«NAVEGA MAR ADENTRO»: CUARESMA Y PASCUA EN RED

Guzmán Pérez Montiel

Coordinador Pastoral y Director de Centro Juvenil en Salesianos Ciudad Real

 

  • Motivación

 

«Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando acabó de  hablar, dijo a Simón:

—Navega mar adentro y echad vuestras redes para pescar.

Le replicó Simón:

—Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos sacado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a echarles una mano. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían».

(Lc 5,3-7)

 

La red Internet ha dejado de ser un simple medio de comunicación, para convertirse en un escenario de la vida, un lugar de encuentro, un lenguaje, un modo de relacionarse. Un espacio que nos vincula, que abre posibilidades y también riesgos. Sin duda, nuestro mundo “hiperconectado” no tiene mucho que ver con la cultura y la sociedad en las que se encarnó el Hijo de Dios. Pero si hay una llamada y una experiencia que trascienden toda época y atraviesan cualquier momento histórico son las del Dios de Jesús.

 

La Cuaresma y la Pascua son momentos del año para conectar de nuevo con Él, con su modo de vivir, con su proyecto, con su persona. Cuaresma y Pascua son memoria actualizada de Jesús, del camino que estamos llamados a recorrer como discípulos suyos, de la red que nos une a todos como creyentes. Cuaresma y Pascua son ocasión para hacer espacio a Dios, para navegar mar adentro en el misterio de su amor entregado hasta el extremo.

 

A continuación te presento algunos materiales para la reflexión y oración, personal o en grupo, en este tiempo de Cuaresma y de Pascua. Cada uno de ellos tiene como punto de partida una herramienta o utilidad de Internet, utilizadas como metáforas de algunas actitudes importantes que podemos potenciar en este tiempo fuerte que nos ofrece la Iglesia.

 

  1. Google: buscad y encontraréis

 

Diariamente usamos Google infinidad de veces, buscando una cosa u otra a cada rato. Ya casi no sabemos vivir sin Google. Siempre buscando, lo que sea…

 

Y, cada vez que buscamos algo, Google nos ofrece miles o millones de resultados. Lo difícil es elegir, pasar el filtro, discernir entre los importantes y los irrelevantes, entre los que me conducen de verdad a lo que busco y los que me despistan y enlazan con algo totalmente distinto. Porque en Google, como en la vida, a veces hay que buscar y rastrear a fondo para encontrar algo que merezca la pena…

 

La Cuaresma es un tiempo para reavivar en nuestro interior esa actitud de búsqueda. A Dios nunca terminamos de encontrarle del todo, y si creemos que lo hemos encontrado de una vez para siempre, quizá se nos esté escapando… En Cuaresma es importante reconocer que la búsqueda de Dios a menudo se hace “a tientas”. Porque además hay algo curioso en el corazón del ser humano, creado a imagen de Dios. Algo que expresó muy bien san Agustín: nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en Dios. Buscarlo es una tarea de toda la vida, de cada día. Y no hay que buscarlo tanto en la “nube”, sino más cerca…

 

Lee estos textos de la Escritura, deja que resuenen esas palabras en tu interior, y descubre cómo es el mismo Dios quien nos invita a buscarle:

–          «Buscad al Señor, mientras se deje encontrar» (Is 55,6)

–          «Los que buscan al Señor no carecen de nada» (Sal 34,11)

–          «Oigo en mi corazón: “buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro» (Sal 27,8-9)

–          «Buscad y encontraréis» (Mt 7,7)

–          «…Hizo que buscaran a Dios y que lo encontraran aun a tientas. Pues no está lejos de ninguno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,27-28)

 

Para la reflexión personal o en grupo:

¿Has intentado buscar a Dios en tu vida?

¿Cómo y dónde lo has buscado o lo buscas?

¿Por qué lo buscas? (o por qué no…).

¿Qué esperas encontrar en Él?

¿Qué actitudes y disposiciones del corazón te “estorban” para buscarlo?

 

 

  1. Ask.fm: preguntar y responder

 

En nuestra búsqueda vital, nos gustaría siempre encontrar respuestas claras, y lo más rápido posible. Pero, ante todo, para encontrar respuestas adecuadas, es preciso formular las preguntas necesarias, fundamentales. Hay que ir al fondo de nuestro corazón, y descubrir cuáles son los interrogantes más hondos, las cuestiones en las que nos jugamos el sentido de nuestra vida. La Cuaresma, que nos lleva hasta Jerusalén, es un camino con muchas preguntas.

