La puerta

Desde hace tiempo creo que la puerta es un espacio muy salesiano. Es un espacio privilegiado para tener el primer y el último contacto con nuestros chicos y jóvenes, con sus padres, e incluso, con sus abuelos.

Por todos es conocida la fuente del patio de Valdocco. En ella, según la tradición salesiana, parece que Don Bosco invitaba a estar allí a algunos de sus clérigos. Seguramente era un lugar por el que, en algún momento de la jornada o del recreo, pasan todos los chicos del Oratorio.

Nosotros podemos tener una “fuente maravillosa” y son nuestras puertas. Son las puertas que se abren en nuestros colegios, centros juveniles, parroquias o plataformas sociales. Son puertas que, cuando hay una persona que da la bienvenida, se convierten en puertas acogedoras, puertas que saben a casa e invitan a sentirse querido y esperado.

También las puertas son un lugar de despedida y hay veces que esas despedidas cuestan más de lo normal, pues hay personas que están muy gusto en casa y les cuesta marchar. E incluso bajo el dintel de la puerta las despedidas se hacen largas porque se comparte lo vivido en la escuela o en el centro juvenil. Es más, quizás las jambas guardan, en ocasiones, silenciosos secretos que saben a preocupaciones y confidencias.

Por las puertas de nuestras casas se ven entrar preciosas caras sonrientes e ilusionadas, pero también en otros momentos caras de sufrimiento y dolor o sonrisas fingidas que guardan mucho dolor. Cómo encontrar la llave para abrir esas puertas del corazón de cada persona para poder echar una mano a quien lo necesite. Quizás la respuesta está en el estar. Estar ahí y si alguien te encuentra en la puerta con actitud acogedora y una sonrisa en tus labios, no tenga miedo a contarte cómo le van las cosas.

Desde mi experiencia es maravilloso dar los buenos días a tantos niños y jóvenes, poder preguntar a uno cómo le ha ido, a otro qué tal está el abuelo, qué tal lo ha pasado el fin de semana, qué tal te ha ido la semana en el instituto… pero para eso hace falta conocer y querer a nuestros jóvenes y estar ahí, junto a ellos, por donde ellos pasan, por donde ellos entran en nuestras casas.

En todos los ambientes de nuestras obras tenemos puertas estratégicas en las que podemos hacernos los encontradizos con muchos de nuestros destinatarios. Tengamos la puerta abierta de nuestros despachos, de nuestras casas y, sobre todo, de nuestro corazón para acoger a los jóvenes y a las personas que se acercan a nosotros.

 

Óscar Bartolomé Fernández /Director de la Obra salesiana de Lugo / Miembro de la Comisión Nacional de Animación Vocacional

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