Las diez mejores secuencias (o casi) de Jesús en el cine

Jesús Villegas

 

Mucho se ha escrito sobre Jesús en el cine. Lo que yo os propongo hoy es algo distinto: tras revisar nueve de las innumerables películas que abordan la figura del Mesías, he seleccionado un fragmento de cada una de ellas (lo llamo “secuencia” en el título de este artículo, sin usar con rigor técnico el término, pues a veces lo estudiado abarca más de una escena o escenas unificadas por desarrollar una acción) y lo he analizado con la intención de devolvéroslo listo para su utilización pedagógica.

¿De dónde nace esta idea? Desde hace tiempo vengo sugiriendo que, como material educativo, es más práctico recurrir a planos, escenas o secuencias que a películas íntegras. La duración de las sesiones de formación y los propios hábitos perceptivos de nuestros destinatarios (poco acostumbrados a mantener la atención ante un mensaje durante demasiado tiempo) me animan a creer que, igual que puedo usar un pasaje de una novela o el extracto de un artículo periodístico como detonante para la reflexión, el diálogo o el análisis, puedo aprovechar el fragmento fílmico como recurso didáctico.

La estructura de mi estudio es muy simple y basta con leer la primera entrada para entenderla. Sólo unos cuantos avisos para los navegantes por estos mares antes de iniciar la aventura:

–          He intentado leer las secuencias desde un punto de vista sobre todo estético. Creo que la mejor manera de aprovechar todas estas imágenes es partir de su lenguaje audiovisual para, desde ahí, valorar cómo una forma u otra de poner en escena episodios muy conocidos del Evangelio  enriquece o empobrece el original literario, sobre todo en lo que se refiere a su significación religiosa.

–          No debe olvidarse que, en general, hablo de Jesús – personaje de cine, es decir, de un ente de ficción inspirado en un ser real. Perdóneseme la ironía o el desenfado, incluso el amable cinismo, si lo hubiere, al comentar determinadas recreaciones de su figura. Este tono  no presupone otra cosa que una actitud crítica hacia ciertas maneras de imaginar a Cristo, o bien, alejadas de Aquel en quien yo creo, o bien, muy poco atinadas como caracterizaciones ricas y, por tanto, artísticas.

–          Discúlpeseme, así mismo, la ignorancia teológica. De cine sé algo, pero mis conocimientos sobre la ciencia que estudia a Dios debo calificarlos, con benevolencia, de elementales. Puede haber películas, no lo dudo, que sean magníficos e irrefutables tratados hermenéuticos: yo, no obstante, me asomaré a esos abismos con mucho cuidado y me atreveré a repartir favores o descalificaciones desde mi muy subjetiva sensibilidad estética y nunca desde otros criterios en los que pecaría de atrevido.

–           Finalmente, reconozco que no he exprimido mi creatividad al máximo al detallar las sugerencias concretas de trabajo con el material diseccionado. Mi mayor aportación se centra en intentar ayudaros a que, más que ver estas secuencias, estéis capacitados para mirarlas en profundidad. Os abro esa puerta para que vosotros, después, preparéis las dinámicas de aprendizaje según vuestros intereses, necesidades, destinatarios y objetivos.

Os recomiendo acompañar la lectura de estas notas con la revisión de las secuencias aludidas: esa actividad puede reportaros algún que otro placer y más de una idea, seguro, que a mí no se me ha ocurrido. Todas las películas están en el mercado, si exceptuamos Jesús de Montreal, no editada ni en vídeo ni en DVD.  Vamos a ello.

  1. El Evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

El evangelio según San Mateo es una película misteriosa. La apuesta por transcribir el texto evangélico de Mateo en imágenes despojadas generó una obra aparentemente sencilla, casi naïf en su envoltura pero que, al final, resulta de una densidad apabullante. El supuesto realismo documental, el verismo hiriente de su fotografía se transmuta en el visionado en abstracción; el pretendido aliento popular de la obra redunda en una soberana lección de cultura refinada; la mirada de un ateo (su director) se desborda sin querer en un profuso sentido de lo sagrado. Rostros sin maquillaje, casi minerales, que desnudan almas químicamente puras. Prosa que es poesía, narración que se autodestruye a sí misma y deriva en antirrelato, en sucesión de versículos visuales, preeminencia de la palabra de Jesús que deviene, en última instancia, en dominio fulgurante de lo plástico. No sé, me cuesta explicarlo, porque lo paradójico de la propuesta acaba por subyugarme: sólo sé que este Jesús de perfil blando y palabras contundentes, risueño y furioso, profundamente humano y ribeteado de una seguridad divina que roza el hieratismo, cercano e inaccesible, me conmueve como ningún otro de los que han poblado las pantalla. La película en ocasiones me recuerda una procesión de pueblo, otras, un retablo barroco en madera policromada, por momentos, una parábola viva, a veces, un grabado medieval o una cantata de Bach: siempre, un golpe de viento de origen desconocido que cierra con fuerza unos postigos.

 

Secuencia seleccionada

Desde el momento en que Jesús discute con los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo (1h 25´ de la proyección) hasta que estos deciden urdir el complot contra él (1h 38´ de la proyección), después de la diatriba del Mesías contra letrados y fariseos.

 

Motivos de elección – cualidades de la secuencia

Nunca se ha mostrado en ninguna otra película con tanta explicitud cómo las virulentas palabras de Jesús contra los dirigentes políticos y religiosos están en la raíz de su muerte. La sucesión de escenas encadenadas que he elegido ilustran sin ambages cómo Jesús se enfrenta a las autoridades judías en un tono cada vez más crítico hasta que, ante el templo, culmina su feroz denuncia contra escribas y fariseos y el presagio de la caída de Jerusalén. Pasolini, comunista convencido, subraya en toda la película el componente radical y militante de un Jesús con maneras de sindicalista (en feliz comentario de Roger Ebert). Si las palabras del guión literario reproducen casi textualmente el texto de Mateo, las imágenes elegidas consiguen reforzar sobre todo la fuerza revolucionaria de su mensaje y la hostilidad creciente de los mandatarios ante alguien que pone en duda su autoridad. La secuencia, de forma soberbia, despliega ante nosotros la progresiva tensión que Jesús genera a su alrededor y culmina con la decisión por parte de senadores y sacerdotes de acabar con su vida.

 

Pautas para su visionado

Los dos momentos seleccionados (enfrentamiento a los sacerdotes en el templo y diatriba contra escribas y fariseos) siguen estrategias visuales distintas:

–          En la primera escena, la planificación se organiza en torno a tres grupos humanos: dirigentes (el vestuario diferencia a líderes religiosos y civiles), Jesús y sus discípulos, y niños, sentados entre medias, mirando a Jesús.Pasolini individualiza en primeros planos los rostros de algunos de los mandatarios y, sobre todo, las figuras de Jesús y de Judas (que, ante el peso amenazante de las autoridades, va incubando en su interior el huevo de la traición). Pasolini alterna primeros planos que escrutan los rostros y panorámicas que rastrean la repercusión de las palabras de Jesús en unos y otros (en los niños, en los sumos sacerdotes…), sin que en ningún momento coincidan en el plano los seguidores de Jesús (niños y discípulos) y sus cada vez más tensos enemigos. La secuencia arranca con un picado desde el punto de vista elevado (en su doble sentido) de los sacerdotes mientras Jesús y sus seguidores entran casi invasoramente en el templo y concluye con un fundido rápido y cortante sobre el plano medio de Jesús y sus discípulos mientras este pronuncia el mandamiento esencial del amor: la evolución entre ambos planos resume el triunfo de Jesús en este primer encontronazo dialéctico.

–           La segunda secuencia es una lección de cine: en medio de un paisaje abrupto y escarpado (la región italiana de Basilicata, elegida para formalizar una Jerusalén árida), Jesús va lanzando sus invectivas como dardos envenenados: la soberbia planificación a base de planos generales en violentos picados y contrapicados, con Jesús siempre a un lado del encuadre, casi perdido entre una masa de oyentes dispuestos a distintos niveles en semejante paisaje dislocado, remite visualmente a la dureza de las palabras del Mesías, a su poder de convicción y, a la vez, al callejón sin salida al que su apuesta radical le va conduciendo. Los soldados romanos entran en escena y, en una segunda parte, intentan impedir inútilmente que la multitud se acerque al templo, a cuyas puertas Jesús remata un discurso cada vez más encendido.Pasolini opta por construir el final de la secuencia como una auténtica revuelta social (Jesús en lo alto lanzando su soflama; sus discípulos escoltándolo cuando concluye, en medio de una turbamulta…). El rostro de Jesús, que sólo es mostrado al final de la escena, ha desaparecido en toda ella para potenciar así la intensidad de su mensaje. Al final, las palabras de los líderes judíos en el interior del templo no pueden ser otras: hay que acabar con él.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Leed primero el texto evangélico. Imaginad con qué imágenes plasmaríamos estas escenas. Comparad vuestra propuesta con la solución de Pasolini.

