Jóvenes en la calle

Estos dos dibujos de Marisol Calés aparecieron en «El País» como ilustraciones de dos artículos distintos. El primero (3.11.01) ilustraba un comentario sobre el botellón (véase su reproducción parcial en la página 13 de este mismo Cuaderno Joven); el segundo se refería a un comentario de Moncho Alpuente sobre “la multitudinaria manifestación contra la Ley Orgánica de Universidades, más conocida como LOU, que concertó en Madrid a una nutrida representación de los dos elementos básicos de cualquier sistema educativo: estudiantes y enseñantes…” (5.12.01).

En nuestro caso podemos trabajar al margen de estos orígenes (incluso se pueden borrar fácilmente las letras alusivas de la segunda imagen) o podemos centrarnos en los acontecimientos a los que se refieren: botellón (consumo de alcohol en plazas y calles, generalmente en grupos formados por adolescentes, dentro de una variante de ocio juvenil vinculada a la bebida) y sistema de estudios.

También se puede trabajar con cada imagen por separado. Aquí formulamos las propuestas teniendo en cuenta que van juntas. En todos los casos se pretenderá que los jóvenes tengan voz y palabra sobre lo que viven para que sean capaces de actuar después.

 

Dos retratos

  1. Repartir las imágenes y verlas. ¿Qué pasa ahí? ¿Qué sucede en cada una?
  2. Relacionar una imagen con otra. Sabemos que no tienen nada que ver, pero lo hacemos. ¿O sí tienen que ver? ¿Qué?
  3. Partir de esos primeros comentarios. Incluso, volver sobre algo que se haya dicho de pasada. Aquí puede estar todo si sabemos hacer que profundicen en lo que se ha sugerido. Formularemos preguntas generales o particulares para ir descubriendo poco a poco lo que vimos, cómo pensamos y cómo actuamos, profundizando poco a poco sobre ello…

 

Jóvenes en botellón

  1. Nos fijamos en la primera: qué pasa, quiénes son, que hacen, dónde están…
  2. Y lo más importante: por qué. O para qué.
  3. Tratamos específicamente el tema del botellón. Si no ha salido, lo provocamos. ¿Qué nos parece? ¿Por qué?
  4. Aportamos todas las posibles razones a favor y en contra.
  5. Lo podemos tratar también sabiendo que citarse, comprar unas cuantas botellas de alcohol y de refrescos, beber hasta que se acaben los líquidos, haga frío o calor y centralizar una discordia social tiene algo de rito. Así lo resume María Jesús Sánchez, una antropóloga que pasó seis meses camuflada de botellón en botellón: «No sé si el botellón es bueno o no. Sólo sé que los chicos se reúnen así por muchas razones y no sólo para beber. Ellos hablan de que es más barato, de que tienen un espacio de libertad, de la ausencia de normas externas… Y son conscientes de que su práctica molesta a los demás» («El Mundo», 22.12.01). ¿Cómo lo vemos? ¿Cómo lo vivimos?

 

Jóvenes en manifestación

  1. Nos centramos en la segunda imagen: qué pasa, quiénes son, que hacen, dónde están…
  2. Y lo más importante: por qué. O para qué.
  3. ¿Cómo van? No se ven manos, no hay sonrisas, no hay mirada de frente… ¿Por qué?
  4. Y sin embargo van. ¿Es esto frecuente?
  5. Tenemos en cuenta las letras que se ven: ¿Por qué nos manifestaríamos nosotros? Decir el tema y elaborar un eslogan para la posible pancarta. Se hace en una doble dirección: aquello que soñamos y deseamos («Sí a…») y aquello que deseamos que desaparezca («No a…»).

 

La imagen de los jóvenes

  1. Resumimos: ¿Que imagen aparece de los jóvenes? ¿Nos vemos reflejados en ella?
  2. Concretamos: ¿Que podemos hacer para que no quede todo en palabras?

                        Herminio Otero

 

 

 

 

 

 

 

Compartir
Artículo anteriorDe la «Operación Triunfo» al «Botellón»
Artículo siguienteHoy