Idolatrado Raúl

Ahora hablan mucho de ti. Raúl. A ti no te conozco, pero he visto algunos de tus gol­pes en las moviolas, y he visto sobre todo tu cara de estreñido, tu pijerío recién descu­bierto y esa novia hermosa, homologable a tantas novias hermosas, con la que un día posaste para la revista Hola. Anda que no se pusieron furiosos los periodistas deporti­vos. Y con razón. Acababas de implantar la ley del silencio en la ciudad deportiva y no se te ocurrió mejor idea que irte con Mamen a Sevilla y hacer allí el reportaje del siglo. No fue nada oportuno aquel gesto.

Tampoco lo han sido otras actuaciones tuyas, aunque entiendo que no se te puede culpar. Has pasado del cero al infinito, de la nada al todo, y para asumir eso hay que poseer una lucidez fuera de lo común. Seguramente la lucidez es incompatible con el dinero y la popularidad.

No eres un líder, pero simbolizas al jugador estrella que se sintió condenado a triunfar desde el instante mismo de su nacimiento. Yo que tú no me lo creería, forastero. Le debes la vida a Fermín (tu antiguo manager) y a Valdano, que potenció tus capacidades profe­sionales. De no ser por ellos, aún estarías chutando el balón contra una tapia de la Ciu­dad de los Ángeles, el barrio de tu infancia. El endiosamiento, perdona que te lo diga, se lo debes a las largas noches de alterne y al aroma de los cubatas, que alteraron tu buena marcha en tus neuronas. Y un poco también se lo debes al gol de la Copa Intercontinen­tal, en Japón, que se te subió a la cabeza con la misma rotundidad que los cubatas.

Eres cazador y sosainas, rico y antipático, un poco mayor para tus escasos años. Te encallaste en la Selectividad y, sin embargo, vas por la vida como si te hubieran dado el Nobel. No te entiendo, Raulito. Al igual que otras glorias espesas de mollera, tu des­tino está casi escrito: has llegado a los cromos, pero acabarás reducido al espacio escé­nico de una tienda de deportes.

CARMEN RiGALT, «La Revista» (21.2.99)

 

PARA HACER

1.Leer este texto, duro como pocos. ¿Qué pensamos? ¿En qué estamos de acuerdo?

2. Es importante distanciarse algo de lo que se dice en el texto, especialmente quienes sean foro­fos del jugador o de su equipo. Leerlo de nuevo y ver qué dice en realidad la autora, qué quie­re decir y por qué lo dice…

3. Comparar este texto con otro sobre el mismo personaje que pusimos hace dos meses (cf. Cua­derno ¡oven, Enero-Febrero 1999, 40/8). Lo mejor sería trabajar con los dos a la vez.

4. Este texto es una carta y como tal está escrito. Enviar otra a Raúl diciendo lo que pensamos (al menos, escribirla).

5. ¿Qué te gustaría que se dijera de ti? Qué tendrías que hacer para ello? Escribir una carta cuyo destinatario es uno mismo, concretando los aspectos que tendría que superar cada uno y los po­sitivos que quiera recalcar.