–          La película es, entre otras cosas, una colección de retratos pictóricos memorables. Reflexionad sobre qué nos dicen en estas secuencias los rostros de Jesús, Judas, los niños, los dirigentes, los apóstoles…

–          Reparad en las claves de puesta en escena de este fragmento (ver pautas para el visionado) y, a partir de ahí, intentad llegar al sentido, al porqué de estas decisiones estéticas: presencia de los niños en la primera situación, elección de enclaves en la segunda, así como posición de Jesús y de la masa en el encuadre, momentos en los que irrumpe la música y sentido, otros…

 

  1. La última tentación de Cristo (Martín Scorsese,1988)

 

Breve comentario radicalmente personal de la obra

La última tentación de Cristo es una ficción basada en una novela deKazantzakis. Se centra, como es bien sabido, en el apasionante tema de la doble naturaleza de Jesús, en esa convivencia (conflictiva, tortuosa, por momentos esquizoide, según el escritor griego y también según su adaptador, MartínScorsese) entre su divinidad y su evidente condición de persona. Más allá de polémicas y escándalos, a mí la película me parece fallida y simpática. A ratos, su densidad teológica (¿o seudoteológica?: no soy quién para juzgarlo) lastra su desarrollo narrativo. También sucede que determinadas soluciones visuales hiperbólicas me parecen de una torpeza indigna de una maestro del cine (tentaciones de Jesús, resurrección de Lázaro…). Sin embargo, el retrato de un Jesús alejado del molde rígido y el perfil plano de las superproducciones deHollywood  y del 99% del cine religioso gana para mí sus favores. La película en ningún momento renuncia a ser una re-creación, una lectura personal y libre, y ese carácter artístico – especulativo (con un Judas que es el mejor amigo de Jesús; con un Jesús que en la cruz imagina una vida convencional, casado y con hijos, etc, etc…) puede resultar ofensivo si la película se lee en exclusiva desde una clave religiosa, pero no herirá (al menos a mí) si no olvidamos que se trata de una mera (y valiente, y provocadora… de reflexión) fantasía que, en lo esencial, puede inscribirse en la óptica de una mirada cristiana. La película es regular, sí, a veces pastosa, pero me transmite muchas más emociones que aquellas otras que se limitan a filmar lo ya sabido, visto y leído. A mí dadme al Cristo de Cortés… y, por qué no,  a este primo – hermano suyo un poco desquiciado.

 

Secuencia seleccionada

Primera actuación pública de Jesús (salva a María Magdalena de la lapidación), primeras palabras a la multitud (adaptación del sermón de la montaña) y diálogo nocturno con Judas (00h 31´ – 00h 46´)

 

Motivos de la elección – Cualidades de la secuencia

En esta escena se plantean de forma explícita las contradicciones y los titubeos iniciales de un Jesús que poco a poco va tomando conciencia de su vocación y de su verdadera entidad. Al salvar a la mujer que va a ser lapidada (Magdalena, prostituta y amiga de Jesús desde la infancia, según la visión deKazantzakis), Jesús inicia su vida pública. Y lo hace casi inconscientemente, porque las circunstancias le obligan a actuar (interviene para salvar la vida de alguien a quien ama). Sus palabras parecen inspiradas en todo momento, impuestas desde dentro por una voz cuyo origen Jesús todavía no sabe exactamente situar. Las dudas (que se expresan en voz en off) sobre la dirección e intenciones de lo que pretende forman aun parte de una nebulosa de buenas intenciones, misiones por cumplir y miedos que, poco a poco, irán desentrañándose. En el momento posterior (un Sermón de la Montaña muy sui generis), Jesús propone el amor como camino… como si la idea le hubiera caído desde el cielo en la conciencia de forma azarosa. La propia interpretación, un tanto histriónica, de Willen Dafoe sugiere que, en sus comienzos, este Jesús está buscándose aún, perfilando por tanteos un camino que sólo después se dibujará con claridad. Los que le escuchan no ven a Dios, sino a un iluminado que desbarra. Su propuesta de un Nuevo Reino a través de las Bienaventuranzas es entendida como una llamada a la revolución… Esta primera intervención pública de Jesús, malversada, dispersa y casi desastrosa, rodada incluso con unas dosis de humor, creo que quizás este más cerca de la experiencia histórica real imaginable que de la versión evangélica, ya claramente decantada hacia lo religioso y, por lo tanto, limada de aristas e impurezas.

 

Pautas para su visionado

En realidad he seleccionado cuatro escenas encadenadas: la escena de la lapidación, el Sermón de la Montaña, la formación del grupo de los apóstoles (resuelta con una magnífica sucesión de encadenados en la que Jesús y Judas caminan en plano general hacia la cámara y, a medida que avanzan, el grupo se va volviendo cada vez más numeroso con cada nuevo plano superpuesto) y una conversación nocturna entre Judas y Jesús (Judas propone liberar a Israel como objetivo de su misión y Jesús se muestra partidario de liberar el alma; este hace partícipe a aquel de sus miedos y de su inicial incomprensión de sí mismo…) que culmina con el hermoso plano de ambos durmiendo juntos y abrazados. Debemos fijarnos en:

–          La resolución del primer momento recuerda la soberbia secuencia de la lapidación en el Barrabás de Richard Fleischer. Reparad sobre todo en el entorno elegido (polvoriento y duro como la situación), la disposición circular de los lapidantes, agobiante, que Jesús va rompiendo con su discurso; los movimientos de cámara suaves de aproximación a los rostros, con los queScorsese comenta la repercusión de las palabras de Jesús en sí mismo (son fruto de revelación) y en los distintos personajes; los planos de Judas, testigo mudo de los inicios del Maestro; el plano, muy intenso, de Jesús con las piedras en la mano interrumpiendo la lapidación, decidido en apariencia a liarse a pedradas por María, pero impulsado por ese Dios aún por descubrir a predicar el amor; los gestos de ternura y servicio hacia la Magdalena…

–          El Sermón de la Montaña se resuelve con Jesús moviéndose entre los quince o veinte que le escuchan (nada de multitudes y magnificencia), de modo que se personaliza así su discurso y se le carga de cotidianidad. Debe atenderse, sobre todo, a la interpretación de Defoe, discutible en su tendencia a la exageración, pero muy rica en matices al presentarnos a un Jesús que va labrando su mensaje desde la duda, a través de la experiencia personal y la iluminación, sin renunciar a un vivificante sentido del humor. Genial la actitud de los que escuchan (hay ciertas conexiones de fondo con el tono de La vida de Brian), que malinterpretan la propuesta de Jesús al leerla en clave revolucionaria. A pesar de todo, hay quienes no dudan, en principio, en seguirlo.

–          El último bloque, la conversación con Judas, interesa sobre todo porque vuelve explícito en el diálogo el mundo interior descompuesto de un Jesús que todavía no reconoce ni el sentido de su misión ni las claves del estilo de vida que quiere propagar. Muy jugoso el choque de ideas entre ambos y el retrato de un Judas práctico, noble, visceral y honesto. El milagro del manzano con el que concluye las escena es una de esas salidas de tono deScorsese que sorprenden, abochornan y a la vez enternecen por su candidez.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Comparad las escenas con sus referentes evangélicos (si los hay). Calibrad semejanzas y diferencias. Extraed conclusiones.

–          Reflexión sobre la escena con Judas: esa confusión entre líder político y religioso que presidió la vida de Jesús, la humanidad contradictoria del propio Cristo, la especulación sobre un Judas amigo (presente ya en un relato de Borges magnífico, Tres versiones de Judas…): todo esto puede dar pie a un interesante debate.

–          La doble naturaleza humana – divina de Jesús: contrastad la manera de presentar dicho tema en la película con las distintas etapas del debate teológico a lo largo de la historia y con la situación actual de la cuestión.

 

  1. Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

¿Cómo contar, hoy, la historia más conocida del mundo, la de Jesús deNazaret? De eso trata esta interesante película canadiense. La gracia está en que se nos propone una solución cuádruple, cuatro posibles formas distintas de hablar de Jesús en una sola película. No me resisto a mencionarlas, aunque me alargue un poco:

Daniel, un actor a quien contratan para actualizar/modernizar un montaje teatral sobre la vida de Jesús, será (él y su equipo de actores) una especie de “nuevo evangelista”. Su investigación y la representación teatral resultante de su trabajo nos regalan una primera visión del de Nazaret.

– Además, la vida de este Daniel y la de todos los que le rodean empezará a guardar innumerables conexiones y paralelismos con los personajes y sucesos evangélicos. Hay, así, no sólo una relectura del texto sagrado (la que representan Daniel y los suyos en Mont Royal), sino también  un “nuevo Jesús” (Daniel), el de Montreal.

Más allá de una aproximación a los escritos evangélicos y la creación de un Jesús contemporáneo, la película se atreve a realizar una reflexión profunda sobre el sentido y la validez del mensaje de Jesús hoy: ¿cómo es  nuestro mundo, qué valores promueve? Frente a eso, ¿qué proponía Jesús? ¿Cómo encaja aquí y ahora un mensaje con dos mil años de antigüedad? En este sentido, la película critica ciertos valores de nuestra sociedad, los “falsos dioses” de nuestro mundo: la utilización del cuerpo humano como objeto de venta, la hipocresía, el consumismo, la superficialidad, el conservadurismo, la mercantilización de todo, el machismo, la corrupción, la poca seriedad de los medios de comunicación… Ante eso, la propuesta de Jesús nos regala la posibilidad de recuperar nuestra dignidad maltratada.     

– Finalmente, el director inserta estas tres visiones (la obra de teatro sobre Jesús, la aventura de Jesús revivida por Daniel y sus amigos, el análisis crítico del mundo actual a la luz de las enseñanzas del Mesías…) en el contexto de la gran pregunta (y sus respuestas): la del sentido de la vida humana. De ahí la presencia de múltiples textos/monólogos/reflexiones con este asunto como eje central de su desarrollo.

Pero la película no se agota ahí: además, nos propone una crítica bastante dura de la iglesia como institución y, por si fuera poco, el director nos habla de la particular “religión” de todo creador, que es el arte. Los riesgos de perversión de la verdad religiosa se trasladan al ámbito de lo teatral, y así la película es una jugosa defensa de lo auténtico en todos los planos: vida, creencias, arte.

Todos estos planos de contenido redundan en una obra que, si bien me parece un tanto plana en cuanto a realización, bastante rupestre en lo que tiene que ver con la caracterización dramática de sus personajes, y de ritmo poco sostenido, contrapesa estas deficiencias con múltiples atractivos conceptuales que la revisten de un encanto único.

