INTELIGENCIA EMOCIONAL

“Os conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo,

de toda persuasión de amor, de toda comunión en el Espíritu,

de toda entrañable compasión,

          que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir,

con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos…

Tened los mismos sentimientos de Cristo”

(Flp 2,1-2.5)

 

Hace ya 20 años que el sociólogo alemán Günther Schulze escribía que la nuestra es una “sociedad de las vivencias”, que busca “gratificaciones inmediatas” y que se caracteriza por un emotivismo exagerado. Según muchos, este es un rasgo de la típica reacción pendular contra la dictadura que la razón moderna había ejercido durante casi tres siglos contra la dimensión emocional y sentimental del ser humano.

Desde luego, ha sido una tradición genuinamente occidental, al menos desde Platón, el desprecio a las emociones y sentimientos y la sobrevaloración de las capacidades de una razón reducida a un frío intelectualismo. Basta con recordar el Mito del carro alado, y cómo el descontrol del caballo rebelde, que encarnaba las indómitas pasiones, motivaba el accidente por el que el alma “caía” en el mundo material.

En el siglo XX no han faltado intentos filosóficos de lograr una mayor armonía entre razón y sentimientos, como se refleja, por ejemplo, en el modo de concebir la razón humana como una inteligencia sentiente por parte del filósofo español Xabier Zubiri. Mucho más recientemente, ya en el campo de la Psicología, han sido las teorías de las inteligencias múltiples de Howard Gardner y de la “inteligencia emocional”, popularizada por Daniel Goleman, las que han favorecido la armonía entre razón y sentimientos.

 

En busca de la ortopatía perdida

 

En algunas de sus obras, el teólogo Jon Sobrino afirma que a los cristianos de hoy nos hace falta seguir a Jesús no solo con nuestra ortodoxia (correcta doctrina) y ortopraxis (correcta praxis o acción), sino también con una mayorortopatía (correcto sentir, correcta emotividad). Sobrino recalca que la gente de Galilea “se sentía bien” escuchando a Jesús, su mensaje era recibido como una nueva doctrina que les alegraba profundamente. Estoy convencido de que ésta (una sana y sorprendente ortopatía) es una de las razones por las que los gestos y palabras del papa Francisco están siendo tan bien recibidos por la opinión pública mundial.

La ortopatía de Jesús abarcaba muchos más matices, relacionados con lo que ahora los psicólogos llamanempatía. A Jesús “se le conmovían las entrañas” al ver a la gente como ovejas sin pastor (cf. Mt 9,36; Mc 6,34). Los evangelios cuentan sin pudor las ocasiones en que Jesús se alegra o siente lástima hasta llegar a llorar (por ejemplo, ante la tumba de su amigo Lázaro o al contemplar la ciudad  de Jerusalén).

En realidad, la antropología judía estaba mucho más cercana al concepto actual de inteligencia emocional de lo que solemos creer. Sería muy interesante relacionar el concepto bíblico de corazón (Leb en hebreo) como centro intelectual y emocional unificado del ser humano, sede de las grandes opciones existenciales y afectivas de la persona, con las ideas básicas actuales sobre inteligencia emocional.

Así pues, nos equivocamos si tomamos como excusa la fe cristiana para mantener esas actitudes de ignorancia o represión de lo emotivo que los psicólogos denominan “analfabetismo emocional”.

 

Nuevos caminos pastorales e inteligencia emocional

 

Por tanto, los desarrollos actuales sobre inteligencia emocional pueden ser un importante aliado para la acción pastoral y educativa. También, entre otros beneficios, para darnos pistas en la búsqueda de nuevos lenguajes de transmisión del Evangelio en que está empeñada hoy la Pastoral Juvenil.

Sirvan como ejemplo de lo que queremos decir estas palabras del papa Francisco, pronunciadas en una homilía del 26 de septiembre de 2013: “No es suficiente conocer a Jesús con la mente, es un paso. Pero a Jesús hay que conocerlo en el diálogo con Él, hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si no rezas, si no hablas con Jesús, no lo conoces. Sabes cosas de Jesús pero no vas con el conocimiento que te da el corazón en la oración. Conocer a Jesús con la mente, el estudio del Catecismo; conocer a Jesús con el corazón, en la oración, en el diálogo con Él… nos ayuda bastante, pero no es suficiente. Hay un tercer camino para conocer a Jesús: es seguirlo. Ir con Él, caminar con Él. Es necesario ir por sus caminos, caminando. Es necesario conocer a Jesús con el lenguaje de la acción. Entonces puedes conocer de verdad a Jesús con estos tres lenguajes: el de la mente, el del corazón y el de la acción. Si yo conozco a Jesús así, me implico con Él”.

 

Los estudios de este mes

 

– Mar Martínez García, profesora de psicología del CES Don Bosco de Madrid, ofrece una introducción sintética al concepto de Inteligencia emocional como “otra forma de ser inteligentes”.

 

Beatriz Montañés Ríos, psicopedagoga de Tenerife, defiende que la Educación emocional puede ser una buena brújula para la escuela del siglo XXI.

 

Antonio Ávila Blanco, especialista en Psicología de la religión y profesor del Instituto Superior de Pastoral de Madrid, desarrolla las posibilidades pastorales del concepto de inteligencia emocional, y da pistas para que, más allá de simples modas, su aplicación sea equilibrada, sin pasarse por exceso o defecto.

 

JESÚS ROJANO MARTÍNEZ

misionjoven@pjs.es