Jóvenes en la parroquia

La parroquia es, sin duda, el lugar más significativo

en que se forma y se manifiesta la comunidad cristiana.

Ella está llamada a ser una casa de familia, fraternal y acogedora,

donde los cristianos se hacen conscientes de ser Pueblo de Dios.

(DGC 257)

 

Desde sus orígenes, la parroquia es una de las principales manifestaciones de la Iglesia, como comunidad de fe, vida y culto. Es lugar de encuentro entre la fe, la cultura, las costumbres de un pueblo; el ámbito ordinario donde se nace y se crece en la fe. Representa, pues, una de las claves principales para la socialización cristiana y para construir la definición de la personalidad creyente. Lugar privilegiado de la misión, es y debe seguir siendo animadora fundamental de la catequesis y del compromiso. Ella ha construido en buena medida la Iglesia. Y por ello, difícilmente podrá emprenderse una auténtica renovación eclesial sin pasar por la renovación de la parroquia.

 

Si la vocación propia de la Iglesia, su dicha y su identidad más profundaconsiste en evangelizar (EN 15), también la comunidad parroquial encuentra aquí su identidad más verdadera. La parroquia es para la evangelización. Siente, por tanto, la urgencia de abrirse al mundo, “a los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS 1). No se tratará simplemente de conservar y acompañar la fe de “los de dentro”, sino de plantearse también decidida y audazmente la evangelización de “los de fuera” y “los de lejos”. Desde hace varias décadas se viene repitiendo que la parroquia debe ser misionera. Hoy se tiene la convicción de que cada parroquia debe ser una verdadera misión ad gentes.

 

Todo esto alcanza un significado especial en relación a los jóvenes. Realmente, la evangelización de los jóvenes está planteando en estos momentos a la parroquia uno de los grandes retos históricos (L. F. Álvarez). Es necesario replantearse con valentía y entusiasmo la opción misionera de una atenciónespecialísima y preferente a los jóvenes, entre otras razones, porque actualmente la ausencia de los jóvenes en las parroquias es un dato constatado. La reflexión y la praxis cristiana de la opción preferencial por los pobres, nos pueden ayudar a  comprender también en nuestro caso, que en la opción misionera por los jóvenes no se trata de una opción exclusiva ni excluyente; no es una opción discriminatoria, sino preferencial y funcional (R. Tonelli). Al optar preferentemente por los jóvenes, en la acción pastoral pretendemos llegar a todos, para anunciar la buena nueva de que Jesús es el Señor. Una parroquia que opta pastoralmente por los jóvenes no es sólo es capaz de dialogar con ellos sino de hacerlo también con esta sociedad pluralista y asegurar la capacidad para anunciar el evangelio en un mundo en cambio.

 

Pero esta opción pastoral por los jóvenes en la parroquia desencadena enseguida un conjunto de implicaciones y consecuencias. Quizás, ante todo, sea necesario clarificar la propia situación parroquial respecto a los jóvenes, cuestionando, si es necesario, el propio estilo de la parroquia, el testimonio de fe, y asumiendo con gozo y esperanza la misión.

 

Nunca ha sido fácil y tampoco lo es ahora la realización de una auténtica pastoral de juventud en la comunidad parroquial. Pero las dificultades, aún siendo muchas, no sirven de excusa. La opción pastoral preferente por los jóvenes nos complica y complica e implica a toda la comunidad cristiana. Y no cabe duda de que las parroquias tienen que definir y clarificar su propia función y cometido en relación a la acción pastoral con los jóvenes. Los Obispos del Québec explicaban hace algunos años en su propuesta de fe a los jóvenes, que el porvenir de la parroquia depende de su capacidad para manifestarse a los cristianos, especialmente a los jóvenes, como una red digna de interés: red de personas de toda condición, red de diálogo e intercambio, de servicios compartidos, de fe y caridad vividas, de misterio contemplado; red en la que los proceso personales se relacionan con los procesos comunitarios para arraigarse mejor en la Palabra de Dios y en las experiencias fundantes; red en la que se intenta hacer comunidad trabajando por construirla.

 

La parroquia-red abre las puertas a todos; a todos ofrece la posibilidad de vivir la catolicidad. Acoge a ricos y a pobres, a jóvenes y adultos. Pero opta de manera especial por el relanzamiento de la propuesta de fe a los jóvenes, de educarlos y acompañarlos en la fe. Se trata, pues, de hacer de la parroquia una célula viva de la diócesis, en la que se manifiesta el rostro de la Iglesia, en casa que acoge a todos y familia que se preocupa del crecimiento en la fe de los más jóvenes.

 

EUGENIO ALBURQUERQUE

directormj@misionjoven.org