 

Secuencia seleccionada

Representación teatral sobre la figura de Jesús (00h 27´ – 00h 51´)

 

Motivos de la elección – Cualidades de la secuencia

La escena de la representación teatral pretende ser una visión objetiva y respetuosa de la figura del Mesías, una especie de dramatización de su vida que, a la vez que  analiza históricamente al Jesús humano, no renuncia a apostar por su identidad divina. Me parece que es un magnífico recordatorio tanto de lo que “sabemos” como de lo que “creemos” sobre el Hijo del Hombre. Nos ofrece de forma sintética interesante información sobre el contexto histórico, sobre el Mensaje de Jesús, sobre las causas de su pasión y muerte, sobre algunos datos arqueológicos curiosos, iluminadores, incluso controvertidos. Y, además, al no tratarse de un mero “poner en escena” episodios de la vida de Jesús, sino de un relato distanciado, de una especie de comentario de los Evangelios desde múltiples perspectivas (histórica, filosófica, religiosa…), el fragmento se resuelve con una singular riqueza de matices.

 

Pautas para su visionado

Creo que para extraer todo su jugo a la secuencia debe atenderse, al menos, a las siguientes líneas de fuerza:

–          Mecanismos distanciadores a los que recurren en el montaje teatral para fusionar la puesta en escena de la vida y pasión de Jesús con el análisis de su contexto histórico, social y cultural (narradores, añadidos al texto evangélico, el guarda que marca los cambios de espacio y de estación, la irrupción de una espectadora que confunde realidad y ficción…).

–          Episodios de Jesús que se destacan en la representación: líneas clave de su mensaje (inspirado en el Evangelio de Marcos y enunciado, sobre todo, mientras Jesús/Daniel reparte el pan entre el público: dar la vida por los amigos, vivir en paz, buscar el tesoro del corazón y rehuir riquezas y preocupaciones inútiles…) y momentos de su vida pública destacados (se insiste en sus actos milagrosos, que lo sitúan en el ámbito de los magos y profetas).

–          Tratamiento de la Pasión y Muerte de Jesús: el encuentro con Pilatos se soluciona con un diálogo profundamente existencialista; la oposición de la jerarquía y su confabulación con el poder romano está rodada con primeros planos expresivo y suficientes, que insisten en la idea de conspiración. Por otro lado, en los  episodios de la flagelación y la crucifixión, la fusión de la puesta en escena teatral del castigo de Jesús y los comentarios objetivos sobre tales prácticas por parte de los narradores consigue un extraño efecto de indudable eficacia dramática.

–          La resolución de la Resurrección es muy hermosa: sucede en una especie de cripta inmensa. Después de que un actor (el que encarnó el papel de Pilatos) recite el famoso monólogo de Hamlet, una mujer en contraluz corre desde el fondo iluminado del túnel en plano general, abriendo verjas y aproximándose a los espectadores de la obra teatral y a la cámara, mientras anuncia que Jesús ha resucitado.

–          Como colofón, los actores resumen el mensaje de Jesús, es decir, el “Evangelio según Daniel / Arcand”, en una serie de afirmaciones para el público: a saber, Jesús encarnaba la esperanza; su mensaje hace la vida más soportable, cada uno debe escoger la vía de su salvación, la existencia es simple si se piensa a los demás y terriblemente compleja si uno sólo se vuelca en sí mismo…

 

Tres sugerencias de trabajo

–          El visionado completo de la película puede acompañarse con un juego apasionante: deben descubrirse todas las conexiones de la vida presente de Daniel y sus amigos con el itinerario de Jesús.

–          Situad en columnas los distintos niveles de información que se extraen de la obra de teatro: datos históricos, contenidos evangélicos, añadidos filosóficos o éticos.

–          Analizad el sentido de las soluciones estéticas que la compañía teatral ha elegido para poner en escena la vida de Jesús: público itinerante, escenificación por estaciones, resolución de los distintos momentos (encuentro con Pilatos – diálogo de este con las autoridades judías – presentación por arqueólogos de los datos históricos – recreación de la época a partir de sus creencias – mensaje de Jesús y relación con sus discípulos…).

 

  1. La vida de Brian (Terry Jones, 1979)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

Humor de brocha gorda: vale. Irreverencia: de acuerdo. Absoluto desdén, incluso desprecio por cualquier creencia religiosa: indudablemente. Parodia grotesca que no deja títere sacro con cabeza, que caricaturiza situaciones, textos, pasajes íntegros del Evangelio…: lo reconozco. ¿Cómo, pues, presentarLa vida de Brian en este contexto de películas sobre Jesús, si se trata de una película “profana”, burlona y grotesca? Aunque parezca mentira, hay múltiples motivos para mi apuesta: primero, esta obra de los Monthy Payton no sólo es un divertimento desprejuiciado a costa de judíos y romanos del año 33, sino que, además, lleva a cabo una libérrima recreación de la época de Jesús llena de anacronismos, pero también sembrada de apuntes certeros, más allá de su tratamiento burlesco; segundo, la sátira de estos creadores hilarantes denuncia extremismos y perversiones de la religión que aun un creyente debe reconocer, sin escatimarle una sonrisa; tercero, los paralelismos entre Jesús y Brian son episódicos (Brian sólo ejerce como Maestro y Profeta a su pesar; las masas lo idolatran por error), incluso sus conexiones admiten una comparación productiva que nos permita delimitar con claridad las diferencias entre Jesús y un falso profeta, entre una religión y una secta. Sea como sea, la riqueza de los gags, las soberbias prestaciones de todo el elenco de interpretes, los matices de la trama (más trabada que en otros trabajos del grupo de humoristas inglés), el desenfado, la tolerancia y el vitalismo que contagia la película (¡esos crucificados que silban que hay que ver el lado luminoso de la vida!) convierten su visión en una experiencia que, debo confesarlo, yo siempre tengo la costumbre de acompañar con sanísimas carcajadas.

 

Secuencia seleccionada

La multitud comienza a creer que Brian es un profeta y lo sigue, hasta que, a los pies de su casa, escuchan su arenga (00h 44´ – 01h 19´).

 

Motivos de la elección – Cualidades de la secuencia

El fragmento más elaborado desde el punto de vista satírico de la película coincide con la transformación de Brian en un Mesías sin este comerlo ni beberlo. El encadenado de situaciones cómicas que va desde que el protagonista se estrella con una nave espacial (sic) hasta que, tras usurpar el puesto de un profeta callejero y vivir mil y una peripecias “santificadoras”, una multitud acude frente a su casa a escuchar enfervorizada su mensaje, está construido en magnífica progresión cómica. Es precisamente la multitud crédula, descerebrada,  esa multitud ansiosa de tener alguien a quien idolatrar, la queTerry Jones y su equipo pone en solfa con mala leche y mucho salero. El “mandamiento” de Brian a sus fervientes seguidores no admite replica: piensa por ti mismo, no pretendas que otros te marquen el camino y te impongan lo que debas hacer. Ahora bien, ¿debemos darnos por aludidos?, ¿es eso una religión, nuestra religión, una senda cómoda ya trazada?, ¿el maestro (Maestro) lo es porque “ahorra” a sus discípulos el ejercicio de la voluntad propia? Sobre todo esto nos interroga esta secuencia, uno de los momentos más divertidos e inteligentes que nos ha dado el cine.

 

Pautas para su visionado

Si bien el fragmento incluye varias situaciones especialmente jocosas (la famosísima escena del regateo en el mercado, el momento en que Brian se esconde de cualquier manera con otros ocho conspiradores en la sede minúscula del grupo revolucionario al que pertenece y toda una legión romana no es capaz de encontrar allí nada más que…una cuchara), son dos escenas las que se llevan la palma en cuanto a brillantez y significación: el acoso de Brian por una turba enfervorizada que ha reconocido en él al Mesías y “la escena del balcón”, en la que nuestro amigo expresa su peculiar lección de vida.

En el primer fragmento podemos distinguir una serie de situaciones que,in crescendo, preparan la sumisión colectiva que ilustra el segundo fragmento:

–          Brian cae desde el balcón de la sede del FPJ (¿FJP?) sobre un profeta al que suplanta (tras aplastarlo) por la vía rápida para huir de los romanos. Comienza a lanzar su mensaje (variaciones sobre algunas de las palabras de Jesús: no juzguéis y no seréis juzgados, sed como los lirios del campo…) y los cuatro o cinco curiosos que lo escuchan (planos en picado que subrayan su situación “a la expectativa”) deforman el mensaje, lo malinterpretan en un diálogo de besugos que acaba con la marcha de los que allí se habían congregados. Cuando Brian comienza a enredarse en unas Bienaventuranzas sin pies ni cabeza y, sobre todo, cuando se calla como que tiene algo que decir que no dice… los discípulos empiezan a brotarle de las piedras.

–          Es perseguido y pierde una sandalia. Sus seguidores, que ya se habían hecho con una calabaza que Brian portaba, la encuentran y comienzan a agruparse en facciones: los que adoran la calabaza frente a los devotos de la sandalia. Comienzan a inventar ritos (caminan sin una sandalia para imitar al maestro, la cuelgan en palos – estandarte),  envuelven a su profeta en una aureola mítica… Todo esto visto en un plano general estático del grupo, un contrapicado a ras de suelo, desde la perspectiva de la sandalia, que resulta tan expresivo como irónico.

–          Todo este momento culmina con el episodio del eremita: Brian se cae sobre el pie de un hombre que lleva dieciocho años desnudo en un hoyo y sin hablar. Con el pisotón, el santón suelta un improperio que echa por tierra su penitencia. Cuando llega ante ellos el grupo de discípulos, las situaciones cómicas y los equívocos se acumulan en esta pseudoreligión fanática queBrian está fundando sin querer: los neófitos creen que “ha devuelto” la voz al ermitaño, que ha hecho germinar un enebro que por allí crece… Incluso piensan que la orden de “ir a hacer puñetas¨ que, furioso, Brian profiere es, en realidad, la misión que ellos han de cumplir por el mundo. La escena culmina con el linchamiento del primer hereje (el eremita, que ha intentado estrangular a Brian) de este nuevo culto.

