La vocación es cosa del corazón

El próximo 9 de junio, la inspectoría salesiana María Auxiliadora contará con dos nuevos sacerdotes, José Carlos López Barba (Úbeda, 1985) y Daniel Aitor Peña Trapero, (Madrid, 1989). José Carlos desde Málaga, y Dani desde el estudiantado teológico de Madrid, Atocha, explican lo que significa para ellos ser sacerdotes y por qué llegaron a poder celebrar este momento.
P – ¿Cómo entiendes en este momento el ministerio sacerdotal desde tu ser salesiano?
Dani – Creo que ser salesiano sacerdote consiste en vivir como vivió Don Bosco y como nos trazan nuestras Constituciones. Entregar mi vida a los jóvenes siendo signo y portador del Amor de Dios para ellos. Pedir cada día al Espíritu Santo que actúe en mí y pueda ser instrumento de ese amor y misericordia para los jóvenes a los que me envíe, sobre todo los más necesitados. Sentirme enviado, junto a mi comunidad y a la familia salesiana, a poner mi ministerio al servicio de la misión de educación y evangelización de los niños, adolescentes y jóvenes.
José Carlos – Lo entiendo como entrega. Para mí es la mejor forma que tengo de entregarme a Dios, haciéndome sacerdote por y para los jóvenes. Y también como un orgullo. Que Dios se haya fijado en mí -siendo más torpe y con más defectos que nadie- para algo tan grande como es ser sacerdote, la verdad es que es algo que te sobrepasa un poco y te hace estar entre un poco nervioso por este paso, y a la vez lleno de felicidad.
P – ¿Qué fue primero para ti: sentir la llamada al sacerdocio o a ser salesiano?
José Carlos – Para mí, siendo sincero, lo primero fue ser salesiano… lo que me enganchó en un comienzo fue Don Bosco: sus juegos, su cercanía, su estar con los jóvenes, su catequesis… Y después fue el ser sacerdote como él lo fue. Creo que Don Bosco estaría orgullo de cómo a través de él muchas personas nos hemos encontrado con Jesucristo.
Dani – En mi caso, creo que sentí primero la llamada a ser sacerdote. Ya con siete años decía que quería ser cura y compartía la vida de mi parroquia en la que era monaguillo. Fue mi párroco el que me puso en contacto con los salesianos de Ronda donde pude conocer a Don Bosco y empecé a descubrir que Dios me llamaba a ser salesiano.
 
P – ¿Hay alguna persona en tu vida que consideres clave en tu vocación sacerdotal?
Dani – Hay muchas personas importantes, muchas mediaciones de Dios que han sido auténtico regalos para mí durante todo mi proceso. Quizás uno de los fundamentales fue el salesiano sacerdote Pablo Marín que conocí en Ronda. Este salesiano habló mucho conmigo sobre la fe y la vocación y me ayudó a conocer y amar más a Don Bosco y a los salesianos. Guardo como un tesoro dos libros de Don Bosco que me regaló. En uno de ellos escribió cuando estaba yo en 3º de ESO: “Para Dani. Que lo lea, se entusiasme cada vez más con Don Bosco… y se haga salesiano”.
José Carlos – Sí, la verdad es que hay muchas. Creo que una de las mejores formas que Dios tiene de hacerse presente en la vida de las personas es a través de otras personas. Y eso es lo que hizo conmigo. Fue poniendo hermanos de los cuales he ido aprendiendo mucho y los que han sido ejemplos para mí en muchas cosas. Entre ellos, pero hay muchos más: Teodoro, Rafael, Diego, Cándido, Antonio, Paco Pepe, Jesús, Ventura… estos son algunos de esos salesianos que Dios ha ido poniendo en mi vida y por los que de una forma o de otra yo actualmente soy como soy.
P – ¿Cómo ser sacerdote salesiano hoy en el patio físico y también en los patios digitales?
José Carlos – El otro día releyendo la “Carta de Roma” encontré una frase de Don Bosco en la que me paré un rato y releí varías veces: “El maestro al cual sólo se ve en la cátedra es un maestro y nada más; pero, si participa del recreo de los jóvenes, se convierte también en hermano”. Creo que el salesiano tiene que ser así, estar presente, tanto en los patios físicos como en los digitales. Con la sola presencia el salesiano ya consigue mucho. Si pienso en mis tiempos de niño, no recuerdo que los salesianos hicieran nada “especial” sino que simplemente estaban, y eso ya te llamaba como joven.
Dani – Es fundamental estar presente en el patio, entre los chavales como una presencia cercana que educa y evangeliza con la propia vida. Estar en medio de los jóvenes dentro de un clima de familiaridad, hacerse amigo de todos y dar el primer paso con cada uno de ellos sin favoritismos y fijándose siempre en los más alejados. No es sólo cuestión solo de estar, sino que hay que hacer el esfuerzo de que todos se sientan importantes y todos sepan que se puede confiar en   el salesiano. Hay que evitar caer en actitudes inmaduras como esforzarse en buscar reconocimiento o afecto. Creo que esto mismo se debe trasladar a los patios digitales donde el salesiano ha de ser una persona pública que muestra la alegría de su vida y no cae en actitudes adolescentes. Está siempre dispuesto a escuchar y a acoger, pero como educador adulto sabe poner límites y no es el “coleguilla”.
Entrevista y otros contenidos en la Revista SMX 38