Moccia y los jóvenes del siglo XXI

Si usted dejó la adolescencia hace mucho o es poco dado a la literatura juvenil, quizá se haya preguntado de dónde procede la moda de los candados en los puentes. En Sevilla, ha sido el de Triana el principal portador de las pasiones de centenares de jóvenes parejas que, desde Italia, han importado este símbolo del amor eterno a partir de las páginas de un libro Tengo ganas de ti.

Su autor, Federico Moccia (Roma, 1963) presenta su nueva novela, Carolina se enamora, que va camino de convertirse en otro fenómeno editorial. Horas antes del acto de presentación, decenas de seguidores (principalmente femeninas) de sus historias aguardaban una enorme cola con modos de fenómeno fan para recibir la rúbrica del autor.

La historia del éxito de Moccia constituye en sí misma una novela. Su primera obra, A tres metros sobre el cielo, fue rechazada por todas las editoriales hasta que él mismo la publicó. Los 2.000 ejemplares que sacó se vendieron rápidamente y la historia sobrevivió durante ocho años en fotocopias que las adolescentes se pasaban hasta que, por casualidad, una de esas copias cayó en manos de un director de cine que se dio cuenta de su potencial para conectar con la juventud.

La obra fue llevada a la pantalla y la novela publicada por una de las más prestigiosas editoriales italianas (en España, Planeta). Desde entonces, Moccia ha vendido más de tres millones de ejemplares de sus novelas y las dos primeras han sido llevadas al cine. Y hoy, el símbolo del candado en el puente se ha extendido a medio mundo, “incluida Verona”, escenario del amor desgraciado de Romeo y Julieta. Un gesto que el italiano alaba, pues “no sólo es poner un candado”, sino que se trata de “una expresión de amor, en estos tiempos en los que hay tanta carencia de afecto”.

El orgullo por el éxito de sus novelas va más allá, insiste. “Tanto en Italia como en España”-país que “ha sentido, ha entendido estas historias”-, “las novelas son reflejo de toda una generación de jóvenes que vive el primer amor, la desilusión, la búsqueda de trabajo, la exploración sexual, los sueños, el romanticismo o la relación con los padres” y eso “seguirá igual aunque el mundo cambie”.

Los “cambios” a los que se refiere Moccia son los derivados del avance tecnológico. “Cuando escribí la primera novela [en 1992], no se usaba el móvil, pero en ésta, Carolina se enamora, la protagonista, fan incondicional de James Blunt, se conecta al Messenger y se manda sms con las amigas”. No en vano, “la tecnología en la época de Romeo y Julieta habría resuelto muchos problemas entre ellos”, bromea.

Y es que la nueva protagonista de Moccia, Carolina, guarda ciertas similitudes con el personaje que creó Shakespeare hace más de cuatro siglos. “Carolina sueña con ser transgresora pero es frágil” y, con el tiempo, “perderá los prejuicios que tiene”. De alguna forma, éste es un trazo del perfil de las adolescentes aunque “no de todas”: “habrá quien no se vea reflejado en mis libros y otras para quien Carolina será como una gran amiga”.

Con todo, Moccia trata en sus libros de trasladar “algunos valores” que la sociedad “está perdiendo”, como “la honestidad, la confianza o la palabra dada”, que, además de en el seno familiar, “se aprenden en la escuela, porque el profesor no está sólo para enseñar el temario”.

Estos argumentos e intenciones no han pasado desapercibidas para la crítica literaria. “La crítica más interesante es la de los lectores”, que han encumbrado sus libros hasta aquí, pero, añade, “valoro que la crítica haya dicho que lo que cuento es reflejo del modo de vida de una generación”, comenta el también autor de El paseo, novela adulta inspirada en la muerte de su padre.

Patricia Rodino

Diario de Sevilla, 27/05/2011