Mannequin challenge: el caso es no moverse

Ha habido varios… el primero que recuerdo fue el Harlem shake. Después vinieron el Ice bucket challenge, el Charlie Charlie… vídeos en los que los actores realizan una acción concreta. A veces con una finalidad solidaria; otras veces, simplemente, por diversión. El caso es que, hoy en día, cualquiera con un teléfono móvil se puede convertir en director y/o actor de este tipo de vídeos y luego conseguir viralizarlos por medio de las redes sociales. El último exponente en esta categoría de vídeos es el ya archifamoso mannequin challenge. Se lo hemos visto hacer a la selección española de fútbol, a los Cleveland Cavaliers con Michelle Obama en la Casa Blanca y a Paul McCartney… ¡entre otros muchos! El otro día, en una clase de 2º de E.S.O. pude observar las caras de desilusión de los alumnos al no poder realizar el mannequin challenge que tenían programado pues su tutor había tenido que ausentarse. También en los días previos a la Navidad, fechas plagadas de cenas con amigos y compañeros de trabajo, los muros de Facebook y muchos grupos de WhatsApp, han sido receptores de diversas representaciones de este reto, protagonizadas por conocidos y desconocidos. Parece que el mundo se pone en movimiento para poder quedarse quieto.

En estos tiempos en los que es necesaria tanta acción en tantos ámbitos, manda narices que nos movilice el gusto por quedarnos inmóviles. Decía uno de los avances de la recientemente estrenada Rogue One que “No hay rebelión sin esperanza”. Si no tenemos fe en que algo mejor viene, nada hará que nos movamos de nuestro lugar y seguiremos siendo seducidos por la idea de quedarnos quietos. Si no hay esperanza… ¿para qué luchar?

Por otro lado, quizá la necesidad de permanecer estáticos sea una vía de autoprotección ante el vertiginoso ritmo de nuestras vidas. Me duele observar como cada vez con más frecuencia muchos alumnos de segundo de Bachillerato sufren cuadros severos de ansiedad y emplean casi todo su tiempo libre sólo en estudiar, obligados por sus profesores, sus familias, sus amigos, sus circunstancias… que les señalan un futuro de una única dirección. Ser responsable con los estudios es importantísimo, no se me malinterprete. Pero ser joven es mucho más que eso.

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Ser joven es tener esperanzas en un futuro mejor y querer construirlo; ser joven es vivir en tensión, no vivir agobiado; ser joven es disfrutar del tiempo y poder disponer de él para crecer en diferentes facetas, en distintas dimensiones; ser joven es explorar, seguir rutas alternativas… equivocarse y acertar; ser joven es buscar el sentido y no esperar a que otros te lo dicten o, peor, creer que nada lo tiene: ser joven es estar en movimiento, no fingiendo ser un maniquí.

Jaime Martínez, coordinador de Pastoral de Bachillerato de Salesianos Paseo