El segundo momento está construido visualmente con mucho ingenio: Brianse asoma desnudo y feliz al balcón tras una noche de amor con su camarada Judith… y se encuentra de cara con una multitud entregada, dispuesta a lo largo y ancho de toda la empinada calle frente a la que se abre su casa. Otra vez los planos en picado sobre el gentío expectante recalcan la sumisión, el sometimiento de quienes buscan que se les regale un modo de pensar y algo en que creer. El recurso a que todos repitan al unísono las preguntas o exclamaciones que lanzan a Brian o a su madre constituye el recurso cómico y significativo esencial de la secuencia, cuyo clímax se sitúa en las palabras/ mandamiento de Brian / Monty Pyton sobre la necesidad de libertad y el consejo de renunciar a cualquier forma de dependencia ideológica, soflama que desvela las intenciones satíricas de todo el bloque y de la película entera.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Analizad los elementos sobre la que se construye la sátira del fanatismo religioso en esta secuencia. Reflexionad sobre las diferencias entre una secta y una religión.

–          Localizad paralelismos de la escena con episodios – situaciones evangélicas. El mandamiento de Brian, ¿cómo traducirlo en positivo desde nuestra fe?

–          Debatid dónde empieza y dónde termina lo ofensivo en asuntos de religión. Situad esta discusión en el contexto de los integrismos religiosos. Revisad casos de escándalos producidos por películas o libros que se aproximan de alguna manera al hecho religioso (El código da Vinci, el más reciente). Llegad a conclusiones.

 

  1. La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

He hablado mucho (y en términos poco halagüeños ) sobre esta película en estas páginas. Critiqué en su día su violencia innecesaria (¡quién no!), cargué las tintas en su escaso valor como objeto capaz de motivar una experiencia verdaderamente religiosa, analicé la tendencia de su autor al hiperformalismo y a una estética barroca en el sentido histórico-artístico e ideológico – coercitivo de la expresión; me atreví, qué osadía, a denunciar sus principios teológicos de fondo. Sin embargo, y a pesar de todo, también he reconocido la fuerza creativa de ciertos hallazgos visuales, o la intensidad global de una película no apta para todos los públicos. Una película tan extremada, que exhibe con descaro y honestidad sus bazas (por antipáticas que parezcan), puede repugnar o admirar, sin duda, pero, más allá de esas apreciaciones personales, merecerá siempre una mínima atención. Su Jesús sufriente, sudoroso y sangrante, una especie de superhéroe caído y torturado, siempre al borde de la enajenación antes de su definitiva victoria, pasará a formar parte de la historia iconográfica de Cristo. Y, aunque yo prefiero “al que anduvo en la mar” antes que a este desollado, triste e innecesario amasijo de carne (¡comparad este despliegue de pústulas con el tratamiento austero y nada espasmódico de la Pasión por parte de Pasolini), me veo en la obligación de mirar a los ojos a este Mesías con las pupilas perdidas entre párpados hinchados.

Siempre lo he dicho: la mejor secuencia (junto a la Resurrección) de esta película es aquella en que Magdalena y María limpian la sangre de Jesús del suelo del patio en que este ha sido brutalmente flagelado. Su gesto hermosísimo, casi incomprensible, se llena de significado simbólico: ahorrar sangre, salvar la dignidad de un hombre eliminando las huellas que su sufrimiento ha dejado en la tierra, borrar, por amor, las marcas de lo insoportable. Esa misma operación de higiene moral (inversa a la que Mel Gibson ha practicado en su película)  echa uno de menos en estas dos horas de cine a bofetadas.

 

Secuencias seleccionada

Jesús ora en el Monte de los Olivos, es traicionado por Judas y detenido. (00h 00´ – 00h 14´)

 

Motivos de elección – Cualidades de la secuencia

Lo mejor y lo peor de esta película se concentra en el primer cuarto de hora de proyección. Aciertos y defectos se suceden  sin pausa, dándose la mano casi en el interior del mismo plano: conviven una atmósfera conseguida y cierto esteticismo de baratillo,  el clima misterioso y los detalles de mala película de terror, el uso sugerente de la banda sonora y los subrayados musicales altisonantes y vacuos, el sufrimiento  veraz  y metafísico de un hombre al límite y la gestualidad física desmedida y burda, el simbolismo enriquecedor (la luna) y los símbolos innecesarios (la serpiente), los movimientos de cámara cadenciosos y expresivos (travellings de aproximación a Jesús – internamiento en el huerto) y los ralentís innecesarios en su evidencia, el trabajo muy imaginativo con la luz (contraste huerto de los olivos- en tonos azules/ templo – en tonos ocres / irrupción en el azul del huerto de los soldados con antorchas que nos retrotraen a la luz del templo) y la utilización de filtros mil veces vistos y nieblas recurrentes, las presencias poderosas (los apóstoles, los sumos sacerdotes) y las apariciones ridículas (ese diablo andrógino que quiere remitir a Bergman y recuerda unvideoclip adocenado)… Sin embargo, una vez hecho balance entre el debe y el haber, la secuencia se salva porque, al final, la angustia de Jesús, la situación límite a la que está expuesto queda expresada también en esa alternancia del fallo y el acierto, de lo hermoso y lo francamente kitsch. Sin buscarlo, MelGibson traslada la lucha interior de Jesús, su oración desesperada, al propio desgarro de una puesta en escena entre el tropezón y lo sublime. Además, la fuerza de los planos estáticos, de muchas de las fotografías de esta secuencia (Jesús presentado de espaldas; Jesús orando entre los árboles; los apóstoles a contraluz; el soldado, de rodillas y anonadado, después de  que ha recuperado milagrosamente la oreja cortada por Pedro…) salva de la ruina los excesos en el uso de otros códigos cinematográficos.

 

Pautas para su visionado

La escena está tan trabajada desde el punto de vista retórico que el análisis de cualquiera de sus recursos de estilo nos aportará multitud de información. Deberá atenderse, especialmente:

–          Uso de la luz: iluminación del huerto – iluminación del templo / contraste entre la luz lunar (metáfora de la presencia-ausencia de Dios) – luz de las antorchas (poderes fácticos) /trabajo sobre el contraluz (apóstoles) / irrupción en claroscuro de Juan en la casa de María y Magdalena.

–          Momentos en los que se recurre a la cámara lenta y sentido: monedas lanzadas a Judas por los sumos sacerdotes – llegada de los soldados al huerto y lucha con ellos – beso de Judas – curación milagrosa del hombre que ha perdido la oreja.

–          Movimientos de cámara: sobre todo los que inician la escena y se aproximan a un Jesús perdido en un huerto, que son trasunto de su propio hundimiento en sí mismo, de su ensimismamiento.

–          Planos enfáticos: aparición del diablo, desenfocado, tras un Jesús que acaba de levantar el rostro humillado del suelo; contrapicado desde el punto de vista de Judas, que mira a los soldados tras su traición;  plano cenital de la serpiente arrastrándose hacia Jesús y pisotón de la misma; curación del soldado en plano medio…

–          Símbolos: luna y serpiente, sobre todo.

–          Encadenados visuales: paso del huerto al templo: la luna vista desde el huerto / el rostro de un sacerdote contemplando esa misma luna. Encadenados sonoros: primer golpe de los soldados a Jesús / María se despierta sobresaltada en  casa.

–          Diálogo de Jesús y el Diablo: atentos a la tentación del diablo (“Nadie puede con el peso de todas las almas, ningún hombre puede cargar con ese peso”) que nos da la clave de la teología sacrificial de fondo sobre la que se sostiene la película.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Tras analizar formalmente la secuencia (ver pautas para el visionado), valorar si las soluciones colaboran en una mayor comprensión del episodio evangélico, si lo enriquecen o banalizan.

–          Comparad el episodio con otras versiones cinematográficas de ese mismo momento. Enumerad las virtudes y los defectos de cada una.

–          En El señor de los amigos Cortés presenta la oración en el huerto en una clave más humana (Gibson tiende a confundir lo sagrado con lo fantástico, lo sobre-humano con los superheroico). Después de leer el Evangelio, cotejad la versión de Cortés y la secuencia de La Pasión. ¿Cuál es más fiel a la letra sagrada? ¿Y al espíritu?. El debate está servido.

 

  1. El hombre que hacia milagros (Stanislav Sokolov y Derek Hayes, 1999)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

Se trata de una película de dibujos (aunque se alternen diversas técnicas, la mayor parte está rodada con muñecos de látex animados mediante el procedimiento conocido con el nombre de stop motion) que pretende contar a los pequeños, desde la perspectiva de una niña (Tamara, la hija de Jairo, sanada milagrosamente por el Mesías) la historia de Jesús. El punto de vista infantil y la opción por el cine de animación persiguen acercar a un público menudo la historia, impregnándola de una calidez que la caracterización suave y comprensiva de este Jesús sin carne ni hueso  aspira a mantener. No obstante, a mí la película no me convence. Como espectáculo para niños, su densidad teológica y de discurso está a años luz de la mentalidad infantil. Las escenas se acumulan con una celeridad excesiva, con lo que ritmo y precipitación se confunden, hasta anular la progresión dramática y, con ello, la posibilidad de identificación por parte del público. Por si fuera poco, la pretendida adaptación del relato evangélico es sólo superficial: no hay una verdadera apuesta por aproximar o traducir al mundo lúdico e imaginativo de los niños la aventura de Jesús. Rigidez, amaneramiento tendente a lo estirado que hermana esta producción con las megaproducciones del Hollywood de los sesenta, con un Jesús – amigo que es, en el fondo, una lámina más de un álbum de cromos color pastel. El respeto desemboca en sosez y el miedo a la heterodoxia sólo consigue una corrección de fantasía escayolada. Algunos me han hablado de “una catequesis en imágenes”. Pues bueno: espero que nuestra catequesis no se asemeje demasiado al espíritu encorsetado de esta película… producida por MelGibson.

 

Secuencia seleccionada

Desde que Jesús y los suyos inician el camino hacia Jerusalén hasta que Judas lo traiciona (00h 41´ – 00h 57´).

