Imágenes de la Iglesia

Javier Prat

Javier Prat es miembro de la «Asociación de Misioneros Laicos OCASHA» y actualmente profesor de religión en el IES «Pablo Picasso» de Almadén (Ciudad Real).

La Iglesia es, a la vez, una y plural. Es una por la comunión en el Espíritu, por la fe en el Dios de Jesús de Nazaret. Y es plural en las mil realidades que vivimos los hombres y mu­jeres de este mundo, en las diversas formas culturales en que nos movemos y existimos.

Vamos a ofrecer un panorama visual de los modelos más extendidos, a sabiendas de que no se excluyen entre sí, de que comparten di­mensiones comunes, aunque en unos lugares se desarrollen más algunas que en otros. Nos li­mitaremos a cuatro modelos de Iglesia: la «Igle­sia piramidal», la «Iglesia de la misa y la mesa», la «Iglesia misionera», la «Iglesia caminhada».

Descubriremos una “Iglesia experta en hu­manidad’, como dijo Pablo VI, dispuesta a anteponer la causa de los hombres a su propia causa, que a menudo no ha sido la misma.

 SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El autor nos propone, con sencillos y breves comentarios, cuatro imágenes de Iglesia y, sobre todo, diversos gráficos que pretenden ayudar en la reflexión y el análisis no sólo de este estudio sino también de los precedentes. «Iglesia. piramidal», «Iglesia-pequeña comunidad», « iglesia misionera.» e « iglesiacaminhada» (bien conocida por el autor que ha pasado los últimos años como misionero en Brasil) son concretamente las imágenes que se nos ofrecen aquí a nuestra consideración.

1.  «Iglesia piramidal»

La «Iglesia pirámide», ciertamente, es el modelo más extendido a lo largo y ancho del mundo. A imagen y semejanza de la Iglesia matriz romana, se ha instalado allá donde se ha anunciado el Evangelio de Cristo. Se trata de una imagen copiada de la realidad socio-política, más que de al­go propio de la Iglesia, cuyas consecuencias negativas recorren la historia del cristianismo hasta nuestros días.

La gran masa del Pueblo de Dios termina entendiendo o malentendiendo a la Iglesia como una gran pirámide; en la cúspide está el Papa y la base de los laicos queda reducida a «simples mandados».

El pueblo, al no vivir su propio sacerdocio, pasa a ser un consumidor de sacramentos y, de ese modo, convierte a los miembros del clero en funcionarios expendedores de servicios religiosos.

La jerarquía eclesial tiende a un comportamiento paternalista. En cierto modo ejerce un monopolio descarado sobre el espíritu Santo, aunque éste -¡gracias a Dios!- no se atenga nunca a los límites que históricamente se le han ido señalando. Uno de estos límites es de carácter masculino y masculinizante que ha marcado y marca a la iglesia, en un mundo que procura rescatar lo femenino en toda su amplitud.

2. La «Iglesia de la misa y la mesa»

Podemos llamar así a las pequeñas comunidades que crecen en el seno de la gran comunidad parroquial. Es ahí donde se da el paso desde la práctica religiosa hacia la vida religiosa, donde la fe deja de ser costumbre para configurar la vida del creyente. Ahí se presta atención a la vida diaria y a sus problemas.

Las pequeñas comunidades suelen funcionar por el esquema de ver-juzgar-actuar. En primer lugar, observan y analizan críticamente la realidad que les toca vivir. En segundo momento, la juzgan a la luz del evangelio de Jesús.

Por último, toman compromisos en consecuencia. Frente al catolicismo de masas, que no compromete la vida de las personas, las pequeñas comunidades son levadura que fermenta la so­ciedad laica, son como verrugas que evidencian las injusticias de su entorno social.

A nivel interno, se mueven en la corresponsabilidad, incluso ministerial. El presbítero ejerce su mi­nisterio como se ejercen otros ministerios eclesiales. Y aquí se inserta también la femineidad de las pequeñas comunidades. Todos atienden por igual, según sus dones, la mesa de la Palabra, la me­sa de la Eucaristía y la mesa fraterna.

En la pequeñez y pluralidad de las pequeñas comunidades, se manifiesta la riqueza del Espíritu. Y es que la voluntad de Dios no se viste de uniforme.

3. «Iglesia misionera»

Ya sabemos que la Iglesia, en su esencia, es misionera. Pero nos encontramos con Iglesias que desarrollan su dimensión misionera de una forma rácana y ratonera. Las Iglesias que saben que son un medio y no un fin, que están permanentemente a la escucha, ésas son Iglesias misioneras.

En ellas se comparten los recursos humanos y materiales, se establecen lazos intercomunitarios, siempre de ida y vuelta. Se impone la bidireccionalidad.

Por otro lado, es un deber histórico superar el colonialismo misionero. Se va consiguiendo mediante un esfuerzo continuo de inculturación, traduciendo el escándalo de la Encarnación a las diversas culturas.

Se realiza la fraternidad universal, tan cristiana y tan católica, y con ella crece el sentido de la jus­ticia. Al hermanarnos nos responsabilizamos de la vida de los hermanos, aún lejanos. Y esta res­ponsabilidad pone en tela de juicio la sociedad de consumo. El exceso de unos acarrea la caren­cia y la muerte de otros.

En esta Iglesia nada es definitivo. La misión se renueva cada día, al paso de la vida de las co­munidades.

 4. «Iglesia caminhada»

Caminhada es un término brasilero. Hace referencia a la andadura de una persona o de una co­munidad. Allí encontramos Iglesias en perenne caminhada. La vida de sus pueblos lo exige. Es el éxodo de los pueblos oprimidos del Sur. Sumidos en una explotación que los mata a diario, se mue­ven animados por la esperanza cierta de una tierra donde manan la paz y la justicia.

Los guían nuevos Moisés libertadores: animadores de comunidades, misioneros, catequistas, lí­deres populares que, a menudo, sufren el martirio.

Es una Iglesia que convierte la vida diaria en una liturgia continua, llena de símbolos que, por cotidianos, son más significativos: la azada, la tierra, la luz, el hambre, la muerte.

Es una Iglesia multiplural: campesinos sin tierra, mujeres, negros, indios, niños, mineros, obreros, intelectuales. Es una Iglesia multicultural, fruto del mestizaje de las culturas oprimidas, sobre todo afros e indias. Es una Iglesia multirreligiosa, donde se llama a Dios con nombres diferentes, se le entiende de muchas maneras, y así se le celebra y se le reza.

Pero no todo es caminar. Se hacen paradas en los momentos más vitales, en torno a lo más pre­ciado y lo más significativo: la Biblia, la familia, la Pascua.