LOS POKEMONES

Quisiera hablaros de una nueva moda juvenil nacida en Chile, que tiene que ver con una tribu urbana conocida como los “Pokemones”.

Pokemon es un conocido personaje del cómic japonés, medio osito, medio gato, sin edad ni sexo definido y que te deja a primera vista una desazonadora sensación de ingravidez. Dejando a un lado la estética, los “Pokemones” son jóvenes de entre 13 y 18 años que se encuentran por las tardes para bailar en discotecas o bares musicales. Ahí se dedican a “poncear” mientras sostienen un vaso de bebida de fantasía (cero grados) e intercambian fotologs, su principal medio de comunicación y sociabilización. Pero, ¿qué es “poncear”? Poncear es insinuarse, darse besitos, toquetearse. Los “Pokemones” compiten por quién “se poncea” más chicas o chicos en la noche, cifra que después hacen pública y sirve para saber quién es el “más ponceador”. Un ponceador experto puede llegar a la cifra de catorce ponceadas por noche.

Son una versión muy conseguida y original de nihilismo trasladada a las fases más incipientes de la adolescencia.

El nihilismo incruento, el carpe diem sensualizado, el derecho a roce sin contacto, sólo roce. El ponceo es sustancialmente distinto al ligoteo.

El ligoteo implicaba sus ritos, su tiempo, digamos que al menos duraba una noche, cuando no derivaba en una relación más estable. El ponceo es un ligoteo rápido, fugaz, chispeante. Es como navegar en la red, visitando los lugares ajenos, con un solo click, a la caza del último post. Es el erotismo del fotolog, hecho de sensualidad interficial, pura promesa, el derecho a ser agregado sin ser adherido, visitas fugaces a la epidermis ajena, sin quedarse, sin entrar siquiera, dejando un comentario breve y fugaz, superpuesto a los otros, olvidado al tiempo que es leído.

Quizá se está gestando un nuevo modelo de relación afectiva en red, todos contra todos, sexo en-red-ado, independientemente de la orientación sexual, del nombre y de la historia. Sexo rápido, ligero, como el de las palomas, que se fecundan sin penetrarse y se enlazan sin pertenecerse. No lo digo para asustarse, sino para admirarse de que algo tan aparentemente banal merezca la atención de medios tan prestigiosos como Newsweek y New York Times. El mito de Peter Pan es muy universal: el joven siempre se ha negado a crecer y sueña con quedar anclado en la infancia, donde todo es reversible y liviano, incluso el sexo. Los “Pokemones” no son más que la versión chilena y fotológica del joven que se niega a crecer.

Lo que tienen de inquietante estos jóvenes es que actúan para nosotros como un espejo: nos devuelven una imagen –quizás grotesca, pero justa– de las inconsistencias afectivas de nuestro mundo hipersexolizado e infrasexualizado, donde la sexualidad, en lugar de ser liberada y consumada por el sexo, ha quedado sometida y reducida a él. Ave Sexo, pokemoni te salutant!

Marc Vilarassau

Pastoralsj.org

Para hacer

 

Poncear: “El nihilismo incruento, el carpe diem sensualizado, el derecho a roce sin contacto, sólo roce…” ¿Cómo se da entre nosotros? ¿Por qué?

“Quizá se está gestando un nuevo modelo de relación afectiva en red”. Hablamos sobre ello. ¿Cómo nos afecta a nosotros?

“Son la versión… fotológica del joven que se niega a crecer”. En chile y en todas partes. ¿Cómo hemos llegado a eso? ¿Por qué? ¿Y qué podemos hacer?

Comparar todo esto con el texto de la página anterior. ¿En qué se parecen?