 

Motivos de elección – Cualidades de la secuencia

El virtuosismo técnico de la película alcanza sus cotas más altas en este fragmento. Las once escenas que se suceden en estos dieciséis minutos vertiginosos, sin ser demasiado imaginativas en cuanto a soluciones visuales, narran con eficacia algunos de los instantes cruciales previos a la Pasión de Jesús. El guión juega a varias bandas con inusitada soltura: por un lado, Herodes, Caifás y Pilatos se preparan, cada uno por su lado, para acabar con la amenaza que supone Jesús; por otro, Judas, pintado como un rebelde político que espera que Jesús libere a los judíos de los romanos, evoluciona (de forma muy bien narrada) hacia la decepción, el miedo y la traición; a la vez, Jesús, siempre rodeado por los suyos, continúa anunciando su reino (brillante visualización de la parábola del samaritano o de la resurrección de Lázaro mediante técnicas de animación clásica) a unos seguidores que no acaban de entender el verdadero calado de su mensaje. En todo este bloque, la alternancia entre la stop motion (para la acción en presente) y la técnica de dibujo clásico ( para parábolas, relatos , recuerdos, procesos sicológicos como el de Judas) se produce de forma tan fluida como pertinente. Los niños, además,  tienen protagonismo en algunas de las escenas (a pesar de que Tamara siga siendo más un testigo que el punto de vista del relato, lo cual hubiera sido mucho más sugerente), sobre todo en el episodio del samaritano que, gracias a sus intervenciones, funciona como una hermosa lección de tolerancia, ahora sí, para todos los públicos.

 

Pautas para su visionado

Para una correcta apreciación de las estrategias audiovisuales puestas en juego por sus directores en el metraje elegido, creo que debe dirigirse la mirada sobre todo a tres procedimientos de lenguaje:

–          El ya citado recurso a mezclar animación en tres dimensiones y animación plana. Los autores distinguen de este modo sucesos reales y sucesos de conciencia, lo que en todo este fragmento, además, resulta tremendamente expresivo. De todos esos momentos, resaltar aquel en el que la resurrección de Lázaro está narrada por boca de un miembro del Sanedrín; el plano en que Jesús entra al templo y su imagen presente en tres dimensiones se sustituye sin transición al pasar por la puerta con el recuerdo en animación clásica de la primera visita, de niño, a la Casa de Dios; la fabulosa secuencia de montaje con la que culmina el tramo que hemos elegido y con la que se visualiza la crisis de Judas (después de que oye que Jesús proponga “dar al César lo que es del César”, frase que desmorona sus esperanzas políticas revolucionarias) y que es una acelerada sucesión de imágenes trufadas de símbolos, metáforas, asociaciones y sombras expresivas que enfatizan  su lucha interior. Mención aparte merece la parábola del samaritano, contada por Jesús a la luz del fuego a un grupo en el que los niños expresan previamente su odio hacia los habitantes de Samaria. En estos minutos de película, el Jesús maestro se reviste de un muy logrado magnetismo. El que su relato se produzca alrededor de una hoguera, de noche y después de que Cristo apareciera trayendo leña del bosque redondea la imagen de un Jesús comunitario, amigo y próximo. Que interrumpa con su aparición la discusión de sus discípulos sobre quién será el primero en el Reino servirá para situar en el corazón de la secuencia a los niños, por fin verdaderos protagonistas del relato.

–          El montaje alterno de escenas del grupo de Jesús con otras protagonizadas por sus enemigos: Herodes, Caifás y Pilatos. Estos apuntan las diversas razones que después originarán el apresamiento y la muerte del Mesías (mago demasiado poderoso – líder religioso molesto – cabecilla de una revuelta política y social que puede desencadenarse en Pascua)  y, al mostrarse en contrapunto con los preparativos y el viaje de Jesús a Jerusalén, logran un interesante efecto dramático, rematado con el montaje en paralelo de Jesús entrando en la ciudad, Caifás planeando su muerte y los soldados romanos observando expectantes.

–          Finalmente, debe analizarse cómo se pone en escena la figura de Jesús y con qué se le asocia en cada una de sus apariciones: ya hemos hablado de su actitud de llevar la leña para el fuego, llena de concomitancias simbólicas, o de su hablar a los suyos alrededor de la hoguera; se le presenta, al principio, tras un plano del sol (que ha aparecido después de que Herodes rompiera, furioso, un collar y una de sus cuentas se transformara por efecto de montaje en la estrella resplandeciente del mediodía), despertando a Pedro y diciendo “Es la hora, Pedro”; nos lo encontramos al amanecer, con Tamara, en lo alto de un monte, contemplando el paisaje que se abre hacia Jerusalén, y allí recibe la noticia de la enfermedad de Lázaro; varías veces está entre  su comunidad, caminando en medio de la alegría y el bullicio (subrayado por la música festiva que suena); en el templo, el resplandor de los mármoles, en un detalle muy hermoso, lo deslumbra y ese resplandor imprime a la escena una luz incómoda y extraña. Ninguna de estas elecciones visuales resulta gratuita.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Comentad las tres claves de la puesta en escena.

–          Valorad el itinerario mental y moral que sigue Judas en toda la secuencia.

–          Con los niños se puede aprovechar la escena de la parábola del samaritano y su lección sobre aceptación del diferente. Cortés la ilustra muy acertadamente en Un señor como Dios manda.

 

  1. Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

Jesús de Nazaret es al cine sobre Jesús lo que una autopista de tres carriles a la excitante aventura de viajar: una senda segura, sin peligros, de trazado perfecto y curvas bien peraltadas, pero sin demasiadas sorpresas, sin parajes por descubrir ni recoletos rincones donde dejar que el alma corretee, se expanda y salte. Tras cuatro horas de viaje (o seis, según versiones) uno llega a su destino sin percances: apenas hemos sudado, los bostezos contenidos se han sobrellevado con paciencia y el cuentakilómetros abandona la velocidad constante por primera vez en todo este tiempo de plácido recorrido por lugares comunes y arcenes previsibles.

La película es de una ortodoxia un tanto cansina: su director, ferviente cristiano, se enfrenta a la figura de Jesús con reverencial respeto, sin permitirse apenas licencias dramáticas, sicológicas o narrativas. Su Jesús habla casi siempre desde un pedestal, con citas evangélicas, y mira desde ese lugar sito más allá de los ojos que llamaremos infalibilidad. Al actor, de soberbia e iconográfica presencia, se le ve en todo momento interpretando a Dios y por eso el director le regala planos de una pulcritud plástica que roza la postal. Su oficio es cumplir profecías, corroborar con sus milagros la solvencia divina de su mensaje, por si este no es suficiente: escribir, en definitiva, la Historia… En fin, le falta “chicha” humana, interpreta su papel desde quien sabe el futuro de una religión universal que se está fundando y no desde el presente de un galileo en pugna por anunciar una manera distinta de vivir, el Reino de Dios. Reparemos, por ejemplo, (al menos en la versión que yo he visto, la más difundida) que episodios de honda y tumultuosa sensibilidad humana como las tentaciones o la muerte y resurrección de Lázaro se han suprimido; incluso las palabras más controvertidas del Cristo en la cruz (“Padre, ¿por qué me has abandonado?”) brillan por su ausencia, en ese afán porque la sacralidad del personaje permanezca impoluta, a salvo de debilidades. Revisad, si no es bastante, la escena en Getsemaní, aligerada de nuevo de intensidad, no fuera a ser que, con el conflicto, las venas, los nervios y el corazón de Jesús rozaran  su sagrada sustancia con el bajo suelo. La relación con Magdalena o con su madre padece ese mismo déficit de afectividad, cuyo aporte complementaría un dibujo más verosímil del Hijo de Dios, al añadirle rasgos de su profunda y voluble naturaleza de Hijo del Hombre.

Esto en el “debe”, junto a la estética televisiva y a veces en exceso edulcorada, el uso y abuso del zoom, las arritmias lógicas en un relato de larga duración destinado a la pequeña pantalla; en el “haber”, la exquisita dirección artística (magníficas las localizaciones y el trabajo con el color, la luz y las texturas), el elenco de actores (estrellas a paladas, como es de rigor en estas superproducciones), la vitalidad que rezuman los ambientes (la sensación de vida propia, palpitante, que transmiten las escenas en Nazaret, o en torno al Mar de Galilea, o en el templo de Jerusalén), la resolución de algunos momentos (la Anunciación, la multiplicación de los panes y los peces,  las escenas del sanedrín…). Finalmente diremos que el componente didáctico de la película, molesto desde el punto de vista puramente narrativo, beneficia sin embargo a la obra como material pedagógico: no hay apunte histórico, situación, costumbre o grupo social cuya irrupción en escena no vaya acompañada de una explicación aclaradora por boca de algún personaje.

 

Secuencia seleccionada

El largo bloque en Cafarnaum, a orillas del Mar de Galilea,  que recoge sobre todo la llamada a los distintos apóstoles (Juan, Pedro, Mateo, Santiago y Tomás se suman a Santiago, Andrés y Felipe), con momentos como la pesca milagrosa, el relato de la parábola del hijo pródigo o la curación de la hija de Jairo (1h 14´ – 1h 42´)

 

Motivos de la elección – Cualidades de la secuencia

Si Jesús es un personaje dramático simple en la película debido a su sobredosis de fortaleza, los apóstoles, por el contrario, están retratados con suficientes matices para rezumar humanidad. En estas secuencias elegidas vemos cómo Jesús llama a sus discípulos. El intenso proceso de transformación que estos viven hasta que pasan a formar parte del grupo del Mesías (sobre todo Mateo, Pedro y, en menor medida, Tomás) está relatado con hondura y emoción. Además, por contagio con el volumen  de sus elegidos, nos encontraremos con un Jesús menos rígido, más accesible, casi compañero y amigo de quienes van a su lado, que tiene que cubrirse los ojos con las manos para que el sol, mira por dónde, no le deslumbre a él que es todo luz.