 

A) ¿Qué preguntas en tu vida aún no tienen respuesta? ¿Cuáles son los interrogantes que tienes sobre tu vida, o sobre las personas que te rodean? ¿Qué le preguntarías a Jesús si lo tuvieras delante? Escribe tus preguntas.

Si se realiza esta actividad en una reunión de un grupo de fe, una dinámica interesante puede ser la de intercambiar los papeles con las preguntas que cada uno ha escrito, e invitarles a que piensen posibles respuestas a las preguntas de sus compañeros.

 

B) Ahora deja que Jesús te cuestione a ti…

–          ¿Qué quieres que haga por ti? (Lc 19,41)

–          ¿De qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida? (Mc 8,36)

–          ¿Cuántos panes tenéis? (Mt 15,34)

–          ¿Duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? (Mc 14, 37)

–          ¿Quién decís que soy yo? (Mc 8,29)

–          Pero ¿no dicen las Escrituras que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado?(Mc 9,12)

–          Si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? (Mt 5,46)

–          ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? (Mt 7,3)

–          ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre? (Lc 2,49)

–          ¿Por qué tanto miedo? ¿Todavía no tenéis fe? (Mc 4,40)

–          Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? (Jn 20,15)

–          ¿Me amas? (Jn 21,17)

 

Déjate cuestionar por estas preguntas de Jesús. Léelas como si te las dirigiese a ti, aquí y ahora, en la situación en la que vives. Trata de responderlas (o al menos algunas de ellas), comenta en el grupo cuáles han sido las que más te ha costado responder, las que más te han hecho pensar, las que más te han removido el corazón.

 

  1. Spotify: “Escuchadle”

«Éste es mi hijo amado, escuchadle» (Mc 9,7)

 

La música es un elemento importantísimo en la vida de muchas personas, sobre todo jóvenes. Son muchas las horas que pasamos escuchando música. Melodías, ritmos o letras que nos motivan, que nos alegran. Canciones que reflejan nuestros sentimientos, que nos cuestionan, que nos remueven, que nos hacen revivir experiencias pasadas o presentes, o soñar con el futuro. Algunas pasan con el tiempo, pero otras permanecen porque son las canciones de nuestra vida. Spotify es el lugar donde encontrar muchas de esas canciones, y a la vez símbolo del “poder” que tiene la música para humanizarnos e incluso hacernos mirar “más allá”.

 

  1. A) Piensa en las canciones que mejor definen tu momento actual, haz una lista de esos temas musicales con los que más te identificas ahora en tu vida.

–          ¿Por qué las escuchas tanto? ¿Qué te aportan?

–          ¿Qué sentimientos te producen?

–          ¿Qué experiencias o sueños de tu vida ves reflejados en esas canciones?

–          ¿Son canciones que te mueven a cambiar algo en tu vida? ¿Qué?

 

Comparte con el resto del grupo alguna de esas canciones, el por qué las has elegido, etc. A medida que se va escuchando cada canción, se puede abrir un diálogo para compartir los “ecos” que deja en los otros miembros del grupo.

 

  1. B) La música también puede expresar la fe, o suscitarla, o animarla. Hay canciones que nos invitan a hablar a Jesús, o a escucharle, o a abrir el corazón a experiencias de más confianza y fe. Te invito a escuchar y orar con una canción que define bien la vida de Jesús: “Amando hasta el extremo”, de Maite López. La existencia de Jesús no es una melodía vacía, es una partitura que suena constantemente a entrega, a compasión, a generosidad, a ofrenda, hasta dar la vida.

–          Escucha la canción en este video: www.youtube.com/watch?v=jbmCtfTZO_k

 

Déjame, Señor, mirarte bien por dentro,
entrar en tu Corazón y dejarme seducir
y que aumenten mis deseos de querer ser como Tú,
conocerte internamente, amarte y seguirte más,
apostar mi vida junto a ti,
déjame verte, Señor,

AMANDO HASTA EL EXTREMO, DEJÁNDOTE LA PIEL,
ENTREGANDO LAS ESTRAÑAS, TUS ENTRAÑAS DE MUJER,
EN UNA TOALLA Y UN LEBRILLO, EN UN ACARICIAR LOS PIES,
EN UN MIRARNOS HASTA EL FONDO SIN NADA QUE REPROCHAR
Y SIN NADA QUE PEDIR, Y CON TANTO PARA DAR

Yo, el Maestro y el Señor, ya no puedo amaros más,
Pues como el Padre me ha amado, así os he amado yo.
Os dejo mi vida entera en este Vino y este Pan,
Este Pan que soy yo mismo que me parto y que me doy,
Mi deseo es que os améis de corazón,
Yo también os quiero ver

AMANDO HASTA EL EXTREMO, DEJANDOOS LA PIEL,
ENTREGANDO LAS ENTRAÑAS COMO LO HACE UNA MUJER,
EN UNA TOALLA Y UN LEBRILLO, EN UN ACARICIAR LOS PIES,
EN UN MIRAROS HASTA EL FONDO SIN NADA QUE REPROCHAR
Y SIN NADA QUE PEDIR Y CON TANTO PARA DAR.

