Jeremías: 1,4-9

Jeremías

¡No tengas miedo!

A. SITÚATE:

Jeremías tuvo que vivir tiempos muy duros para su pueblo. Dios le pidió que denunciase las maldades de su gente, y así se ganó críticas, ataques y persecuciones.

Él cuenta su llamada como un diálogo familiar, cercano, en el que siente que Dios extiende su mano y le toca la boca. Jeremías no quiere ser profeta, pero reconoce que, desde siempre, ha estado unido a Dios. Él lo formó, lo tejió en el seno de su madre, lo consagró, lo hizo profeta, portavoz suyo ante el mundo. Jeremías también pone reparos: «Soy un niño». Y Dios los vence, como hace siempre: «No importa, no tengas miedo, estoy contigo y te cuido».

B. UNA LUZ QUE ILUMINA: Jeremías 1,4-9

El Señor me dirigió la palabra: —Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones.

Yo repuse: —¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.

El Señor me contestó: —No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor.

El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo: —Voy a poner mis palabras en tu boca.

C. PONTE EN ORACIÓN:

Dios bueno,

que nos das la vida y la palabra,

que nos llamas a ser portavoces de tu amor,

mira que somos solo niños en tu presencia.

Danos consuelo en las dificultades

y valentía en el temor.

Haz que nuestros labios sean tu instrumento

para denunciar la injusticia,

para animar al desesperado,

y para alentar a todos a confiar en ti.

D. REZA CON TUS PALABRAS:

Comparte con nostros tu reflexión para enriquecer la experiencia de otros como tú.
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