 

Pautas para su visionado

Las escenas que componen este bloque vienen después de la expulsión de un demonio. La captación de, primero, Juan, después, Pedro y Mateo, y, finalmente, Tomás, nos regala una magnífica lección sobre las distintas formas de atender, escuchar y aceptar el mensaje de Jesús, su llamada a pelear por su Reino:

–          Juan habla con Jesús a la orilla del lago. Le explica todo lo que ha aprendido en sus estudios: que dos y dos son cuatro, a veces; que la mayoría de la gente nace para ser mandada; que ser rico es una buena cosa; que nacer es el principio de morir… También manifiesta que piensa que entre nacer y morir ha de haber algo más. Le confiesa a Jesús que, al oírle esa tarde, había sentido que las palabras empezaban a cobrar vida, que estas, inspiradas en las viejas escrituras, se escribían en su corazón, no en piedra. Jesús, entonces, le invita a acompañarle. En Juan, las preguntas metafísicas sobre el sentido de la vida, la insatisfacción derivada del mero conocer racional y la necesidad de transformar en acción la reflexión (palabras revividas) están en la raíz de su deseo de seguir a Jesús. Este se limita a escucharle y a proponerle que se una a los suyos, pues el caldo de cultivo de su vocación son las propias inquietudes de Juan.

–          El proceso de Pedro compone el núcleo de este fragmento. Su fuerte carácter visceral se manifiesta desde su aparición (está a punto de chocar con otra barca). Despotrica contra los recaudadores de impuestos  y los santones, se declara hombre práctico y poco amigo de profetas. Sin embargo, hay un hambre de justicia de fondo que brota con las miradas de Jesús (magnífico el juego de miradas entre Pedro y Jesús cuando se conocen) y con el milagro de los peces (rodado de forma soberbia: sobre el rostro de Jesús se proyectan los reflejos del agua del lago que él está mirando desde la barca / fundido encadenado a gente que, en plano general un tanto borroso, recoge las redes). Si bien se enfurece cuando Jesús acude a la casa de Mateo y pasa por su particular Getsemaní (de noche, manda a los otros apóstoles que lo dejen en paz y proclama que su vida son sus redes y que ese es su mundo, mientras se abraza simbólicamente al palo donde está amarrada una barca), al escuchar la parábola del hijo pródigo (escena crucial, muy bien rodada, que no tengo espacio para desmembrar) siente que su desazón sólo puede resolverse siguiendo el camino de ese Dios – Padre bueno y más que justo que Jesús proclama y encarna.

–          Mateo, el recaudador de impuestos, se siente cautivado por Jesús cuando este acepta entrar en su casa, a pesar de estar estigmatizado por su oficio. Un Mesías de pecadores, capaz de prometer esperanza a los desahuciados según la moral de su tiempo, merece ser escuchado. Su definitiva aceptación se produce también al escuchar la parábola del Hijo Pródigo, promesa de perdón y de vida nueva para quien anduvo desencaminado.

–          Finalmente, Tomás seguirá a Jesús al asistir a la resurrección de la hija de Jairo. En este caso, es la acción de Jesús la que capta al discípulo díscolo y poco dado a creer sin pruebas.

En definitiva: la palabra que responde a nuestras preguntas (Juan), la necesidad de justicia (Pedro), el perdón de un dios de pecadores (Mateos) y las intervenciones de Jesús, su lucha activa contra el mal (Tomás) serán los cuatro caminos de descubrimiento que transiten estos hombres en el camino hacia la fe y el seguimiento de Jesús.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          La secuencia puede servir como excelente disculpa para reflexionar sobre el tema de la vocación. En ese caso, se puede estudiar el proceso vivido por los cuatro personajes y remitirlo a nuestra propia experiencia personal.

–          La escena de la parábola del hijo pródigo está construida sobre el juego de reacciones que desencadena las palabras de Jesús. Comentad qué puede querer decir ese relato para cada uno de los personajes (Pedro, Mateo, la gente de “mal vivir” que acompaña a Mateo…).

–          Reflexionad sobre la imagen de Jesús que propone este bloque. Atended a los planos que el director filma, a sus gestos, su manera de mirar. ¿Nos convence? ¿Qué echamos de menos en este dibujo?

 

  1. Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1974)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

Permitidme una comparación: como ocurre muchas veces con las canciones, en este musical archiconocido el envoltorio formal, la melodía, ha resultado siempre tan “pegadiza” y fácil (hippies, contestación, Cristo “guay” yguaperas entre palmas, muchos brazos al cielo y mucho grito espasmódico y unpelín histérico…) que la letra, lo que se quería decir (que era secundario, es verdad, pero no absolutamente prescindible), al final, nadie se detuvo a escucharlo. Y a eso voy… ¿de qué hablaba, en el fondo, esta película? Pues de confusión, de duda, de un Jesús superestrella y megafamoso, cansado y triste que, en cuanto empieza a meter a Dios en medio de sus proyectos, lo enreda todo para él y para los que le acompañan en plan colegas. No hay ni rastro del mensaje de Jesús (sólo una alusión al Reino de Dios: todos podrán ganarlo… ¡los lentos y los rápidos (¿?) también!, no hay resurrección (¡ese final crepuscular y en silencio absoluto tras una hora y tres cuartos de música continua!), no hay milagros, ni parábolas, ni Sermón de la Montaña… Jesús ya “ha vendido todo el pescado” y se dispone sólo (solo) a pasar el último trago. La película es una sucesión de enfrentamientos verbales  (todos contra todos: Jesús a voces y gorgoritos contra los que le quieren y silencioso ante sus enemigos: Jesús contra Judas, contra los discípulos, contra Dios, contra los pobres; Judas contra Jesús, contra los sumos sacerdotes, contra la Magdalena… y así sucesivamente) y de monólogos angustiosos; la crispación lo domina todo, a pesar de los esfuerzos de Magdalena por serenar los ánimos; los interrogantes continuos (no hay canción sin preguntas, que siempre quedan en el aire) se siembran por doquier, y todo ello presidido por un Dios que ha trazado un plan inamovible en el que Judas, y Jesús, y Pilatos cumplen su magna voluntad a regañadientes como los actores de un drama de sangre y ofuscación escrito previamente. Todo, en fin, muy años 70.

Humor cínico y ácido, mucho deseo de volver tangible a Jesús (todos quieren tocarle, abrazarle, besarle; María lo unge, lo acaricia, estrecha sus manos…) en un afán por humanizar ese retrato frío, inaccesible por su exceso de sacralidad que el cine había patentado a lo largo de la historia: el resultado final es una sucesión de retratos de seres humanos en duda, problemáticos, al borde del abismo, que parecen estar esperando su turno a la cola del sicólogo. ¡Ah, se me olvidaba!: que el actor sea descaradamente bizco aclara prácticamente todo en esta película de hombres y mujeres divididos, en crisis, con el alma estrábica.

 

Secuencia seleccionada

Desde que Andrés y los 50.000 de Jerusalén cantan “Jesús, estoy contigo” hasta que Jesús desaparece de forma pesadillesca en medio de una multitud de pobres y tullidos que lo acechan (00h 28´ – 00h 42´)

 

Motivos de la elección – Cualidades de la secuencia

Si bien hay escenas más representativas e impactantes (la oración del huerto mientras Jesús asciende por un monte rocoso; la canción de Judas, convertido en ángel (mediático) mientras se burla del fracaso de Jesús y le comenta que debería haber planificado más su jugada y haber nacido en el presente para que su éxito de masas hubiera sido mayor; la propia intervención de Herodes) este bloque compuesto por cuatro cortes musicales exhala el aroma de la época que lo concibió, sintetiza muy bien la sensación de desgarro interior que recorre la obra y guarda en su metraje algunas de las imágenes más perturbadoras en las que un Jesús de ficción se haya visto envuelto nunca.

 

Pautas para su visionado

Recordemos que todo el musical está ambientado en un paisaje desértico y polvoriento, en perfecta sintonía con su clima anímico, y ese paraje sólo se ve interrumpido por la presencia de unas ruinas romanas (el espacio público) y unos andamios (espacio del poder) . A este lugar llega un grupo de actores – comuna en un autocar, que se preparan, en el prólogo de la película,  para representar los últimos días de la vida de Jesús. La parte que hemos seleccionado está situada después de la entrada triunfal de éste en Jerusalén. Comentemos brevemente los cuatro temas:

– En el primero, Andrés el Zelota y un nutrido grupo de bailarines que representan a la multitud más exaltada de Jerusalén entonan un dinámico canto de alabanza y fe en Jesús. Su baile, acompañando de volteretas, saltos y gestos extremos (rodados con una cámara muy móvil, que se desplaza en grúas, en panorámicas y travellings alrededor de un Jesús risueño, y que no renuncia a efectos como el ralentí o el zoom) evoluciona hasta transformarse en una petición a Jesús de orden político: “agrega un poco de odio [en tu mensaje] a Roma y tendrás el poder y la gloria”. El paroxismo se adueña de los bailarines, poseídos por un furor más patriótico que religioso, y Andrés acaba asemejándose a un diablo enloquecido tendiendo tentaciones a los pies de su Señor. Jesús se va viendo rodeado por la cámara y por esa multitud que lo acosa y se postra a sus pies en solicitud de su intervención como Mesías revolucionario. La segunda parte de la canción, con un Jesús que ha ido ensombreciendo su rostro a medida que el verdadero sentido de esa oración con dobles intenciones se revelaba, está en boca del Mesías, que acusa a sus fieles de no comprender nada, de ignorar lo que de verdad es el poder y la gloria. El contraste entre el tono melódico de esta parte y la anterior energía musical se intensifica con una cámara más cadenciosa en su planificación. Escena, pues, de incomprensión, de choque entre dos perspectivas sobre la misión de Jesús, resuelta brillantemente tanto en la oposición musical como visual de sus dos momentos.

