión: desde el interés general cabe todo tipo de voluntariado.

¡ Consolidación: creación de estructuras y organización.

¡ Reflejo de la cultura de la solidaridad descendente y oficial.

¡ Atención a las personas y gruposdel voluntarios.

¡ Creación de una cultura de la solidaridad ascendente.

Función ¡ Posibilitar la emergencia de nuevos voluntarios.

¡ Fomentar la información-captación.

¡ Rescatar la dimensión solidaria de la persona de forma acrítica.

¡ Darse a conocer.

¡ Estabilizar y controlar el impulso solidario.

¡ Homologar: normalización con regulación legal del voluntariado.

¡ Unificar el discurso ideológico.

¡ Generar itinerarios educativos.

¡ Aplicar criterios de sostenibilidad.

Mecanismos ¡ Fuerte disinstitucionalización. Espontaneidad.

¡ Buscar conexión con otros espacios.

¡ Fuerte institucionalización.

¡ Planificación y gestión de recursos humanos.

¡ Delimita el terreno.

¡ Genera burocracia.

¡ Cuida la calidad humana.

¡ Tiene sentido de proceso.

¡ Fortalece la creación de redes.

Responsables ¡ Líderes-Fundadores de la organización. ¡ Gestores-Administradores de la Institución. ¡ Educadores-Acompañantes del Proceso.

 

Otros dos temas fundamentales aborda el libro: el diseño de un «itinerario educativo” del voluntariado (sobre cuyo tema escribe Luis A. Aranguren en uno de los estudios de este número de Misión Joven) y la relación entre cristianismo y voluntariado. Respecto a este último aspecto, amén de constatar las «resistencias al cambio» promovido por el concilio Vaticano II, se encaran tres de las cuestiones que se viven actualmente como problema dentro de la Iglesia: identidad, confesionalidad y presencia pública. Frente a respuestas que caminan por senderos de «seguridad ideológica» y la relevancia social, etc. —donde existe el peligro evidente de utilización del voluntariado—, se apuesta por una «identidad como apertura» —así: “en el contexto del voluntariado de acción social, hemos de hacer compatible la identidad de las mismas organizaciones de Iglesia con la identidad más amplia del voluntariado”—, por una confesionalidad que se mueva no tanto en la dinámica de los «signos de Iglesia» cuanto en la de los «signos del Reino», y por «la presencia pública como construcción de una ética cívica». Se tratará, en definitiva, de buscar «un cristianismo solidario y místico» donde sea posible que convivan los «equipos de acción social», junto a la comunidad, con su propia identidad y dinámica.

 

 

OTRAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

¡ L.A. ARANGUREN (COORD.), Somos andando. Itinerario educativo y animación del voluntariado, Cáritas Española, Madrid 1999.

¡ I. ZUBERO, ¿A quién le interesa el voluntariado? La acción voluntaria, entre la satisfacción y la deuda, Cuadernos «Pensamiento en Acción», Cáritas, Madrid 2000.

¡ J. GARCÍA ROCA, Caminar juntos con humildad. Acción colectiva, relaciones sinérgicas y redes solidarias, Cuadernos «Pensamiento en Acción», Cáritas, Madrid 2000.

¡ P. CODURAS, Voluntarios: discípulos y ciudadanos, Cuadernos «Cristianisme i Justícia», Barcelona 1995.

¡ E. FALCÓN, Dimensiones políticas del voluntariado, Cuadernos «Cristianismo i Justícia», Barcelona 1997.

¡ LL. MARTÍ, Por qué el voluntariado, Ed. CCS, Madrid 2000.

¡ A. DOMINGO MORATALLA, Ética y voluntariado, Ed. PPC, Madrid 1997.

¡ L.A. ARANGUREN, Reinventar la solidaridad. Voluntariado y educación, Ed. PPC, Madrid 1998.

 

[1] Cf. J. SUBIRATS (ED.), ¿Existe una sociedad civil en España?, Fundación Encuentro, Madrid 1999, 52.

[2] L.A. ARANGUREN, Cartografía del voluntariado, Ed. PPC, Madrid 2000, 56-58.

[3] J. ELZO (DIR), Jóvenes españoles 99, Fundación «Santa María», Madrid 1999, 432-433.