LA ACOGIDA COMO EXPERIENCIA DE DIOS:

ABRAHAM Y EL DIOS QUE SE HACE HUÉSPED.

Abel Domínguez

 

Uno de los valores destacados en la Jornada Mundial de la Juventud es la hospitalidad. Quisiera ofrecer una catequesis bíblica con el tema de la hospitalidad y la acogida.

 

Un icono de Andréi Rublëv

Hace casi seiscientos años, probablemente entre los años 1422 y 1428, el monje ortodoxo Andréi Rublëv pintaba uno de los iconos más conocidos y venerados de la historia. Se trata del icono de la Trinidad. Pintado, como se pitan los iconos, en un intenso período de meditación, contemplación y oración.

Rublëv, como tantos maestros iconógrafos antes de él, pintó el misterio de la Trinidad representando la visita de los tres mensajeros a Abraham y Sara en Mambré (Gn 18, 1ss). Con esta escena, en la que Abraham sabe reconocer a Dios en unos caminantes, podemos iniciar nuestra reflexión sobre la acogida y la hospitalidad como experiencia de Dios.

 

La acogida hace salir al hombre de sus límites

En el relato encontramos a Abraham y Sara en Mambré. Dios ha hecho una alianza y promesa a Abraham y a Sara (Gn 17). A ambos les ha hecho una promesa de fecundidad y les ha dado un nuevo nombre, lo cual conlleva ser poseedores de un nuevo destino. Abraham, sin embargo, se conforma con que siga vivo su hijo Ismael, obtenido de su esclava como solución humana a la esterilidad de Sara, su esposa.

Pero la limitada confianza de Abraham se verá superada por la iniciativa de Dios. Mientras estaba sentado a la puerta de su tienda vio a tres hombres y corrió a su encuentro, postrándose a sus pies (Gn 18, 2). El gesto indica que, desde el primer momento, Abraham ha reconocido en esos hombres a Dios, su Señor.

 

Oferta de hospitalidad

Abraham le pide que no pase de largo y que acepte su hospitalidad ofreciendo agua para lavar los pies y lugar para descansar. Ellos aceptan y Abraham se desvive para que Sara prepare y provea los mejores alimentos para ellos: pan, carne guisada de ternero, leche…  Además él es quien personalmente les sirve en la mesa.

La presencia de Dios ha despertado en Abraham y Sara una generosa acogida. Una hospitalidad que les permite salir y atender al otro en una vida anciana y ya sin futuro. Dios visita Mambré y saca a Abraham de su tienda para ponerlo al servicio de quien pasa a su lado. Dios visita una escena de impotencia para generar vida y se acerca a Abraham y a Sara justo cuando ellos están sin ninguna esperanza. Y en ese escenario desolado y desolador surge y renace la capacidad humana de servir, de entregarse, de acoger.

El relato del Génesis continúa con un diálogo entre los visitantes y Abraham. Preguntan por su mujer y le aseguran que va a dar a luz  un hijo en el próximo año (Gn 18, 10). En ese momento Sara, falta de ilusión y quizás con amargura, ríe desconfiada. Pero el huésped insiste. La lógica de de Dios no es como la lógica humana. Allí donde el hombre muere, Dios promete y da la vida; allí donde el hombre no cree, Dios llena de esperanza; y allí donde la iniciativa y la acción humana no son capaces de generar hijos, el amor de Dios lo llena todo de fecundidad.

 

Produce vida y esperanza

La esterilidad y el futuro sin futuro de Abraham y Sara, por medio del amor del huésped acogido, se transforman en vida. El amor acogedor de la pareja ha permitido entrar en sus vidas al Amor, y este Amor las ha transformado. Como ellos, todo ser humano está llamado a vencer el deseo de permanecer encerrado en sí mismo, en su quejosa existencia sin futuro, en su falta de esperanza. Cuando esto ocurre, nacen nuevas posibilidades en la vida personal de cada uno, sobre todo si la negatividad se supera con la apertura al otro, el rostro de Dios, de forma acogedora y hospitalaria.

 

Dios se hace huésped y se revela como Amor

La escena de Mambré nos ha permitido descubrir hasta qué punto la hospitalidad del ser humano y el amor de Dios se encuentran allí donde los hombres brindan su acogida, incluso en situaciones nada agradables. Pero no podemos descuidar una realidad importante del relato: Dios se hace huésped. Dios sale para dejarse acoger, para permitir al hombre que le sirva. Dios llena de vida y fecundidad lo estéril… Son tantos los elementos del texto que nos permiten contemplar el ser de Dios, que por ello los maestros iconógrafos eligieron esta escena para representar, en los tres huéspedes, al Dios que se hace huésped.

 

El misterio divino

Volviendo al icono de la Trinidad de Rublëv, vemos que éste representa a los tres visitantes sentados a la mesa. No aparecen en la escena ni Sara ni Abraham, si bien sí que aparecen en iconos más antiguos. Todo el icono, por tanto, está centrado en el misterio divino.

Los estudiosos coinciden en que este icono logra de una manera significativa representar el Amor que existe entre las tres personas divinas y que de manera desbordante alcanza a los hombres que lo acogen. En Mambré, Dios alcanza al hombre en uno de sus momentos más bajos, allí donde más lo necesita y lo atrae hacia él y lo libera. Los tres huéspedes aparecen sentados a la mesa. El lugar del intercambio de dones, de la acogida, del compartir. El lugar en el que Abraham sirve a sus huéspedes y ellos le revelan la promesa de un descendiente. No es difícil descubrir en la mesa del icono una clara referencia a la mesa eucarística, donde el amor se manifiesta en forma de intercambio. El hombre ofrece lo que obtiene de la tierra y Dios los devuelve revelando su Amor y su identidad.

También el árbol que aparece en el icono está cargado de significado. Recuerda al árbol del Edén en el que la primera pareja pretende alcanzar la divinidad, pero obtiene el conocimiento de la propia fragilidad, señalada por la muerte. En el icono de Rublëv el árbol es el nuevo árbol de la vida, el signo de la cruz en el que, de nuevo, descubrimos el Amor desbordante de Dios, que entrega a su Hijo para dar la vida a los hombres.

Los tres ángeles, que representarían a los tres mensajeros, reflejan también el ser trinitario de Dios: Padre (izquierda), Hijo (en el centro) y Espíritu Santo (derecha). Dios como pura relación, puro intercambio recíproco de personas. Relación e intercambio fundado en el Amor. ¡Dios es Amor! Este es el grito que brota de este icono y del relato de la presencia de Dios en Mambré.

 

Acoger a quien se acerca a nosotros

Muchas son las prescripciones en las distintas religiones acerca de la acogida  y la hospitalidad a los peregrinos y extranjeros. Quizás sea uno de los primeros actos de fe. Creo que el mensaje del relato de Abraham es muy claro. Podemos experimentar la cercanía de Dios en nuestras vidas cuando acogemos al que se acerca a nosotros. Dios es también huésped que se deja acoger para activar toda nuestra generosidad dormida. Es huésped cuyo Amor desborda nuestra pobre vida y la transforma en vida fecunda. Es el huésped que en el intercambio de dones con el hombre se revela tal y como es: Dios-Amor.

Abel Domínguez