– Pilatos relata en una balada un sueño profético: soñó con un Galileo “de mirada atormentada”, que “no dijo ni una palabra” cuando tuvo que comparecer ante su presencia. Vio también cómo miles de millones lloraban por aquel hombre  y le echaban a él la culpa de todo. Por contraste con la anterior escena, el tempo lento se potencia con una cámara pausada,  que se va acercando al rostro de Pilatos a medida que nos hace partícipes de su desazonadora visión. El gesto de ceñirse los laureles de gobernante debe interpretarse como la asunción, una vez más a su pesar, del papel que Dios y el destino le ha deparado en el drama. Nuevo personaje, pues, escindido, dominado por unas circunstancias que lo vencen.

– La situación en el templo nos devuelve los ritmos rápidos y el conflicto de la primera escena: ahora el choque se produce entre ese mercado total en el que la casa de oración y, por extensión, el mundo (versión años 70) se ha devaluado y un Jesús airado que arrambla con todo. Los símbolos de la corrupción son evidentes y muy de la época: se venden drogas, sexo, armas. Jesús, furioso, desmonta a fuerza de brazos el mercado: entre sus gestos, dos especialmente poderosos: vuelca un expositor de espejos (símbolo de la falsedad, de las identidades dobles, de la hipocresía…) y un mostrador con una báscula y armas, en claro homenaje a esa imagen pacifista tan del gusto de aquellos años.

– La escena final, pesadillesca, retoma la melodía del primer tema. Tras un plano de un buitre y del sol en todo lo alto (entramos en el terreno del delirio, de la fantasía agonizante), Jesús habla consigo mismo (no con Dios) y confiesa que lo ha intentado durante tres años… que le parecen treinta. Y llega, entonces, el miedo: pobres y tullidos salen de todos los rincones, lo asedian, lo acorralan, y acaban por sepultarlo bajo sus cuerpos anhelantes. Él grita “sois demasiados” y desaparece bajo esa masa asfixiante. Estos minutos están planificados como una película de terror (hay, incluso, un hombre que sale de una oquedad en la roca como si fuera una araña inquietante) y sus continuos paralelismos con el primer momento que comentábamos (la misma música, Jesús en medio de una multitud exigente y devoradora; el deseo de tocar y besar a Jesús en signo de alabanza del primer tema es retomado ahora por estas criaturas miserables, que buscansanación en su contacto…) redondean la caracterización de un Jesús existencialista, fuerte en su debilidad, víctima de su éxito, tan humano (y bizco) en su tensión interior que puede llegar a escocer.

 

Tres sugerencias de trabajo

–          Después de ver las escenas, analizad qué imagen de Jesús pretenden reflejar.¿Qué Jesús es este? ¿Qué añade al Jesús evangélico? ¿Humanizar a Jesús así lo vuelve accesible, comprensible, más real? ¿Es mejor el Jesús pulcro y distante, resulta más “catequético”?

–          Transformad en preguntas para los destinatarios de la secuencia las claves de puesta en escena antes comentadas, a fin de agudizar la visión crítica de la escena: qué representan los diferentes elementos simbólicos, conexión entre la primera y última canción, sentido de los movimientos de cámara, del texto cantado…

–          Este es el Jesús de los 70, pasado por el filtro de una época y una visión del mundo. Imaginad cómo contar hoy la historia de Jesús, cómo sería el Jesús narrado desde una perspectiva posmoderna:  cinismo, ética blanda, sociedad de la tecnología, globalización ¿cómo afectarían al relato?

 

  1. Rey de Reyes (Nicholas Ray, 1961)

 

Breve comentario radicalmente personal sobre la obra

En apariencia, Rey de Reyes lo tiene casi todo para resultar una obra nada apetecible y muy poco prometedora como material didáctico: película “de romanos”, larga, de música ampulosa, enésima ilustración de la vida de Jesús, producida, además, justo en la época en que el gran espectáculo (cinemascope ytecnicolor, miles de figurantes, decorados ostentosos, grandes argumentos…) pretendía contrarrestar con más pena que gloria el poder pujante de la televisión. Si a eso le sumamos las salvajes  mutilaciones con que la productora redujo a la mitad su metraje, el montaje arbitrario y ajeno al director de determinadas secuencias y un Jesús poco carismático, el panorama que se abre ante nosotros puede desalentarnos. Pero, oh, sorpresa, una mirada atenta no tarda en comprobar cómo la mano de un maestro (el director de obras comoRebelde sin causa o Johnny Guitar) ha resuelto de forma imaginativa, con ideas visuales soberbias, un material trillado, hasta regalarnos, si no una obra maestra, sí una película digna, a veces sublime, siempre apasionante, sobre todo como ejercicio de cine que otorga innumerables matices al mensaje evangélico gracias a la fuerza artística de la imagen.

El Jesús de Rey de Reyes es, ante todo, un hombre de paz. Su actitud, sus gestos, sus palabras apuntan una y otra vez en esa dirección. Incluso las escenas omitidas (el discurso contra escribas y fariseos o su irrupción furiosa en el templo) patentizan ese propósito de presentar a un Mesías cuya prédica se sustente sobre el amor al prójimo, la no violencia y la ternura. Sus únicas palabras tibiamente exaltadas se producen en el Sermón de la Montaña, y son para denunciar a aquellos que se empeñan en ver la paja del ojo ajeno, sin reparar en la viga propia: por tanto, una nueva solicitud de respeto y tolerancia que corrobora nuestra tesis. En otro sentido, los guionistas y el director han apostado por desarrollar en profundidad el carácter de una serie de personajes próximos al Cristo, de tal modo que la vida de Jesús se cuenta más desde el punto de vista de sus testigos que desde la neutralidad omnisciente de los evangelios. El camino de humanización del personaje, la manera de volverlo accesible, en consecuencia, no pasa por evidenciar su debilidad, sus titubeos o su intimidad escindida (recuérdense La última tentación o Jesucristo Superstar), sino por atender a la mirada subjetiva del otro (Juan, Barrabás, Lucio, Judas, la mujer de Pilatos, Pedro, Magdalena…), a la repercusión que el contacto con Jesús tiene en la vida de quienes con él se codean.

Recordemos, antes de entrar en materia, que la película acentúa su discurso político, primero, con el retrato de la corte de Herodes, una especie de reino decadente y enfermizo, de resonancias macbethianas, segundo, con la presentación de unos romanos obviamente inspirados en el nazismo todavía reciente, y, tercero, con el contraste entre Barrabás, un líder revolucionario exaltado y violento, y ese Jesús alérgico al arrebato.

 

Secuencia seleccionada 

Recomendamos, en este caso, una especie de espigueo de imágenes, escenas y momentos de gran calidad cinematográfica. En esta película, el acierto del hallazgo plástico engrandece la situación evangélica evocada, de ahí que prefiramos mencionar una antología de instantes de inusual fuerza creativa antes que un fragmento único.

 

Pautas para su visionado

Intentaré repasar algunos de los logros visuales de la película, con un mínimo apunte sobre la razón de su brillantez.

–          La escena del bautismo (29´) se resuelve en silencio: Juan acaba de decir que él sólo es un profeta del que vendrá. La cámara capta en detalle el recipiente con que El Bautista toma agua, sigue el recorrido de su brazo desde el río a la cabeza del bautizado y encuadra a Jesús, que entra en el plano. Ambos, Juan y Jesús, se miran, plano/ contraplano: dos primerísimosplanos de los ojos, primero de Juan, luego de Jesús (azules y de energía indudable) son suficientes para el reconocimiento absoluto, la revelación.

–          Juan visita a María (31´) y se la encuentra amasando pan, en un gesto pletórico en su cotidianidad. Juan sólo se moverá del umbral de la puerta al fondo de la casa (movimiento lleno de sentido metafórico: Juan se adentra en el meollo de su intervención y, a la vez, pasa a formar parte de la familia del Mesías) al proponer que Jesús encare su misión. La escena termina con un bellísimo primer plano de María, consciente en su mirada de que el camino hacia la cruz ha empezado.

–          Tentaciones (32´): resalta el momento en que Jesús saja una hoja de chumbera y empieza a beber su jugo: un detalle nimio que concentra en su intensidad todo el desierto. Otra solución hermosa, cómo contar una tentación: plano de los pies de Jesús caminando / Jesús postrado en el suelo, escuchando la voz del diablo / Jesús se pone en pie y continúa con su marcha, filmada de nuevo sobre el plano detalle de sus pies.

–          Llamada a los apóstoles, a Pedro (36´): la cámara se sitúa en la barca en la que Pedro navega hacia la orilla, donde Jesús le espera. Este emplazamiento de la cámara evoca el magnetismo del propio Jesús, que atrae a Simón y su barca con el imán de su presencia.

–          Milagros (47´): inolvidables, narrados de forma metonímica, a través de la sombra de Jesús o, de nuevo, de sus ojos. Mencionamos sólo el primero (en este minuto de metraje se encadenan  dos, igual de magistrales; luego, un abrazo de Jesús vencerá con ternura al demonio violento de un poseído):  lasombra de Jesús se proyecta sobre el cuerpo de un tullido postrado. Sus brazos y su piernas contrahechos, tomados en plano detalle, se mueven anormalmente pero, poco a poco, acaban recuperando su flexión normal. Unos niños irrumpen en la estancia y observan el milagro. El hombre se levanta, es abrazado por un familiar, camina hacia la luz deslumbrante que entra por la puerta, a la izquierda.

–          Intento de lapidación de Magdalena (52´): destaca el plano de Jesús, de espaldas, en medio del encuadre, vestido de blanco, frente a los lapidadores, de cara,  que ocupan todo el largo (larguísimo cinemascope) de la pantalla. Se repetirá el encuadre al final de la escena: ahora están Jesús y Magdalena en plano medio, mientras los acusadores desaparecen, borrosos, al fondo del encuadre: repetición y variación que ilustra visualmente el poder pacificador de Jesús.

–          Encuentro entre María y Magdalena en la casa de aquella (1h 01´): Toda la escena pivota sobre el miedo de Magdalena a ser indigna de Jesús. Mientras María pone la mesa, le relata la parábola de la oveja perdida. El episodio culmina con María invitando a comer a la pecadora y con Magdalena (acordémonos del fragmento con Juan) entrando al interior de la casa.  De nuevo lo cotidiano se carga de sentido simbólico (preparar todo para comer, traspasar un umbral…) y el perdón divino se traduce en gestos que son casi parábolas.