Sí, te doy todo lo que soy para que sigas amando.
La lucha por la justicia entra en esta intimidad,
Que se llena de personas y rostros que acariciar,
Que me impulsa desde dentro a comprometerme más,
Todos caben en tu Corazón,
Quiero seguirte, Señor,

AMANDO HASTA EL EXTREMO, DEJANDOME LA PIEL,
ENTREGANDO LAS ENTRAÑAS, MIS ENTRAÑAS DE MUJER,
EN UNA TOALLA Y UN LEBRILLO, EN UN ACARICIAR LOS PIES,
EN UN MIRARLOS HASTA EL FONDO SIN NADA QUE REPROCHAR
Y SIN NADA QUE PEDIR Y CON TANTO PARA DAR.

Responde a estas preguntas y coméntalas en grupo:

–          ¿Cómo es el amor de Jesús que describe esta canción? ¿Deseas en tu vida amar como Él?

–          ¿Es posible amar así? ¿Qué actitudes y disposiciones son necesarias para amar como Jesús?

–          ¿Mides o calculas el amor que das a los otros? ¿Qué te impide entregarte más y mejor a los demás?

 

 

 

  1. Dropbox: haz memoria de Jesucristo

 

A) La herramienta Dropbox nos permite almacenar virtualmente mucha información, compartirla con otros y acceder a ella en cualquier momento y desde cualquier sitio. En varios gigas de memoria pueden caber muchas cosas, pero no todas… Ahora que estamos en Cuaresma, tiempo de conversión, de revisión de vida, ponte en la presencia de Dios y pregúntate:

–          ¿Para qué o para quién tienes espacio en tu vida? ¿Qué cosas o personas ocupan tu tiempo, tu corazón?

–          ¿Qué cosas has ido almacenando y ocupan demasiado espacio?

–          ¿Cómo podrías liberar espacio para dejar más hueco a Jesús en tu vida?

 

B) En la memoria de nuestro corazón hay experiencias que nos han marcado, que no se pueden borrar. Dedica un buen rato de silencio, en la presencia de Dios, a hacer memoria agradecida de estos últimos meses. Trata de rastrear en tus “archivos” cuáles han sido las señales que han ido guiando tu camino, qué experiencias y personas te han ayudado a crecer, qué dones has recibido, de qué manera has aprendido a amar más y mejor. Haz memoria… y escríbelo.

 

  1. Twitter: seguir a Jesús

 

El Papa Benedicto ya tiene Twitter, y cientos de miles de personas ya le siguen. Como ocurre en Twitter, en la vida de un cristiano lo fundamental es el seguimiento. Pero aquí no se trata de seguir al Papa en sustuits, sino a Jesús en su vida y en su proyecto. Seguir o no seguir a Jesús: ésa es la cuestión.

A) Imaginemos por un momento que Jesús tuviera una cuenta en Twitter. ¿Cómo sería su historia contada por esa red social? Lee a continuación esta posible recreación:

Su cuenta de Twitter sería algo así como @JesusMesias. Probablemente tendría muchísimos seguidores, igual que los tuvo en su día: «una gran multitud le seguía» (Mc 3,7). A algunos los llamaría él mismo, especialmente a los queandaran atareados con las redes, como @SantiagoelMayor y @JuanhijodeZebedeo (Mc 1,19). E inmediatamente le seguirían. Porque ciertamente Jesús fascina, atrae, asombra: «y todos se maravillaban» (Mc 5,20). Sus palabras cuestionan, interpelan, animan, entusiasman, también hoy. Porque tienen autoridad (Mc 1,27). Si Jesús las pusiera en mensajes de 140 caracteres, muchos incluso se animarían a retuitearlas. Probablemente incluso alguna vez serían TT, y mucha gente comentaría sobre ello: «su fama se difundió por toda la comarca» (Lc 4,37). Y probablemente aumentarían aún más sus seguidores: «la multitud se enteró y lo siguió» (Lc 9,11). Porque, ciertamente, la propuesta de Jesús es algo transformador, un amor que te hace nacer de nuevo (Jn 3,3). De él sale una fuerza que sana a todos (Lc 6,19). ¿A quién no le ha atraído alguna vez?