–          El Sermón de la montaña (1h 18´- 1h 32´): Momento central de la película, por ubicación, sentido, duración e intensidad. Imposible enumerar los logros (también hay defectos: sobran algunos contraplanos de gente escuchando). Claves: Jesús, de rojo, por primera y última vez en la película, un rojo que es fuego de hogar y no incendio. Gesto de Jesús dominante en toda la escena: brazos abiertos (abrazo, paz, universalidad). Fundamental el movimiento: primero, de la multitud hacia la montaña; después, de Jesús, de lo alto de la montaña (desde donde ha recitado, contra el fondo del cielo azul, las Bienaventuranzas) hacia los que le escuchan, entre los que deambula con calma, rodeado, arropado pero no asediado, sembrando a su paso (lento, sosegado, acariciante) su palabra, sin perder la perspectiva, entre tanta gente, de cada uno de ellos; finalmente, de la falda de la montaña hacia arriba, de regreso, culminando su proclama con el recitado del Padre Nuestro (este moverse ahora de abajo a arriba, por tanto, coincide con las palabras “ascendentes¨ de la oración). Como testigos están casi todos los secundarios claves de esta historia. Estos minutos emanan una paz que es síntesis de toda la propuesta de la película.

–          Jesús y María, en casa (1h 42´): María coge agua del pozo cuando llega Jesús para permanecer allí unos días a la espera de sus discípulos, a los que ha mandado a predicar. Mientras María devana unos ovillos y Jesús repara una silla, entra Pedro y advierte que ha llegado la hora de dirigirse a Jerusalén (obsérvense de nuevo la llaneza sublime de las acciones domésticas, que no rechazan sus connotaciones simbólicas). Con dos planos muy enfáticos con profundidad de campo (María, en primer plano, a la derecha del encuadre, con Jesús, nítido, al fondo, en plano general / Plano inverso, con Jesús en primer plano y María ahora al fondo) se dramatiza este diálogo: “la silla tendrá que esperar” (Jesús) / “Ya nunca se arreglará “ (María). Emoción.

–          Del bloque en Jerusalén habría mucho que decir: destaca la última cena (1h 51´), con la insólita y muy sugerente colocación en aspa de las mesas (aspa: los discípulos apuntan  en todas las direcciones (ecumenismo); símbolo de la paz; anticipo de la cruz; así situados, están a la misma distancia los once de Jesús; plásticamente, da lugar a encuadres donde predomina la simetría y el equilibrio (paz, armonía, intimidad relajada del momento); en la oración en el huerto (1h 58´) la iluminación desencaja, deforma, dramatiza el rostro de Jesús, rompe por primera y única vez la suavidad de su gesto mesurado; la última negación de Pedro ( 2 h 03´) se produce en presencia de Jesús (plano/contraplano de uno y otro, que se miran con perplejidad, mientras el resplandor de una hoguera adorna el rostro de Jesús con extrañas reverberaciones que ensalzan su naturaleza divina, su comprensión infinita de la debilidad humana, su amor a Pedro, su dolor… (aquí está magnífico el actor)); la escena de la flagelación de Jesús (2h 15´) comienza in media res:vemos a este ya con la espalda herida y, cuando el torturador lo coloca boca arriba para seguir con el castigo, el plano pasa a Judas, quien parece, por sugestualidad doliente, recibir sobre su cuerpo los latigazos; el lavatorio de las manos de Judas y la petición de que Barrabás sea liberado en lugar de Jesús no se ve, son magistralmente elididos y relatados por Lucio (2h 18´) al propio Barrabás mientras este es excarcelado (otra vez se esquiva un momento de tensión, en esa radical apuesta por la paz que es esta obra); el camino a la cruz (2 h 20´) consiste en una ascensión por las estrechas calles de la ciudad: de nuevo los personajes esenciales de la película asisten como testigos  y es su punto de vista cambiante y subjetivo el que construye la planificación en picados y contrapicados: magnífico el detalle de la cruz arrastrándose en el empedrado y pautando con su sonido este agónico itinerario final por un paisaje urbano sinuoso como el dolor; el levantamiento de la cruz, con Jesús ya clavado en ella, es tomado con la cámara fija en el extremo superior del palo más grande, en un plano móvil de perspectiva aberrante, un contrapicado absoluto de expresividad barroca y arrebatadora; la resurrección (2h 35´) se narra sin alardes, sintéticamente,  con Magdalena, que despierta a la puerta del sepulcro vacío, ve a un hombre que camina de espaldas, corre hacia él. Cuando este se gira, ella y todos descubrimos que es Jesús; el plano final (2h 37´), redondo desenlace, apunte último de una inventiva exquisita y pertinente, muestra a los discípulos afanándose en torno a una red; la voz de Jesús resucitado les ordena salir por el mundo;  estos comienzan a alejarse en todas las direcciones; la sombra de Jesús entra en plano, hasta cruzarse con la línea de la red en el suelo y dibujar, como final, el símbolo del cristianismo. Chapeau. Todo esto es el cine.

 

  1. Películas de Jesús sin Jesús

 

Breve comentario radicalmente personal

La estructura de la vida de Jesús ha acabado por erigirse en un argumento universal cuyos motivos se repiten, total o parcialmente, una y otra vez a lo largo de la historia del cine, también en películas que no abordan directamente su figura. Jordi Balló y Xavier Pérez en su imprescindible La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine repasan las variaciones sobre el arquetipo del Mesías presentes en el Séptimo Arte. Antes de revisar buena parte de la nómina de películas construidas sobre el patrón de los relatos evangélicos, resumen con su habitual tino los elementos comunes a todo relato mesiánico: la necesidad de un líder en una comunidad en crisis, las profecías que lo anuncian, el nacimiento prodigioso del héroe, su persecución por el poder establecido, elapartamiento y la educación del elegido fuera de la comunidad, antes de su posterior intervención salvadora, en la que entran en juego fuerzas sobrenaturales, el sacrificio redentor, la muerte y la resurrección, todo ello acompañado por una doctrina o un nuevo código de valores que propagará entre sus adeptos y que tendrá la función de sostener la nueva vida creada tras su acción salvífica. El Cuaderno 124 de Cristianisme i Justicia titulado El cine y los grandes relatos revisa en El Señor de los anillos, Harry Potter, La guerra de las galaxias y Matrix la pervivencia de la figura del héroe universal e, indirectamente, los rastros de mesianismo, con unas muy interesantes notas sobre cómo en el cine contemporáneo muchas veces los hitos claves yhumanizadores de los grandes relatos entran en contradicción con otros valores como el individualismo a ultranza, el endiosamiento de la violencia, la confusión entre lo mítico, lo mágico y lo místico… En definitiva, podemos decir que encontrar películas que nos remitan en cuanto a su morfología y construcción a la peripecia de Jesús es sencillo, pero separar el grano (evangélico) de la paja (postmoderna/materialista/dudosamente ética) ya es tarea mucho más exigente y, por qué no, jugosísima como reto intelectual y como ejercicio pedagógico.

Una película apasionante como la reciente V de venganza, inspirada en el genial cómic de Alain Moore, plantea a la perfección la ambivalencia antes establecida. El protagonista de esta fábula futurista es un enmascarado que pretende acabar con el régimen totalitario que se ha instaurado en Inglaterra. El retrato del personaje remite a varios personajes clásicos (el Fantasma de la Opera, el Zorro,  el Conde de Montecristo, la Bestia, Cyrano, Batman), pero sus componentes mesiánicos quedan fuera de toda duda: por citar sólo algunos, su origen misterioso, su larguísimo proceso de formación, su mensaje de esperanza transmitido en forma de prédica por la televisión, sus poderes sobrenaturales (para la lucha y la acción terrorista, en este caso), su muerte, descenso a los infiernos y  resurrección (en una imagen fabulosa ¡todo la ciudad de Londres se coloca su máscara y se rebela contra la tiranía!) componen el itinerario de un héroe con indudables reminiscencias crísticas. Ahora bien, los métodos violentos (sus “milagros” son acciones de destrucción; adoctrina a su discípula, Evey, haciéndola creer que va a ser ejecutada…), la fuerza que lo mueve (su “dios” inicial es la venganza, aunque poco a poco el amor y la esperanza sustituyan ese impulso) o su rabioso individualismo (orientado, eso sí, en segundo término, a liberar a todo un país) completan el perfecto retrato de los nuevos mesíascontradictorios, con principios claros y moralidad polémica, apegados a unos ideales, pero partidarios de un contundente pragmatismo, rebosantes de creencias, pero ajenos a cualquier  inquietud religiosa, que buscan la justicia, pero no dudan en transitar la vía retorcida de la venganza…

De todo esto se derivan dos consecuencias que nos pueden servir de conclusión para este breve apunte: una, la conveniencia de trabajar antes con secuencias que con películas íntegras para esquivar disonancias y valores que se anulan mutuamente; dos, a veces, más que aprovechar secuencias o películas que remitan a Jesús por la vía de los paralelismos estructurales, es recomendable recurrir a obras que comuniquen valores o enseñanzas en sintonía con el mensaje cristiano: es decir, para hablar de Jesús usando el cine que no cuenta su vida quizás debamos privilegiar la semántica, el significado, los valores que destacan determinadas películas, sobre la sintaxis, el encadenado de situaciones, personajes y motivos. Ya he comentado muchas más veces que me parece más “cristiana” La vida es bella que La Pasión de Cristo (una “de Jesús”) o que  Matrix (una “de Mesías posmoderno”) y con eso queda todo dicho.

 

Sugerencias de trabajo

No tengo espacio para más. Os emplazo aquí, en un próximo número, para hablaros, por qué no, de las diez mejores secuencias de Jesús sin Jesús en el cine.