 

El problema vendría cuando @JesusMesias empezara a tuitear que el #HijodelHombre tiene que padecer, que para llevar su amor al extremo tiene que dar la vida (Mc 8,31). Seguro que, ante estas palabras, muchos no se replantearían si algo falla en su seguimiento, sino que le responderían con un mensaje directo de reproche o pidiendo explicaciones, como hizo @SimonPedro (Mt 16,22). Seguramente, sin pensarlo demasiado, muchos dejarían de seguirle (Jn 6,66). Alguno habría que, «calentándose junto al fuego» (Mc 14,54) —desde la comodidad y el anonimato de Twitter— continuara siguiéndole de lejos (Mt 26,58). Pero sólo de lejos…

 

Y Jesús dejaría de tuitear… No respondería una sola palabra (Mt 27,14). Porque hay cosas que sólo se expresan con gestos, con signos, a menudo en el más absoluto de los silencios. Hay experiencias que no caben en 140 caracteres, ni en 20… El amor es una de ellas. Bien lo sabía Jesús, que nos amó hasta el extremo (Jn 13,1), y que en sus horas finales apenas pronunció palabra, a no ser para dirigirse a @DiosPadre. A menudo queremos llenar cualquier situación a base de palabras —muchas veces vacías, o llenas de nuestro ego— para no enfrentarnos al peso del silencio, para no escuchar. Con frecuencia también lo hacemos en la oración. Y eso que @JesusMesias nos advertía, en uno de sus tuits desde la montaña, que cuando oremos no empleemos mucha palabrería (Mt 6,7)…

 

Casi ninguno de los suyos estaba allí —en el momento crucial— para dar testimonio de ello, para tuitearlo, porque no habían asumido que seguir a Jesús implica ponerse detrás de él, seguir sus pasos —no sólo sus frases bonitas—, responder al amor incondicional con servicio agradecido, dando gratis lo que habían recibido gratis (Mt 10,8). O quizás habían preferido pinchar el botón y dejar de seguirle hasta que las cosas se calmaran, hasta que el seguimiento dejara de ser tan incómodo. Una tentación que tenemos también nosotros, sobre todo en la vida real: ahorrarnos el compromiso, escurrir el bulto cuando alguien necesita de nosotros, evitar “pringarnos” o implicarnos demasiado, hacer “rebajas” en el seguimiento y en la coherencia con nuestra fe…

 

Menos mal que había allí unas pocas mujeres para dar fe de lo sucedido, además de @Centurion, un hombre que estaba allí cumpliendo órdenes, pero que subió al Twitter una foto de la cruz de Jesús, comentando: “Una imagen vale más que 140 caracteres. Realmente este hombre era #HijoDeDios”. Y la foto fue retuiteada miles de veces, y sigue siéndolo hoy…

 

Al tercer día, @JesusMesias se aparece resucitado, ha cambiado su foto de perfil y no le reconocen. Ahora se muestra plenamente como #HijodeDios, y no pide explicaciones de todo lo ocurrido. Primero tuitea a @MarialadeMagdala, la llama por su nombre, y con eso basta para cambiar definitivamente su vida y convertirla en apóstol, enviada para anunciar que está vivo, que #havencidoalamuerte. Y a los discípulos, que estaban escondidos por miedo (Jn 20,19) les sorprende con un simple hashtag: #Pazavosotros. Aunque ellos habían dejado de seguirle, Él sigueamándoles, y sigue llamándoles a estar con Él, a retuitear no sólo sus palabras, sino sobre todo sus actitudes, sus gestos, sus sentimientos (Flp2,5). Y como a @SimonPedro, no cesa de decirnos a cada uno de nosotros hoy: yo soy el Camino, #sígueme (Jn 21,19).

 

B) Después de leer el texto, responde a las siguientes preguntas y coméntalas en grupo:

–          ¿Te consideras un seguidor fiel de Jesús?

–          ¿En qué aspectos te cuesta más seguirle? ¿Por qué?

–          ¿Qué frase o tuit de Jesús te mueve más a seguirle?

–          ¿Cómo crees que puedes retuitear la Buena Noticia de que Jesús está vivo? ¿Con qué actitudes, palabras, gestos, puedes mostrarla a otros?

 

GUZMÁN PÉREZ MONTIEL

 

 

 

Compartir
Artículo anteriorREPENSAR LA PASTORAL
Artículo siguienteRepensar la pastoral